Un hotelero alborota Calella (Barcelona) al resucitar el turismo de borrachera

Un hotelero alborota Calella (Barcelona) al resucitar el turismo de borrachera

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Ayer por la tarde era fácil localizar el Hotel Esplai de Calella. Bastaba con dejarse guiar por el estruendo de la música que retumbaba en la piscina del establecimiento. Otra opción era seguir el rastro de centenares de jóvenes franceses, con un vaso de plástico colgado del cuello o en la mano, que deambulaban por las proximidades del local entre cánticos y gritos. Tras librarse de los alborotos del Calellafest en el 2010, esta población del Maresme está volviendo a sufrir las consecuencias del denostado turismo de borrachera. Un modelo repudiado en la localidad, pero que acaba de ser resucitado con una fiesta etílica de cuatro días denominada ‘Spring Break’, organizada por la agencia Playa y Fiesta.

Traslado en autocar; tres noches de hotel en la modalidad de todo incluido; fiesta de espuma, música y gogós cada tarde en la piscina; unas horas de baile, después, en la sala de fiestas del hotel y, a partir de las once de la noche, entrada gratuita a dos discotecas con barra libre. Todo incluido, por 270 euros. Este es el programa y el precio del ‘Spring Break’ que, al menos, no esconde sus intenciones de desenfreno alcohólico bajo ningún paraguas de supuestas actividades deportivas. Aquí vienen a lo que vienen. «Son cuatro días de locura», celebran Mara y Sebastien, una pareja de la región de Aquitania que ha acudido a la celebración de primavera por primera vez (y por última, porque él ya ha llegado al tope máximo de edad permitido por los organizadores, 30 años).

Los dos jóvenes explican que en Francia estas fiestas están de moda desde hace tiempo y ellos llevaban años deseando participar en una de ellas. “De momento todo va bien y lo estamos pasando magníficamente, pero nos preocupa un poco la noche, porque la gente se pasa mucho bebiendo”, confiesan. Una prevención lógica si se tiene en cuenta que el 80% de los participantes son varones rebosantes de energía que están de juerga con sus colegas.

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Ordenanza de civismo

El entusiasmo de los franceses no es compartido por el Ayuntamiento de Calella. La alcaldesa, Montserrat Candini (CiU), ha advertido que no piensa “tolerar” ese tipo de turismo y que empleará todos los mecanismos que estén en su mano para evitarlo. Entre ellos, la ordenanza de civismo, que responsabiliza a los empresarios de los alborotos y desperfectos causados por sus clientes, y la posible interposición de una demanda civil contra los organizadores por los daños y perjuicios causados a la imagen de la localidad.

“Estos días se ha incrementado la vigilancia policial y se ha pedido al propietario de los hoteles del ‘Spring Break’ (Esplai, Summer y Bon Repós) que contrate personal de seguridad. Cuando nos enteramos de todo ya era tarde para pararlo porque el hotelero había firmado un contrato, pero se ha comprometido a no volverlo a hacer”, afirma la concejala Lorena Sánchez.

La Associació Turística de Calella también se ha mostrado en contra de una iniciativa que “perjudica al 95% del sector”, que apuesta por el turismo deportivo y familiar. Su presidenta, Isabel Mallol, asegura que ha amonestado al hotelero. Motivos para quejarse no les faltan, como al camarero de un establecimiento colindante con el Hotel Esplai: “Me espantan la clientela. Desde que empezó la fiesta, no viene nadie”.

Información ofrecida por El Periódico.

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