Nadie hablará de España cuando hayamos muerto

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Jóvenes cerveza

Por Laureano Benítez Grande-Caballero para elmunicipio.es 

Con mucha frecuencia, un recurso metodológico para describir una realidad es representar la contraria, aquella que más se le opone, con el fin de sacar a la luz las carencias de la primera.

Esta estrategia es indudablemente la más adecuada a la hora de intentar la representación de la actual juventud española, aunque podría aplicarse eficazmente a gran parte de la juventud occidental.

Para ello, citaré los famosos versos de Rubén Darío: «Ínclitas razas ubérrimas, sangre de Hispania fecunda, espíritus fraternos, luminosas almas, ¡salve!». Como se observa fácilmente, es imposible aplicar esta luminosidad poética a los actuales jóvenes españoles, que están justamente en las antípodas de la maravillosa positividad y el extraordinario optimismo del poeta nicaragüense.

Después de 35 años de magisterio con los jóvenes, puedo afirmar y afirmo que conozco bien la pasmosa evolución que ha tenido lugar en la juventud española desde la Transición hasta los actuales tiempos posmodernos, proceso que ha llevado a nuestra Patria desde unos ámbitos luminosos, ubérrimos y fecundos, a la tenebrosidad epatante de la situación actual.

Son los hijos de la Transición, hijos de un España menor, hijos de un dios menor que juguetea con sus rebaños juveniles en las azufradas mansiones de Monte Pelado. Son los hijos de la educación laica, que extirpó a Dios de sus vidas, que les lavó el cerebro con ideologías progres que demonizaban la España de Franco, la España católica donde imperaban el orden y la ley, contándoles la gran mentira de que la Guerra Civil fue la lucha de la democracia contra el fascismo.

Jóvenes que, para más inri, han sufrido el abandono educativo de sus progenitores, seducidos a porfía por el consumismo materialista del desarrollismo en el que lo único que valía era ganar dinero y acaparar bienes materiales; jóvenes que han sido brutalmente adoctrinados en el relativismo, en la banalización del sexo, en un salvaje laicismo, en la nada más absoluta por unos medios de comunicación al servicio de la lobotomización de las poblaciones dirigida por los plutócratas que controlan el mundo.

Es así como surgió la pavorosa generación de los ninis, que en España ―debido a su récord Guinness de fracaso escolar, cercano al 30%― cuenta ya con 600.000 cofrades, a los cuales habrá que mantener en un futuro, como ya se empieza a anunciar en algunas leyes.

Yo los he visto nacer y crecer, comprobando que su único criterio moral es que «cada uno haga lo que quiera», relativismo absoluto totalmente carente de muchos de los valores tradicionales, ya que la mayoría de los joveznos encaminan su existencia hacia un único objetivo: la diversión.

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Desde luego, la sociedad actual ofrece maravillosos ámbitos para que los jóvenes desfoguen sus incontenibles ansias de placer, donde se refocilan espectacularmente en castizos botellones ―ante la pasividad de padres y autoridades― y orgías de drogadicción, pues por algo somos el primer país de Europa en tráfico y consumo de drogas.

Basta darse una vuelta por los sanfermines para comprobar cómo ha degenerado nuestra sociedad, cómo los poderes fácticos que rigen el mundo―y con una saña especial nuestro desgraciado país― han creado una raza de esclavos ignorantes, un rebaño absolutamente adocenado al que han vaciado de alma y conciencia: imposible ver en las fiestas pamplonicas algo que sea ínclito, ubérrimo, o fecundo, o luminoso. Unas fiestas de origen religioso se han trastocado en una carnavalada patética con ribetes orgiásticos, en una carnestolenda con tintes grotescos. Y lo mismo vale decir de tantas y tantas festividades que tienen lugar a lo largo de toda nuestra geografía, y de las actividades “lúdicas” con que los jóvenes se divierten cualquier fin de semana en la mayoría de nuestras ciudades.

