La abstención, el voto nulo y el voto en blanco

La abstención, el voto nulo y el voto en blanco

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¿A quién benefician estas opciones?

Hay muchas personas que no quieren votar a los grandes partidos, particularmente el Partido Popular y el PSOE. Seguramente porque se trata de los dos grandes partidos nacionales que han gobernado durante los últimos 7 años con resultados bastante calamitosos.

No menos cierto es que otras formaciones agrupan a partidos que han gobernado en diversos territorios autonómicos con resultados igualmente calamitosos.

Por todo ello y por otras razones, muchas personas se estarán planteando de cara al próximo domingo la abstención, el voto nulo o el voto en blanco.

Pues bien, interesa reflexionar un momento sobre estas opciones y sobre todo acerca de a quién benefician.

La abstención

La principal virtud de la abstención es su comodidad. La abstención no requiere pensar ni desplazamiento alguno.

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No obstante, si uno se abstiene seguramente es por una carencia de entusiasmo hacia los partidos que pueden ganar las elecciones. En este caso ha de considerarse si la abstención no beneficia a los grandes partidos.

Es decir, la abstención no se incluye en el recuento de votos por lo que en el fondo favorece a los partidos a los que no se vota. En una población con 100 habitantes, si 90 se abstienen, obtener el poder sólo cuesta conseguir 6 votos.

El voto nulo

El efecto resulta similar a la abstención, puesto que el voto nulo tampoco se incluye en el recuento. Un partido al que uno no está dispuesto a votar necesita menos votos y por tanto convencer de su mensaje a menos personas para ser declarado vencedor. A diferencia de la abstención, además, implica la incomodidad tener que acudir al colegio electoral y eventualmente tener que pensar. Esto en el supuesto de que no se trate de un voto nulo trabajado, con dibujos o mensajes elaborados, como sucede en algunos casos.

El voto en blanco

El voto en blanco, por el contrario, sí se incluye en el recuento. Es decir, que reduce el porcentaje de votos que obtienen los partidos. No obstante, precisamente por ello, su efecto práctico más llamativo puede ser el de perjudicar a los partidos pequeños cuando necesitan un porcentaje mínimo de votos para poder conseguir un representante. En una población de 1.000 personas, en la que sólo voten 500, en la que se exigiera un 5% de los votos para obtener representación, si de esos 500 votos 200 son en blanco se daría el caso de que un partido con 15 votos no podría obtener representación, necesitando 25. En cambio, si las 200 personas que votan en blanco se hubieran abstenido, ese partido con 15 votos sí hubiera podido obtener representación.

Alguna reflexión en este sentido ya circula por las redes sociales, por lo que resulta interesante valorar también las consecuencias de estas 3 opciones además de las otras 39 correspondientes a las otras tantas posibles candidaturas.

Información ofrecida por Navarra Confidencial.

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