Bansah, un rey de Ghana que trabaja en un taller

Bansah, un rey de Ghana que trabaja en un taller

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Cèphas-Bansah-mecanico-Ghana

Cèphas Bansah lleva 15 minutos soldando una pieza debajo del coche con la misma concentración que un cirujano. El móvil que lleva en uno de sus bolsillos grita la canción My way, de Frank Sinatra, hasta cinco veces consecutivas sin que apenas llame la atención de este mecánico de 66 años. Cuando el trabajo parece estar listo, Cèphas da indicaciones a uno de sus ayudantes para que repare las bujías al vehículo que está aparcado justo detrás.

Sinatra no da tregua, y vuelve a romper el silencio. Esta vez Cèphas accede a coger el teléfono:

-Bansah- se identifica al descolgar la llamada-. Su coche no estará listo hasta mañana, lo siento -sentencia con cortesía tras escuchar las plegarias de un cliente.

Esta es una de las conversaciones más comunes que Cèphas mantiene a través de su móvil. En cada una de las próximas llamadas, el jefe habla mientras sus empleados aguardan. Cèphas contesta al teléfono al mismo tiempo que ordena algunas herramientas en una caja, arrastra la mesa con un ordenador y se limpia las manos tatuadas de aceite de motor. El idioma de la charla varía de acuerdo al interlocutor, por lo que en menos de 15 minutos se le escucha hablar en inglés, alemán y francés.

-Hoy tengo un día muy estresado. Por favor, esperen un momento -pide Cèphas a Crónica, mientras vuelve a soldar una nueva pieza.

El taller es una nave de techo alto, cuyas paredes internas están tapizadas de herramientas de trabajo y más de 26 cuadros que enmarcan diplomas y recortes de periódicos en los que Cèphas Bansah siempre luce sonriente. Está situado en el corazón de Ludwigshafen am Rhein, una ciudad a 85 kilómetros de Frankfurt que fue creada por Luis I, rey de Baviera, hace 200 años. Hoy es un inmenso polígono industrial que reúne 10 barrios de clase media obrera, donde los edificios se acomodan en perfecto orden alrededor del río.

Cèphas no parece tener tiempo para presentaciones formales, así que enseguida se dirige a la fotógrafa:

-Primero hacemos las fotos en el taller, luego entramos a la casa.

Justo al lado está su hogar. Un dúplex que no pasa desapercibido dentro de la arquitectura típica alemana. El pomo de la puerta tiene forma de cabeza de elefante. Su fachada está decorada por sendos pilares de madera amarilla, que han sido tallados con los símbolos de ocho figuras mitológicas. En una de estas columnas cuelga el buzón con letras doradas que rezan: “El rey Cèphas Bansah”.

Se trata del primer monarca 2.0 con el que cuenta Ghana, un líder de la realeza africana que comanda a todo un reino desde la pantalla de su ordenador, a 6.000 kilómetros, en Alemania. Este hombre ha reescrito la historia de su país al convertirse en el primer monarca que logra convencer a toda una tribu para que utilice y acepte las nuevas tecnologías como vehículo de comunicación con su rey, coronado hace tres décadas.

Es lunes. El primer día de una semana que Crónica compartirá con Cèphas Bansah, quien abre con entusiasmo la puerta principal de su casa. Con tan sólo dar dos pasos, ya es inevitable no transportarse a Ghana. Y es que el palacio del monarca está plegado de fotografías, plantas, figuras de madera, cuadros, música y banderas de su país. En el ambiente se entremezclan los objetos africanos, santuarios vudú y vitrinas merchandising.

Desde el interior de esta burbuja, Cèphas se desprende de su traje de mecánico de coches para convertirse en el líder absoluto de Hohoe, una región al sureste de Ghana que cuenta con 300.000 habitantes. Sus discursos también son escuchados con atención por más de dos millones de personas en Togo, ese territorio tan apegado a Ghana, pero separado por las colonias alemanas, francesas y británicas que desde 1894 han dividido estas tierras.

Cambio de vestuario

Cèphas tiene su rutina muy definida. Pasar de mecánico a rey tiene su punto clave en el vestuario que usa. Debe dirigirse a sus súbditos con el respeto que demanda su reinado. Así que al llegar a casa no tarda en subir las escaleras hasta la habitación central, donde una cama, dos mesitas, cuatro cajas y un armario se pelean el poco espacio.

