FEDERICO AL REVÉS: Pieza breve de teatro de un Acto

FEDERICO AL REVÉS: Pieza breve de teatro de un Acto

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Eduardo_López_Pascual

Por Eduardo López Pascual

elmunicipio.es pública esta pieza breve de Teatro de nuestro colaborador Eduardo López Pascual, en donde nos muestra su faceta de escritor polifacético. Sabíamos de él que es un gran poeta, un novelista consagrado; de sus números ensayos y artículos a lo largo de su ya larga vida somos testigos en este portal digital. No nos sorprendería, es más, nos agradaría ver esta pequeña-gran obra sobre Federico García Lorca, -amigo de José Antonio Primo de Rivera-, representada por actores jóvenes como señal de reconciliación y superación de la división entre españoles.

ACTO ÚNICO

Fondo musical invisible- Telón cerrado abriéndose; escenario con tres- cuatro marcos bastidores de madera y micrófonos de pie en cada uno de ellos. Atrás, cortinas de colores. A un tiempo de música, entra el Narrador y se coloca fuera de los bastidores, tiene también un micrófono de pie.

NARRADOR:  (Con voz grave) Fue el 20 de agosto de un amanecer en Granada, cuando todavía el verde era horizonte y la vega rezumaba frescor, olor de fruta virgen, sabor a frío de montaña cerca de Viznar, ese pueblo recostado entre las viejas colinas que nos acercan a Sierra Nevada. Aún es oscuro y los leves sonidos de la mañana sólo nos hablan del fru-frú suave de un aleteo suspendido que se dibuja junto al sol, sobre los dientes del histórico pico del Veleta con su ropaje de cuerpo blanco.

Ráfaga musical

Pero hay más; me acompañan golpes de botas claveteadas en la tierra húmeda, en las hojas de pino con su camisa verde, verde como el olivo inmóvil que cantaba el poeta A mi lado entreveo siluetas de hombre que llevan ropas de guerra, hostiles,  al fin y al cabo como portadores de ancestrales odios fuera nuestra peor y más dura herencia.

Pausa

¿Y yo, qué?- Diría el `peta. ¿Qué hago aquí entre cuerpos y voces que no comprendo, y  que chirrían con ecos que rebotan en este silencio que me rodea, y muestran su desafío extraviado? ¿Que ocurre, me pregunto? Qué gritan con palabras que no pronuncio, ajenos a la palabra sencilla e íntima que yo procuro a mi pueblo. Su voz, acaso instintiva, nació siempre así, neta y directa ante los ojos y los oídos de las gentes de Andalucía, de las gentes de España…Es el sentimiento, la hondura de Granada, tierra toda que se viste de aceituna y olores a azahar. Y una luna limpia y morena, viajando con sus polizones hacia el alma de los niños, mientras saludaba a la tez y a los caballos zahinos de los gitanos, sus hermanos del cobre. Y del Cristo de la piel oscura, que cantó en sus versos. Pero mire, ¿acaso no es el verso de Federico lo que se oye, subiendo por las laderas, por los campos, por las huertas de esta tierra:

Ráfaga musical. (Se escucha una voz, invisible, recitando versos del poeta)

                            “Cristo moreno

                             con los guedejuos quemados,

                             los pómulos salientes        

                             y las pupilas blancas.

                             ¡Miradlo por donde va¡”

NARRADOR

(Haciendo gestos de búsqueda) ¿Pero dónde está?  A veces, a veces en esos breves instantes en que se siento solo, reconozco otras imágenes tendidas sobre el corazón de la gente, de este pueblo, y sus ojos recorren las esquinas del viento, los rumores del agua, que juntos rolaban en los caminos del romero y la hierba. Huelo a España, se  dice, con todos sus misterios y su levedad, campo infinito que encadena la muerte y el sol, la angustia y la copla infinita.

Pausa

VOZ INVISIBLE

                  “De España,

                   cielo limpio y oscuro,

                   tierra tostada

                   y cauces por donde corre

                   muy lenta el agua.”

Ráfaga musical

NARRADOR:

Porque era la tierra de pasados, de memoria de glorias y de miserias, de villanos y héroes; paisajes de yermo y de huerta, de soles por donde hablara el verso de San Juan de la Cruz,  la palabra de Valle Inclán, los lienzos de Greco o Velázquez, y los sueños de Dalí y Picasso; después de todo,  la metafísica de España.

Ráfaga musical (entra El Guardia, Y FEDERICO que ocupan los  bastidores)

Guardia:           Aquí estamos, cumpliendo un deber.

