Mercedes Fórmica: una joseantoniana silenciada y olvidada

Mercedes Fórmica: una joseantoniana silenciada y olvidada

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Por José Mª García de Tuñón Aza

Coincidiendo con el 60 aniversario de un artículo suyo publicado en el diario ABC con el titulo El domicilio conyugal, la Sociedad Cultural Ademán, de Sevilla, organizó el pasado mes de noviembre un acto de homenaje a esta mujer tan injustamente relegada por la judicatura y el feminismo. Tan olvidada está Mercedes Fórmica que hasta la misma periodista del diario El Mundo, Berta González de Vega, cuando escribe sobre el acto organizado por Ademán, comienza confesando que no sabía nada de esta jurista que había logrado, a lo largo de su vida profesional, atraer hacia el tema de la capacidad jurídica de la mujer, la atención de muchos de los mejores profesionales del Derecho. El brillante abogado Antonio Garrigues, vino a decir que aquella reforma impulsada por Mercedes Fórmica había que ponerle un nombre: Reformica.

Sin embargo, a pesar de estas palabras de elogio, Natalia Figueroa, en abril de 1997, la entrevistaba en ABC y escribía que jamás había escuchado a las feministas mencionarla cuando lo cierto es que ha sido la jurista que más había hecho en España por los derechos de la mujer. La periodista también recordaba estas palabras de Mercedes, «Me silenciaron. ¿De buena o de mala fe? No lo sé. Lo cierto es que desde la muerte de Franco hasta hoy, las personas que han tratado el tema no han nombrado aquella reforma. Como si no hubiese existido» Años más tarde, cuando fallece Mercedes, Natalia Figueroa, que en ningún momento se refirió a su pasado falangista, escribió: «Olvidada incomprensiblemente por el movimiento feminista, las mujeres españolas le deben muchos de sus derechos». Efectivamente, en aquellos días casi ningún periódico recordó la reforma que logró de muchos artículos del Código Civil, del Penal, etc., incluso la mayoría llegaron a silenciar su muerte. El ABC, por ejemplo, colaboradora durante años, daba la noticia dedicándole media página, pero ninguno de sus columnistas, ni colaboradores más habituales, le dedicó una sola línea. Posiblemente esta falta de interés por su labor en el campo del Derecho y de escritora, se debe, como escribió el periodista Enrique de Aguinaga, aquí presente, en una carta que publicó más tarde, a que «Mercedes Fórmica fue joseantoniana, desde el mitin fundacional (29 de octubre de 1933) que oyó por radio. Estuvo en la primera afiliación del SEU, participó en el Primer Consejo Nacional, fue elegida delegada de Derecho y, luego, designada por José Antonio delegada nacional del SEU femenino y, como tal, miembro de la Junta Política de la Falange. Y de ahí para adelante…»

Mercedes nació en Cádiz en 1916. A los siete años, por traslado profesional de su padre, la familia se va a vivir a Sevilla. Su madre hace que estudie el bachillerato en un colegio de Córdoba, regido por escolapias, más tarde en Sevilla, en el colegio de las religiosas del Sagrado Corazón. En 1931 acude a una academia para ir preparando su ingreso en la universidad, que hace en el curso siguiente matriculándose en Derecho y Filosofía y Letras. Su madre quería enseñarle el camino de la independencia y de la libertad. Si algún día habría de casarse que fuera por amor y no por conveniencia de tipo económico.

El 14 de abril, fecha de la proclamación de la II República, toda la familia seguía en Sevilla Era el año, como ya he dicho, en que Mercedes preparaba su ingreso en la universidad. Cuando su madre confió a una amiga que quería que sus hijas estudiasen una carrera. Ésta quedó perpleja e intentó disuadirla, asegurándole que, si pisaban la universidad nunca se casarían en Sevilla.. Las chicas estudiantes ocupaban entonces, frente a la sociedad, una situación ambigua, «mezcla de prostitutas y cómicas», dice la propia Mercedes. La llegada de la República coincidió asimismo con que las ideas políticas para ella eran algo así como un poco rudimentarias. Su familia se sentía monárquica sin que llegara nunca a ser importante ni palaciega. Cuando ingresa en la universidad se da cuenta de que su vida sufre un cambio profundo. Comprendió en ese momento su falta de preparación para pasar de repente de un colegio de monjas y una academia, al mundo de la pura ciencia. Determinadas materias le resultaban extrañas, en contraste con la formación humanista que traía del bachiller. Algunos catedráticos pertenecían a la nueva hornada republicana y procedían de la Institución Libre de Enseñanza. Un día es testigo del desorden y de la agitación profesional promovida por una huelga organizada por la Federación Universitaria de Estudiantes, vinculada a grupos de la izquierda española, para decretar la desaparición del Centro Católico ya que consideraban a los estudiantes relacionados con él como «elementos desestabilizadores del régimen». A raíz de este acontecimiento le proponen el ingreso en el grupo católico que no vacila en aceptar; sin embargo poco a poco se apagó ese entusiasmo. El presidente de los estudiantes católicos, Pedro Gamero del Castillo, dispuso no tomar represalias; sólo una protesta simbólica, absteniéndose de entrar en clase. La FUE esta actitud terminó tomándola a pitorreo quemando a continuación el Centro Católico. «Como lo de ofrecer la mejilla derecha –dice Mercedes– si te golpean la izquierda no era lo mío, decidí quedarme fuera de cualquier asociación».

