Juan Francisco Arroquia -DEOLAVIDE- entrevistado por elmunicipio.es (II parte)

Juan Francisco Arroquia -DEOLAVIDE- entrevistado por elmunicipio.es (II parte)

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elmunicipio.es en su afán de difundir  el pensamiento de José Antonio Primo de Rivera, fundador de Falange Española;  de  limpiarlo de tópicos, tergiversaciones,  adherencias tóxicas y por qué no, de la confusión que muchos de sus seguidores hemos transmitido con nuestras acciones, omisiones y manifestaciones,  se complace al ofrecer esta entrevista a  DEOLAVIDE -Juan Francisco Arroquia-, falangista joseantoniano, buen conocedor de su doctrina y un claro comunicador de ella, tanto intelectualmente como con sus vivencias personales de cada día;  en la certeza que tanto en la I parte como en esta II se transmite con rigor la ideología que nos legó José Antonio Primo de Rivera, para la que pedimos respeto y atención para comprender su verdadero contenido.

Entrevista-Juan-Francisco-Arroquia-Deolavide-Bandera-Falange-Española

elmunicipio.es ¿Qué opinión te merece, como joseantoniano, los nacionalismos tanto de Estado como locales?

DEOLAVIDE. El nacionalismo (cualquier nacionalismo) es el egoísmo de los pueblos.  Puede que esta afirmación sorprenda a no pocos, por cuanto la imagen de un José Antonio y de una Falange nacionalistas forma parte del mito del que hablé anteriormente.(I Parte).

José Antonio  nos dejó dos textos, “La gaita y la lira” y “Ensayo sobre el nacionalismo”, donde expone nítidamente su concepto de patriotismo en oposición al sentimiento nacionalista. El patriotismo joseantoniano no es el amor telúrico a nuestra tierra, a lo que nos es propio, amor sensual que se repliega hacia lo íntimo y lo espontaneo. El patriotismo es para él lo que, cabalmente, está en el extremo contrario de lo espontaneo, en lo más difícil. El patriotismo joseantoniano se fundamenta no en lo sensible (propio de los nacionalismos) sino en lo intelectual. La Patria no es para José Antonio “el arroyo y el césped, la canción y la gaita” sino un destino, una empresa colectiva. Un esfuerzo intelectual en lucha contra lo espontáneo que devengará valores espirituales auténticos.

elmunicipio.es ¿Fue José Antonio un nacionalista español?

DEOLAVIDE. Por lo que acabo de exponer, claramente no. La mejor respuesta es la del propio José Antonio que afirmó; no somos nacionalistas, somos españoles, que es una de las pocas cosas serias que se puede ser en este mundo.

elmunicipio.es ¿La ideología joseantoniana es totalitaria, se identifica con los totalitarismos del siglo XX?

DEOLAVIDE. Esto de que la Falange (la obra política de José Antonio) es totalitaria es otro de los mitos deformadores del pensamiento joseantoniano.

El totalitarismo se suele identificar con las ideologías panestatistas del siglo XX. Aquellas que conciben al Estado como la más alta categoría. Para los totalitarismos nada se justifica (ni la verdad, ni el bien, ni la vida, ni la dignidad, ni la libertad del hombre) fuera del Estado, menos contra el Estado o por encima del Estado. Obsérvese que este concepto no es totalmente ajeno a las llamadas democracias, donde la voluntad del Estado se impone por el solo hecho de serlo.

José Antonio se manifestó expresa y reiteradamente contrario a este concepto de Estado: “Óiganlo los que nos acusan de profesar el panteísmo estatal: nosotros consideramos al individuo como unidad fundamental, porque éste es el sentido de España, que siempre ha considera al hombre como portador de valores eternos”. Son palabras pronunciadas por José Antonio en 1935. Desgraciadamente, no fueron muchos los que escucharon y menos los que entendieron. 

elmunicipio.es Sin embargo, en los Puntos Programáticos de FE de las JONS se afirma que nuestro Estado será un instrumento totalitario, ¿cómo explicas esta contradicción con lo que dices?

DEOLAVIDE. Es cierto. Los Puntos Programático establecen que el Estado será un instrumento totalitario al servicio de la integridad de la patria. Pero no hay contradicción alguna con lo expuesto.

En primer lugar porque el carácter totalitario que se atribuye al Estado es para José Antonio sinónimo de Estado de todos. Esto no es una suposición mía. En diversas ocasiones el propio José Antonio se expresa en términos tales como “Estado de todos, en este sentido totalitario”.