A la espera está su hijo Carlo, un joven de 25 años que estudia en la universidad para ser director de banco, pero que también cumple sus funciones como príncipe. Carlo es el encargado de subir hasta la habitación una maleta con el traje para que su padre, el rey, pueda cambiarse. Del interior de esta maleta, su padre saca con parsimonia una bata colorida que le deja un hombro al aire. Luego coge una corona que tiene forma de sombrero, unos zapatos en cuyas puntas sobresalen la figura de cocodrilos boquiabiertos, dos antebrazos, ocho anillos en forma de puercoespín, elefantes y jirafas. Cada complemento es de oro puro, por lo que el pequeño cuerpo de 1,60 de estatura de Cèphas debe aguantar no sólo el peso de ordenar un reinado, sino más de 40 kilos de este valioso metal.

Cuando pasa al salón principal, Céphas camina hasta una mesa en forma de almena y vacía que está al lado del trono: una silla tallada en madera y rodeada de una alfombra de la que sobresalen dos cabezas de tigres blancos boquiabiertos luciendo colmillos. Justo en este lugar sagrado para el rey, el pasado 29 de noviembre dos maleantes entraron a hurtadillas por la ventana del balcón para llevarse el mayor tesoro de la monarquía: cuatro coronas de oro heredadas por sus antepasados desde hace 300 años, y con un coste de 20.000 euros.

El rey mira desconsolado la mesa. Para él ha sido una de las mayores pérdidas para el reinado de Hohoe. “No por el valor económico sino por el valor histórico para nuestro pueblo”. Una comisión de funcionarios rastreó la casa y los alrededores sin éxito. La inocencia de Cèphas se reflejó en que su palacio no contaba con sistema de seguridad alguno, un descuido que ahora trata de compensar adquiriendo una alarma que aún está por instalar y guardando el resto de piezas de oro a buen recaudo, en un rincón que no tiene intenciones de revelar.

Tras esta rutinaria ceremonia, el monarca se sienta frente a la pantalla del ordenador, activa su cuenta oficial de skype y comienzan las sesiones con los habitantes de Hohoe hasta pasada la una de la madrugada.

Hoy las reuniones con el rey son personalizadas. Sólo algunos sábados y domingos el monarca suele dirigirse a la población en general. Al otro lado de la pantalla están los vecinos de Hohoe que hacen fila para entrar a la caseta donde podrán exponer al rey sus problemas. La gran mayoría de sus súbditos son familias dedicadas a la artesanía y a la agricultura que viven de la venta del maíz y la yuca.

Cèphas es quien suele ocuparse de los fogones en casa. Así que cuando su esposa llega a la cocina, a la 7:30 de la mañana, se encuentra con el desayuno a punto. La primera comida del día está compuesta por huevos, salchichas y café, pero los platos que mejor se le dan al rey son los de Ghana: arroz y verduras.

Gabriele es una mujer de ojos verdes, de piel blanca y cabello rizado. Se enamoró de Cèphas hace 30 años, cuando llevó su coche a reparar al taller y tras varios días de contacto tuvo lugar la primera cita. En la actualidad, ella es empleada de una empresa suiza en Mannheim, y la reina madre en Ghana. Entre sus funciones está trabajar con los grupos de mujeres de la tribu, de las que ella misma destaca que son muy organizadas, y que sólo necesitan más apoyo económico para llevar a cabo sus proyectos.

-En mi trabajo saben que estoy casada con un rey. Eso ayuda a que se solidaricen con todos los actos que hacemos. Crea simpatía y es muy agradable trabajar con este apoyo.

La pareja se dirige a su rutina laboral con prisas y conscientes de que les espera una extensa agenda vía skype por la tarde: dos entrevistas con periodistas y negociar las peticiones de su tribu.

Y llegan puntuales a la cita cibernética. Las tres primeras horas, el rey Cèphas Bansah atiende a familias que acuden a él con los problemas de siempre: la falta de dinero para pagar medicamentos, para escolarizar a los niños o para comprar semillas para la siembra. La solución se debate entre dos respuestas que emite el rey sin titubear: enviar dinero o esperar unas semanas más.