En 1933 se producía la separación de sus padres. Su madre no consintió el divorcio «amistoso», aquella ley contraria a los débiles, por eso se vio obligada a vivir en Madrid con sus hijas, hecho vital para entender su posterior interés por la suerte de las mujeres separadas. También su madre tuvo que marchar con el dolor de tener que separarse de su hijo al que sólo podría ver en el periodo vacacional. Llegada la primera vacación de verano, no se cumplió lo pactado porque por el bien del menor se aplazaba la visita por haber sido enviado por su padre a Munich a perfeccionar el alemán. Hecho éste que influiría mucho en el ánimo de Mercedes y su opinión más tarde a un cambio legislativo de algo que ella interpretaba como una gran injusticia. Mientras tanto su vida transcurría en Madrid con sus estudios y de vez en cuando alguna visita a casa de alguna amiga. En una de ellas, un día del mes de octubre, conoció a José Antonio Primo de Rivera, cuya existencia ignoraba. Pocos días después, pudo escuchar las palabras que pronunció en el teatro de la Comedia. Desde ese momento, dice Mercedes, la aparición de José Antonio en la vida política, «produjo el acuerdo tácito entre izquierdas y derechas para declararle una guerra a muerte». El fundador de Falange era para ella un hombre joven,

inteligente, valeroso, fue temido, rechazado y ridiculizado por su propia clase social, que nunca le perdonó sus constantes referencias a la injusticia, el analfabetismo, la falta de cultura, las viviendas miserables, el hambre endémico de las zonas rurales, sin mas recurso que el trabajo «de temporada». La urgencia y necesidad de la reforma agraria. Confundir el pensamiento de José Antonio con los intereses de la extrema derecha es algo que llega a pudrir la sangre. Fue la extrema derecha quien le condenó a muerte civil, en espera de la muerte física, que a su juicio merecía .

Una mañana decide rellenar la ficha para afiliarse al SEU. Desde entonces su vida se limitó, junto con sus estudios, a participar en actividades de Falange siendo nombrada al poco tiempo delegada del SEU de la Facultad de Derecho, por el mismo José Antonio. Este gesto del líder falangista cambiaba lo que de él decían sus adversarios políticos cuando se referían a su antifeminismo, y que aún hoy dicen algunos historiadores. Por eso es interesante reproducir lo que sobre el particular escribió Mercedes:

Sobre el supuesto antifeminismo de José Antonio y la tesis, tan difundida, de querer a la mujer en casa, poco menos que con la «pata quebrada», debo decir que no es cierto. Forma parte del proceso de «interpretación» a que fue sometido su pensamiento. Como buen español, sentía recelo hacia la mujer pedante, agresiva, desaforada, llena de odio hacia el varón. Desde el primer momento contó con las universitarias y las nombró para cargos de responsabilidad. En lo que a mí respecta, no vio a la sufragista encolerizada, sino a una joven preocupada por los problemas de España, que amaba su cultura e intentaba abrirse camino, con una carrera, en el mundo del trabajo.

El primer Consejo Nacional del SEU tuvo lugar el 11 de abril de 1935.. Fue en un piso de la Cuesta de Santo Domingo bajo la presidencia de José Antonio quien pidió que los afiliados al Sindicato fueran, profesionalmente, los mejores. Los congregados, que debatieron varias ponencias, estuvieron reunidos durante cinco días sin que llegara a faltar la policía que irrumpió en el local y después de cachear a todos los presentes se llevaron detenidos a varios de ellos. Al final del Consejo se formó la Junta Consultiva presidida por Fanjul Sedeño y en la que también estaba Mercedes que aportó una ponencia sobre la urgencia de crear la «Bolsa de libro de texto» proponiendo que los estudiantes que hubiesen terminado el curso, donasen los libros utilizados a un fondo común, lo que permitiría conceder préstamos a los estudiantes sin recursos. Propició también el aumento del número de becas y las instalaciones de comedores y residencias. Una vez terminado el Consejo se fotografiaron todos junto a José Antonio. Según Mercedes «durante cuarenta años, la identidad de la muchacha que aparece a la izquierda del jefe de Falange fue silenciada. Fallecido el general Franco, la fotografía resurgió, esta vez con mi nombre y apellidos»

Una gripe mal curada trajo como consecuencia que no pudiera soportar un invierno más el clima frío de Madrid. Le convenía uno más suave, pero antes tuvo que convencer a su padre para que aceptase que, junto a su madre y hermanas, pudiera residir en Málaga temporalmente hasta que recobrase del todo la salud. Ya instalada en esta ciudad, José Antonio la nombró en febrero de 1936, delegada nacional del SEU femenino, y, como tal, miembro de la Junta Política del partido, si bien nunca llegaron a reunirse por la pronta detención del líder falangista..