En segundo lugar, porque hay, como dije, un repudio expreso al panteísmo estatal, que es la esencia del totalitarismo. Un repudio que se deduce dialécticamente del concepto joseantoniano de soberanía y, fundamentalmente, de la convicción joseantoniana de la naturaleza transcendente del ser humano, anterior y superior al propio Estado.

Finalmente, por paradójico que parezca, se deduce del propio enunciado de la Norma Programática. Conceptualmente el Estado totalitario es la suprema categoría. La Norma Programática, por el contrario, lo califica de instrumento. Lo que es instrumental no es categórico por cuanto queda referido a aquello a lo que sirve; en este caso, la integridad de la patria.

elmunicipio.es ¿Un Estado organizado en las ideas de José Antonio, que sería novedoso, ya que nunca ha existido como tal; sería centralista o federal o autonómico…cómo sería su estructura administrativa, legislativa y ejecutiva?

DEOLAVIDE. José Antonio no entró en el desarrollo de la estructura del estado ni siquiera, me atrevo a decir, en el carácter centralista o, por el contrario, descentralizado del estado. No de forma explícita.

Por tanto, lo que digamos sobre esto es meramente deductivo.

En primer lugar cabe preguntarse por qué José Antonio no se ocupó del diseño del estado que proponía.

Conociendo su carácter, descarto la desidia. Cabe pensar que no lo tuviera “claro” o es posible que no lo considerara necesario. Yo me inclino por esta última opción. Sabemos que su respuesta a las críticas de no disponer de un programa fue que los programas los hacen para no cumplirlos y que lo necesario era tener un sentido permanente ante la Historia y ante la vida.

Si a esto unimos la situación minoritaria de Falange, sin expectativas inmediatas de asumir responsabilidades de gobierno, así como la situación de emergencia de la época; se entiende por qué  prevaleció enfrentar la ocasión revolucionaria del momento al desarrollo del modelo de estado.

Esto no quiere decir que no dejara algunos principios que deberían informarlo.

El estado joseantoniano es un instrumento de todos al servicio de la integridad de la patria. La patria es una unidad de destino, una singular tarea colectiva en lo universal. El estado, en consecuencia, ha de ser fiel a esa unidad. Repudia toda iniciativa de división, no solo territorial.

Por esto, por esta aversión a lo que divide, a lo que separa, repudia un modelo parlamentarista del tipo conocido, basado en la representación de bandos en lucha. Lo que no conlleva rechazo a todo tipo de parlamento ni presume la supresión del debate o controversia ideológica, sino que se entiende que el estado no debe fundamentarse en tal controversia.

Alternativamente al modelo de parlamentarismo partidista se propugna un modelo de participación a través de las funciones sociales básicas; en el orden civil, territorial y económico-social. Un modelo que conlleva delegar  competencias del estado en las instituciones vinculadas a tales funciones.

Tal planteamiento, en definitiva, sugiere un estado ampliamente descentralizado, funcionalmente autónomo, en lo civil, en lo territorial y en lo económico-social.

Una organización funcional autónoma que reclama de instituciones colegiadas que coordinen y aúnen las diversas competencias y, finalmente, de unas instituciones centrales que asuman la alta dirección del estado y su representación exterior.

Para terminar, interesa recordar que José Antonio no repudiaba categóricamente la autonomía regional. Entendía que tal autonomía podía establecerse para aquellas regiones que tuvieran acreditada una inquebrantable lealtad a España. Obviamente, rechazaba la posibilidad de otorgarla a aquellas que pretendieran la autonomía como instrumento de ruptura de la patria. Por cierto, un criterio cabalmente opuesto al utilizado en el Estado actual.

Otra cosa es un estado federal o, cabalmente, la federación de estados que es de lo que se trata cuando lo es propiamente.

La federación de estados reclama la preexistencia de tales estados que se integran mediante un pacto federal. Es un proceso de unir lo que está separado. Un proceso que no cuadra al caso de España, que es una realidad histórica unida desde hace más de cinco siglos. Para ser más claro, aquí, en España, cuando se habla de federalismo se está proponiendo un debilitamiento de la unidad que ya existe.

elmunicipio.es ¿Hoy está España en peligro de romperse como Nación, como Estado?

