Tesis Doctoral Onésimo Redondo Ortega

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Tesis Doctoral Onésimo Redondo Ortega

Vida, obra y pensamiento de un sindicalista nacional (1905-1936) Presentada por: MATTEO TOMASONI Para optar al grado de Doctor con Mención Internacional por la Universidad de Valladolid Dirigida por: Dr. Ricardo Manuel Martín de la Guardia. Valladolid, 2014

Por su interés elmunicipio.es reproduce el siguiente apartado de la tesis doctoral sobre Onésimo Redondo Ortega presentada en la Universidad de Valladolid por MATTO TOMASONI. Recomendamos la lectura completa de la tesis que se puede encontrar en el enlace:

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5.3.3. El fin de un ciclo: desde la escisión de Ledesma a la incondicionalidad falangista.

El 14 de enero de 1935, ya pasadas las fiestas navideñas, Ramiro Ledesma oficializó su resolución de diciembre, decretando públicamente la separación entre las JONS y la Falange. El comunicado fue enviado a la prensa y se caracterizó por ser un claro mensaje de desconfianza y hasta desafío hacia Primo de Rivera; sus suscriptores, además del zamorano, fueron Sotomayor y el dirigente vallisoletano Redondo906. La respuesta del jefe nacional no se hizo esperar; al día siguiente José Antonio, firme y recio en su análisis sobre lo ocurrido, informó que: «El jefe de la Falange Española de las J.O.N.S., en uso de las facultades que le conceden los estatutos ha acordado expulsar del movimiento a Ramiro Ledesma y Nicasio Álvarez Sotomayor»907. La contra-nota del líder de Falange, explicaba que su decisión se debía a la necesidad de sancionar a los ‘elementos indisciplinados’, alejándolos del movimiento para no dañar su ‘unidad y sentido revolucionario’. En ella, sorprendentemente Onésimo no aparecía entre los expulsados. Ni siquiera se mencionó al vallisoletano tras la entrevista que Ledesma Ramos concedió el día 18 a un periodista del Heraldo de Madrid, en la que confirmaba su postura, además de revelar los nombres de sus seguidores:

«Queda Falange desmantelada, pues la escisión de las JONS equivale a desprender de aquella, de una parte, el grupo intelectual, teórico, que ha creado las doctrina como Giménez Caballero, Juan Aparicio, Bedoya… Y de otra, el grupo de organizadores y agitadores, Ledesma Ramos, Redondo Ortega y Álvarez de Sotomayor: es decir, los intelectuales y toda la base popular, revolucionaria, obrera del partido»

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Antes de la publicación de la nota separatista del día 14, Redondo había participado en una reunión en la que muchos de los viejos jonsistas – él incluido – habían oficializado su consentimiento a la escisión. Aparentemente pareció tener la intención de colaborar con los ledesmistas: «precisó que daba su acuerdo, pero no estaba seguro de que la organización de Valladolid le secundase, pidió unos días de plazo y adelantó que no se quedaría al margen de su grupo vallisoletano»

No obstante, parece que su adhesión a la escisión no fuera tan obvia. Según las entrevistas realizadas por Mínguez Goyanes – muchos años después de los hechos – la postura de Onésimo parece voluntariamente ambigua: en aquellos días de personal angustia – así como comentó Mercedes –, Onésimo mantuvo numerosas reuniones en Valladolid, además de viajar frecuentemente a Madrid y entrevistarse con unos y otros911. Entre los días 16 y 19 de enero acabaría sin embargo por tomar una decisión que parecía definitiva. Todos coinciden en afirmar que el grupo de Valladolid presionó a Onésimo para quedarse entre las filas de Falange, aunque su líder se mantuvo vacilante hasta el final. De Areilza comentó que «la progresiva dispersión de las fuerzas jonsistas y la autoeliminación de Ramiro Ledesma de las plataformas activas, hizo que Onésimo reconsiderara rápidamente el asunto, incorporándose de nuevo a la jerarquía falangista y al mando territorial»912. Se podría incluso pensar que el vallisoletano optara por ocupar con más facilidad el hueco provocado por la salida de los ledesmistas, aunque esta tesis poco se adapta a la actitud de este dirigente local. Sencillamente, comentaría Bedoya, Onésimo se dejó llevar por los suyos, así como había afirmado semanas antes en el café Fuyma. Mientras el vallisoletano rectificaba cuanto ocurrido entre él y los secesionistas, se preparaba para su salida a la calle un órgano de las nuevas JONS “desfalangizadas”. Aquel mes pasado «entre la escisión y la salida a la calle de La Patria Libre fue particularmente angustioso para la sinceridad temperamental de Onésimo, condicionada por la actitud del grupo de Valladolid plenamente ganado por José Antonio»