El comienzo de la guerra cogió a Mercedes en aquella ciudad andaluza que se mantuvo fiel a la República. A través de Tánger, a últimos de septiembre y gracias al consulado uruguayo que les facilitó la salida de Málaga, consigue, con su familia, llegar a Sevilla donde paseando un día por una de sus calles, se encontró, vestido de falangista, con quien antes había injuriado a José Antonio. Sin ninguna mala intención pregunta:

–¿Tú con camisa azul?–

–Ahora tenemos que ser todos falangistas. ―Contestó aquel individuo.

Poco después, Mercedes se lo comenta a un amigo quien le dice que su reacción era del todo lógica porque lo había pasado muy mal y si alguien descubría que injurió a José Antonio, podía pasarlo peor. Llamó entonces al interesado expresándole que quedara tranquilo que jamás mencionaría el incidente. La delación no entraba en su cabeza. Otro día se dirigió al cuartel de Queipo de Llano porque estaba interesada por la suerte de un antiguo profesor que había tenido. Al entrar, su sorpresa no tuvo límites cuando la recibió el pasante del abogado que había intervenido en la separación de sus padres. Fingió no conocerla y al preguntarle por el profesor Rufilanchas, le dice:

–Lo fusilamos en La Coruña, hace un mes.

–Lo habrá fusilado usted. En esa fecha yo me encontraba en Málaga, ―Dijo Mercedes.

Después de leer esto, uno piensa en la llegada de los «conversos» que tanto habrían de perjudicar a Falange. Por eso, cuando comenzó a circular la noticia del fusilamiento de José Antonio se planteó en ella una seria duda, llegando, incluso, a cavilar que Falange debía disolverse. Nadie, escribió Mercedes, debía aprovechar unas ideas, en trance de formación, para desvirtuarlas luego ya que estaba segura de que los que detentaban el poder no creían en ella, sobre todo después de la unificación que para ella significó la puntilla. Por ello consideraba que los

recién llegados y conversos se erigieron en representantes de algo que no sentían, siendo la intolerancia su nota distintiva. La comprensión fue practicada, desde el principio, por los escasos supervivientes, hombres y mujeres de la Falange auténtica. Ellos dieron cobijo a los vencidos en las redacciones de Arriba, Escorial, Medina, Clavileño, o centros como el Instituto de Estudios Políticos.

El diálogo que parece descubierto tras la muerte de Franco, lo intentó José Antonio en 1936, cuando se ofreció a negociar un gobierno de coalición que evitara la guerra civil.

Años más tarde, en unas declaraciones a la escritora Rosario Ruiz Franco, le dice:

Franco no era falangista y entonces comprendí que aquello iba a ser lo que fue, un albondigón en el que hubo muchos conversos que para salvarse hicieron méritos muy crueles. Antes de la contienda los seguidores de José Antonio éramos poquísimos, quizás unos dos mil en toda España, y tal vez no siquiera llegaron a ese número, y en la zona franquista sólo había quedado una minoría, quizá cien o doscientos. Los que estaban en Madrid y Barcelona, murieron fusilados

Durante la guerra colabora con la Sección Femenina. Se abren los primeros hogares para ayudar a los más necesitados. En la admisión de niños tuvieron preferencia los hijos de los vencidos –el hogar que digirió la falangista Carmen Werner recibió a los hijos de los asesinos de su familia–. Cita Mercedes los nombres de Nena Hurtado, Teresa Loring, Syra Manteola, María Amalia Bolín, Maruja y Coral Parga, como verdaderas joseantonianas…

El 20 de diciembre de 1937 contrae matrimonio con Eduardo Llosent en la capilla de Nuestra Señora de la Antigua, de la Santa Iglesia Catedral de Sevilla. En esta ciudad sigue el nuevo matrimonio hasta finalizar la guerra que se trasladan a Madrid donde Eugenio d’Ors, director general de Bellas Artes, nombra a Eduardo Llosent director del Museo de Arte Moderno. La capital de España no era en aquellos años el yermo, el erial, intelectual que todavía hoy algunos nos hacen creer: Dámaso Alonso, d’Ors, Cela, Torrente Ballester Pedro Laín, Antonio Tovar, Alfaro, García Nieto, etc, no faltaban a las tertulias que tenían lugar en los cafés o casas particulares. Mercedes y su marido, frecuentaban otras tertulias donde acudían Sánchez Mazas, Eugenio Montes, González Ruano, Edgar Neville, Sebastián Miranda, Pilar Regoyos, Natividad Zaro, Mary Navascues, Conchita Montes, etc. Otras veces salían con Luis Felipe Vivanco, Luis Rosales y Leopoldo Panero. Destacaba también en aquellos años, la extraordinaria labor desarrollada en el teatro por María Guerrero que trajo como consecuencia la reposición de obras de autores como Jacinto Benavente, Eduardo Marquina, José María Pemán, Agustín de Foxá, Buero Vallejo, Joaquín Calvo-Sotelo, etc.