DEOLAVIDE. España está en un proceso de integración con el resto de las naciones europeas. Un proceso, aún imperfecto, inconcluso, que tiende a la formación de un estado propio de la realidad histórica supranacional que es Europa. Es previsible que este proceso llegue a concretarse en un estado federal europeo integrado por los actuales estados nacionales cuya derivada histórica puede ser la eclosión de una nación europea.

Ante esta perspectiva de nueva unidad, que en sí misma me parece una tarea potencialmente atrayente, los nacionalismos regionales pretenden incorporarse a esa futura federación europea con sus propios estados nacionales. Tal pretensión choca con los intereses de las naciones-estado respectivas, no solo en el caso de España sino en el de Gran Bretaña, Italia, Francia, incluso Alemania. En todas ellas hay o puede haber fuerte tensiones separatistas que se verían alentadas y alimentadas si tal intención triunfara en uno solo de ellos. Esto hace poco probable el triunfo formal de los separatismos locales, aunque no es descartable el triunfo de procesos encubiertos de separatismo de baja intensidad.

Pero si, por lo dicho, creo improbable la ruptura formal del Estado español, no es menos cierto que considero una realidad fehaciente el fraccionamiento de su unidad política, sociológica y popular. Un fraccionamiento debido, más que a la acción continuada de los separatistas, a la pasividad indolente de los “unionistas” (por decirlo así); tanto instituciones, como corporaciones de cualquier naturaleza y del mismo pueblo español, adormecido este por las nanas recitadas durante años por aquellas.

No obstante, dicho esto, he de decir que tal fraccionamiento no es lo peor. Lo peor, sin duda, es la liquidación efectiva de la Patria española. La Patria española ha sido liquidada, no existe ya un proyecto colectivo que actúe con singularidad en la historia, en lo universal. Tal hecho no es de hoy, trae un devenir centenario cuyo comienzo podemos datar en los tratados de Utrecht. A partir de ese momento, no de forma radical sino paulatina, se ha ido disolviendo el proyecto histórico llamado España en un proyecto ajeno, propio de otra “patria” llamada modernidad cuyos protagonistas principales fueron los países protestantes con la incorporación espuria de la “católica” monarquía francesa de los borbones.. Este proceso, que no ha sido espontaneo sino impulsado y programado, se ha culminado en nuestra generación.

José-Antonio-Primo-de-Rivera

elmunicipio.es ¿Qué respuesta tienen los joseantonianos al problema de los separatismos locales actuales?

DEOLAVIDE. Creo que nuestra respuesta no puede ser distinta a la de José Antonio a los separatismos de ayer (no en vano son los mismos); el separatismo es un crimen que no perdonaremos, dijo con la diplomacia que le caracterizaba. Pues eso.

elmunicipio.es ¿Se debería  imponer la Unidad artificialmente prescindiendo de la libertad de las personas?

DEOLAVIDE. La dignidad humana, la integridad del hombre y su libertad son valores eternos e intangibles, y así los reconocemos taxativamente.

Pero nadie piensa que respetar la libertad consiste cabalmente en consentir cualquier capricho o deseo de cualquier individuo o grupo. Si así se pensara sobraría el derecho y la justicia por cuanto nada se podría hacer frente al que roba, abusa, maltrata o asesina, dado que sus actos son expresión de su libre voluntad.

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La libertad no habilita al individuo ni al colectivo a llevar a cabo su voluntad por arbitraria o contraria que sea a razón,  al bien común, al natural o al moral.

La unidad de España, que no es más sino acaso menos artificial que su desmembración, la estimamos un bien común que, por serlo, debe prevalecer sobre la voluntad (individual o colectiva) de suprimirla.

elmunicipio.es ¿Qué piensas de los partidos políticos y de los sindicatos que tenemos en España?

DEOLAVIDE. Antes de contestar a tu pregunta haré una reflexión general sobre partidos políticos y sindicatos.

Los partidos políticos, en sí mismos, son expresión de un modo de entender la política que podemos calificar de sectario. El propio término, partido, lo dice todo. A un joseantoniano, que informa su actuación política en el servicio al bien común y considera la unidad un bien necesario, todo lo sectario o partidista le repugna.