Federico:          Y ahora, ¿qué hago entre vosotros?

Guardia             Lo sabes. O te lo imaginas. ¡Te llevamos¡

Federico           ¿A dónde?               

Guardia            No puedo decírtelo.

Federico           Quiero saberlo, ¡es mi vida¡ ¡mi derecho¡

Guardia            Son órdenes.

Federico           Necesito saberlo. ¿Cuál es mi lugar?

Guardia.           Eso no tiene importancia. Tienes tu destino. El que te has buscado tú mismo.

Ráfaga musical

NARRADOR.   

El paseo resulta extraño en esta madrugada, o de cualquiera otra en mi memoria. Las vegas de Granada se convierten en notario inconsciente de soledad y de sus miedos. Temores de poetas haciendo metáforas de su propia vida, y la angustia de haber creado entre sus versos la emoción por la verdad y la estética, aunque fuera esta, una bellísima manera de  luchar contra lo vulgar y lo injusto. Pero hace calor pesado en este agosto forzado, que es ardor más allá en las esteparias de Guadix y Baza, junto a la luz – ya murciana-, de las callejas islámicas de Lorca, sonde acaso buscara sus propias raíces de familia. Sin embargo la claridad del alba no era sino trasunto de aquellas sombras paralelas al poeta, ropajes de uniforme sin norma, voceros cada vez más adustos y contrarios asediando su cuerpo y su alma.

Pausa

Federico:           ¿Tú quién eres? ¿Quienes sois vosotros?

Guardia:            La Ley, naturalmente. ¿No te has dado cuenta todavía? ¡Yo represento a la Ley!

Federico:         ¿Pero cuál? España está partida en dos, ¿quién tiene la razón? ¿A quién debo de escuchar?

Guardia:             Somos la única. Es nuestra porque la hemos ganado a golpes de rabia. De lucha.

Federico:            ¿Es que las leyes tienen dueño?

Guardia:              Siempre ha sido nuestra, del pueblo. Te lo he dicho.

Federico:              Nadie nace con la justicia; sólo la cumplimos.

Guardia:            Te equivocas, solo vale la justicia del pueblo, no la vuestra impuesta por señoritos y fascistas.

Federico:              Pero yo no soy nada de eso, ni de nada, soy un poeta

Guardia:              La justicia dice todo lo contrario.

Federico:               ¿Esa justicia exige mi vida?

Guardia:                Yo no sé nada, cumplo órdenes.

Ráfaga musical

NARRADOR      

Caminaba  por los caminos del Alba, rozando esquinas al aire, evitando miradas que no acertaba a explicar, como tampoco le era fácil entender las palabras y los gestos de quienes le conducían a lo ignorado. ¿Por qué? ¿A dónde? Lo lleva-   van por las veredas del odio y el resentimiento y no supo- nunca lo supo-, quienes eran ni le importó en aquella mañana   de un incierto y trágico futuro. Me pregunté si habrían errado  el destino.

Pausa

Federico:               ¿Me buscas a mí?

Guardia:                Sí. No nos cabe la menor duda.

Federico:               Soy Federico, el poeta.

Guardia:                Cierto, por eso te llevamos.

Federico:               Pero yo soy poeta…. ¡Hago versos!

Guardia:                ¿Y qué? Nos han dicho: ¡Apresarlo! Y eso es suficiente para nosotros.

Federico:              ¿por qué? ¿Qué razones podéis tener?

Guardia:               ¡Bah¡ Demasiado beato. Eres un ratón de iglesias, y pasas mucho tiempo entre ceras y velas.

Federico;              Pero eso no es malo, O sí’, ¿Es delito hacer poesía, rezar?

Guardia:                Aquí sí, además, el pueblo te acusa de estar solo con hombres… y eso va contra nuestra                  revolución. ¿Te enteras?

NARRADOR:

Tendría que haber quedado entumecido, acaso mudo, en ningún espacio civilizado hubiera sido condenado nadie por  estas razones, sólo aquí, en esta tierra escatológica y de emociones inexplicables los hombres pudieran estigmatizar  desde esta sinrazón. Otros cielos contemplarían la persecución imposible, la absurda marginación, y sin embargo, ¿cómo se puede condenar la poesía que habla de amor? No debería ser escéptico, es cierto, a pesar de que alguien lo deseara pero es verdad  que en todo esto de la conciencia moral y  hasta religiosa, su alma se conmovía en versos ineludibles.