Mercedes recuerda en esas fechas el día en que su marido deslumbrado por el talento de Miguel Hernández, le ayudó cuando el poeta de Orihuela se sintió perseguido por la Policía en el año 1939. Le entregó en esa ocasión cierta cantidad de dinero para que pudiera ir hasta Sevilla y una carta de recomendación para el falangista Joaquín Romero Murube de aquella ciudad. :

En 1940 se publica la revista Escorial, que dirigía Dionisio Ridruejo, y en el primer número aparecen las firmas de Eugenio Montes, Ramón Menéndez Pidal, Adriano del Valle, Juan Panero, José María Alfaro, Luis Felipe Vivanco, Pedro Lain Entralgo, etc. En esta misma revista publicaría Mercedes, años después, la novela titulada Bodoque, donde narraba las reacciones de un niño frente a un acontecimiento superior a sus fuerzas. A principios de 1944, Pilar Primo de Rivera le propuso la dirección del semanario Medina que acepta, pero permanecería en la dirección muy poco tiempo…

Estando de embajador en Argentina José María de Areilza, decidió llevar a aquel país muestras de la cultura española, tanto en el terreno de las artes plásticas, como de la literatura, la música y el teatro. Eduardo Llosent, como director del Museo de Arte Moderno, se responsabilizó de las artes plásticas y con él embarcó Mercedes en Cádiz, en agosto de 1947, rumbo a Argentina siendo entonces presidente Juan Domingo Perón. Después de pasar algo más de tres meses en aquellas tierras, con enorme éxito de toda la representación española, de nuevo pusieron rumbo a España a últimos de diciembre. Ya en Madrid, Mercedes se dispuso a poner en práctica el proyecto que le había rondado a lo largo de la travesía. Las finanzas de su marido no iban muy bien y decidió examinarse de las pocas asignaturas que le faltaban para terminar la carrera y así poder ayudar con su trabajo. La guerra y después su colaboración en la Sección Femenina, hizo que perdiera muchos años de estudios.

En 1948 termina la carrera de Derecho con el propósito de ingresar en el Cuerpo Diplomático, pero descartó estas oposiciones porque la obligarían a residir lejos de su marido. Optó más tarde por las oposiciones de Abogado de Estado o Notarías, pero se encontró que en todas, incluida la del Cuerpo Diplomático, uno de los requisitos que se pedían para opositar era «ser varón». Tal estado de cosas sublevaron a Mercedes que recordaba cómo «José Antonio, cuyo nombre tanto se aireaba, nunca fue contrario a las universitarias. Mi nombramiento ―escribió Mercedes― como Delegada Nacional de la rama femenina del SEU. firmado de su mano en febrero de de 1936, prueba lo que digo».. Pidió entonces el alta en el Colegio de Abogados e intentó entrar en algún bufete sin conseguirlo, pero su vocación por la carrera la impulsaron a seguir adelante para cambiar la realidad por la que pasaba la mujer, en muchos casos, porque no estaba dispuesta a que le vedasen el camino que había elegido. Necesitaba ganar algún dinero y por esta razón aceptó la dirección de la revista Feria donde llegaron a colaborar, entre otros, los poetas Leopoldo Panero y Luis Rosales. Sin embargo, esta nueva aventura no duró mucho tiempo porque privada la revista de medios económicos desapareció con sus valiosos colaboradores.

Un día recibió una carta de Pilar Primo de Rivera donde le pedía redactase una ponencia para el Congreso Hispano-Americano-Filipino que tendría lugar en 1951 y que a través de las noticias que llegaban de las embajadas aseguraban una participación importante a los que habían enviado la convocatoria que eran un total de 22. Mercedes, que fue una de las conferenciantes, aceptó la invitación y como Delegada Nacional del SEU que había sido, sintió la responsabilidad de resolver la injusticia laboral de la mujer. Buscó colaboradoras, todas ellas universitarias, que habían obtenido el título antes de la guerra: María de la Mora y Sofía Morales, Periodistas; Carmen Llorca, Josefina Aráez y Pilar Villar, Filosofía y Letras; Carmen Segura, Ingeniero Industrial; Matilde Ucelay –que pertenecía al grupo de los vencidos– y María Ontañón, Arquitectos; Mercedes Maza, Médico; y Carmen Werner, Licenciada en Pedagogía. El trabajo de la ponencia avanzaba y consumía buena parte de su tiempo; Mercedes sabía que los beneficios que se lograsen nunca los disfrutaría. Serían las jóvenes universitarias las que los aprovecharan. Ella se había impuesto a Pilar Primo de Rivera «en la idea de añadir una sección ―la situación de las mujeres en las profesiones liberales― a las propuestas sometidas a debate». Su sorpresa fue grande cuando se entera de que el documento había sido retirado, le dijeron que se había perdido.

Aquella experiencia no desvió a Mercedes Fórmica de hacer nuevas aportaciones en la reforma legislativa, pero la convenció, al igual que a otras mujeres de la SF, que estaba perdiendo oportunidades. Según ella, la SF debería apoyarse en sus éxitos y mostrar al gobierno que había llegado el momento de subsanar la discriminación contra las mujeres que la Segunda República no había logrado remediar..

