El cóctel mortal que ahorcó a La ‘influencer’ Celia Fuentes

El cóctel mortal que ahorcó a La ‘influencer’ Celia Fuentes

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Celia Fuentes

Marzo de 2017. Once de la noche en el reservado del restaurante Tampú de Madrid. Sobre la mesa redonda hay dispuestos platos de delicioso ceviche, anticuchos peruanos y copas cargadas de pisco sour. Están presentes la modelo e instagramer española Celia Fuentes, el político del Frente Renovador argentino Facundo Moyano, su asistente y su pareja. La joven no se despega de su iPhone y no prueba bocado. Está a régimen a pesar de su delgadez. Busca las curvas perfectas que, según ella, le reclaman la marcas. De repente, se excusa y se levanta del comedor para acudir al cuarto de baño. Tarda media hora en volver. Se había estado remaquillando. Tiene que retratarse para sus 275.000 seguidores ante un manjar que ni siquiera ha degustado. Está pendiente de la hora ideal para conseguir más likes. Está obsesionada con ello. Escenifica una vida de color de rosa y de amistades perfectas cuando en el fondo está vacía. Sola. Se dedica a retransmitir su vida a través de Instagram para lograr más followers, más me gustas y así conseguir subir su caché: 500 euros por cada foto que le encarga una firma.

EM / La última fue en París y le llevó, junto a su fotógrafo,14 horas de preparación. «Es que tiene que pasar el visto bueno de los responsables de la marca que son muy muy exigentes», comenta en la mesa. 

Celia recuerda a la protagonista del capítulo de Black Mirror que recrea un mundo donde todo depende de tu número de likes. Ella ni siquiera había visto ese episodio con final trágico. Tan trágico como el suyo.

El pasado martes la joven influencer aparecía ahorcada, según fuentes de la Guardia Civil, en su casa de Majadahonda (Madrid), víctima de los mismos problemas del personaje de la ficción, de la presión a la que ella se sometía para brillar en el mercado de instagramers y de intensos desengaños amorosos.

Al parecer fue su padre, general del Ejército ya retirado, quien se la encontró colgada de la escalera con una sábana, a las nueve y media de la noche. Era la tercera vez que lo intentaba. Según comentó el progenitor a los agentes de la Benemérita, todo se debía a un problema sentimental. No dejó nota alguna y horas antes había subido una foto en Instagram en ropa interior de la firma Calvin Klein. «A quién le gusta dormir la siesta más que a mí», le decía a sus seguidoras (la mayoría menores de edad), que jamás se habrían imaginado semejante final para Celia. Porque ellas pensaban que su referente llevaba una vida idílica. De cuento de hadas. Con alfombras rojas, eventos del papel cuché y bellos modelos. Pero, como le dijo Celia en uno de sus últimos whatsapps a una de sus pocas amigas, era «todo fachada» y se sentía «sola».

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Celia llevaba su infierno por dentro y sólo exteriorizó su debilidad en un vídeo que había colgado hace dos semanas en Instagram. En él aparecía en un parking tras salir del festival de música Dcode con el maquillaje comido por sus lágrimas y contando que su vida no era tan bonita como hacía creer y que estaba obligada por su trabajo a idealizar su existencia. En el evento había estado acompañada de su fotógrafo buscando la pose perfecta. La forma de beber la cerveza más sugerente. Afirmaba que estaba disfrutando en compañía de sus amigas, pero la realidad es que estaba en las más estricta soledad y ajena a la muchedumbre que seguía con pasión la actuación de los distintos grupos. Ella tenía que aparentar que se lo estaba pasando genial, hacer un papel. Simular una vida plena y, por ello, decidió que su vídeo llorando sólo permaneciese en la red social unas horas. Celia sabía que las marcas sólo quieren a instagramers que vendan felicidad y que lleven a miles de jóvenes a comprar sus productos. Huyen de los perfiles tristes. En su última etapa antes de morir, Celia había redoblado sus esfuerzos por llamar la atención de las firmas de moda. Hasta el punto de que hace unos días llegó a simular un photocall con flashes para evidenciar en la red social que era una persona demandada.

-¿Pero cuál es el calvario que vivía Celia Fuentes en silencio para optar por poner fin a su vida a los 27 años de edad?

-le preguntamos a su entorno.

-Celia era una chica que sufría depresiones y que no se trataba. Era muy buena persona, pero cuando se le cruzaba el cable era incontrolable. Era muy inestable. Tomaba pastillas para dormir y se le juntó un desengaño amoroso, el estrés de su trabajo, con su decisión de airear en Argentina un romance con un político argentino muy conocido- dice una amiga con la que compartió sus últimos whatsapps. En esos mensajes, ésta le criticaba por haber vendido a la prensa argentina su affaire con Facundo Moyano, prometedor político e hijo de un líder sindical argentino. La joven le había conocido en la discoteca Kapital días antes de aquella cena en el restaurante peruano Tampú. Salieron un par de noches juntos en Madrid, pero él no quiso comenzar una relación sentimental con ella porque tenía una pareja en Argentina.

Celia, al enterarse, decidió interrumpir el flirteo y guardar silencio. Hasta ver cómo Moyano se convertía este verano en una celebridad por su noviazgo con la top model y presentadora argentina, Nicole Neumann. Al ver que varias jóvenes estaban saliendo en los programas del corazón de Argentina tildando a Moyano de mujeriego, Celia vio la oportunidad de vender por dinero sus fotografías con él y hasta sus whatsapps a un conocido medio del país latinoamericano. Vio al político como la mejor oportunidad de entrar en el prime time argentino, crecer en número de seguidores y colarse en algún reality show al otro lado del charco. Las puertas de las televisiones españolas las tenía cerradas desde su intervención el año pasado en el programa sobre influencers de Mediaset Quiero Ser, presentado por Sara Carbonero. Celia había cargado contra la productora por guionizar el programa y la empresa amenazó con demandarla. Así que Argentina era su oportunidad de oro, porque en España ninguna productora se iba a arriesgar a contar con ella.

Celia comenzó a intervenir por Skype en algunos programas de Argentina pidiéndoles 800 euros por cada aparición. Incluso tenía cerrada una entrevista en directo para la semana que viene… Cada vez que disparaba contra Moyano, al que no veía ni hablaba desde hacía varios meses, las audiencias de los espacios se disparaban. Era carne de cañón, un producto televisivo muy rentable para un país que se inyecta en vena los asuntos del corazón. Incluso en un nivel superior al español. Sus amigas le recriminaban que con Facundo había traspasado todos los límites, pero ella seguía en su órdago. Buscaba dinero y la fama que tanto ansiaba. Y la consiguió. Pero seguía sin ser feliz. Se sentía sola y Alejandro Lillo, el modelo barcelonés del que se enamoró, llevaba semanas sin hacerle caso. El mánager de este chico desmiente a Crónica cualquier relación sentimental con ella, pero las amigas de Celia le sitúan como el chico que le rompió su inestable corazón. De hecho, Celia llegó a llevar en su perfil de Whatsapp la foto en la que posaba con él con la Torre Eiffel de fondo en su perfil. Quería evidenciar a sus contactos que estaba saliendo con ese apuesto modelo. Que era feliz junto a él. Pero eran solo amigos. Era todo una fantasía. Como su vida de instagramer.

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1 Comentario

  1. Vivimos en una sociedad enferma, el nivel de consumo de antidepresivos en Europa es brutal, en España somos co-líderes europeos, vamos por detrás de Suecia… El capitalismo, el relativismo moral, el individualismo y el consumismo son los culpables

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