Pausa

VOZ INVISIBLE

                             “La Virgen y San José

                              perdieron sus castañuelas,

                             y buscan a los gitanos

                             para ver si las encuentran”

Ráfaga musical

NARRADOR.        

Hubo  unos momentos de quietud alrededor de cuántos, pasos subían por las cuestas de Viznar, dejando a sus espaldas una Granada contradictoria entre lo fértil y lo odioso, entre la esperanza y la miseria de un tiempo para la descarga de fusiles para la muerte.

Pausa

Guardia:                 Lo ves, no eres más que un típico sacristías.

Federico:                 Entonces, ¿es por eso?

Guardia:                 Es posible.

Federico:                Pero si muchos me acusan de descreído. Para ellos soy casi un hereje.

Guardia:                No te conocen muy bien, porque eres uno de ellos

Federico:                 ¿De quienes? No sé de qué me hablas.

Guardia:                 ¿No eras tú quien acompañabas a la Virgen de las Angustias en su primera salida? ¿No te acuerdas? Todos te vieron.

Federico:            Es verdad, fui uno de sus primeros penitentes.

Guardia:                  ¡Claro¡ El amigo de curas y catedrales.

Federico:                 ¡No, es que esa Virgen es la patrona de Granada, nuestra Granada¡

Guardia:                  ¡Vaya¡ Con razón nos decían que eras de los otros, ya sabes

Federico:                 Te equivocas, yo soy de todos, y así lo he manifestado siempre.

Guardia:                  Puede ser, pero hoy, eso es un inconveniente. No es nada bueno para tí, al contrario, ya lo ves. Te ha perjudicado.

VOZ INVISIBLE:

  “La pena de la tarde estremece a mi pena,

                                  se ha llenado el jardín de ternur monótona

                                  y todo mi sufrimiento se ha de perder, ¡Dios mío!

                                   como se pierde el dulce sonido de las frondas…”

NARRADOR           

Quienes lo llevan callan, pararon el silencio quizá para escuchar después del tiempo en donde huían los todos los recuerdos, a la Señora de Almonte, y al Cristo Moren ¿Ves, amigo, como al fin evocas la vieja memoria? Esto me lo comentó el miliciano que conducía al poeta.  El de la cara estrecha, cejijunto, de ojos negros y recelosos. Le gritaba: ¡Reaccionario! Porque poetizaba su conciencia, el espíritu que tal vez se traducía en la imagen serena y blanquísima de la Virgen de las Angustias.

Pausa

Federico:                  Miliciano, ¿quién me denunció?

Guardia:                   Lo sabes muy bien, el pueblo, que es al fin y al cabo el último y definitivo Juez.

Federico:               ¿Y de qué me acusa? No creo haber hecho jamás daño a nadie, ni aquí ni en lugar alguno.

Guardia:                Has escrito versos sobre España, y sobre Dios.

Federico:            España es mi patria, y la tuya…Y Dios es de quién quiere creer en Él.

Guardia:                  Nosotros no tenemos Patria, al  menos como tú la piensas, nuestra patria es el mundo, el mundo de los proletarios, no, nosotros somos internacionales. En cuanto a ese Dios que nombras, es solo opio del pueblo.

Federico:                  ¿Eso piensas?

Guardia:                 Naturalmente, todo eso es un lastre. Nada más, ¡Lo juro!

Federico                 ¡Qué dolor me da todo esto¡ ¡ Y qué tristeza¡

Ráfaga musical

NARRADOR:        

Federico había puesto incluso en la crítica más profunda y  sincera, un amor riguroso y serio a España. España, nombre casi mágico, recipiente intemporal de hombres y de dioses, de tierras y árboles, de historias adversas, unidas, hermanadas, envidiadas, pero sin duda, España.

Pausa

Federico:                   ¿Me acusáis de ser español?

Guardia:                   ¿Acaso no eres un burgués nacionalista? ¿Un enemigo del pueblo?

Federico:                  Nunca lo he sido. ¿No conoces mis teatros por toda la geografía del país, he llevado el teatro    popular a todos sitios, Madrid, Valencia, Sevilla  ¿no lo sabes?

Guardia:                  Cosas de un tramposo. Para salvarte. A nosotros no nos engañas.

Federico:               ¿Yo? Pero qué dices, Si leyeras mis versos os resultaría imposible el condenarme.

Guardia:                  Otros no piensan lo mismo.

