De cómo la flota castellana de Ambrosio Bocanegra aplastó a los ingleses...

De cómo la flota castellana de Ambrosio Bocanegra aplastó a los ingleses en la Guerra de los 100 años

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La guerra fratricida entre Pedro I El Cruel y su hermano bastardo Enrique de Trastámara en el siglo XIV implicó a varios reinos extranjeros y trasladó la guerra de los 100 años por un momento a España. Si bien el futuro Enrique II contó con mercenarios franceses en sus filas (el caballero Bertrand du Guesclin sería quien sujetara a Pedro I cuando Enrique lo mató frente a Montiel), su hermano Pedro lo hizo con soldados ingleses y casó a dos de sus hijas con el Duque de Lancaster y con el Duque de York. No es de extrañar, en tanto, que el triunfo Trastámara decepcionara a los ingleses y los dejara a la espera de la revancha.

ABC / A nivel internacional, destacó la rivalidad con Inglaterra, concretamente con los Duques de York y de Lancaster, que se consideraban legítimos sucesores al trono de CastillaUna vez en el trono, Enrique II de Trastámara recompensó a sus aliados e inició la reconstrucción del reino: protegió parcialmente a los judíos, a los que él mismo había perseguido en la guerra civil, y aumentó el poder de la Corona frente al de los grandes nobles que le apoyaron en el conflicto contra su hermano. A nivel internacional, destacó la rivalidad con Inglaterra, concretamente con los Duques de York y de Lancaster, que se consideraban legítimos sucesores al trono de Castilla al estar casados con las hijas de Pedro.

De ahí que el Príncipe Negro, primogénito del Rey Eduardo III de Inglaterra llamara repetidas veces bastardo de España a Enrique y cuestiona sus derechos dinásticos. Lo cual no era moco de pavo a sabiendas de su genio militar (él había sostenido en los peores momentos con victorias militares a Pedro El Cruel). Esta hostilidad sin resolver arrastró a Castilla a la guerra que la Francia de Carlos V mantenía de forma casi perpetua con Inglaterra, en lo que ha venido a llamarse la Guerra de los 100 años pero que, en verdad, se alargó de forma intermitente del año 1066 a 1558.

La pujante Royal Navy contra la marina castellana

La principal aportación castellana a la causa francesa fue su incipiente marina, que a esas alturas de Edad Media ya había mostrado gestas de entidad, como la apertura del curso del Guadalquivir para conquistar Sevilla o la guerra en el Estrecho de Gibraltar contra los benimerines. No obstante, los ingleses se consideraban los reyes del mar tras su victoria sobre los franceses en la Batalla de Sluys (1340). Además, los únicos enfrentamientos castellanos en el Canal de la Mancha los habían protagonizado simples piratas. Es decir, que el prestigio de la flota castellana no era gran cosa cuando Enrique ordenó que se dirigieran al norte. Su mayor amenaza, de hecho, tenía apellido genovés.

Desde tiempos de Pedro I El Cruel, un noble genovés llamado Egidio Bocanegra encabezaba una temida escuadra de galeras de aire italiano al servicio de Castilla. Como explica Víctor San Juan en su libro «22 derrotas navales británicas» (Navalmil ediciones), por motivos que se desconocen en el año 1366 Egidio Boccanegra, almirante de Castilla, se convirtió en un capitán renegado, probablemente horrorizado con los métodos brutales de Pedro. El cambio de bando provocó que Egidio fuera apresado en Sevilla en septiembre de 1367 y ejecutado públicamente poco después por orden del monarca. Naturalizado castellano, su hijo, Ambrosio Bocanegra, luchó el resto de la guerra civil contra el asesino de su padre y cuando Enrique fue Rey fue nombrado Almirante de Castilla.