El resto de la sesión se escucha al rey exigir a sus 12 jefes de región los resultados de los proyectos que se gestionan en la actualidad: construcción de escuelas, reparación del sistema de drenaje, construcción de puentes…

Cuando parece que la jornada está a punto de acabar, el rey recibe la llamada de dos periodistas de Chile y Holanda. Uno de ellos insiste en que el monarca se posicione frente a la homosexualidad en Ghana. Céphas no se alarma. Sonríe, junta sus manos y explica:

-Los blancos no deben creer todas las mentiras que se escuchan sobre África. Lo que tienen que hacer es venir a conocer nuestras tierras. Nosotros, nuestra gente, nuestra tribu, respeta a los homosexuales. De hecho, creo que si todos en el mundo fuéramos homosexuales, no habría guerras en el planeta.

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Rezo por Schumacher

Antes de irse a dormir, el rey pasa junto a su santuario vudú, donde más de 10 figuras de madera simbolizan a los dioses de esta religión. Cèphas acaricia una fotografía de Michael Schumacher, que cuelga de un cartel escrito a mano por él con la siguiente plegaria: “Te pondrás bien”. El rey pide por su amigo, con quien ha coincidido en diferentes ocasiones. Así lo demuestran algunas fotos con el ex piloto de Fórmula 1 alemán, quien personalmente intentó enseñar a Cèphas a esquiar desde el pasado 2012.

El rey fue coronado hace casi tres décadas, pero él sigue siendo mecánico. La corona sólo le ha permitido en Alemania contar con la admiración de sus vecinos, de famosos y políticos. Más de un ministro ha citado como un ejemplo a Cèphas, resaltando que pese a ser un rey sigue cumpliendo con su empleo en el interior de su taller de coches.

Pero como rey, en esta Navidad tiene un trabajo especial. Cèphas se enfunda su traje de majestad para visitar el hospital de St. George, situado en la ciudad vecina de Eisenach. Su tiempo lo dedica a dar ánimo a los niños y adultos que luchan para sobrevivir al cáncer. En su entrada a la sala infantil, el rey arrastra su bastón de mando y luce su atuendo de prendas de oro. Hanna, de seis años, y su compañera en la cama de al lado, Carlotta, de ocho, no pueden creer que haya venido a visitarlas un rey africano.

Cèphas coge de las manos a las dos pequeñas. A su alrededor, casi todas los presentes toman fotos con sus móviles o cámaras. A su lado está Barbara Johnvenir, responsable de este acto, y quien hace unos años se ganó la confianza del rey y fue nombrada la doctora oficial de la monarquía Bansah.

Alimentación equilibrada

El rey explica que en Ghana algunas personas han muerto por no contar con atención médica inmediata. Una comparación que usa para animar a los pacientes a tener fuerzas para seguir luchando porque cuentan con la calidad de la medicina alemana, y por último exalta a los familiares para que cuiden su salud, se hagan las pruebas anuales y lleven una alimentación equilibrada.

El segundo día toca visitar a los adultos. El rey opta por acercarse a uno de los pacientes para entregarle una postal con su firma. Con especial énfasis explica que ha decidido alargar la línea horizontal de su rúbrica, que significa la vida, para así ofrecer la esperanza a cada uno de ellos. Un gesto ghanés que logra emocionar a más de uno de los presentes.

Tras la jornada, el rey sale del hospital con su traje en una maleta. Quien no lo haya visto minutos antes, jamás podrán imaginarse que están viendo salir a un rey africano que está cambiando la historia de la monarquía en Ghana.

Cèphas Bansah es uno de los 83 hijos que su padre procreó junto a 12 esposas. Durante su niñez no se cansó de jugar en las extensas tierras en las que reinaba su abuelo, quien sentía especial admiración hacia la cultura germánica, pese a las diferentes colonizaciones que vivieron sus habitantes durante los últimos siglos.

-Mi abuelo siempre quiso que alguno de nosotros viajara a Alemania porque de todos los colonizadores fueron los que mejor nos trataron, los que mejor trataron a los árboles, que son sagrados para nosotros. De joven salió una oportunidad de hacer un intercambio cultural con Alemania, y así fue como salí de Ghana.

En 1970, el avión que trajo al futuro rey aterrizó en Ludwigshafen am Rhein, donde este joven veinteañero fue acogido por una familia cristiana y comenzó a estudiar reparación de máquinas agrícolas y de coches. Los primeros días en los que se sintió asustado por la altura de los edificios pasaron a la historia cuando, a los pocos meses, entabló amistad con alemanes y logró coronarse, en 1975, como campeón regional en boxeo.

