Manifiesto de Falange Española de las JONS en defensa de la Unidad...

Manifiesto de Falange Española de las JONS en defensa de la Unidad de España

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Falange Española de las JONS

Texto íntegro del “Manifiesto en defensa de España y su unidad” leído por Belén de Espona en la concentración del pasado sábado en Madrid.

Ante la gravísima situación creada en Cataluña por el Gobierno de la Generalidad y su Parlamento autonómico, instituciones ambas dirigidas por sediciosos separatistas que pretenden declarar la independencia de esa querida región de nuestra patria, Falange Española de las JONS, consciente de su responsabilidad no sólo ante los falangistas que en ella confían, sino también y principalmente ante todos los españoles en general y los catalanes en particular, que asisten estupefactos a la incapacidad y a la inacción del Estado en los momentos más críticos para la existencia misma de España desde los tiempos de la II República, se ve obligada a alzar su voz y a hacer un llamamiento a todos los españoles, sin distinción alguna de ideas ni credos, para reafirmar nuestra firme voluntad de defender la sagrada unidad de la Patria y exigir al Gobierno que de una vez por todas adopte las medidas necesarias para acabar con la sedición, pues con su escandalosa dejadez está agravando un problema que bien podría haberse solucionado de forma rápida y eficaz deteniendo a los cabecillas e interviniendo todas y cada una de las competencias autonómicas que se han estado utilizando para socavar la unidad nacional. La Ley de Seguridad Nacional, el artículo 155 de la Constitución y el Código Penal lo permiten perfectamente, por lo que si no se ha hecho nada hasta ahora es únicamente por la falta de voluntad y coraje del nefasto Presidente del Gobierno que nos ha tocado padecer en este difícil momento histórico.

Aunque los culpables de la sedición sean exclusivamente los separatistas, no es menos cierto que el actual Presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, es el principal responsable de que no se haya impuesto el orden y de haber perdido el control de la situación. No obstante, para ser justos él no es el único responsable de lo que sucede en Cataluña, sino el último de una lista muy larga que empieza con Juan Carlos I y Adolfo Suárez, fautores de la nefasta Constitución de 1978 que reconoció unas supuestas “nacionalidades” y creó las “Comunidades Autónomas” que están destruyendo la conciencia nacional española; una lista que sigue con todos y cada uno de sus sucesores en el cargo, sin excepción –e incluso algunos presumiendo de “hablar catalán en la intimidad” –, pues todos ellos pactaron una y otra vez con los separatistas a cambio de cederles más y más competencias con las que se les ha dejado conscientemente inculcar a los jóvenes el odio a España, inoculándoles con mentiras y manipulaciones el veneno separatista a varias generaciones que, hay que reconocerlo, ya están envenenadas de odio y perdidas. Sí, los principales responsables del crimen son los separatistas que lo ejecutan, desde luego, pero también son co-responsables, son cooperadores necesarios, los que consciente y voluntariamente les han facilitado durante décadas las armas con las que cometer el crimen, y aunque la urgencia del momento nos obligue a centrar el punto de mira en los primeros para no facilitar a los enemigos de España su labor destructora, por nada del mundo hemos de olvidar que, una vez pase este terrible momento, habrá llegado el de ajustar cuentas con los segundos. Porque si después de esto nos olvidamos de exigir responsabilidades, y en lugar de apartar a los viejos partidos políticos y de acabar con el “Estado de las Autonomías” insistimos en los mismos errores o, peor aún, se llega a una reforma constitucional de tipo federal, no sólo no habremos aprendido a lección del momento histórico que nos ha tocado vivir, sino que mereceremos la ira eterna de nuestros antepasados, que nos legaron una patria que nosotros estamos destruyendo o permitiendo que destruyan otros sin hacer nada para evitarlo.

España lleva demasiado tiempo en una dinámica de negación de sí misma, de su historia y de su ser nacional, hecho incuestionable que en estos críticos momentos está llegando a extremos absolutamente inconcebibles. Esta negación de lo que se podría denominar la “idea fundacional de España” hace que hoy ya no pueda apenas hablarse de la existencia de una nación española. Porque España no es una simple organización de personas en un territorio, ni un conjunto de culturas, lenguas y tradiciones, ni una Historia gloriosa –que también es todo eso–, sino que, ante todo, es un proyecto histórico nacional que podríamos comparar a una “fundación”: una entidad que agrupa a un conjunto de medios diversos cuyo sentido es únicamente la consecución de un fin; un fin que no puede cambiarse sin destruir la misma esencia de esa fundación; un fin al que pueden añadirse –o del que pueden matizarse– aspectos secundarios concretos, pero que no puede ser discutido ni cambiado por nadie, ni siquiera por sus miembros, pues en el momento en que eso sucediera, esa fundación ya no sería ella, sino otra, pues a las fundaciones las define esencialmente su fin y si lo cambian han perdido todo su sentido. Y así, con esta comparación, quizá podamos comprender mejor que el principal problema que ha tenido España en los últimos siglos ha sido el empeño de sus élites dirigentes –teóricamente “ilustradas”– en introducirla a la fuerza en un modelo de proyecto nacional que le resulta extraño y que supone una negación de sí misma, de su razón de ser. Este y no otro es el verdadero problema de España, pues cuando el proyecto histórico nacional estaba claro en las mentes de gobernantes y gobernados, ni la descentralización administrativa, ni los fueros locales, ni las diversas lenguas, ni las tradiciones, ni ninguna otra peculiaridad de las múltiples y ricas regiones españolas se utilizaba traicioneramente para fomentar el separatismo, sino todo lo contrario: servían para sentirnos todos hermanados y orgullosos de esta riqueza que nos hace ser lo que somos; orgullosos –en definitiva– de ser españoles.