Federico:                 No saben nada de mí. Yo he nacido en España y me sería imposible vivir fuera de ella. Pero escucha: desprecio al español que sólo lo es, por serlo, nada más. Y execro al hombre que se sacrifica por una idea nacionalista abstracta por el mero hecho de que ama a su patria sin crítica, y pone una venda en sus ojos.

Guardia:                  Conocemos esa historia, la contaste tú mismo en el diario El Sol,  a principios de este mes del pasado mes de junio.

Federico:                 Pero vale para todos. ¿No?

Guardia:                  Otra vez estás equivocado. Esa es una razón más con- traria a nosotros. Una frase hueca que han dicho demasiados políticos de la derecha.

Federico:                Eso no es así y lo sabes, pero aunque fuera cierto, ¿Me vais a matar por eso?.

Guardia.                 Puede ser. Tu poesía es como  un cuchillo de hoja estrecha y de filo agudo. Tus versos son       peligrosos.

Federico:                No lo comprendo. ¿Por qué y para quién?

Guaria:                   Lo ha decidido el pueblo. Y ya está.

Ráfaga musical

NARRADOR

Podría ser verdad que esa reflexión sobre lo que entendía por Patria, y desde luego lo que él sentía como España, coincidiera con las razones que así se exponían en algún lugar, o en cualquier interpretación reaccionaria por algunas personas- todos las habíamos oído,   pero de ninguna forma el verbo de los poemas que nacieron en el poeta de Granada fueron remedo o imitación alguna de otro sentimiento  distinto al quejío del pueblo.

Pausa

VOZ INVISIBLE:                       

                              “Tierra seca

                                tierra quieta de noches inmensas,

                                (Viento en el olivar,

                                 viento en la sierra)

                                Tierra vieja del candil y la pena”

Ráfaga musical

NARRADOR:

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Es España, cierto, Y amar a tu país. Pero nunca pude pensar que amar a tu país sería cargo contra un poeta. Comprendo que  una mente inmóvil quisiera hallar en ese sentimiento, una excusa para sus egoísmo personales,  pero yo soy Federico y me encuentro entre los que creen que España es un concepto para la convivencia, para la unidad, para aspirar juntos una aventura de futuro. Para abrir caminos de historia.

A pesar de esto, las caras de sus guardias se escondían entre viseras y cintos repletos de balas enfundadas. Las habían camuflado en sus ropas. Caminaban silentes o cuando más traspasaban solitarias palabras, casi monosílabos, en donde aparecía un tono de horrible secreto— “Cuando lleguemos….Juntos—-Una sola descarga…Yo pienso que así fueron las palabras que cruzaron; lo demás, solo eran miradas de reojo, cabezas inclinadas, vaho de carretera y niebla temprana en el barranco de la montaña.

Ráfaga musical  (intervienen de nuevo el guardia y Federico).

Guardia:          (en en tono displicente)  Bueno el Comité cree que no eres precisamente un ejemplo para los ciudadanos de la República, ya sabes, hay cosas que siempre serán opuestas a una historia que nosotros queremos implantar, lejos de cargas pasadas.

Federico:           Yo jamás sería un lastre para nadie.

Guardia:              El Comité piensa de manera muy distinta.

 Federico:           ¿Como qué?

Guardia:             Pues eso, en el fondo eres un tradicionalista con todo eso del Cristo, la Vírgen y la patria., ¡No lo disimules¡

Federico:          ¿Tú dices eso?

Guardia:            Eso lo dicen todos, y los primeros la gente de tu casa, tus parientes.  sí. Los Castros o no te has enterado

Federico:           ¡Pero si me acusan de progresista¡ Hace pocos días recibí la visita, mejor dicho, la inspección de los otros, los del otro bando y ¿sabes por qué? Sospechaban que defendía la causa republicana;¡Un rojo!

Guardia:           Sin embargo no es así en absoluto. Además, conocemos muchas cosas de tí, de tu vida.

Federico:               ¿Por qué lo dices?

Guardia:              Mira, poeta, tus amigos los Dalí, Falla, Ángela Ortiz, Melchor Fernández, Murciano,…todos;     gente de postín y dinero

Federico:              Eso no tiene nada que ver, lo que importa es el sentimiento y yo siento al pueblo y su penar; a la injusticia que sufre.

Guardía:                ¿Y qué? Eso también lo dicen los otros.

Federico:               No importa. Como dije siempre, yo soy amigo de todos y si se lo aseguré a Neville, lo único que  quiero es que los españoles tengan trabajo y paz.

Guardia:                Eso dijiste?