En el caso de los partidos políticos españoles esta repugnancia se acrecienta por causa de la perversión que han desarrollado. Hoy, en España y posiblemente en el resto de países con democracia partitocrática, los partidos no responden a la razón de su origen, no son expresión de aspiraciones ideológicas singulares que tratan de imponerse sobre las opuestas sino meras estructuras burocráticas de poder ideológicamente neutralizadas que sirven alternativamente al mismo poder fáctico. Son meros instrumentos de una plutocracia local dependiente de una plutocracia supranacional o, mejor, extranacional, ajena a las naciones y a los pueblos.

Los sindicatos de trabajadores originariamente son agrupaciones que responden a la necesidad de responder a los abusos de los capitalistas. Su nacimiento responde originariamente a una causa justa, reivindicativa de la dignidad humana en el trabajo.

La inoculación del dogma marxista en las organizaciones sindicales pervierte su naturaleza y los transforma, ya como sindicatos de clase, en expresión de un interés sectario. En la medida en que pasan a representar al igual que los partidos un interés de parte, de clase, los considero, no repugnantes (por cuanto subyace en ellos una reivindicación justa), pero sí indeseables en tanto ineficaces para un justicia social profunda y efectiva, que no puede ser nunca sectaria.

¿Los sindicatos españoles?. ¿Tengo que decir algo? Con decir, y me refiero fundamentalmente a los sindicatos oficialistas UGT y CCOO, que han superado a los partidos políticos en la perversión de su naturaleza y en corrupción, creo que digo suficiente.

Perversión de su naturaleza, en tanto han devenido en organizaciones burocráticas dirigidas por  profesionales del conflicto (algunos no han trabajo en su vida en otra cosa)  que viven de la subvención  y del desvío de fondos públicos, beneficiándose de la posición de ventaja otorgada por la legislación vigente,  al servicio de sus intereses corporativos.

Corrupción. En la mente de todos están sus múltiples fechorías: desviación de fondos públicos, malversación, expedientes de regulación de empleo fraudulentos, cursos en el Caribe cuando no ficticios…, para qué seguir.

elmunicipio.es ¿Por cierto, los funcionarios en un estado de ideología joseantoniana, serían “copropietarios del Estado”,  se repartirían las plusvalías que este obtuviera?

DEOLAVIDE. Ni las administraciones públicas ni menos aún el Estado son ni pueden ser propiedad de los funcionarios. A nadie se le ocurre que los militares sean los propietarios del Ejército, los médicos de los servicios públicos sanitarios (aunque más de uno lo piense) o los maestros de las escuelas públicas (lo que se creen bastante de ellos), tampoco el resto de los funcionarios somos propietarios de nuestros despachos y oficinas (si exceptuamos a los notarios, que se rigen por su estatus singular).

Los funcionarios son (yo lo soy) trabajadores al servicio del pueblo adscritos a una determinada administración pública del Estado, bajo la dirección política del gobierno y sometidos en nuestra función al cumplimiento estricto de la legalidad. Somos trabajadores con circunstancias especiales (diferentes al resto de trabajadores) que nos sometemos a un estatuto laboral especial, ajustado a la singularidad de nuestra función.

Un estatuto que debe velar (y hoy no lo hace siempre eficazmente) por un acceso en concurrencia abierta sometido a la acreditación de mérito y capacidad, con criterios objetivos de promoción y designación de responsabilidad, limitando la libre designación a cargos de naturaleza política.

La retribución de los funcionarios y del resto de empleados públicos no puede consistir (como lo proponemos para los trabajadores del sector privado) en la asignación del beneficio de la “empresa”. Aparte otras consideraciones, resulta obvio que el “beneficio” o “pérdida” de la “empresa” Estado depende de circunstancias bastante ajenas a los propios empleados públicos y sí a las circunstancias económicas generales y a las políticas fiscales que cada gobierno decida legítimamente.

En consecuencia, en un Estado falangista los empleados públicos seguiremos siendo asalariados del Estado (los únicos asalariados, posiblemente).

elmunicipio.es ¿Un Estado organizado conforme a las ideas de José Antonio, formaría parte de la Unión Europea, sería el euro su moneda, cedería a Bruselas  tanta soberanía como España hace en la actualidad?

DEOLAVIDE. He comentado antes que Europa viene desarrollando un proyecto de integración. Un proceso, aún imperfecto, inconcluso, que tiende a la formación de un estado propio de la realidad histórica supranacional que es Europa.

He comentado también que en sí misma me parece una tarea potencialmente atrayente.

