Cruda realidad / Orgullo Gay: con la garantía del Estado

Cruda realidad / Orgullo Gay: con la garantía del Estado

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Titulan los medios de comunicación, con las intenciones de un Miura, que ‘Los Reyes desean que la celebración del Orgullo Gay “sea un éxito”. ¡Escandalo! Los Reyes de España desean que la celebración del Orgullo Gay “sea un éxito”

Actuall / Y aunque la noticia no es exactamente que Sus Majestades se vayan a apuntar al evento o que vibren de verdadero gozo ante la celebración callejera y tumultuosa de lo que los romanos llamaban ‘amor griego’, sí es cierto que el protocolario mensaje viene a ser un espaldarazo definitivo, oficial, del Estado a estos carnavales a destiempo de dudoso gusto.


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La nota de la Casa Real es, como decimos, ‘de cumplido’, de esas que se emiten igual para una cuestación contra el cáncer o un premio de escultura.

Por otro lado, la opinión personal de los Reyes de España es totalmente indiferente en este caso, y tan desconocida que antes de leer la nota formal.

Pero el otro sentido sí es relevante, porque viene a convertir lo que no es otra cosa que la celebración de un grupo definido por su orientación sexual en ritual de la religión oficial.

En realidad, ya lo era. Vivimos desde hace décadas en un Estado confesional de una confesión implícita, inexpresada y sin nombre, pero que todo el mundo conoce al dedillo y que se ve públicamente refrendada a cada paso.

Y, en ella, los adeptos de una sexualidad alternativa ocupan el lugar más alto, constituyen prácticamente, sino una casta sacerdotal, sí al menos un grupo de Elegidos, de impecables de lo que nada malo puede decirse so pena de ser acusado de crimen del pensamiento.

Recuerdo hace ya uno o dos años, un actor, Fernando Tejero el de “Aquí no hay quien viva” o “La que se avecina”, que fue criticado por esto o por lo otro, no me hagan mucho caso pero creo recordar que tenían que ver con su cercanía a la formación comunista de Podemos.

El actor en cuestión, de temperamento rápido, reaccionó en las principales redes sociales con un ‘comunicado’ en el que empezada diciendo: “soy homosexual”.

Además, lo curioso del caso es que la polémica no tenía absolutamente nada que ver con el tipo de sexo preferido por el sujeto ni venía a cuento en absoluto. Era como si en una discusión política un contertulio interpelado empezara diciendo que es del Atletico de Madrid.

Sin ninguna otra cosa que lo justificara, la razón me parece evidente: estaba poniendo sobre aviso a sus detractores que no era un cualquiera, sino que pertenecía a la casta dominante, y que a partir de ese momento cualquier ataque podía interpretarse como un atentado homófobo, un mensaje ‘de odio’.

Por lo demás, el Orgullo -orgullo, ¿de qué?-, que empezó siendo un día, es ya un mes, un acto tras otro desplegando el victimismo más falso de los muchos falsos victimismos de nuestra era.

Porque es difícil pensar en un grupo más ensalzado, preferido, mimado y discriminado a favor en nuestra cultura; un grupo que no puede siquiera alegar la más amañada de las brechas salariales porque, de hecho, también en esto superan a ese ser inferior y penoso, el heterosexual.

Mientras, los que traemos al mundo los españoles del futuro (heterosexuales) y, sobre todo, los que confesamos la religión sobre la que se formó y creció toda nuestra civilización (cristianos) tendremos que sonreír y soportar sin una palabra más alta que la otra las inevitables referencias y parodias irreverentes, ofensivas y frecuentemente blasfemas que parecen de rigor en esta mascarada de obligatoria aceptación.

Ellos tienen la sanción oficial, y nosotros podemos darnos con un canto en los dientes de no tener oficialmente su censura.

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