Federico:               Desde luego. A Edgar Neville y al periódico ABC en el mes de junio de 1936, muy tarde, es cierto, pero son  las que yo he mantenido desde el principio de esta cruel tragedia.

Ráfaga musical

NARRADOR:  

A Federico le gustaba ser español, pero de ningún modo de un españolismo superficial y absurdo. En esto, quiero repetir lo escrito años más tarde por el notable escritor y notario histórico Díaz Plaja, en el libro que le dedicó: “Nada le era superficial por más que algún personaje, se empeñara en presentarlo. No ese españolismo de toros y pandereta, sino aquel que nace desde las ancestrales raíces de lo español, sean estas de donde fueran”. Federico quiso, repito,  integrarlas en un sentido y en un sentimiento que espantara definitivamente a las ridículas estampas del mal entendido nacionalismo.

Pausa

Federico                 Así entiendo yo la Patria.

Guardia:                 ¡Bah¡ Es lo que confiesan todos los que van a ser condenados.

Federico:               ¿Y yo, por qué? ¿Es que no se puede amar  a la tierra donde hemos nacido.

Guardia:                (irónico) Es la excusa de los señoritos, la Patria, pero para ellos. Y tú, mírate, eres un señorito; corbata, camisa blanca, manos suaves….Lo que digo, ¡Un señorito¡

Federico:               Eso no es razón, también lo son Bergamín, o Azaña o el mismo Hidalgo de Cisneros…

Guardia:                Pero esos hombres son de los nuestros. ¿Y tú?

Federico:                Ya lo he dicho, soy amigo de todos aun en esta sinrazón que sufrimos. Por eso he regresado a mi casa, en Granada, para apartarme de la lucha de banderías y las salvajadas.

Guardia:                ¡Venga ya¡ Sabemos que eres amigo de los Rosales, esos enemigos del pueblo, sí, que te hemos  visto con Luis, y con su hermano Pepe, un jefazo de Falange.

Federico:                 Claro que sí, pero también con Alberti, con Melchor Fernández y con tanto otros poetas y     artistas que se han declarado republicanos, o socialistas y comunistas. Sin embargo fueron los Rosales quienes me avalaron en una situación muy comprometida.

Guardia:                   Precisamente. Te has pasado a ellos; ¿Por qué no con nosotros? A ver si al final resulta que es el pueblo el que no quiera saber nada de tí, y eso, por algo será.

Ráfaga musical

NARRADOR 

Importaba, y lo he dicho muchas veces,  dejar muy claro que su vida tenía que darse desde un punto de vista intemporal, acaso desde una conciencia que yo entendía y humana, muy humana, y por  eso mismo integral, completa como lo era también su interpretación trascendente del hombre y de Dios.

VOZ INVISIBLE

                               “¡Cigarra¡ Dichosa tú

                                  pues mueres bajo la sangre

                                 de un corazón todo azul.

                                 La luz es Dios que desciende

                                 y el sol brecha por donde se filtra”

Ráfaga musical

NARRADOR:   

Pero el miliciano no entendía o no escuchaba, aunque era cierto que a veces, las palabras son duras de oír porque en el fondo de todas ellas se halla el misterio de la vida, la esperanza de cada día, aun en las horas más adversas.

federico-garcia-lorcaFederico Garía Lorca

De todas formas se sentía ausente de cuanto pasaba, no brillaban para él los cerrojos de acero nervioso y duro, ni plateadas las bayonetas encimeras sobre los hombros que se aparentaban hundidos, cargados, casi imposibles de seguir, agobiados quizás por intuir un final trágico. La mañana se retrasaba como queriendo trabar el futuro inmediato, Unos silbidos entre paredes rocosas cubiertas pudorosamente por una fronda húmeda y olorosa que era, en realidad, el saludo último de un paisaje gravemente granadino. Desde allí, sobre un otero imaginario, adivinaba la forma ágil y suelta de la Alhambra, y todo su ser, se emocionaba con un sentimiento amoroso, casi erótico, por la silueta de una ventana de alturas ovaladas y el alféizar de unos balcones de arabescos maravillosos.

Llegaban  hasta él los sentimientos más íntimos,  compañeros inseparables ya de su soledad de hombre, de pura persona, de poeta evocando el sueño de sus versos.

Pausa

Guardia:              (Con tono agrio) Y además, Por si había dudas, el Comité ha puesto sobre la mesa tus intimidad con otros hombres, y la revolución, la del pueblo, no puede consentir que haya un homoxesual en las patrullas del Frente Popular.