Potencialmente, en tanto el proceso se desarrolle y dé como resultado un “proyecto sugestivo de vida en común”, como diría Ortega y Gasset. Para que lo sea, para que sea sugestivo, debería ser un proyecto basado en la afirmación del hombre trascendente, de su integridad, dignidad y libertad, justificado en un orden moral categórico, no arbitrario, no expuesto al vaivén caprichoso de una voluntad cambiante y arbitraria.

Se me dirá que el proceso de integración europea que vivimos no se parece ni de lejos a lo expuesto. Cierto.

Europa se está construyendo sobre los valores de la modernidad y al servicio de sus fines. Nada que ver con nuestro afán. Pero, ¿acaso España, la España de hoy, no responde a esos mismos valores y fines propios de la modernidad? ¿Debemos por esto abandonar la tarea de construirla, de reconstruirla?

Para hacerlo, para abandonar, hay por otra parte un impedimento insuperable; que no podemos apearnos de la historia como quién se apea de un autobús. No, el deseo de Mafalda no es posible. No podemos parar el mundo y bajarnos de él.

Pero sí podemos cambiarlo, intentarlo al menos. Y esta es la tarea revolucionaria de este momento;  construir una Patria (¿por qué no europea?) fundamentada en el hombre y justificada en la verdad, no en el capricho o la arbitrariedad de la voluntad dominante.

Entiendo que este proyecto encajaría, como mano en el guante, con el ser mismo de la España perfectible y misionera, que tan claramente explica Miguel Argaya en su libro, pequeño en extensión y grande en conceptos y profundidad de análisis, titulado “La España por venir”, (Ediciones Milenio Azul), cuya lectura recomiendo a quién aspire a entender el ser mismo de España. Una España siempre en conformación, que existe en cuanto afronta un proyecto que se nos aparece siempre en forma de desiderátum, de aspiración siempre en construcción y que en su ausencia se precipita en la desidia, la esterilidad y la división.

Por cierto, Miguel Argaya es, además de un gran poeta, uno de los ideológos falangistas más clarificadores y profundos. Sus libros, ”Entre lo espontáneo y lo difícil”,  “Fundamentos de la Falange” y el ya citado “España por venir”, hay que leerlos.

Ni el euro ni la peseta hacen ni deshacen la Patria. Ni la soberanía está garantizada, tal como la entendemos los falangistas, ni en la Europa de los mercaderes ni en la España de sus lacayos.

Ni la Europa de los mercaderes, del ateísmo practico o teórico, del relativismo absoluto, es la nuestra. Ni es nuestra la España de sus sicarios. Pero otra Europa, como otra España, es posible. Una Europa hispanizada, puede ser un buen proyecto colectivo.

Bandera-Falange-Española

elmunicipio.es ¿Ser joseantoniano es ser de extrema-derecha como se empeñan presentarlos los medios de comunicación, las ideologías liberales, las social-comunistas y algunas personas o grupos que etiquetándose,- utilizando su simbología-,  de falangistas, se sienten identificados en esta posición política, coqueteando, cuando no participando, en acciones políticas o en actos y homenajes junto a ella?

DEOLAVIDE. Ni de extrema derecha, ni de extrema izquierda, ni de medio centro, que viene a ser una especie de saldo que da lugar, según su signo, al centro-derecha o al centro-izquierda. Todas formas hemipléjicas de ver el mundo. Todas formas planas de hacer política. Hay otra forma de ver el mundo y hacer política, un modo total, completo, tridimensional, no sectario, de entender la vida y de hacer política: el modo joseantoniano. Quien no lo entienda así, está equivocado si se considera falangista.

elmunicipio.es ¿Serán capaces los seguidores del pensamiento joseantoniano de transmitir  y explicar sus propuestas, libres de mezclas tóxicas, a los españoles de hoy?

DEOLAVIDE. Son muchos los falangistas que vienen trabajando desde hace años, muchos años, en esta tarea de trasladar a los españoles el genuino pensamiento joseantoniano. Este periódico digital viene a incorporarse a esta tarea que otros vienen realizando con medios electrónicos o con el  más tradicional papel impreso.

La tarea no es fácil. Enfrente está el muro del prejuicio creado por la tergiversación de unos y de otros (la gloriosa y la oprobiosa) y  la amplia aversión del pueblo español hacia la política en general y hacia los políticos en particular. Una aversión creciente en los últimos tiempos, no injustificadamente.

