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El mapa del separatismo en Europa por qué ningún país reconocerá a Cataluña

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Mapa separatismo en Europa

La Unión Europea ha repetido en numerosas ocasiones su oposición a cualquier intento de fracturar España, o cualquier estado miembro; más aún fuera de la legalidad. Cataluña no es la única región europea donde hay intentos secesionistas. De aceptar su independencia, como advierte el ministro de Exteriores, Alfonso Dastis, otros movimientos se podrían sentir alentados. Y el continente europeo quedaría dividido en diminutos países.

ABC / Alemania, Francia, Reino Unido, Italia, Bélgica, Países Bajos… incluso Dinamarca, que ignoró al presidente de la Generalitat la semana pasada en la apertura de su «embajada». Todos cuentan con regiones donde hay movimientos nacionalistas. Apenas un puñado de países se libran del secesionismo dentro de sus fronteras. Si todos los independentistas lograsen su objetivo, el continente quedaría así dividido:

En España, además de Cataluña, están los independentistas gallegos y vascos, sin contar con otros movimientos autonomistas. Euskalherria, con capital en Iruña (Pamplona) resultaría del actual País Vasco, Navarra y el País Vasco francés. Los independentistas catalanes, en su ideal, aspiran a ampliar la actual Cataluña a su versión de Países Catalanes, con el Rosellón francés, la Comunidad Valenciana y las Islas Baleares. El Valle de Arán, en el Pirineo leridano, se saldría de la entelequia con su propia independencia.

Francia, Italia, Bélgica, Suiza, Holanda

Francia cuenta con movimientos independentistas, o fuertemente autonomistas, en toda su periferia. Además de los catalanes del Rosellón y los eukaldunes del País Vasco francés, están Bretaña, Normandía, Occitania, Provenza, Saboya, Alsacia y Córcega. Nueve territorios perdidos.

Italia, unificada en el siglo XIX, también cuenta con numerosos movimientos independentistas o autonomistas excluyentes, especialmente en el norte (Lombardía, Venecia, Liguria y Friuli), pero también en las islas de Cerdeña y Sicilia. Tirol del Sur aspira a unirse con Austria. La Padania, la entelequia que parte el país en dos, norte y sur, es la meta de la potente Liga Norte. San Marino y El Vaticano conviven secularmente con Italia como Estados independientes en la península.

Italoparlantes de Ticino, en Suiza, piden su anexión a Lombardía; y el cantón de Jura, en la frontera con Francia, pretende salir de la Confederación Suiza. Bélgica quedaría partida en dos, los flamencos de Flandes y los francófonos de Valonia. Aunque también hay valones que proponen su anexión a Francia. Los Países Bajos perderían a los frisones, con idioma propio, que habitan también dentro de la frontera alemana, y constituirían Frisia.

Alemania, Reino Unido, Dinamarca, Escandinavia

Alemania se quedaría sin el Estado Libre de Baviera, que, además de Baviera, pretendería incluir las regiones de Suabia y Franconia, por el momento fundamentalmente autonomistas. Lusacia también tiene sus regionalistas, al igual que la septentrional Schleswig-Holstein, habitada por frisones y daneses. El Reino Dinamarca, además de autonomismos peninsulares, cuenta con el movimiento secesionistas de la muy autónoma Islas Feroe, archipiélago situado entre Islandia y Gran Bretaña.

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A las naciones históricas de Reino Unido (Inglaterra, Gales, Escocia e Irlanda del Norte) habría que sumar los movimientos independentistas de la Isla de Man, entre Gran Bretaña e Irlanda. En Irlanda del Norte, además, existe el movimiento de los nacionalistas irlandeses, que pretende una sola nación (Irlanda) en la isla, sin influjo británico. Y movimientos en las Islas Shetland, al norte de Escocia, escandinavas hasta el siglo XV, reclaman su anexión a Noruega.

En Escandinavia, los samis aspiran a su Laponia, tanto en Noruega como en Suecia. En Suecia, el autonomismo de Jamtland, que comenzó como una parodia, al final terminó por tomar forma política. En el sur, la extrema derecha pide la independencia de la provincia de Escania.

Entre Suecia y Finlandia, las islas Aland quieren dejar de depender de Helsinki. Los finlandeses de Carelia no se olvidan de su país de origen del que la Unión Soviética les separó tras la Guerra de Invierno. Las pulsiones nacionalistas dentro de Rusia son numerosas, especialmente en el Cáucaso. En el báltico, el exclave de Kaliningrado, rodeado de Unión Europea por todas sus fronteras, cada vez está más lejos de Moscú.

Ucrania, Polonia, República Checa, Rumanía

El influjo ruso también convulsiona a sus vecinos, como Ucrania. La anexión de la península de Crimea solo es reconocida por media docena de países. Rusia también sirve de atracción para los territorios orientales ucranianos de Nueva Rusia y la región de Járkov. En occidente, Ucrania cuenta con la cuestión de la Rutenia Subcarpática, casa de numerosas minorías centroeuropeas, con una variada historia de dominación de diferentes naciones hasta su anexión soviética. La región de Transnistria, oficialmente en Moldavia pero con atribuciones de Estado, es otra cuestión pendiente de la disolución de la URSS.

En Polonia, Kashubia se reivindica como nación. Y, en el sur, Silesia se siente menos polaca y más próxima a las naciones que fueron el Imperio Austrohúngaro. La República Checa quedaría partida en dos: Bohemia y Moravia. Eslovaquia perdería el sur, culturalmente unido a Hungría. Los húngaros de Székely también reclaman su territorio autónomo en Rumanía. Sin salir de los Cárpatos, Transilvania recuerda sus tiempos como principado independiente.

Los Balcanes, Grecia y Chipre

La división surgida tras la Guerra de los Balcanes no zanjó todas las reivindicaciones nacionalistas. Los húngaros de Serbia reclaman la anexión de Vojvodina a Hungría. Los bosnios de Serbia piden una provincia autónoma, Sandzak. Bosnia-Herzegovina, a su vez, perdería Srpska, promovido por los serbios de su territorio.

En Albania, la minoría griega de Epiro del Norte quiere unirse a Grecia. Chipre no se resigna ser una isla partida en dos naciones tras la invasión turca. Tanto grecochipriotas como turcochipriotas reclaman dominar todo el territorio. 

Y, mientras tanto, delegaciones del Gobierno catalán viajan a los países europeos tratando de convencer de su mensaje independentista.

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