Añádasele esta sombría realidad la proliferación de holocaustos zombies, jalouines, pokemones, carnavales, orgullos, etc., y la adicción por unos juegos cibernéticos totalmente carentes de cualquier valor, y el resultado final arroja inevitablemente la tremenda realidad de una raza que ha degenerado, que se ha desvirtuado, que carece de espíritus fraternos y luminosas almas.

Ínclita raza que sólo se moviliza para combatir por ideales de dudoso valor, de moralidad muy discutible, entre los cuales un lugar preeminente lucha por conseguir el derecho al botellón. Tal fue lo que sucedió en septiembre de 2009, en una acción insurgente contra la prohibición del botellón en las fiestas patronales de Pozuelo de Alarcón, el municipio más rico de España, lo cual dio origen a una batalla campal entre un grupo de 200 jóvenes y la policía. En el transcurso de los incidentes, los niñatos pijos intentaron asaltar una comisaría con piedras y botellas, y quemaron dos coches policiales. Horas antes de la reyerta, 4000 jóvenes acudieron al recinto ferial para intentar llevar a cabo el macrobotellón prohibido. Raza ubérrima ésta, sin duda, en la que sólo un 16% de los jóvenes estarían dispuestos a defender a la Patria, mientras que el 100% serían milicianos del botellón.

Botellon fin de año

Por si todo esto fuera poco, la ignorancia supina de una parte importante de nuestra, juventud, y la natural tendencia a la rebeldía que se da en la etapa antes de la madurez, ha hecho que sea presa fácil del apocalíptico e implacable adocenamiento y adoctrinamiento a que ha sido sometida, para convertirla en caladero electoral de las hordas podemitas.

Sin embargo, lo más sobrecogedor de esta realidad patética es el futuro hacia el que encamina a nuestra Patria, pues los jóvenes de hoy serán los hacedores de nuestro mañana, de una España que ha dejado de ser ínclita, ubérrima, fecunda, fraterna y luminosa, y que muy posiblemente no lo volverá a ser.

En tiempos pasados, era un hecho sociológico incontestable que la rebeldía y la ignorancia de la juventud se corregían con la edad, hasta el punto de que muchos revolucionarios acabaron en poltronas burguesas, adalides de valores conservadores. Sin embargo, en la actual tesitura, a unos jóvenes que no han conocido sino el degradado mundo actual, que no tienen la referencia de los valores tradicionales ―culturales, morales y espirituales― que han regido la civilización occidental desde tiempos inmemoriales, que sólo han conocido la ideología progre, y sumidos en una desoladora ignorancia y un laicismo avasallador, es muy improbable que la madurez les aporte la luminosidad de una España que está a punto de perecer, herida mortalmente por la degeneración del proceso democrático engendrado por la Transición, proceso que es el directo responsable de los lodazales donde chapotea la desoladora generación actual, malcriada en una abusiva exigencia de derechos, y en la deserción ante todo lo que suponga orden, disciplina, trabajo, sacrificio, responsabilidad, autoridad, ley… todos los valores que conformaron la España anterior a la Transición, de la cual no tienen ninguna referencia vital, cuyos logros evidentes y su contribución importantísima a la historia de nuestro país ha sido vergonzosamente escamoteada por la ideología progre y laica que nos impusieron las logias y el club Bilderberg.

¿Será posible que algún día esta generación antisistema sepa la verdad, y nada más que la verdad, de la España de Franco, cuando no figura ni en los libros de texto ni en los medios de comunicación? Esa verdad la tenemos nosotros, que hemos vivido las dos Españas, pero «nadie hablará de la España de antes cuando hayamos muerto».

Y entonces será el llanto y el rechinar de dientes.

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1 Comentario

  1. Los únicos que hicieron algo de “pedagogía” y activismo inteligente en Madrid para tratar de abrirle los ojos a la gente de la calle (la que no lee y solo se informa por las teles y el 20 minutos), fueron los del Nudo Patriota Español. Se puede estar más de acuerdo o en desacuerdo con el franquismo, pero qué duda cabe que el llamado “régimen” de Franco fue más social y más justo que la actual llamada “democracia”. El franquismo, 40 años después, no fue tan malo para España como lo pintan, es más, en comparación con el R78, era mucho mejor

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