Federico:            ¡Quién ordena eso¡ ¿Qué voces sin nombre juegan al odio?

Guardía:             Da igual. Todos. Lo verás luego, cuando ya no existas, porque lo contará uno que es irlandés, y que trae muchos testigos.

Federico:            Eso no prueba nada; ya le dije al poeta Luis Rosales por que me tuvieran por tal, lo mismo comenta mi amigo Rivas Cherif, acerca de mi rechazo a ese tipo de manifestaciones,

Guardia:               Pero es verdad.

Federico:             Yo no hago alardes de nada.

Guardia.              Sin embargo no se puede negar. Lo dice también Buñuel, no lo hemos leído por ahí.

Federico:             Él me aborrece. Diría cualquier cosa para molestar.

Guardia:              Buñuel si defiende nuestras ideas, es uno de los nuestros.

Federico;             ¡Ya¡

Guardia:              ¿Es que miente? Buñuel te conoce muy bien.

Federico:             ¡Qué más da ¿Pero escucha, aunque lo fuera, vosotros vais a condenarme por eso? Podrá ser verdad esta barbarie, más propia de un régimen soviético?

Guardia:              Tal vez.

Federico;             Pero eso no es nada revolucionario, ni siquiera progresista, ¿verdad que no lo es?

Guardia:            ¡Que importa¡ Ser marica va contra la moral del pueblo¡

Federico:            ¿De qué pueblo? No será de esa gente que lee mis versos; ¿Del que llora con la muerte del Camborio?

Guardia:              No, claro, de esa sociedad del hombre nuevo; la que nos exige el artículo 52 de la gran patria rusa que persigue toda acción que mine los fines de la revolución.

Federico:              Ese artículo no es nuestro; no se contempla en la Constitución española. Es frío como la nieve de la estepa de la que viene, extraña y hostil.

Guardia:               ¿Y qué pasa¿? Ese es nuestro modelo. La gran revolución internacional no permite desvíos de ninguna clase. Tu homosexualidad nos perjudica. ¡Debe de desaparecer!

Ráfaga musical

NARRADOR.

El camino se les hacía muy cuesta arriba. En los rebordes la empinada carretera se dibujaban barrancos de sangre, y frío extraño en el mes de agosto andaluz, sudores de miedo entraban por la boca y los ojos de los guardias, mezcla oscura de cuerpos y fusiles, gestos hoscos y terribles asomaban a sus caras como en espera de un final que se me antojaba extremo, pero sobre todo sin conciencia.

Pausa

Guadia:                  Tú no compartes nuestras ideas.

Federico:               ¿Quién de verdad podría explicar eso? ¿El Comité? Las cuadrillas de milicianos? ¿O quizá algún enemigo interior mio o de mi familia con deudas de decenas de años?

Guardia:                 Los compañeros, nuestra gente, hombres y mujeres que luchan por nuestra causa.

Federico:                 El pueblo aplaudía mi Teatro de La Barraca. Yo lo he visto acercándose a los escenarios que      montábamos  en aldeas y ciudades de todo el país; con Doña Rosita, y con los Títeres

Guardia:                ¡Eso fue antes¡

Federico:                 Yo soy el mismo.

Guardia:                  No, eres un espía. Un emboscado.

Federico:                ¡Qué dices¡

Guardia:                 Ya lo sabes. Eso también lo contará Grahan  Green mucho tiempo después en uno de sus libros.

Federico:                 Pero eso es completamente falso. ¡Mentira¡

Guardia:                  ¡Ya veremos¡ Ahora mismo eres un enemigo; por eso conmigo.

Ráfaga musical

NARRADOR:   

El poeta se sentía abrumado por la idea perversa de una venganza ominosa. Pero otra vez se peguntaba. ¿Por qué a mí? ¿De qué manera un poeta podría ser excusa  para una muerte que se le antojaba, que se nos antoja, angustiosa y equivocada? Sin duda, pensamos nosotros desde estos años que como en Alberti, la paloma se equivocaba, ya que al fin y al cabo, ¿quién lo mataría? ¿Una gente amasada por el prejuicio anti burgués,  quizá todo se reducía a un esnobismo de propaganda inútil, o de escribir versos que quizá les traiga una memoria indeseada que les aturde y les desasosiega? ¡Quién sabe¡

Entonces solo se oía el chasquido de las armas.

