Manuel Azaña y el proceso de José Antonio en Alicante

Manuel Azaña y el proceso de José Antonio en Alicante

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Manuel-Azaña

Se comentan los «Apuntes» (no los Diarios) de Manuel Azaña relativos al proceso de José Antonio Primo de Rivera en Alicante, que demuestran que el bombardeo que sufrió la ciudad levantina, el dia 5 de noviembre de 1936, determinó la suerte del líder falangista.

Introducción

En 1990, en la editorial Pre-Textos, Enrique de Rivas Ibáñez edito, comentó y anotó los Apuntes de Memorias y Cartas de Manuel Azaña. Se trata de unos textos manuscritos del que fuera presidente de la República Española durante la Guerra Civil. Estos apuntes –que no notas, como señala el propio autor– contienen una información valuosa sobre aspectos de la Guerra Civil. En este trabajo me limito a recoger aquéllos que se refieren al proceso y fusilamiento de José Antonio Primo de Rivera en Alicante. Como la información que nos dan es, en general, desconocida, me ha parecido interesante reproducir y anotar estos textos.

En las Memorias políticas y de guerra de Manuel Azaña hay dos huecos hasta ahora inexplicables, según Enrique de Rivas. El primero, que es el que aquí nos interesa, abarca desde el 20 de febrero de 1936 hasta los sucesos de principios de mayo de 1937 en Barcelona. Es por eso que estos apuntes adquieren una especial importancia para todos los que estamos interesados en sacar a la luz todo lo relativo al proceso del fundador de Falange. En relación a estos fragmentos o bocetos caben dos posibilidades: una, que jamás fuesen desarrollados, lo cual nos impedirá conocer los «antecedentes» del proceso y, posterior, fusilamiento de Primo de Rivera. Otra, es que el texto definitivo se halle «extraviado».{1} Según el editor y anotador de los textos (pág. 12):

«La pérdida de algunos de sus papeles aún antes de salir de España en 1939, atestiguada por él mismo en una carta de 1940 a Juan José Domenchina, y el secuestro de casi todo su archivo el 10 de julio de 1940 a manos de la policía franquista y de la Gestapo alemana, inducen a pensar que los Apuntes de memoria no están completos. Quizá por esta razón la editorial Oasis de México, al publicar las llamadas Obras Completas de Azaña, no quiso incluirlos en ellas, por considerarlos un borrador fragmentario sin elaborar. Pero tampoco se puede descartar la posibilidad de que su exclusión de aquella edición no fuera debida a motivos de índole particular o intereses de algún grupo político, ya que la publicación de las Memorias de Azaña suscitó en su momento, en algunos círculos de españoles desterrados en México, una callada pero eficaz oposición».{2}

Hay que mencionar también que todo lo relativo al sumario de José Antonio permanece todavía sumido en las tinieblas. Así, no sé de nadie que haya visto el sumario: no está en el Archivo de la Guerra Civil de Salamanca ni tampoco aparece en el Archivo General de la Administración de Alcalá de Henares. Ningún autor de los que han escrito sobre el proceso (Carlos Rojas, Ian Gibson, Julio Gil Pecharromán, César Vidal, Stanley Payne, Fernando Díaz Plaja, José Barrionuevo…) han trabajado con el sumario original. Tampoco lo han visto los falangistas Agustín del Río Cisneros y Enrique Pavón Pereyra que publicaron, en 1963, Los procesos de José Antonio. Todos ellos se basan en el libro de Francisco Bravo José Antonio ante la justicia roja (1941){3}, que recoge el sumario instruido contra José Antonio. Pero Bravo, que tampoco ha consultado el original, da pocos detalles y se limita a decir que: «Una feliz casualidad permitió que a las manos del autor, cronista de la Falange y biógrafo de José Antonio, llegase una copia de las actuaciones del sumario». Ahora bien, y esto es importante, Bravo no transcribe íntegramente el sumario, sino que hay lagunas considerables y elimina sistemáticamente cualquier referencia al nombre del primer fiscal designado para el caso: Juan Serna Navarro.{4}

