UN POETA GRANDE ENTRE LOS GRANDES

UN POETA GRANDE ENTRE LOS GRANDES

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Miguel Argaya, publica su último poemario

Por Eduardo López Pascual para elmunicipio.es          

Hoy, después de un tiempo que para mí ha ido muy largo, he sabido del último trabajo del escritor y poeta Miguel Argaya, (Valencia 1960) sin duda, uno de los grandes entre los grandes autores de poesía en España, al tener el honor de remitirme un ejemplar de su último poemario “Práctica del amor platónico”, recién sacado del horno por la editorial madrileña Devenir, casi ahora mismo. El poemario, delicadamente impreso, lo prologa Luis Alberto de Cuenca, que hace un auténtico elogio de la poesía de Argaya, enriquecido con una mención a José Antonio Primo de Rivera, en un detalle a la consideración azul del autor que nunca niega una complicidad ética y estética con el fundador falangista.

El libro es todo un lujo de versos y hondura poética que viene estructurado, como bien expone Jaime Olmedo en su epílogo, en varias secuencias o formas poéticas que dan constancia de un hilo conductor del poemario. Atendiendo a su lógica profundidad, Práctica del amor platónico se funda en la belleza, pero desde un sentido distinto y mayor que la simple edificación plástica, porque nos dice del camino hacia la libertad. Y esto, desde sus primeros poemas dentro del apartado Vidas cruzadas, con sus hermosos versos en Las mañanas o El último peldaño a Fernando Minglieta, o ese hermoso poema ofrecido a su buen amigo y excelente poeta Antonio Carlos González; Después nos viene con Años colaterales, donde exhibe su magnífica sensibilidad en poemas como Desde los 14 años, Fotografía en sepia, El pozo o Tengo sed, la fuerza y el saber de Miguel Argaya penetra en nuestra emoción y construye un mundo de Bien y Belleza, como apunta un epígrafe del libro.

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Y más tarde aparecen Las Horas, con versos dedicados a Luis Alberto de Cuenca y a Jaime Olmedo, que da fe de su poderosa imaginación y sensibilidad. Así hasta el final, en el que se conjuga sus alejandrinos y versos largos, en un fru-frú poético que nos embelesa. Miguel Argaya, profundo, auténtico, sincero, nos deja en este poemario la verdad de su interior, la verdad sincera por la que hacer poesía es cumplir con la conciencia. Es, al fin un ejercicio de belleza y libertad.

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