Pausa

VOZ INVISIBLE

                             “Con el alma de charil

                                vienen por la carretera

                                jorobados y nocturnos

                                por donde animan ordenan

                                silencios de goma oscura

                                y miedos finos de arena”

Ráfaga musical

NARRADOR:

Es posible que esta sea una estampa estereotipada, y es posible también que en estos versos alguien quiera ver una razón oculta, que tuviera trágicos instintos pero a fuerza de ser sinceros, me parece que nunca hay razones para quitar la vida a nadie, y menos a un poeta. Claro que tampoco es un aval para ser diferente a los demás; es sólo que un poema se escribe siempre para el amor, o el desamor, que es otra forma de amar, y para la verdad, que es la estética, porque nada justifica a la muerte. La muerte evidencia siempre el fracaso del hombre.

Pausa

VOZ INVISIBLE

                          “Hoy siento en el corazón

                            un vago temblor de estrellas

                            pero mi senda se pierde

                            en el alma de la niebla,”

Ráfaga musical

NARRADOR;  

Está perdido entre los vericuetos de Viznar, oliendo en las entrañas de azahar triste de las mañanas, y acusa el cansancio del corazón por el canto sombrío que adivinaba en los que lo llevan. Arriba nada más veo aceros plateados que miran, que aprisionan sobre sus caras de tez ceniza, y noto miradas de culpas inexplicadas. Son voces erróneamente enemigas que habían llenado el camino de insultos, y por las cuestas de las montañas fusiles republicanos le golpean. Ha notado el rubor de la madrugada cuando las gorras de los milicianos, hacían chistes a sus versos y a sus sentimientos. ¿Y qué más da? ¿No era eso lo que Federico había presentido? Ahora en trágica pirueta otros muy distintos a lo que tal vez había previsto, están encadenando su angustia.

Pausa

Federico:             ¿Sois vosotros, de verdad, los que me despreciáis?

Guardia:               ¿Y quién crees tú que somos nosotros?

Federico:              Acaso los que me matareis.

Guardia:               Sí, tal vez.

Federico:              Qué vais a hacer- ¿No tenían que ser otros los que me asesinaran?

Guardia                ¡Que más da¡ Parece que no interesas a nadie.

Federico:              Sin embargo, pienso que este será el peor error que cometáis.

Guardia:               ¡Bueno¡  Estamos en guerra.

Federico:               Pero no deja de ser una terrible equivocación, quedaréis como unos auténticos desalmados; incultos desalmados.

Guardia:                Te digo que no importa, la revolución tiene esta obligación y no la vamos a esquivar por mucho que hables ahora.

Federico:               Esto será, aunque no lo digáis, una cruel tragedia, el mundo civilizado, la cultura os señalará para siempre.

Guardia;               Así es, y así será siempre, solo con el odio, y la desaparición de reaccionarios como tú, triunfaremos.

Ráfaga musical

NARRADOR

Sería igual quien levantara el puñal o disparara la bala. Pero a él cabe la sonrisa de que muera sin argumentos para nadie. No importa quien hable ahora o después, o en los años que jamás conocerá aunque alguien polemice su andar por las cuestas de Viznar hacia el barranco desconocido. ¿Qué odios habrían deseado que muera? Unos u otros. ¡No importa¡ No obstante en aquella madrugada extraña, hasta quienes lo llevaban se sienten extraños. ¿Fueron sus amigos los aprehensores? ¿Quienes fueron? ¿Como será la historia que se cuente sobre este drama que vivimos?

Pausa             

VOZ INVISIBLE

                             “¡Árboles¡

                               ( que es como decir amigos)

                                ¿Habéis sido flechas

                                caídas del azul?

                                ¿Qué terribles guerreros os lanzaron?

                                ¿han sido las estrellas?”

Ráfaga musical

NARRADOR: Y después de todo, ¿no es lo mismo? Han sonado descargas mortales y cinco rosas, tal vez más, han aparecido sobre el pecho con camisa blanca que llevaba recién puesta como último testimonio de su compromiso neutral y de convivencia. Más tarde, por las colinas de la sierra ventearon sus versos y por las calles y plazas de muchos pueblos recutaron las mujeres yermas, las Rositas pudorosas, los títeres cálidos e ingenuos, que se perdían por las cumbres de nieves blancas en dirección a la eternidad.

Pausa

VOZ INVISIBLE

                           “El segador siega el trigo

                            (desde mi balcón lo siento),

                            si muero dejad el balcón abierto”.

Ráfaga musical que se mantiene.