Todo parecía tranquilo hasta que Cèphas recibió la noticia de la muerte de su abuelo. Viajó hasta Ghana, donde se encontró con la sorpresa de que sus hermanos mayores y su padre habían sido descartados por la comitiva de chamanes para asumir el reinado. La razón consistió en que eran zurdos, una característica física que es sinónimo de impureza dentro de la cultura de esta región africana.

La corona recayó en Cèphas sin titubeos. El futuro rey fue llevado a una cabaña, situada en la profundidad del bosque en la región de Volta, donde los chamanes iniciaron la ceremonia para ascenderlo a máximo líder de la tribu. Se trató de un acto vudú que duró ocho días, en los que debió caminar sobre sangre de ovejas, sufrir heridas en sus manos, espalda y rodillas, para ser finalmente llevado ante una multitud que lo esperaba para coronarlo como el nuevo monarca.

Pero Cèphas ya estaba a punto de casarse y tenía su negocio en Alemania. Así que planteó a la comunidad la posibilidad de reinar a la distancia. Sólo le llevó dos días convencer a sus ciudadanos: compró un fax y demostró cómo podía enviar y recibir información en cuestión de segundos.

El hermano mayor -llamado Akwasi-, quien no pudo heredar la corona, ha sido nombrado por el monarca Cèphas como uno de sus 12 jefes territoriales. Y hoy es quien tiene la responsabilidad de contar a su majestad cuáles son los problemas en la aldea. Cèphas esta vez no usa su atuendo de rey, y está acompañado de su esposa, mientras que su interlocutor se dirige a él con un tono pausado y confiado. En menos de 30 minutos, Akwasi narra que dos mujeres necesitan medicamentos, y cómo algunas escuelas se encuentran sin luz al fallar los paneles solares. Gabriele apunta mientras Céphas asiente.

La despedida se confunde entre frases de un próximo encuentro. Fue el 22 de diciembre, cuando el poblado de Hohoe recibió a sus queridos monarcas.

El rey ha trasformado su admiración en una verdadera línea de mercado. En su casa se venden camisetas, gafas de sol, cervezas, artesanías y posters con la imagen de un rey Cèphas solemne. Todo el dinero recabado asegura que va a parar a Ghana. Una causa a la que se han sumado grandes personalidades, como el piloto Schumacher, el ex presidente Bill Clinton y una larga lista de artistas que incluyen modelos sexys cuyas fotos forman parte del decorado de la sala monárquica.

En su país también goza de predicamento. El propio Gobierno de Ghana reconoce a este rey atípico, a cuya coronación incluso asistieron ministros, entre otras cosas por haber llevado el agua, un bien escaso, a todos sus súbditos.

Cèphas-Bansah

Los alemanes, por su parte, tienen presente al rey. Mientras en algunas emisoras de radio se escucha una de las canciones de los seis discos grabados por Cèphas, en televisión puede disfrutarse de uno de sus bailes. Una imagen que cada vez más atrae a fanáticos excitados que llegan a su casa para obtener una foto con este peculiar rey africano.

El rey no podrá descansar este fin de semana. Viaja 80 kilómetros para recoger la donación de medicinas, un recorrido que empata con un saque de honor en un partido de fútbol. Una rutina maratónica que no acaba hasta el domingo en Núremberg, donde ha sido contratado para inaugurar una serie de tiendas. Por actos como éstos, el rey puede recibir hasta 3.000 euros de sueldo, un dinero que asegura va a parar a los proyectos de su aldea.

El ‘play boy’ amigo

Son las cinco de la tarde. El rey apaga su teléfono móvil. Y todos entienden que ha llegado la hora de dormir. Antes de partir del palacio, el rey Cèphas invitó al equipo de Crónica a comer en su restaurante preferido en el centro de Ludwigshafen am Rhein, por lo que abandonó su traje de rey.

Tras algunas vueltas por la ciudad, entra a un restaurante de comida china, que cuenta con un salón minúsculo y sin camareros. El dueño saluda con cercanía, y toma la orden del rey, quien al menos una vez a la semana se deja ver por este lugar. A los pocos minutos, llega su mejor amigo, un hombre de origen turco, a quien Céphas lo presenta como su amigo “el play boy”.

-Nos conocemos desde hace 40 años. Íbamos a las discotecas juntos, lo conozco desde antes de que fuera nombrado rey. Bueno, era el rey, sí, pero el rey del baile en las discotecas.

El monarca suelta una carcajada complaciente. Al parecer, Céphas se siente orgulloso de su pasado.

Información ofrecida por el diario El Mundo.

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