Al tomar la decisión de permanecer fiel a Primo de Rivera, Onésimo fue incluido de inmediato en el acto de constitución del SEU vallisoletano. Se presentó el día 20 de enero en el Teatro-Cine Hispania (ubicado en la calle Muro), donde pronunció un discurso directo a los jóvenes estudiantes afiliados y designó la primera junta de este organismo, compuesta por Luis Alonso Otero, Anselmo de la Iglesia, Víctor Fragoso del Toro y José Manuel González914. Ante el mismo José Antonio, el vallisoletano subrayó la fe política del nuevo grupo estudiantil local, señalando que «el Sindicato Español de Universidades (sic) está enquistado en la FE de las JONS. Esto –añadió – lo decimos porque somos políticos y porque vamos a sostener nuestra política en las Universidades españolas; para acabar en ellas con la política de los actuales  partidos»915. Intervino después el jefe nacional que, haciendo referencia a lo ocurrido en el seno del partido, sin por ello nombrar sus protagonistas, pidió unidad y sobre todo obediencia a su liderazgo916. Esta jornada, que se podría entender como el acto de rehabilitación de Onésimo en la línea joseantoniana, marcó el definitivo compromiso de éste con Falange. Mientras tanto, al día siguiente, Ledesma volvía a la carga; en el órgano de prensa Informaciones que había albergado artículos críticos de Primo de Rivera contra su persona, éste contestó que «este señor se ha limitado a lanzar sobre mis camaradas jonsistas y sobre mí las peores injurias, calificándonos con dureza una irresponsabilidad que sólo estados de despecho o situaciones demenciales del ánimo explican. – Y concluía diciendo – La escisión de las J.O.N.S., es total»917. En ese preciso momento se terminaba la divergencia entre los máximos dirigentes de ambos partidos; por entonces, Onésimo ya había aclarado su postura y – con aflicción – veía alejarse junto a Ramiro también a viejos amigos como Javier Martínez de Bedoya y Emilio Gutiérrez Palma. Y no pasó mucho tiempo para que su decisión fuera criticada por el zamorano.

Los jonsistas-ledesmistas dieron vida, durante febrero y marzo de 1935 a un nuevo órgano de prensa – el ya citado La Patria Libre – que tuvo el objetivo de animar a la refundación del viejo nacionalsindicalismo, del que presumía su paternidad Ramiro918 . El primer número fue dedicado casi por entero a la justificación de la escisión ideológico-política de Falange, comentando cómo y de qué forma iban a reorganizarse las JONS. El nuevo manifiesto indicaba que «Veíamos nosotros, y con nosotros la opinión nacional de España, que el nacional-sindicalismo que decía defender Primo de Rivera era un truco ingenuo, una ficción sin jugo, cuyo sentimiento por parte nuestra nos convertía en verdaderos cómplices de una farsa contra el auténtico sentido nacional y popular de nuestra doctrina»919. Ledesma, que firmaba ahora como secretario general de las JONS, indicaba el nuevo camino del grupo, lejos de la órbita joseantoniana; «ha bastado que los dirigentes jonsistas declaren rotas sus relaciones con F.E. y con Primo de Rivera, para recobrar en el acto, sin más, su carácter independiente y exclusivo como tales»; y no faltó siquiera una alusión a los que habían permanecido al lado del madrileño, haciendo quizá una advertencia para el mismo Onésimo: «No odiamos a los antiguos camaradas que allí queden. […] mantendremos las relaciones que ellos quieran. Por nosotros, cordiales y amistosas»920. Sin embargo, cuando quedó claro que Redondo habría permanecido al lado de José Antonio y su vuelta al jonsismo originario de Ledesma se hacía inviable, no pudo salvarse de recibir algunas críticas. En los números de marzo, Ledesma entendió que el fracaso de su acción separatista tenía su fundamento en – así como él mismo lo llamaría – el “caso Valladolid”:

«También adelantamos que las J.O.N.S. tienen muy poco que lamentar respecto al espíritu actual de la sección de Valladolid. Han secundado entusiásticamente nuestra actitud desde el primer día algunos de los mejores y más calificados dirigentes, desde luego los de perfil jonsista más responsable, como hemos de probar. Y se han opuesto asimismo a nosotros quiénes lógicamente debían hacerlo. Ha habido actitudes claras, confusas y enemigas. De todas hablaremos»

La intención de Ramiro era de desprestigiar, donde fuera posible, a los responsables de la situación en la que habían decaído las JONS; al respecto afirmó, «como el propio Ledesma pasaba a reconocer, que la fusión se había realizado solamente por la atracción que ejercía Falange y su líder, no por las expectativas de comunión ideológicas que se tuvieran. Para acusar directamente a Redondo de haber sido quién más había trabajado para alejarse de Primo de Rivera, Ledesma señala que era en Valladolid donde mayores quejas se observaban por la actitud del partido y de su jefe»922. Según Ledesma el problema del jefe vallisoletano había sido, al producirse la crisis de finales de 1934, el no haber sabido resolver cuanto antes la cuestión de la jefatura, razón por la cual había – una vez ya realizada la votación – manifestado la necesidad de permanecer al lado de José Antonio con la escusa de seguir a sus acólitos, traicionando así los principios jonsistas. Y así, sin ocultar cierta arrogancia, lo resumía Ramiro:

«Onésimo luchó, repetimos, con esas limitaciones y a esas y a otras sobrepuso quizá su temperamento y su absoluta sinceridad. Pues Onésimo Redondo, y aquí radica su cualidad mejor, tiene una purísima emoción española y siente como nadie la más honda preocupación y la más profunda angustia por los afanes de todo el pueblo. Se hizo cada día más partidario de la estridencia fecunda de la política caliente y del nacional-sindicalismo. Quizá esto no se percibía con la claridad debida, y de ahí el hecho cierto de que a veces los sectores jonsistas más ortodoxos miraban con algún recelo las tareas de Valladolid. […] Al aparecer Falange Española, las J.O.N.S. se encontraron con el siguiente fenómeno: decreció entre los españoles la expectación en torno a ellas, para fijarse en el perfil y en las características de esa agrupación nueva. Ello, unido a la presencia del hijo de Primo de Rivera que proporcionó a F.E. la difusión en poquísimas semanas. Bien conocido es el papanatismo de nosotros los españoles. Ahora bien, decreció la expectación ante las J.O.N.S., pero no decidió ni vaciló lo más mínimo la cohesión de los jonsistas. Esto debe destacarse. […] En una reunión de jonsistas caracterizados, convocada en Madrid por Ramiro Ledesma y a la que acudieron Redondo y Bedoya como representantes de Valladolid, se acordó la unificación táctica de esfuerzos con F.E. Esos dos camaradas, como Ledesma y como todos, mostraron la violencia que ello significaba para el jonsismo y que si se disponían a favorecer tal acuerdo lo era sólo en la creencia de que quizá nos iba a ser posible aprovechar la expectación pública ante F.E. para destacar más ante el pueblo la posición jonsista. Todos, y los de Valladolid los primeros, coincidíamos en ir con repugnancia a la prueba, porque temíamos que la ventaja de lanzar con más prisa el jonsismo uniéndolo a Falange iba a ser contrapesada lamentablemente con la presencia real de Primo de Rivera bajo las flechas yugadas de las J.O.N.S. Y es que Primo, el “hijo” de Primo de Rivera, tenía, claro es, popularidad, pero pronto nos dimos cuenta de que era una popularidad negativa, esto es, que era impopularidad. […] De Valladolid era de donde llegaban con más apremio las lamentaciones. Todo eran allí críticas sobre la actuación efectivamente deplorable que Primo desarrollaba en el Parlamento y fuera de él. Todo eran quejas y gestos de repulsa hacia el falangismo primorriverista. En el periódico Libertad, en las cartas, en las conversaciones con nosotros, en todas partes, los camaradas de Valladolid, con Onésimo al frente, se reían del pobre caudillejo fracasado y consideraban el daño  inmenso que nos proporcionaba mantenerlo a la cabeza del Partido. […] Viene entonces Onésimo a Madrid y asistió a una Junta del Partido, en la que Primo puso de manifiesto aún más que otras veces su radical incompetencia y su carencia absoluta de consignas. Después de esa reunión celebraron los jonsistas -Ledesma, Redondo y Sotomayor- una entrevista en el café Fuyma, en la que examinaron la situación crítica del Partido y consideraron la necesidad de salvar del naufragio la bandera jonsista, rompiendo con Primo de Rivera y haciéndolo así público a los pocos días. ¿Qué pasó, sin embargo, en Valladolid a raíz de la ruptura? Esta es la pregunta y, precisamente, el objeto de este trabajo es darle contestación cumplida»

La que iba a ser la definitiva resolución del “caso Valladolid” – o tal vez el “caso Redondo” – nunca llegó a producirse. En el siguiente nº 7, el último del semanario, Ledesma Ramos informaba a sus lectores del próximo traslado a Barcelona, ciudad donde «nacen los sistemas ideológicos contrarios a la unidad donde han logrado movilizar multitudes»924. Pero en realidad la aventura del semanario ledesmista había llegado a su fin; el zamorano, en búsqueda de nuevos aires, llegaría a la ciudad Condal con la intención de «construir una organización nacionalista española en el corazón del separatismo»925, quedando sin embargo frustrados todos los nuevos intentos proselitistas926. Ni Ledesma volvió a escribir sobre la actitud de Redondo ni este último consideró necesario dar más explicaciones sobre su conducta. Simplemente, cada uno hizo lo que había hecho hasta entonces y por ello la separación fue definitiva; al fin y al cabo como siempre se había manifestado en la propaganda, la política venía ante todo lo demás incluso de la amistad.

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