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García-Tuñon-Enrique-Aguinaga-Jaime-SuarezEnrique de Aguinaga, José Mª García de Tuñón y Jaime Suárez

A pesar de tanto trabajo todavía encontró tiempo para escribir la novela Monte de Sancha, finalista del Premio Ciudad de Barcelona. Años más tarde, el autor catalán Sebastián Juan Arbó escribe un artículo donde dice que Monte de Sancha es una espléndida novela al principio, que acaba en pura zarzuela con los amores del escultor y la dama. Es decir, declara su entusiasmo en la primera parte de esta obra y su decepción después.. Sin embargo, en una entrevista que le hace La Vanguardia española a Ana Matute, Premio Planeta 1954, cuando le preguntan a qué novelista prefería, contesta sin dudar,: «A Mercedes Fórmica». También fue autora de la novela La ciudad perdida, seleccionada para el Premio Nadal y que una productora hispano-italiana llevó al cine:

El alta en el Colegio de Abogados, como era su caso, obligaba a realizar el «turno de oficio» cuando las circunstancias lo demandaran. La vigencia de la pena de muerte le atormentaba si tenía que afrontar algún caso castigado con ella. Un día la prensa publicó la agresión de una mujer a manos de su marido que le había asestado varias puñaladas. Un joven periodista quiso averiguar más detalles del suceso y se entrevistó con la mujer que le confesó que no era la primera vez que recibía malos tratos. Cuando le preguntó cómo lo consentía, la mujer respondió: «Intenté separarme, pero el abogado a quien consulté me dijo que lo perdía todo. Hijos, casa, mis pocos bienes». Aunque hoy parezca mentira, la mujer decía verdad. Esta injusticia hizo pensar a Mercedes que algo había que hacer para reparar uno de los mayores atropellos que en aquellos años sufría la mujer casada. Fue entonces cuando se le ocurrió denunciar la absurda ley, que dejaba indefensa a toda mujer ante la separación, con la publicación de un artículo que, previamente, estuvo tres meses congelado por la censura; y que tituló, como hemos citado al principio, El domicilio conyugal. Fue publicado en ABC el 7 de noviembre de 1953..

El artículo tuvo enorme éxito no sólo en España sino fuera de nuestras fronteras. Un amigo suyo le remitió un recorte del periódico The New York Times quien a través de su corresponsal en Madrid publicó una larga referencia del escrito. Por otro lado, en un trabajo dedicado al mundo femenino, la revista Holiday hizo un reportaje fotográfico de aquellas mujeres que más habían destacado en sus respectivos países. Robert Capa, director de la misma, pidió a la profesional de la fotografía Inge Morath que en España fotografiara a Mercedes Fórmica. «Tú irás a España. Tienes que ver a una mujer extraordinaria. Se llama Mercedes Fórmica, es abogado, y defiende a las mujeres que no se pueden separar de sus maridos».Igualmente «recogieron la noticia el Daily Telegraph y la importante revista gráfica Time, que le dedicó una página rematada con esta frase escuchada a un madrileño: «Creo que empieza un gran torbellino. Gracias a Dios mi mujer no lee los periódicos». Otra prensa europea comentó también la noticia; incluso el semanario de la CNT dedicó palabras de elogio al artículo lo mismo que la que fue militante del PSUC, Lidia Falcón, que escribió que «los artículos de Mercedes Fórmica recorrieron todo el país en pro de los derechos de la mujer». Se celebran continuación cursillos y congresos convocados por la Academia de Jurisprudencia sobre el tema La mujer ante la ley. Durante cinco largos años se debate entre las irónicas respuestas de los que ven en la campaña un resurgimiento del loco y apolillado feminismo. Finalmente, a pesar de la resistencia de los tradicionalistas, el 24 de abril de 1958 se promulga una ley por la que se varían sesenta y seis artículos del Código Civil. Es decir la Reforma esperada no se produce hasta ese año significando una verdadera revolución en el mundo del Derecho, a favor de la mujer. El mayor sufrido desde 1888. Lo que ahora ni se discute, antes de 1958 se miraba como sacrilegio. Mercedes recuerda la indignación de un Juzgado cuando ella pedía en las medidas provisionales, que el esposo hiciese las maletas. «Usted se ha vuelto loca. ¿Cómo podemos tolerar que un hombre salga de su casa», dijo el juez.

El ABC se benefició del éxito alcanzado por la jurista. Abrió una encuesta en torno a la reforma de la legislación denunciada dando también cabida en sus columnas a expertos juristas a la vez que a su redacción llegaban a diario cartas adhiriéndose a las reivindicaciones femeninas propuestas por Mercedes. Al mismo tiempo publicó un editorial destacando el eco que tuvo el artículo y el planteamiento del problema de la capacidad legal de la mujer española..

A la encuesta realizada por el periódico se sumaron prestigiosos hombres de leyes como el catedrático Ursicino Álvarez para quien «la situación de la mujer es un problema que ha preocupado en todos los tiempos y en todos los pueblos». El que fue decano de la Facultad de Derecho de la Universidad Central, Eloy Montero, siempre estimó «duro en demasía lo que dispone la Ley de enjuiciamiento Civil en su artículo 1887, o sea, que los hijos mayores de tres años pasen automáticamente al padre cuando se decreta la separación provisional de los cónyuges, a tenor del artículo 68 del Código Civil». El profesor de Derecho Civil, Antonio Hernández Gil, ha dicho que «es posible introducir en nuestro sistema legal algunos importantes perfeccionamientos en lo relativo a la condición jurídica de la mujer y especialmente de la mujer casada». Para Jaime Guasp, decano de la Facultad de Derecho de Madrid, «el problema de la condición jurídica de la mujer, que Mercedes Fórmica ha aireado tan oportunamente, haciendo brillante honor a la doble calidad de su profesión y de su sexo, merece, desde luego, una atención pública superior hasta la que ahora ha disfrutado». José Valenzuela, catedrático de Derecho Administrativo, aunque el tema no era de su especialidad, no dejó de dar su opinión: «Es de extrañar que siendo la familia para el Derecho Civil una sociedad y para la Iglesia una relación de compañerismo (“Compañera te doy y no sierva”), el Código Civil se aleje de la característica de voluntariedad que suponen estas relaciones, puesto que después de constituido el matrimonio establece un sistema rígido con prerrogativas de poder a favor del marido». En la encuesta también intervinieron otros ilustres letrados como Joaquín Garrigues, José María Ruiz Gallardón, Ramón Serrano Suñer, Juan Vallet de Goytesolo…y Antonio Garrigues que cerró la encuesta..