El juicio de Alicante fue siempre un tema espinoso para el régimen franquista. José María Mancisidor no pudo publicar el texto taquigráfico del juicio oral hasta el año 1963, después de vencer las trabas de la Secretaria General del Movimiento y del Ministerio de Información y Turismo, y en una editorial secundaria y poco conocida. Pero, no pudo evitar que el texto sufriese mutilaciones. Así, por ejemplo, se suprimió del escrito de conclusiones definitivas, que formuló la defensa, esta frase: «que José Antonio Primo de Rivera se ofreció al Gobierno de la República, en la persona del Sr. Subsecretario de Agricultura Sr. Martín Echevarría, para gestionar la deposición de su actitud por parte de los rebeldes y disminuir así los efectos de la rebelión».{5} Según José María García de Tuñón Aza, «Sobre el juicio se publicó hace años una edición clandestina de la transcripción de su texto que difiere a lo publicado por Mancisidor. Esa edición, que no hemos localizado, parece haber sido leída por muchas personas que así lo han testimoniado».{6} Federico Enjuto Ferrán, juez instructor del sumario, el 25 de agosto de 1938 escribe una carta al Presidente del Consejo de Ministros, Juan Negrín, dándole cuenta del interés que tienen los agentes de Franco en obtener las Memorias que piensa escribir sobre el proceso.{7} No dejar de ser sorprendente, también, que los papeles que dejo José Antonio en Alicante, recogidos por Indalecio Prieto, y entregados a su sobrino y heredero Miguel Primo de Rivera, en 1977, no fuesen publicados hasta casi veinte años después, en 1996, obedeciendo a altas instancias. Pero eso no es todo, resulta que Miguel Primo de Rivera, el hermano que compartió prisión con José Antonio, escribió unas memorias de su estancia en la cárcel que, curiosamente, se interrumpen el 21 de julio de 1936.{8}

Apuntes de Azaña

Conversación con Just{9} acerca del destino de P.[rimo] de Rivera – Con Funes,{10} para que alargue el proceso – Cuando le telefoneo para lo del salvamento de P.[rimo] de Rivera, me cuenta que acaba de enterarse de los 52 fusilamientos de Alicante{11} – Lo de Murcia{12} [Texto 1, líneas 127-132].

Reaparición del proceso de P.[rimo] de R.[ivera] Antecedentes – Motivos de mi repugnancia – Lo ha fusilado Alicante, después del bombardeo – Gestiones del Gobernador: nadie se atrevió a tomar la responsabilidad{13} – Terribles represalias{14} – Idea errónea de Esplá{15} de lo que es la función del Gob[ier]no. en materia de indulto: cree que es una revisión – La Bibesco{16} – Carta de M.[iguel] P.[rimo] de R.[ivera]{17} [Texto 2, líneas 197-203].

[Irujo]{18} Se entrevistaba con Torrobia,{19} delegado de Burgos – Lo que le dijo de mí, sobre P.[rimo] de Riv.[era] – Le digo a Largo{20} lo que hace Irujo – Reprimenda de Largo – Dimisión de Irujo consultada a Bilbao – (Texto 3, líneas 195-198].

Le cuento [a Ossorio]{21} mi intervención a favor de P.[rimo] de R.[ivera] – «Quizas ha sido una pifia» – No comprendo su transformación [Texto 7, líneas 186-188].

Comentario

Estos apuntes manuscritos de Manuel Azaña acreditan los siguientes extremos:

1) Que el presidente Azaña y los ministros Just y Ruiz-Funes, todos ellos de Izquierda Republicana, no deseaban la muerte del líder falangista. Es más, Azaña se refiere a la repugnancia que le produjo el fusilamiento.

2) Que es cierta la afirmación de Ximénez de Sandoval en lo referente a las gestiones de la princesa Bibesco.

3) Que el presidente recibió la carta que le dirigió Miguel Primo de Rivera solicitando el indulto para su hermano.

