CONTRAPODEMOS

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Pablo-Iglesias-Chavista

Por Eduardo López Pascual para elmunicipio.es

“Y un falangista, o eso me parece, tendría que salir a la calle para defender  al ciudadano del paro, a la amenaza del desahucio con la seguridad de un techo para todos, y si queremos ser coherentes con nuestro mensaje, tenemos que ganar a esa izquierda populista con una gestión libre y transparente que evite la corrupción que nos invade” Eduardo López Pascual.

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Toda la derecha española, y más aún la más recalcitrante, expresa sus miedos ante lo que representa el nuevo partido político Podemos, con una posición de continua descalificación que algunas veces raya en lo despropósito al acusarlo de extrema izquierda o de connivencia terrorista. Yo, personalmente pienso que esta no es una buena estrategia para vencer o al menos paliar su influencia y hasta su fuerza electoral. Desde luego uno, que ya tiene canas en estro de la política y sus realidades, no estoy por quedarme solo en demonizar al contrario aunque sea de naturaleza perversa, que quizá no sepamos diagnosticar. Para un falangista viejo como yo, lo importante no es repetir lo malo que nos parece una fuerza legalmente instalada en nuestra democracia – eso es madera de fuegos artificiales-, aquí lo que interesa, lo que de verdad tendría que contar, sería dar respuesta política al programa demagógico sí, pero con llegada al pueblo sufridor, a la gente que padece las inclemencias sociales y materiales de un sistema que consideramos injusto, y así, poder ofrecer a nuestros ciudadanos, al pueblo, unas  propuestas que sean capaces de contrarrestar el mensaje falso e irreal que los dirigentes de Podemos pretender mostrar como cebo para alcanzar el poder.

Personalmente, como falangista, no apruebo el discurso de la demonización de la nueva marca política, y al revés, creo que tenemos principios morales y económicos, administrativos o judiciales para refutar esas promesas irresponsables de Podemos. Así, frente a la posible estatalización de la Banca, nosotros proponemos la Nacionalización – que no es lo mismo-, y el crédito sindical. Ante el salario obligatorio para todos los españoles que no trabajan,  los falangistas hablaríamos de trabajo social remunerado; cuando Podemos dice de compresión terrorista, nosotros, al menos yo, exijo cumplimiento de la ley y persecución a los que la infligen. Nosotros hablamos de Derechos Humanos…Si Podemos retrocede al soviet, un  falangista debería de proclamar su fe en la democracia participativa, en la representatividad de los ciudadanos, y de los sindicatos de empresa.

Y un falangista, o eso me parece, tendría que salir a la calle para defender  al ciudadano del paro, a la amenaza del desahucio con la seguridad de un techo para todos, y si queremos ser coherentes con nuestro mensaje, tenemos que ganar a esa izquierda populista con una gestión libre y transparente que evite la corrupción que nos invade; Porque no creemos en la centralización estatalizada de la industria, ofrecemos la empresa familiar, social y sindical como fórmula basada en la autogestión que propugna la estructura económica nacional – sindicalista. Frente a su laicismo militante, que no es sino ateísmo encubierto, queremos proponer nuestro respeto a toda cultura religiosa en lógica separación de Iglesia y Estado. Todo esto, ofrecido en paz y libertad rechazando una confrontación apoyada en el insulto, la satanización o la excomunión política. Podemos merece nuestro rechazo, pero no la irracionalidad.

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