Mercedes-formicaMercedes Fórmica

Después del estudio tuvo lugar un caso de separación matrimonial cuya vista de apelación recogió en ABC Josefina Carabias. A la misma, la periodista acudió en compañía de Mercedes y al salir de la Audiencia se dirigieron directamente a casa de la abogado para seguir charlando. Cuando la empleada de hogar les abre la puerta, al parecer con cara de susto, les dice:

–Señora, ahí en el despacho, esta la mujer de las doce puñaladas. Acaba de salir del hospital.

Allí estaba, en efecto, ―cuenta Josefina Carabias― la víctima cuyo caso sangriento determinó toda esta polémica alrededor del domicilio conyugal.

–Vengo, dice la víctima, a ver qué me aconseja usted que haga. Mi marido está en la calle. Le han puesto en libertad. Si se le ocurre ir a casa entrará aunque yo no le abra. Tiene derecho, la casa sigue siendo suya…

¡El hombre de las doce puñaladas sigue siendo el dueño del domicilio conyugal! La mujer no tiene más remedio que vivir a su lado o irse, con sus hijos, debajo de un puente.

Alguna prensa española entra en la polémica que destapó el artículo y, también, sus comentarios posteriores por parte de profesionales del Derecho. Ciertos artículos publicados en esa prensa llevaban la firma de su autor, pero otros se publicaron de manera anónima sacando la cuestión de quicio y llegando, incluso, a la peregrina conclusión de que la encuesta referente a la situación de la mujer en el Derecho positivo español había sido inspirada por un ánimo antifamiliar y anticristiano. Ante estos comentarios para abordar el problema de la capacidad de la mujer casada, Mercedes escribe un largo artículo respondiendo a semejantes formas de ver las cosas. Ella, que nadie le puede tachar de anticatólica, termina su colaboración con estas palabras:

Que duda cabe que no existe nada más hermoso que los matrimonios en armonía, los hijos felices en la compañía de sus padres. Pero no añadamos más miseria a la desgracia de los que no pudieron conseguir tales bienes y tendámosles la mano, haciéndolo con generosidad y con verdadero espíritu cristiano. Que mucho se esgrimió el cristianismo en estos días, pero pocos recuerdan que fue Jesús el que elevó la categoría de la mujer, y que, en definitiva, el Derecho romano que nos rige contiene muchos excesos inspirados por el paganismo

Pero la actividad de Mercedes no para ahí. Se dedica a dar charlas. Una de ellas en Barcelona donde La Vanguardia Española le hace una entrevista. Al mes siguiente, el mismo periódico recoge la estancia en Barcelona de la escritora Simpson, colaboradora del Herald Tribune, que manifestó que iba a enviar a ese periódico la entrevista mantenida con Mercedes Fórmica sobre los derechos de la mujer porque «esto interesa mucho en Norteamérica»..

Pero no todo fueron alegrías las que recibió a lo largo de ese año porque a punto estuvo de que la expulsaran del Colegio de Abogados de Madrid. El mismo Colegio, que tambien estuvo a punto de retirar el título de Decano honorífico, a José Antonio Primo de Rivera. El abogado Rafael Besumar publicó una carta en la revista Foro Español, dirigida al Decano del Colegio, Manuel Escobedo, porque en otra publicación, Novela del Sábado, presidida por Mercedes Fórmica, otro abogado, Augusto Martínez de Olmedilla, había escrito un artículo que al parecer no fue del agrado del señor Besumar, principalmente por estas palabras: «En la Universidad se enseñaba el derecho puro y en la práctica, sólo se hacía uso de la corruptelas». A continuación el denunciante interpretaba esta frase como una injuria. El decano convocó la Junta de Gobierno y ésta acordó que se instruyera el oportuno expediente disciplinario a los letrados Mercedes Fórmica y a Martínez de Olmedilla. La Junta les concedió 24 horas para presentar el pliego de descargo. Mercedes tuvo a su lado a los compañeros: Manuel de la Quintana y José María Ruiz Gallardón. En el despacho del primero pasaron toda una tarde redactando el pliego de descargo, aportando Quintana un magnífico estudio de Gregorio Marañón, sobre la conducta de ciertos médicos, puntualizando que la denuncia de abusos como recetar análisis y radiografías innecesarias y repartirse luego la minuta con analistas y radiólogos, no significaba insulto a la profesión a través de la crítica constructiva. Al día siguiente presentó el pliego de descargo y después de mantener una entrevista con el Decano, que le aseguró que la resolución sería justa, se despidió de él, sin que jamás volviera a tener noticias de aquel expediente que pudo costarle el ejercicio de la carrera.

