El drama migratorio

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Eduardo-López-Pascual

Por Eduardo López Pascual para elmunicipio.es

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Siempre he contemplado el asunto migratorio con una especial atención y, desde luego, preocupación. Tal vez sea por mi procedencia geográfica dentro de la singular tierra española ya que desde mi origen granadino y mi posterior residencia y crianza en la región murciana de los años después de la guerra civil, la noticia continua del pueblo obrero, de las gentes trabajadores, era el anuncio de familias completas, casi de barrios enteros, haciendo las maletas en busca de horizontes fuera de España, que les proporcionara pan y empleo. En los años cincuenta y sesenta del siglo pasado, cientos de miles de compatriotas no vieron más salida que emigrar al extranjero para asegurar la supervivencia de esposas e hijos. Así que desde el principio uno, con solo ocho o diez años vivía la angustia de ver como sus compañeros de escuela, sus compañeros de escuadra en las centurias juveniles de frente de juventudes, se despedían con la tristeza de abandonar su casa, su país, sus camaradas, y la identificación y solidaridad de que mañana montarían en un tren de mala muerte, con unas maletas de cartón junto a sus padres, en busca de un futuro aun incierto.

Por eso, como he crecido junto a esos cientos de obreros sin futuro, como he vivido al lado de los desheredados sin empleo,  como he sentido muy cerca el dolor de los emigrantes, mi actitud ante ellos, ha sido siempre y lo es, de una absoluta y completa coincidencia con sus deseos, con sus afanes de encontrar, por fin, una vida nueva y mejor. Porque he acompañado su dolor por salir de su país, porque he estado junto a familias emigrantes en vísperas permanentes de un viaje inseguro, siempre estaré a su lado, junto a cualquier persona, hombre o mujer, blanca o negra, religiosa o no, analfabeta o ilustrada, que no haya tenido más solución que abandonar su casa y empezar la dura respuesta de la inmigración. Jamás, pondré ninguna justificación que obstruya o impida el derecho a tener una vida más digna. Primero las personas, ha sido siempre una máxima nuestra, de los falangistas; el hombre es el eje del sistema, pues a eso vamos. Nada es argumento para que los hambrientos de África, los perseguido sirios, los desplazados de las Américas, los encaramados de Melilla, sufran miradas de recelo.

Las caras de mis vecinos, los ojos de mis pequeños camaradas, los nombres de Kaetes, Señor Juan, Camarada Mikel, el Colorao, Orteguita, el Flecha, y así hasta muchas decenas de quienes conmigo sufrimos la época del esparto fallido, de los campos secanos, de las hileras cerradas, vienen a mi memoria recordando aquel  tiempo de escasez y pobreza en la que los españoles inundaban la Europa de Suiza y Francia, de Ámsterdam y Niza, de Berlín y de Ginebra… Ayer fuimos nosotros los que pedimos fronteras abiertas, hoy salvando las distancias, son otros los hermanos que exigen al menos una oportunidad para salvarse y yo, naturalmente, estoy de lleno con sus necesidades. Los falangistas no debemos nunca poner trabas, ordenarlas si, pero en nuestro lenguaje no entra impedir esta urgencia social. No  creo que nosotros tengamos que inventar razones para proclamar que defendemos el derecho a que nuestros hermanos oprimidos por la miseria y la injusticia, por encima de cualquier otra consideración mundana.

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2 Comentarios

  1. ¡Bravo Eduardo López Pascual! Este es el nucleo del ideario de la Falange de Jose Antonio: el respeto por la persona, ante todo y sobre todo, la lucha por su dignidad y promoción, como españoles, como occidentales, como cristianos. Y hay que repetirlo, frente a tanto usurpador de símbolos, nombre y doctrina que tienen sus referentes ideológicos, éticos y de estilo (las formas a veces son tan importantes como el contenido) en las antípodas de un pensamiento de universalidad, catolicidad, civilizado y civilizador.

  2. XLVII- ¿MI NEGRITUD TE ASUSTA ?

    ¿Mi negritud te asusta?

    ¿O es tal vez mi hambre de vivir como tú?

    ¿qué sientes cuando ves las proas de nuestros cayucos
    tajar la mar que nos separa y ver nuestros ojos brillar en la libertad

    ¡Si, esa sensación de que eres un Ser Humano y puedes pensar, vivir, andar, comer

    o no hacer nada, sentado en un banco de la plaza o del parque!

    ¿Mi negritud te asusta?

    o es tal vez que se ha descorrido la cortina de la noche y
    ves en nosotros las pesadillas y sueños terribles
    del recuerdo de la trata…

    ¿Mi negritud te asusta?

    ¿o es tal vez mi pobreza y el ser un don nadie?

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