A la mencionada traición a nuestra esencia nacional, verdadero germen del sentimiento separatista, se añade el más reciente problema surgido cuando las competencias en materia de educación fueron transferidas a las Comunidades Autónomas, ya que desde entonces en muchas de ellas ya no se les enseña a los niños ni la historia ni la geografía españolas, y encima se les somete a una inhumana y totalitaria “inmersión lingüística” –todo ello aceptado y amparado por los gobiernos tanto del PSOE como del PP– que sólo persigue profundizar en las diferencias entre españoles, utilizando la lengua no como instrumento de comunicación y acercamiento, sino de disenso y alejamiento. Esta nación –con mucha tristeza tenemos que reconocerlo– ya sólo existe para unos pocos (pocos en porcentaje, aunque aún muchos en número); existe sólo para esos que todavía le damos a España un sentido que trasciende el hecho meramente constitucional (la actual Constitución no es más que un accidente histórico al que veremos si sobrevive), pero lo cierto es que para gran parte de los españoles España ya no es una nación. Queda, sí, la inercia histórica de lo que otrora fue una gran nación, pero hoy son ya demasiados los españoles que ya no saben ni qué es España, ni qué diferencia a una nación de una región, ni qué proyecto histórico representa España, ni nada de nada. Esta es, nos guste o no, la realidad de la España actual. Esto es lo que nos ha llevado a estar como estamos, y si no empezamos por reconocer el problema, por hacer el diagnóstico correcto, será imposible dar con la solución adecuada.

Sin embargo hoy, aniversario de la gran y decisiva batalla de Lepanto en la que España encabezó la lucha victoriosa en la defensa de la Civilización Cristiana, hay muchos motivos para la esperanza, ya que en estos momentos críticos estamos viendo que, como en épocas gloriosas anteriores, el pueblo español parece querer despertar, empieza a salir a la calle para defender la unidad de la Nación y llena las fachadas de los edificios con banderas de España que por doquier cuelgan de ventanas y balcones. Esto demuestra que gran parte del pueblo español, pese a la anestesia a la que ha sido y es sometido a diario por los medios de comunicación y por sus nefastos políticos, sigue teniendo en el fondo de su alma un profundo orgullo de ser español, lo que sin duda le hace capaz de dar lo mejor de sí mismo como tantas otras veces lo dio a lo largo de la Historia. Estos momentos críticos están haciendo aflorar ese ansia de patriotismo que estaba agazapado en el fondo de nuestras almas –quizá incluso sin saberlo– y que nuestra clase política intenta calmar apelando –como siempre– a la “calma”, a la “paz” y a “no generar crispación” (llegando a prohibir las despedidas públicas en los cuarteles a unas Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado que son las únicas que han actuado con dignidad pese a tener que cumplir órdenes indignas de sus incompetentes mandos políticos); y todo ello para así seguir estos mismos políticos controlando la situación, ahogando en un mar de frustración este espontáneo y auténtico sentimiento de orgullo que, si bien requiere ser acompañado de una verdadera y racional voluntad patriótica para ser fecundo, demuestra que este pueblo español, aun con el paso de los siglos sigue siendo esencialmente el mismo del que cantaba el viejo trovador medieval: “¡Dios, qué buen vasallo si tuviera buen señor!”