En 1955 publicó la novela A instancia de parte con la que ganó el Premio Cid. En ella confluyen unos matrimonios rotos donde el máximo beneficiario es el hombre que sabe será siempre el ganador e intentará sacar por ello la máxima rentabilidad que las circunstancias le permiten. Es decir, «el enfoque testimonial de la novela se apoya en la radical injusticia de las peripecias narradas asumida por una sociedad machista y amparada por un ordenamiento jurídico discriminatorio», escribió el crítico literario Ángel Basanta.

Como consecuencia de la campaña creada por la jurista, en el mes de julio de 1956, en el Juzgado de Primera Instancia nº 3 de Madrid, se emitió una sentencia en la que el magistrado resolvió que la esposa siguiera viviendo en el domicilio conyugal debiendo abandonarlo el marido. Esta sentencia animó a muchas mujeres a que se dirigieran a la prensa exponiendo su precaria situación en la que quedaban después de una sentencia contraria a ellas. Una de estas cartas fue firmada por una mujer que no sólo quedó sin hogar sino que cuando fue a pedir trabajo le dijeron que su marido tenía el deber de mantenerla y que por ese motivo no se lo daban. A los pocos días, Mercedes le contesta con un largo escrito que finalizaba con estas palabras:

Cuando la ley sea más cristiana que romana –es decir, pagana–, entonces sí, entonces, mi admirada y admirable doña Emilia Cabello y Rodrigo, esposa española, depositada en casa extraña, viviendo de la caridad ajena, podrá hablarse “de una ley injusta” y “de una ley posterior equitativa”.

Mientras este paso no se dé, las circunstancias no habrán cambiado, y las mujeres españolas continuarán como hasta hoy, y los ejemplos como el suyo se multiplicarán.

Escribe mucho sobre temas muy diversos relacionados con la mujer que publica en la prensa: Los derechos de la mujer casada, es un ejemplo. Pero le preocupan más, sobre todo y principalmente, los padres adoptantes que opinan sobre la destrucción de las partidas literales de nacimiento y bautismo de los hijos adoptivos. Se interesa por esta materia y pide a los juristas que expongan sus puntos de vista, pero considerando más el aspecto humano de la cuestión que el simple problema legal. Para ella lo más importante aún es que los legisladores, teniendo en cuenta este aspecto humano, rectificaran las disposiciones que estaban en vigor en aquel momento y las adaptaran a las realidades actuales. Este nuevo planteamiento que hace sobre los hijos adoptivos vuelve a producir una serie de cartas en la prensa tanto de juristas como de padres adoptantes.

Separada de su marido Eduardo Llosent contrae segundas nupcias en 1962 con José María G. de Careaga y Urquijo que fue alcalde de Bilbao y fallecido el 4 de enero de 1971, un día después de haber publicado éste un trabajo muy interesante sobre los numerosos asesinatos cometidos por los separatistas vascos, durante la guerra civil, cuando Telesforo Monzón era Consejero de Gobernación del.Gobierno Autónomo Vasco. Entre los asesinados figuraban dos de sus hermanos.

En 1972 publica Mercedes la novela histórica La hija de don Juan de Austria ―una aportación definitiva sobre un personaje olvidado―, con prólogo de Julio Caro Baroja, y con la que al año siguiente ganó el Premio Fastenrath de la Real Academia Española; interviniendo como jurado: José María Pemán, Pedro Laín Entralgo y Gerardo Diego. Esta obra fue recibida por la crítica como una definitiva contribución al estudio del siglo XVI español. Años más tarde fue objeto de una polémica entre su autora y Antonio Gala porque le acusaba de plagio, en relación con un guión de éste para un programa de Televisión. Mercedes pedía que al menos Gala admitiera que había hecho una adaptación. Éste contestó que conocía su «hermosísimo» libro y que lo había utilizado, como también otras biografías. «Los historiadores ―decía Gala― no son dueños de los personajes históricos; hasta ahí no llega su poder».

Le seguiría otra novela histórica que vio la luz en 1979, titulada María de Mendoza. Solución a un enigma amoroso. En 1987 publicó La infancia que con la novela Collar de Ámbar editada en 1989 termina su obra literaria. Sin embargo, ella seguía con sus colaboraciones en la prensa, sin dejar de relatar su lucha por los derechos de la mujer.

Con la publicación en 1998 de Espejo roto. y espejuelos se cierra una trilogía iniciada en 1982 con dos volúmenes, Visto y Vivido, y Escucho el silencio que recogen el testimonio de Mercedes testigo de los acontecimientos que precedieron a nuestra guerra civil y sus años posteriores. En una crítica que hace al último de estos libros, el Premio Nacional de Literatura José Luis Martín Abril, dice: «El título es penetrante, indiscutiblemente sugestivo y hermoso. Dentro de él, los silencios del tiempo, la presencia de d’Ors, Ortega, Marañón, Eugenio Montes, condesa de Campo Alange, Zubiri, Serrano Suñer, Areilza, Fernández-Cuesta…Y muy preferentemente de José Antonio Primo de Rivera a quien la escritora guarda la más delicada devoción».

