Alfonso Ponce de León. Un pintor genial arrojado a la cuneta

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Alfonso Ponce de León. Un pintor genial arrojado a la cuneta

Por José Ignacio Moreno Gómez para elmunicipio.es

Es curioso que un pintor tan interesante haya desaparecido, como si dijéramos, del mapa”.

Esto es lo que comentaba Dionisio Ridruejo en pleno franquismo en referencia a Alfonso Ponce de León (Málaga 10 de Septiembre de 1906, Madrid, Checa de Fomento 29? de Septiembre 1936), uno de los genios del  “Realismo Mágico”, compañero, amigo y contertulio de personajes de la talla intelectual y artística de Luis Buñuel, Federico García Lorca, José Moreno Villa, Maruja Mallo, Santiago Ontañón, Francisco Maura o el mismo Salvador Dalí y, sin embargo absolutamente olvidado.

Es curioso que, hasta que en 1984, en la revista malagueña Jábega, Lucía García de Carpi publicara un estudio biográfico sobre el artista, nadie se hubiera ocupado de dar a conocer su importantísima obra y detalles sobre los avatares de su vida, malograda a los treinta años de edad por su condición de falangista. Unos milicianos lo detuvieron en la calle, lo torturaron y asesinaron en la, paradojas de la vida, Checa del Círculo de Bellas Artes, luego Checa de Fomento, fundada por Manuel Martínez Muñoz, Director General de Seguridad del Frente Popular. Su cadáver fue abandonado en una cuneta; su memoria continuó en ella.

¿Y cómo explicar tal olvido?

Acaso porque, como buen falangista, Alfonso Ponce de León,  si bien a un lado despertaba saña, no menos cierto es que, al otro, despertaba franca antipatía. Y es que, como militante del movimiento de José Antonio, Ponce de León fue el autor de los carteles de propaganda más ferozmente antiburgueses del tiempo próximo a la contienda de 1936. Uno de ellos en el que el dedo imperativo de un falangista mandaba a unos militares a su cuartel, a unos curas a su iglesia, a unos obreros a su fábrica y donde, por último, un capitalista recibía una definitiva patada en el trasero, fue censurado en una edición facsímil de 1938 de un número del viejo Arriba. La mediocridad burguesa y los fantasmones encaramados en el poder silenciaron y ocultaron a un  genial artista que, a la vez aparecía como implacable profeta de una España más justa y más bella.

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Alfonso Ponce de León encarnaba  a ese vanguardismo tan próximo a las preferencias intelectuales y estéticas de aquel  que, lejos de la mojigatería beata de la derecha más recalcitrante, anhelaba una España alegre y faldicorta. Sin, por ello, apartarse del venero profundo de la tradición más auténticamente católica y española.  José Antonio Primo de Rivera, por medio de José Manuel Aizpurúa, contactó y atrajo para su movimiento falangista al joven pintor, quien se convertiría en asiduo, junto a Samuel Ros y Dionisio Ridruejo, de las tertulias de la Ballena Alegre. Fue también creador del Cine-Club del SEU y director del documental cinematográfico, Niños.

Otro aspecto importante a destacar de la biografía del artista malagueño fue su boda con Margarita Manso.  La que luego se convertiría en su esposa había sido también  alumna de la Escuela de San Fernando  y amiga íntima de Lorca y de Dalí. A ella,  el poeta de Fuente Vaqueros dedicaría el poema “Muerto de amor” del  Romancero Gitano. Margarita fue una mujer nada convencional para su época: desafiante y retadora, escandalizaba a la burguesía ramplona del Madrid de los años treinta;  sin-sombrerista  junto a Maruja Mallo y testigo directo, finalmente, de la detención de su esposo por las milicias armadas de la izquierda frente-populista.

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Es muy de agradecer el libro-catálogo sobre Alfonso Ponce de León del que es autor Rafael Inglada y publicado por el Museo  Nacional Centro de Arte Reina Sofía con motivo de la exposición sobre la obra pictórica del malagueño realizada en 2001. En este libro, se recogen una gran cantidad de aspectos de la biografía del artista olvidado,  junto a un amplio catálogo de las obras de quien fue,  en su corta pero intensa vida, telonero de La Barraca, ilustrador de revistas de propaganda falangista, autor del emblema del SEU y, sobre todo, pintor de cuadros tan importantes como Esencia de verbena, La primera multa, El filatélico enamorado, Sueño de niños, Jóvenes y un pescador o Accidente. Una obra conjunta realizada por Ponce de León, Salvador Dalí y Francisco Maura, que lleva el provocativo título de El boxeador pederasta”,  se encuentra, de momento y desgraciadamente, desaparecida.

Invito desde aquí, a quienes quieran admirar y rescatar del olvido la obra de Alfonso Ponce de León, a que visiten el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía de Madrid, donde se encuentran algunas de sus obras expuestas. Descubrirán en sus cuadros y en la enigmática figura de su Autorretrato (Accidente) algo más que a  un genio de la pintura. En su estilo se hace patente el compromiso personal  del autor con mostrar, como si fuera algo común y cotidiano, lo irreal, lo extraño o lo que está todavía por venir. Tal era también la misión que se impuso a sí mismo José Antonio Primo de Rivera, consistente en tender, con fino trazo, un puente entre  los cascotes de aquella España deleznable y en ruinas hacia aquella otra España metafísica  y siempre por venir, que él anheló y por la que luchó hasta la muerte, intentando que se hiciera real y presente.

La Falange fue, debe de ser también hoy, algo muy distinto a un puñado de nostálgicos, de refractarios al torrente fresco de lo nuevo. Mucho menos una esperpéntica partida de la porra.  La Falange fue, debe de ser también hoy, un ejército entero de trabajadores, poetas, soñadores y pensadores con los pies en el suelo y la mirada  hacia arriba y a lo lejos. Siempre en vanguardia.

José Ignacio Moreno Gómez es Catedrático de Instituto y ex-miembro de FE (ind).

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