4) Pero lo más importante de estos apuntes es la aseveración de que a José Antonio « Lo ha fusilado Alicante, después del bombardeo».{22} En mis anteriores trabajos sobre el proceso de Alicante, he manifestado que en mi opinión fueron dos las circunstancias que determinaron la condena muerte del líder falangista: una, el nombramiento del anarquista Juan García Oliver como ministro de Justicia, en sustitución del republicano Manuel Ruiz-Funes,{23} y la otra –mucho más decisiva que la primera– el bombardeo que tuvo lugar, en la madrugada del día 5 de noviembre, sobre el puerto de Alicante, que ocasionó dos muertos y un herido.{24} Como consecuencia de dicho ataque aéreo, la Comisión de Justicia de Alicante cursó un telegrama al subsecretario de Justicia solicitando urgentemente, «dada situación de ánimos consecuencia bombardeo», el nombramiento de Vidal Gil Tirado{25} como fiscal especial en la causa instruida por Federico Enjuto Ferrán. Al principio de la Guerra Civil, los bombardeos marítimos y aéreos, por pequeños que fueran, provocaban tal pánico entre la población que daban lugar a represalias en las dos zonas contra los presos políticos. Este bombardeo, además, tuvo un efecto añadido al creer la población de Alicante que se había roto un pacto tácito: que la ciudad no sería bombardeada mientras José Antonio viviese.{26} En la noche de ese día 5, hay que situar el motín que hubo en la cárcel para linchar al fundador de la Falange. Para evitarlo Federico Enjuto, juez instructor del sumario, durmió en unas colchonetas al pie de la celda acompañado por sus dos hijos mayores, Carmen y Jorge.{27}

El bombardeo de Alicante fue ejecutado por la escuadrilla italiana que operaba desde Mallorca. Ahora bien, ignoramos quién dio la orden. Pues, si por una parte la Aviación Legionaria dependía teóricamente de Franco, en la práctica actuaba con absoluta autonomía. Pero, suponiendo que los italianos actuasen por su cuenta, cómo se explica que nadie les hubiese advertido que, sobre todo en aquellas fechas, no se podía atacar aquella ciudad levantina. Máxime si tenemos en cuenta que el 20 de octubre ya habían intentado bombardearla, según informó el cónsul inglés.{28}

No quiero acabar estos comentarios sin hacer referencia al artículo que escribió Enrique de Aguinaga titulado «José Antonio y Azaña» (ABC, 6-6-1996):

«Del infructuoso desvelo de Azaña por salvar a José Antonio hay un indicio confirmado por el doctor Francisco Vega Díaz (Sevilla, 1907-Madrid, 1995) que, según sus propias palabras, no quiso «llevarse al otro mundo» el secreto guardado escrupulosamente durante cincuenta y cinco años: el mensaje que, en noviembre de 1936, entregó personalmente a José Antonio en la cárcel de Alicante.

Con precisiones minuciosas, el doctor Vega relata en «Ultimidades» cómo, envuelto en extremadas precauciones y complicadas instrucciones, Amós Salvador, «antiguo y gran amigo de Azaña»,{29} le encomendó «un sobre privadísimo», sin señas, que habría de entregar en mano a una persona hasta la que llegaría siguiendo una misteriosa cadena de enlaces prevenidos.

Finalmente, a solas con él, en una dependencia de la cárcel de Alicante, el doctor Vega reconoció al destinatario del mensaje: José Antonio Primo de Rivera. Como saludo, en un diálogo escueto, uno y otro recordaron sus encuentros distantes del Café Lión, en las tertulias de «La Ballena Alegre». En seguida le entregó el sobre.

José Antonio abrió el sobre y extrajo un papel, manuscrito. Lo leyó y releyó. Sólo hizo un comentario: «No podía esperar menos de él. Lo agradezco con toda el alma».{30} Luego añadió: «Cumplo con el compromiso, aunque me gustaría conservar este papel». El propio José Antonio saco de su bolsillo una caja de cerillas, encendió una y el doctor Vega deshizo la ceniza con los dedos. Antes de ser reintegrado a su celda, José Antonio se despidió del mensajero con un apretón de manos y con estas palabras: «¿Volveremos a vernos en «La Ballena Alegre»? Pienso que no…»

Después, con la misma acumulación de precisiones, Vega relata cómo dio cuenta del cumplimiento de su misión, cómo quedó comprometido a no comentarla y cómo, años después, asistiendo de un gran infarto de miocardio a Amós Salvador, que falleció en 1963, éste le reveló que el mensaje entregado a José Antonio provenía de Azaña.»

Notas

{1} A finales de diciembre de 1996, la hija del general Franco, Carmen, hizo entrega al Estado español de tres cuadernos de diarios de Azaña, que le habían sido sustraídos a su cuñado, Cipriano Rivas Cherif, que los custodiaba en el consulado general de España en ginebra. Estos tres diarios abarcan el período comprendido entre el 22 de julio de 1932 a 26 de agosto de 1933.

{2} Enrique de Rivas, Comentarios y notas a «Apuntes de Memoria» de Manuel Azaña, p. 12.