Ante la gravedad de la situación actual, Falange Española de las JONS señala a un culpable principal –que no único– en el momento presente: el separatismo catalán, empezando por el Presidente de la Generalidad, Carles Puigdemont. Es su inconsciencia, su absoluta falta de sensatez y de cordura, su fanatismo antiespañol, lo que está precipitando los acontecimientos en una vertiginosa deriva hacia un caos que nadie en el Gobierno español parece querer frenar con la decisión que el peligro requiere. Pero, como decíamos anteriormente, Puigdemont no es el primero ni el único culpable. La propia Constitución española sienta las bases del modelo político que permite este cúmulo de cosas; el gobernante Partido Popular, como no tiene un concepto nacional digno de tal nombre –fuera de lo que son intereses económicos y de mercado, que es lo que en realidad más le preocupa–, se refugia en el mejor de los casos en ese absurdo “patriotismo constitucional” que apela una y otra vez a instituciones como “la Unión Europea” (ente supranacional que destruye nuestra soberanía por arriba con el mismo efecto dañino que los separatistas por abajo) o a principios tan inconsistentes como “la libertad”, “la democracia” o “la Constitución”, que siendo meros accesorios, se utilizan como sucedáneo del verdadero patriotismo. Y todo ello para no hablar de conceptos más auténticos que parecen prohibidos de hecho, como “España”, la “Nación” o la “Patria” y su unidad indiscutible por ser el ella el fundamento de todo lo demás. Esto inhabilita al PP para defender España, como ha demostrado en múltiples ocasiones, por ejemplo cuando aceptó la ley de política lingüística de la Generalidad de Cataluña de 1998, o cuando decidió promover una recogida de firmas para pedir un referéndum sobre el Estatuto de Cataluña, ¡como si la unidad de España que ese Estatuto cuestionaba pudiera decidirse legítimamente en un referéndum!; el PSOE no sabe lo que quiere y oscila entre el apoyo crítico al Estado y la connivencia con quienes quieren destruirlo; Podemos y los falsos sindicatos UGT y CCOO se están comportando abiertamente como aliados –en realidad “tontos útiles”– de los separatistas, los cuales se aprovechan de la situación para sacar réditos políticos según sus pretensiones y avanzar más y más hasta conseguir materialmente la independencia; finalmente, el Rey, tras su prolongado silencio y su connivencia con los separatistas durante todo su reinado, a última hora ha aparecido públicamente –muy tarde ya–, con un discurso bueno y firme en las formas –lo cual no ha dejado de sorprendernos gratamente–, pero que sigue siendo tan flojo y contradictorio en el fondo como siempre, insistiendo en que la solución del problema pasa por el respeto a la misma Constitución y al mismo Estado de las Autonomías que han servido para agravar el problema, y afirmando que “todo se puede defender desde el respeto a la ley y la Constitución”. ¿Todo? ¿También el separatismo? Y, si el separatismo se puede defender legítimamente desde las instituciones, ¿por qué no podría llevar adelante la independencia si consigue ganar las elecciones democráticamente? ¿O acaso pueden defender el separatismo pero no separarse? ¿No es eso una contradicción flagrante? No, por mucho que lo diga el Rey, el separatismo es un crimen contra la Patria que no puede ni debe tolerarse, y por ello decimos alto y claro: ¡LOS PARTIDOS Y ORGANIZACIONES SEPARATISTAS DEBEN SER DECLARADOS ILEGALES!

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No sabemos si la dejadez del Gobierno consentirá que la independencia de Cataluña acabe siendo una realidad o si, como muchos sospechan, finalmente se llegará a una solución de compromiso que aplace todo una vez más, hasta que llegue un momento más propicio aún para los separatistas, lo cual supondría cerrar en falso el problema, sin afrontarlo como es preciso y dejando para el futuro una bomba de relojería lista para estallar.

Ante todo esto, Falange Española de las JONS, consciente de su responsabilidad en estas circunstancias, manifiesta al pueblo español su firme voluntad de no cejar en el servicio a España, luchando tanto por mantener viva la idea de la Unidad Nacional, como la de la Justicia Social, recuperando el proyecto histórico nacional de España, basado fundamentalmente en la defensa de una cosmovisión universalista –de inspiración esencialmente católica frente a la cosmovisión protestante que desembocó en el liberalismo y en el capitalismo–, mirando también a esa “Patria Grande” que es la Hispanidad, y defendiendo un modelo económico alternativo basado en la preeminencia del trabajo como fuente de dignidad social, de riqueza y de valor; un sistema que permitirá recuperar la soberanía económica nacional y que hará que la economía esté al servicio del hombre.

Por ello Falange Española de las JONS difundirá con renovada energía este mensaje por toda la geografía nacional y, sean cuales fueren las circunstancias futuras, permanecerá firme en su puesto y seguirá ofreciendo una verdadera alternativa de carácter nacional y sindicalista, alternativa que hoy es más necesaria que nunca.

Falange Española de las JONS hace un llamamiento a todos los españoles de bien para que sean conscientes de la gravedad de la situación actual de España, al tiempo que os pide a todos que os impliquéis activamente en la defensa de nuestra Patria antes de que sea demasiado tarde. Nuestros hijos y nuestros nietos no merecen que les leguemos una España en proceso de descomposición, y, menos aún, rota del todo.

Hay que tener el coraje y el arrojo suficientes para afrontar la difícil situación actual y quien esté dispuesto a dar el paso al frente siempre tendrá un hueco en la Falange.

Es la hora de la responsabilidad, la hora en que el pueblo español debe plantar cara a los separatistas, desmarcarse de los viejos partidos políticos traidores y dar un paso al frente, y para que ello sea posible cada uno de nosotros tendrá que tomar hoy y ahora su propia decisión y responder de ella. O se defiende a España o se la deja morir. La Patria simplemente no puede esperar ni un día más. ESPAÑA NOS NECESITA A TODOS ¡Y NOS NECESITA AHORA!

Por la Patria, el Pan y la Justicia.

¡ARRIBA ESPAÑA!

Falange Española de las JONS

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