Van apagándose las luces a la vez que se extingue la música.

elmunicipio

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4 Comentarios

  1. Magistral y bellísimo el drama escrito por este paisano de nuestra Granada-tierra amable, encantadora y puñetera donde las haya-y camarada de la vieja Falange auténtica.
    El asesinato de García Lorca, otro más, quedó impune. Acaso “el Panaero”, Benavides o Cano, los de la escuadra negra pagaran más adelante sus fechorías. Otros no. La España oscura y miserable asesinó a Federico al tiempo que blandía sacrílegamente al Cristo misericordioso y fraterno y a la Patria de todos. El odio, el miedo, la intransigencia, la injusticia de siglos, la mentira…destrozaron a España y martirizaron a tantos españoles.
    Y Federico pudo haber caído en el otro lado. La historia que se nos narra en este drama en un único acto podría haber sido una historia real. ¿No arrojaron los rojos a Joaquín Amigo (el amigo entrañable del poeta) por el Tajo de Ronda? ¿No asesinaron al telonero de La Barraca y pintor genial, Alfonso Ponce de León en la checa de Bellas Artes? ¿No mataron a Muñoz Seca en Paracuellos?….Los verdugos, éstos, se decían vindicadores del pueblo, de la justicia, de la libertad-otras blasfemias, otros sacrilegios-.
    Federico, como tan finamente nos lo muestra Jesús Cotta en su libro Rosas de Plomo, al igual que José Antonio no encajaban en los estereotipos de ninguno de los dos bandos. Cualquiera de ellos podría haber acabado con su vida. Quisieron tender un puente entre las dos Españas y en las guerras los puentes se revientan . ¡Salud camarada! y ¡Arriba el hombre, la persona, España…la Humanidad!

  2. Eduardo, sabes que he leído varias veces tu “Federico al revés”, sabes que me parece una pieza literaria llena de sensibilidad, digna de un poeta como tú, de un falangista comprometido con la justicia como tú; como los falangistas de Granada y sus gentes sentís la salida del sol desde la Alhambra amando la verdad de la luz de las mañanas. Tantos Federicos sufrieron la sin razón del lado contrario. Tantos españoles con almas inocentes como la de Federico cayeron, como la de José Antonio, víctimas de la ceguera execrable que los odios hermanos habían alimentado. Del revés se tiño España de Sangre, al revés nos cuentan las historias de la guerra, sobre todo los que aun siguen en ella. Como deseo alguna veces que hubiese sido mentira y no hubiese existido, y haber podido ver entre otros muchos a Federico, a José Antonio, a Muñoz Seca a Maeztu envejecer libremente en una España orgullosa de su destino, de trabajadores colmados de pan, de horizontes claros y de atardeceres en paz.
    Deseo Eduardo, que vivas muchos años y que puedas ver tu “Federico al revés” representado por jóvenes que plenos de libertad construyen a España en Unidad y entendimiento. Patria para todos, todos cabemos en la empresa de España, de todos la VICTORIA para que no sea para ningún español la derrota.

  3. Querido Eduardo, ¡ya te vale!… Tantas veces me has hablado de esta obra y he tenido que conocerle por su publicación en El Municipio y eso que tú fuiste el primero en leer el manuscrito de mi novela “Con la consagración de la primavera” (incluso de aportar tu crítica que fue aceptada y debidamente incluida). Esto no lo pagas ni convidándome a las mejores tapas de pulpo que hace Antonio en el Bar El Triunfo de Cieza. Entrando en materia te diré que, una vez más, me has sorprendido. Es una obra de teatro y es, al mismo tiempo, pura poesía pues, como decía el ya desaparecido Darío Cervera “la poesía es lo otro”. Se trata de una obra hermosa y sencilla, fácil de representar, con calado profundo, capaz de llegar a lo más profundo de la sensibilidad del espectador. Habría que moverse ya (lo digo y me lo digo a mí también) para que alguien se anime a representarla. Dominas, como nadie, esa técnica de volver la historia del revés. Lo hiciste hace ya muchos años con “Canto a un hombre español” y con “Libre” (para mí, sin duda, la mejor de tus novelas y acaso la menos conocida). Por eso de nuevo me surge una petición que te he hecho en infinidad de ocasiones: sé que es complicado pero, ¿por qué no conviertes tu novela “Proceso a un hombre muerto” en una obra de teatro. Sin tantas citas y sin tantas referencias como contiene la novela. Pensando en el espectador que no asiste leído de casa al teatro. Una obra así de sencilla como esta de “Federico al revés”. Sencilla y, al mismo tiempo, sublime.

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