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{3} Esta obra, como todos los libros falangistas de primera hora, con la excepción de la biografía apasionada, que escribiera en 1941 F. Ximénez de Sandoval, y puede que alguno más, no ha sido jamás reeditada. Todo ello resulta, como mínimo, sospechoso.

{4} La última referencia oficial al sumario la tenemos en el escrito que el ministro de Justicia, en fecha 31 de mayo de 1937, ante la conmoción interna e internacional por el fusilamiento de José Antonio, dirigió a Francisco Javier Elola solicitando «se sirva remitir a este Ministerio el sumario que como Juez Especial de los delitos de rebelión y sedición ha instruido contra el inculpado José Antonio Primo de Rivera, posteriormente sentenciado por el Tribunal Popular de Alicante». Elola era presidente de Sala del Tribunal Supremo, comisionado para instruir el expediente general sobre el movimiento de rebelión militar, con extensión en todo el territorio nacional.

{5} El escrito de conclusiones definitivas no se publicó íntegramente hasta el año 1992, en el tomo I de los Documentos Inéditos para la Historia del Generalísimo Franco, editado por la Fundación Nacional Francisco Franco. Al parecer, el Generalísimo tenía la costumbre de custodiar documentos que no le pertenecían.

{6} Cf. «José Antonio y la República», Oviedo: Ediciones Tarfe, 1996, 2ª edición, p. 162.

{7} La carta se halla parcialmente reproducida en mi trabajo «Federico Enjuto Ferrán. Instructor del sumario de José Antonio en Alicante» (Altar Mayor, nº 94, julio-agosto 2004, p.909-926).

{8} Estas memorias inconclusas están reproducidas en Papeles póstumos de José Antonio, Madrid 1996, p. 211-234. Según nos indica la portada del libro, se trata de «los escritos que recogió Indalecio Prieto y que el general Franco intentó conseguir, infructuosamente, desde que tuvo conocimiento de su existencia hasta el fin de sus días».

{9} Julio Just Jimeno (¿?- 1976), de Izquierda Republicana, fue nombrado ministro de Obras Públicas el 15 de septiembre de 1936. La conversación debió tener lugar con motivo de la toma de posesión del cargo de Just.

{10} Mariano Ruiz-Funes (1889-1953), prestigioso penalista, de Izquierda Republicana, era a la sazón ministro de Justicia y abandonó el Gobierno, por decisión propia, con motivo de la remodelación del 4 de noviembre de 1936. Ruiz-Funez manifestó a Juan Serna, fiscal designado para intervenir en proceso de José Antonio, que convenía ir despacio en la tramitación del sumario, aunque para ello hubiese que infringir la normativa. Lo mismo le comunico Indalecio Prieto, a la sazón ministro de Marina, a Federico Enjuto Ferrán, juez instructor del sumario incoado a José Antonio. Ruiz-Funes figuraba, como ministro de Agricultura, en el gobierno de reconciliación nacional que propuso Primo de Rivera a principios de agosto de 1936. Véanse mis trabajos: «Juan Serna y el proceso de José Antonio en Alicante» Altar Mayor, nº 91 (febrero-abril 2004), p. 506-551, y «El proceso de José Antonio en Alicante. Cronología», Altar Mayor, nº 96 (noviembre-diciembre 2004), p. 1191-1201.

{11} Se trata de los falangistas de la provincia de Alicante que, el 19 de julio de 1936, quisieron sumarse al golpe de Estado. Después de un juicio, fueron ejecutados el 12 de septiembre de 1936. El Tribunal estaba presidido por Vidal Gil tirado.

{12} El 13 de septiembre de 1936 las milicias asaltaron la cárcel y asesinaron a los detenidos.

{13} Puede que aluda al comunicado que Francisco Valdés Casas, gobernador civil de Alicante (22 de febrero de 1936 a 13 de julio de 1937), dirigió, quizás siguiendo instrucciones del Gobierno, a los partidos políticos y organizaciones sindicales de la provincia con el fin de evitar la ejecución. Este comunicado contenía un cuestionario dónde, entre otras cosas, inquiría: «¿Interesa la ejecución inmediata de la pena, ya que existe anunciado oficialmente, el ataque aéreo desde Baleares a esta provincia –cuyas pruebas están a disposición de los partidos en el Gobierno Civil–, o interesa el aplazamiento de dicha pena hasta el momento oportuno o conmutación a cadena perpetua?» Este comunicado no obtuvo ninguna respuesta. También es posible, y a ello puede que se refiera Azaña, que el gobernador, que mantenía contactos con los alemanes para un posible canje del preso, apelara al Gabinete para que no se ejecutase la pena de muerte. Según Garcia Oliver, cuando se dio cuenta en el Consejo de Ministros de la sentencia del Tribunal de Alicante, se produjo un «silencio de plomo»; Cf. El eco de los pasos (París: 1978), p. 342-343.