Tras este muro se levanta otro aún mayor, el que alza el catálogo de valores dominantes en una sociedad construida sobre la moral de la modernidad en su versión postmoderna, una moral desprendida ya de toda referencia a la verdad y a la razón, desafecta del bien y del mal, que solo acepta el imperio de la voluntad, la sociedad que ha matado a Dios y ha erigido templos al “superhombre” nietzscheano.

Por otra parte, no debemos descartar como quimérica la acción de los servicios de inteligencia del Estado, dirigida siempre a neutralizar, confundir y dividir a los falangistas.

Sin embargo, el obstáculo más penoso es el que trae causa del mensaje errático y confuso que en lo ideológico no pocas veces trasladan las organizaciones nominadas falangistas en su tan bien intencionado como estéril y quimérico propósito de conciliar en su seno cosmovisiones distintas,  visiones diferentes del Hombre y del Estado como son las de José Antonio Primo de Rivera y las de Ramiro Ledesma. Mientras esta confusión interna no se resuelva, la eficacia del mensaje joseantoniano estará comprometida.

Falta la “auctoritas” ideológica (individual o colegiada) aceptada, si no por todos, sí por la inmensa mayoría de los falangistas. Una tutela respaldada por la autoridad incontestada de una organización falangista también mayoritariamente reconocida.

No obstante, como católicos y como falangista, el éxito no es lo importante. Eso se lo dejamos a los de la cultura de la competencia, de los triunfadores que se alzan sobre el despojo de los fracasados.

Lo importante es lo que hagamos en este mundo, aquello por lo que se nos pedirá cuentas cuando nos llegue el momento de dejarlo.

elmunicipio.es da las gracias a DEOLAVIDE -Juan Francisco Arroquia- por aceptar contestar a nuestras preguntas, por sus respuestas, por acogernos tan amablemente y por su disponibilidad sin condiciones a colaborar a la difusión de la ideología  joseantoniana.

elmunicipio

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3 Comentarios

  1. He leído con suma atención las dos partes de la entrevista. Interesante, profunda y muy joseantoniana. Tengo, sin embargo, alguna reserva en aceptar lo que considero un cierto dogmatismo en el aspecto religioso. No olvidemos que, entre otras potencialidades, Dios nos ha dotado de la razón para someter a crítica nuestras propias creencias. El nuevo Papa, Francisco, nos está invitando a ello.
    El asunto es para tratarlo largo y tendido.
    Ello no me impide felicitar, todo lo contrario, a Juan Antonio Arroquia, “DEOLAVIDE”, en su esfuerzo y clarividencia para interpretar la doctrina de la Falange que pretendió José Antonio.

    • Muy agradecido, Pedro, por tu cualificado y benévolo comentario.
      No comparto tu juicio en lo que estimas dogmatismo religioso.
      Es cierto que Dios donó al hombre el libre albedrío, la capacidad de elegir. Lo que conlleva la facultad crítica, es decir, de analizar los hechos, las creencias, los deseos. Pero esta facultad no debe, para ser fértil, enquistarse en actitud permanente de duda. La duda permanente deviene irremediablemente en actitud agnóstica, en relativismo característico de la modernidad. El Papa nos propone revisar, no tanto nuestra fe, sino la coherencia de nuestros actos respecto a ella. El examen de conciencia, la confesión del error (pecado) y la penitencia son, por otra parte, uno de los sacramentos de la Iglesia, nada nuevo.
      José Antonio fue un hombre de fe y construyó su Falange sobre esa fe. Una fe, la que corresponde al sentido católico de la vida, que es dogmática en tanto categórica pero que no excluye ni la razón ni, menos aún, la caridad que repudia la persecución del no creyente.
      La época de la persecución religiosa ha pasado, dijo José Antonio. ¡Por supuesto!. Los católicos hemos hecho acto de contrición de aquel pecado. Lo cierto es que la edad moderna (España fue escenario terrorífico de ello) ha traído otra persecución, la persecución contra la religión, singularmente contra la religión católica.
      Un fuerte abrazo.

  2. DEOLAVIDE:
    Creo que puedo llamarte amigo y camarada, aunque físicamente no te conozco. Intelectualmente, creo también y sin equivocarme, que sí. Tu honradez en el pensamiento te acredita.
    Seguiremos hablando y reflexionando sobre nuestras creencias; pero mientras eso llega, te pido te unas a mi maldición a lo que denuncias y a sus protagonistas, los perseguidores de la religión, en este caso la católica.
    Otro fuerte abrazo para ti.

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