“Podemos fue una creación del PP para dividir al PSOE”

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Durante treinta largos años fue uno de los militantes más significativos del Partido Popular. Ocupó importantes cargos de responsabilidad pública, entre los que destaca la vicepresidencia del Parlamento Europeo. Pero hoy, Alejo Vidal-Quadras está alejado de la primera línea política entre otras cuestiones porque considera que ya no queda “absolutamente nadie” con convicciones dentro de la dirección del PP.

Así lo reconoce en una entrevista a EL PLURAL, en la que el ex eurodiputado sentencia: “Podemos fue una creación del PP para dividir al PSOE”.

P ¿Qué queda del PP del que usted formó parte?

R.-Del Partido Popular que refundó José María Aznar en 1989, fecha que coincide prácticamente con mi entrada en política activa, no queda apenas nada. Ni en cuanto a las personas, que muchas ya no están en puestos de responsabilidad, ni tampoco respecto del proyecto político. Aznar intentó poner en marcha un partido liberal- conservador de corte moderno, con una base ideológica fuerte. Tengo que decir con tristeza que de aquello queda únicamente el recuerdo. Hoy el Partido Popular es una organización aséptica, una maquinaria fría y burocrática de conquista, explotación y conservación del poder. Los dirigentes actuales del PP podrían estar en el PP o en otro partido. Son meros gestores profesionales.  

P ¿Cree entonces que los actuales dirigente del PP podrían estar en el PSOE?

R.-Sí. De hecho, se sabe de algunos que dudaron en el inicio de su carrera política si decantarse por uno u otro partido. Si nos fijamos en los primeros espadas del Partido Popular actual, su discurso es tecnocrático y de coyuntura, jamás una referencia a valores morales o a principios. Su lenguaje es típico de gestores tecnócratas.  

P José María Aznar, Esperanza Aguirre, María San Gil, Ángel Acebes, Jaime Mayor Oreja… o usted mismo. ¿Cómo ha conseguido Rajoy acabar con todos sus enemigos internos?

R.-Yo califico la manera de hacer política de Mariano Rajoy como de ‘fatalismo indolente’: intenta minimizar el daño, pero nunca busca conseguir con convicción algo positivo. Minimiza la acción y la fatiga. Rajoy es un hombre que cree mucho en la ley del mínimo esfuerzo, que practica eso del “cuanto menos se haga, mejor”. En el fondo cree que España no tiene remedio. Por ello se adapta lo mejor que puede a cada momento, procurando que los desastres no sean excesivos, de manera puramente reactiva. No va más allá.

Con este estilo ha visto pasar el féretro de muchos enemigos políticos internos y externos. Hay gente que alaba esa parsimonia, aunque sea una forma de proceder que no parece muy adecuada para gobernar un país. Sin embargo, a él le sirve para perpetuarse en el poder, ya sea con o sin mayoría absoluta, trapicheando con uno o con otro… Se mueve a golpe de circunstancias, de necesidades a corto plazo. Con ese estilo ha conseguido ir liquidando todo lo que le podía plantear un problema, tanto dentro como fuera del partido.

Por tanto, no es tanto que él, en su pasividad, sea un estratega genial, si no que los demás cometen errores que él aprovecha. En ausencia de aciertos propios, es un excelente utilizador del error ajeno.

P Sea como sea, el PP parece que se ha quedado sin ‘ala dura’, tal y como les denominaban a muchos de ustedes.

R.-No es una cuestión de ser duro o blando. Es un problema de tener o no las ideas claras. De tener convicciones o preferir ser un mero gestor de lo cotidiano. La manera de descalificar a los que exigían una coherencia ideológica y lealtad a determinados valores y principios era llamarles ‘halcones’ o ‘duros’. Era una técnica de comunicación que se utilizaba contra todas las personas que al final acabaron abandonando el partido, ya fuese porque se daban de baja -como fue mi caso-, o porque simplemente se las había reducido al ostracismo.

P En algunos casos, como el de Esperanza Aguirre, hubo algo más que discrepancias respecto a ideas políticas…

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R.-Cuando tienes a tus principales colaboradores en Soto del Real es muy difícil continuar con tu carrera política. El problema de Esperanza Aguirre es que no ha sido precisamente una buena ‘cazadora de talentos’. Pero esto es una circunstancia añadida, porque en el terreno de las ideas políticas y posiciones ideológicas, Esperanza Aguirre también ha sido una víctima de esa evolución del Partido Popular de Aznar, que sostenía fuertes compromisos políticos, a una organización burocratizada de pura gestión del poder.

P ¿Pero alguien quedará con convicciones dentro de la dirección del PP?

