La bandera blanca de la rendición

La bandera blanca de la rendición

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manifestación Podemos hablemos

Por Eduardo López Pascual para elmunicipio.es

En todas las discusiones, en todas las controversias, en todas las batallas y naturalmente en cualquier guerra, siempre hay quienes en pro de una hipotética paz, levantan jirones de tela blanca en un noble intento de evitar más y mayores males de los que ya se estaban sufriendo. Pero ésta desesperada decisión, normalmente, se hacía cuando enfrente se encontraba un enemigo que, a pesar de las graves hostilidades con que se herían unos y otros, eran combatientes con un sentido de honorabilidad, con un respeto por el vencido, por una tradicional y elegante consideración al contrario. Ocurre sin embargo, que existen aquellos que nadaban en la más pobre inseguridad, también quienes carecían de valor, o los que eran pasto de las cobardías, que creían que la batalla terminaba enarbolando banderas blancas, pancartas albinas o sábanas inmaculadas, sin tener en cuenta que el enemigo no había dado ni una sola muestra de reciprocidad a esos sentimientos de futura convivencia.

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Sin duda, era un gesto de rendición lo que algunos pretendían olvidando los graves insultos, vejaciones y actos delictivos, incluso criminales, de lesa patria que el otro ejecutaba sin medida, buscando la destrucción final del adversario. Pues, resulta que aquí en España, en la Comunidad catalana, hay un frente abierto entre dos ideas que aglutinan a dos sociedades de ciudadanos o, mejor dicho, se ha formado un sector de esa sociedad plural que era Cataluña, bamboleando una reivindicación ilegal e inmoral, contra una mayoría silenciosa, a causa de la presión inaguantable, con el propósito de acogotar, y totalizar una secesión del país que le acoge: España.

Ante lo que muchos profesores de Derecho Constitucional definen como un Golpe de Estado, lo que esa parte catalana viene produciendo desde hace años, pero que ahora se recrudece en un ataque sin precedentes en la democracia nacida en 1978, y claro, padeciendo una situación de indeseable envergadura, los tibios de siempre, los huérfanos de sentido nacional, las comadres de la política y por supuesto, los alcahuetes de España, no han tardado en equilibrar a unos y a otros, a los que defienden la ley y además un sentimiento de patria, con quienes precisamente tratan de romper no solo la integridad física y territorial española, sino que lo hacen sibilinamente, manipulando las mismas leyes que ,les permiten dirigir su autonomía, y hacen caso omiso de su cumplimiento desde una acción tan torticera como contumaz. Aparecen entonces, los blancos, los que pregonan una irreal proposición de diálogo exhibiendo la bandera blanca de la rendición.

No otra cosa más que el abandono de los principios de patria y dignidad, es lo que sugieren esos indecisos, esas mentes que no creen ni en su propia país, e instan, subrepticiamente, a hablar con quienes nunca han querido hacerlo si no es, de su victoria, es decir, concesión de su secesión, de su independentismo. Eso, antes, estaba definido como un acto de alta traición. Sin más. Porque ninguna actitud de los separatistas catalanes nos han probado su respeto. Esas concentraciones de telas blancas, parecía más el palo entre las ruedas, que una intención sana de resolver el problema. Parecía más bien la intromisión de gentes como Podemos y sus mareas, o de IU, que un conjunto de ciudadanos que pidieran el final de la provocación de Puigdemont, Junqueras y la Cup. Porque, ¿de qué habría que hablar? ¿De una equidistancia entre golpistas y el Estado de Derecho? No parece que esto sea la solución; eso suena a derrota, a abandono, a traición y eso no lo puede consentir ningún español de bien.

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