Mercedes que ejerció siempre su profesión enfrentándose a la situación jurídica de la mujer, le preguntaron un día si creía que José Antonio había sido mal interpretado. Su contestación fue rotunda:: «Absolutamente. La prueba es que ahora se sabe, por sus escritos, que al iniciarse la guerra quiso llegar a una paz concertada. Era un hombre de Derecho, no un hombre de derechas».Y continuó diciendo a la periodista Carmen de la Serna: «De hecho sus propuestas de reforma agraria, eran los de la derecha más cerril los que más le combatieron». El discurso de la Comedia había producido en ella una verdadera conmoción.

Mercedes fue, evidentemente, una gran defensora de José Antonio, en sus Memorias lo defiende una y otra vez. Hasta se hace preguntas que no le encajan. Había dicho, con razón, que de acuerdo con algunas cifras manejadas, más o menos oficiales, los falangistas antes de la guerra no llegaban a dos mil. Sin embargo, recuerda que con bastante frecuencia, se oye decir: «Vinieron los falangistas y fusilaron a mi marido», A Lorca lo fusilaron los falangistas, «Los falangistas se llevaron a mi hijo», «Ellos mataron a mi padre», «Entraban en los pueblos y se cargaban a los campesinos».Entonces pregunta Mercedes Formica «¿De dónde salieron tantas camisas azules». Añadiendo además: «José Antonio había propugnado calidad sobre cantidad. Lo dijo en el primer Consejo Nacional del SEU, al que asistí y lo repitió en otras muchas ocasiones. Tras el Alzamiento –preso José Antonio en Alicante–, cayeron sobre Falange miles de personas sin más ideales que sobrevivir y, lo que era más peligroso, dispuestas a realizar méritos».

Un día, a esta fascinante mujer le preguntaron si era creyente: «Por supuesto. La idea de la divinidad, de la existencia de Dios, está tan dentro de mí, que no podría concebir la vida sin ella, aunque hay muchas preguntas que no se contestan…La figura de Jesús, ese mensaje suyo de amor. Soy una entusiasta de Jesús y me gustaría saber mucho más de Él…». En otra ocasión le preguntaron si pensaba en la muerte: «Francamente, lo menos posible. Está ahí, simplemente. Lo que sí tengo es fe, a mi extraña manera, una gran confianza en la figura de Jesús, Dios, el Padre Eterno, es para mí una cosa muy vaga, muy lejana. Sin embargo la imagen humana de Jesús me consuela mucho, porque me parece que me va a echar una mano».

Esta mujer perteneció a una generación que tanto de un lado como de otro, así decía ella, fue la más idealista de todas porque dio todo, hasta la vida, por sus ideas. Muchas veces recordó su paso por la Universidad donde había estudiantes de todas las ideologías, y muchos murieron en aquella guerra convencidos de lo que cada uno defendía. Los admiró y respetó a todos por ello. En el fondo, y desde sus respectivas posiciones, respondían a aquello que dijo José Antonio y que tanto le gustaba a Mercedes: «Queremos a España porque no nos gusta…».

Mercedes Fórmica falleció en Málaga el 22 de abril de 2002, víctima de la enfermedad de Alzhaimer. Pero a su fallecimiento los nuevos amos de los medios de comunicación que hasta la saciedad nos han repetido que en España no había habido cultura hasta su llegada al Poder, apenas se han ocupado, como ya hemos repetido, de dar la noticia de la muerte de una escritora pionera en la lucha por los derechos de la mujer. Fue, pues, Mercedes una mujer de Derecho y buena escritora que no solamente la silenciaron en vida sino que hasta han silenciado su muerte simplemente porque creyó en José Antonio Primo de Rivera. 

Conferencia pronunciada en la Escuela de Verano de Plataforma 2003

Junio 2014

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3 Comentarios

  1. Esta conferencia es un descubrimiento para muchos falangistas, lo que indica el nivel de conocimiento que tenemos de nuestra propia historia. Es una conferencia magistral, propia de un auténtico estudioso de la Falange, que tiene demostrado su conocimiento de todo lo que es nuestro. En hora buena a José María por esta nueva lección de homenaje a una de las pocas mujeres falangistas, de valía, que hemos tenido y conocido.

  2. Como tantas veces, GRACIAS por la investigación histórica, rigurosa, paciente, concienzuda…, de mi “maestro”. ¡¡Cuánto aprendo!! Y, creo que sólo desde ese aprendizaje, se puede luego fundamentar una opinión. En este caso, el descubrimiento e itinerario de Mercedes Fórmica, es todo un regalo por el conocimiento de una gran mujer . Y todo un reto para la mujer actual, que no lo tiene fácil… Mercedes Colubi

  3. Gracias, José María por este trabajo. En esta hora dre los “enanos” enloquecidos, no interesan las almas grandes y nobles, lo único que importa es el pesebre maloliente. No les podemos hablar de la reforma del Código Civil del 58, ni la del 73, y la labor constante de Mercedes para conseguirlas. A estos elementos sólo se les puede hablar del “duernu”, ese en el que comen todos a nuestra costa, como ciertos “seres” del reino animal a los que emulan e imitan comiendo y con sus actos.

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