R.-Hoy, nadie. Absolutamente nadie. Es que es imposible: nadie con convicciones puede estar ahí. Cada día pasan cosas que una persona con convicciones no podría consentir, como el cupo vasco o la vergüenza de la fiscalía. Lo más grave es que muchos de los que están allí no creen en esa política. Lo digo yo, que les conozco personalmente. Sin embargo, la hacen. Lo cual todavía es mucho peor. Hay gente que puede mentir, que es capaz negar la evidencia delante de las cámaras de televisión. Por eso me fui. Tras 30 años de militancia, llegó un momento en el que era tanta la carga de corrupción, que quedarse y hacerlo en silencio, era una forma de cooperar, aunque sólo fuese por omisión. No estaba cómodo conmigo mismo, por eso me di de baja.

P ¿Es posible que acaben fundado un partido político todos aquellos que ‘se fueron o se les redujo al ostracismo en el PP’?

R.-A todas esas personas se les ha pasado su etapa en el PP, tanto por razones generacionales como por trayectoria política y personal. No es imaginable que en el PP tuviesen un papel relevante o encabezasen una alternativa a la actual dirección del partido. Lo que hacen es pronunciarse, como José María Aznar, para hacer reproches y marcar caminos, pero en el plano estrictamente de la opinión y del ejercicio intelectual. Es impensable que Aznar vuelva para encabezar una alternativa diferente a Rajoy en el Partido Popular. 

Yo he llegado a la conclusión de que la única formación política que podría y que está en condiciones de encabezar en España un proyecto de reformas económicas, estructurales, de fortalecimiento del Estado y de un europeísmo sin complejos, es Ciudadanos. Otra cosa es que lo haga o no. Pero no hay otra cosa. Además, el sistema político español pone muchas barreras a la entrada de nuevas fuerzas. Es casi una misión imposible levantar de la nada un partido.

P Ciudadanos y PSOE sí que han conseguido una importante representación política pese a ser partidos de reciente creación.

R.-Ciudadanos ha sido una excepción originada en Cataluña y Podemos una creación del propio Gobierno, una maniobra del partido del poder para dividir a la izquierda.

Desde el Gobierno cogieron a un pequeño grupo de profesores universitarios de extrema izquierda que habían empezado a asomar un poco la cabeza con las manifestaciones del 15-M y les proporcionaron todos los medios materiales, así como una espectacular presencia en los medios de comunicación. Eso se hizo desde el PP para dividir a la izquierda. Y han conseguido el objetivo: el PSOE hoy está en condiciones muy precarias y ha aparecido una fuerza extremista muy útil para el Gobierno. Debido a su extremismo, y en una sociedad de amplias clases medias -con una mayoría de españoles que incluso después de la crisis, tienen algo que perder-, esa fuerza política genera miedo y ese miedo garantiza un voto resignado y de búsqueda de protección al Partido Popular, voto que le permite compensar el rechazo que provocan sus corruptelas. Está todo perfectamente pensado.

Pablo Iglesias, que se enfrenta todos los días de esa forma tan violenta al PP, es un producto del propio PP. Él está ahí porque el PP lo ha creado. Algo de lo que él es plenamente consciente. Sabe que el PP le ha hecho crecer en los medios de comunicación para debilitar al PSOE y garantizarse el poder. Pero no le representa ningún problema: ha utilizado hábilmente la oportunidad y está intentado ganar las elecciones.

P Usted estuvo a punto de ser eurodiputado por Vox, apenas le faltaron 1.500 votos. De haberlo logrado, quizás estaría liderando hoy en día el que para muchos era ‘el Podemos del Partido Popular’.

R.-Yo intenté poner en marcha con personas como Ignacio Camuñas o José Luis González Quirós un partido liberal-conservador que fuera el autentico representante de un amplísimo sector social que en teoría representa el PP, pero que en la práctica no lo hace. Nuestro objetivo era reconstruir lo que el PP ha dejado de ser. Nos presentamos en muy pocos meses a las europeas, con unos medios económicos escasísimos y con una falta evidente de receptividad de los medios. Pese a todo conseguimos 250.000 votos. Casi obtuvimos un eurodiputado. Faltó el casi.

P ¿Por qué acabó abandonando Vox pocos meses después de aquellas elecciones europeas de 2015?

R.-Vox emprendió un camino que algunos de sus impulsores no compartimos de ninguna manera: mutó en un partido anti-europeísta y con unos planteamientos que están absolutamente en las antípodas de mi pensamiento. Eligió como espacio ideológico el de la llamada derecha alternativa europea. El camino de Le Pen, Wilders o Alternativa para Alemania. Como liberal y europeísta de toda la vida, es justamente lo contrario de lo que yo creo. No tengo nada que ver con estas posiciones.

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