En 1368, Carlos V El Sabio hizo saltar en añicos el tratado de Bretigny, que mantenía en paz a Francia e Inglaterra. Bertrand du Guesclin, el verdugo de Pedro I, fue conquistando una a una las plazas inglesas en el continente, mientras que el Rey de Francia declaró confiscada Aquitania en nombre de su reino. Enfermo y exhausto tras ocho años de guerra, el Príncipe Negro se mostró incapaz frente al renovado ímpetu galo y no le quedó más remedio que regresar a su particular Ítaca. En la primavera de 1372, La Rochelle y Potiers también fueron puesto bajo sitio. Y dada la importancia estratégica del puertos amurallado de La Rochelle, los ingleses organizan una flota de 36 barcos de vela (a la que iban a sumarse más bajeles por el camino) al mando de John Hastings para romper el bloqueo.

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Batalla de La Rochelle: masacre inglesa

Invocando el pacto entre ambos reinos, Carlos V logró que Enrique de Castilla enviara en su ayuda a su mejor marino: Ambrosio Bocanegra. Después de enfrentarse en Sanlúcar al almirante portugués Lanzarote Pesaña –también con cuentas pendientes con Castilla–, Bocanegra se dirigió al frente de 20 galeras y treinta naos castellanos hacia el golfo de Vizcaya, buscando entablar combate con Hastings.

El 22 de junio de 1372 se encontraron frente a frente ingleses y castellanos a las afueras de La Rochelle. Si bien lo británicos contaban con más bajeles y la mayoría más grandes, la decisión de Bocanegra de atacar con todas sus galeras en masa provocó el pánico entre los barcos de Hastings, yerno del Rey de Inglaterra. Los buques de la Royal Navy recibieron a los castellanos con una nube de flechas y lograron rechazar este primer ataque. Sin embargo, en los dispersos combates individuales que se produjeron durante el asalto se hundieron cuatro buques ingleses.

Bocanegra pareció haber olido la debilidad inglesa ya en aquel primer ataque. Al día siguiente, el Almirante de Castilla preparó un ataque con brulotes incendiarios y nadadores saboteadores contra los ingleses. Paradójicamente, la estrategia de los brulotes incendiarios sería utilizada por los ingleses siglos después, en 1588, frente a la Felicísima Armada enviada por Felipe II a su paso por Calais. Y como en 1588, la lentitud y poca maniobrabilidad de los barcos atacados hizo que las embarcaciones incendiarias rompieran todo intento de mantener la escuadra junta.

En medio del desconcierto, los castellanos cayeron por sorpresa con todas sus galeras sobre los ingleses causando 800 muertos. Prácticamente todos los barcos ingleses resultaron hundidos y en la lista de ilustres prisioneros se contó el propio yerno del Rey. El Almirante de Castilla perdonó en un gesto de nobleza impropio del periodo la vida a Hastings y a setenta caballeros «de espuelas doradas», que fueron enviados a Burgos, a la presencia del Rey Enrique.

En un intento desesperado por recuperar La Rochelle, el Príncipe Negro partió de Southampton el 30 de agosto a bordo del «Gracias a Dios» con varios centenares de naves y 10.000 arqueros embarcados. Una auténtica Armada Invencible que también compartió la misma suerte: las mareas y los vientos contrarios impidieron que el Príncipe Negro se acercara siquiera al puerto, tomado por los castellanos y los franceses finalmente en agosto del año siguiente.

La batalla de La Rochelle y la operación derivada supusieron una rotunda victoria de Castilla sobre Inglaterra con favorables repercusiones militares y económicas. En cuestión de un año Ambrosio Bocanegra y Fernando Sánchez de Tovar, que iba a ser su sucesor como almirante y martillo de ingleses, tomaron todo el tramo de costa entre Burdeos y Ouessant, dejando aislados el resto de territorios británicos en el continente. Castilla se consolidó así como primera potencia naval en el Atlántico, otorgando mayores posibilidades mercantiles a sus marinos, y poniendo fin a la tendencia ascendente de la Royal Navy.

A finales de 1373 moriría Ambrosio Bocanegra en su villa de Palma del Río, lo que no fue en beneficio, ni mucho menos, de los ingleses puesto que Sánchez de Tovar se iba a mostrar todavía más expeditivo en sus planes. A fe de que el Támesis aún le recuerda.

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