{14} Seguramente, se refiere al segundo bombardeo efectuado en Alicante, durante la noche del 28 de noviembre de 1936, con el resultado de tres muertos y veintiséis heridos. En represalia, las masas asaltaron la Cárcel Provincial y fusilaron, en las tapias del cementerio, a 53 presos.

{15} Carlos Esplá Rizo (1895-1971), de Izquierda Republicana, fue nombrado ministro de Propaganda, en la remodelación del 4 de noviembre de 1936. Es posible que Esplá, que era alicantino, pensase que el indulto significase desautorizar al Tribunal de Alicante.

{16} Elizabeth Asquith (1897-1945), esta escritora era hija del Primer Ministro inglés Herbert Asquith y esposa del príncipe Antoine Bibesco, embajador de Rumania en Madrid (1927-1933). La princesa, según F. Ximénez de Sandoval, «habló personalmente por teléfono desde Londres con Manuel Azaña, con quien tenía también amistad, según relata éste en sus Memorias famosas. Azaña, desde Barcelona, respondió a la Princesa que sentía muchísimo la situación de José Antonio Primo de Rivera, por quien no podía interceder, «pues él era también prisionero»»; Cf. José Antonio. Biografía apasionada (Madrid, 8ª edición, 1980), p. 549. En sus Diarios, en la anotación correspondiente al 22 de abril de 1933, escribe Azaña: «Anoche, en la embajada de México, la Bibesco tuvo la ocurrencia de proponerme que me presentaría al hijo de Primo de Rivera». Entre las pertenencias y papeles personales que dejó José Antonio en Alicante, recogidos por Indalecio prieto, había un telegrama firmado Elisabeth: «Je pense a toi. Love.» (París, 29 de febrero de 1936). ¿Se trata de la princesa Bibesco?

{17} Se refiere sin duda a la carta que Miguel Primo de Rivera dirigió, el 19 de noviembre de 1936, al Presidente de la República, solicitando el indulto de su hermano. Escribe Miguel: «Yo estoy seguro que V.E. en su claro juicio, tiene bien señalados y conceptuados a los hombres públicos de España, y también lo estoy de que entre los pocos a quienes reconoce un espíritu abierto y tolerante, tan necesario en estos momentos, concede un puesto a mi hermano José Antonio». El editor de los Papeles póstumos de José Antonio, su sobrino Miguel Primo de Rivera, anota que el hecho de que la carta «se conservara entre sus papeles hace pensar que no fue tramitada». La explicación más plausible es que la carta que guardaba Miguel era una copia, si bien hay que reconocer que entre los papeles inéditos de Azaña no ha aparecido el original. De todas formas, como dice Enrique Rivas, «El inventario hecho por la Dirección General de Seguridad en 1940 incluye documentos (principalmente cartas) que no han sido hallados. También se tiene conocimiento de que algunos documentos están en manos de personas o instituciones que no han podido ser identificadas».

{18} Manuel de Irujo y Ollo (1891-1981), del Partido Nacionalista Vasco, era ministro sin cartera y, según Julio Jáuregui, votó a favor del indulto de José Antonio («Irujo y José Antonio», Diario 16, 27-08-1980).

{19} No he podido localizar este personaje. Es sabido que en Burgos se ubicaba la Junta Técnica, en funciones de gobierno de la zona «nacional».

{20} Francisco Largo Caballero (1869-1946), dirigente socialista, como Presidente del Gobierno firmó el enterado del Consejo de Ministros, lo que equivalía a la denegación del indulto. Largo no quiso asumir su responsabilidad y, años después, mentirá: «Estábamos en sesión con el expediente sobre la mesa, cuando se recibió un telegrama comunicando haber sido fusilado Primo de Rivera en Alicante. El Consejo no quiso tratar de una cosa ya ejecutada y yo me negué a firmar el enterado» Cf. Mis recuerdos (México: 1954).

{21} Ángel Ossorio y Gallardo (1873-1946), antiguo maurista, había sido ministro de Fomento (1919) y, durante la Dictadura, fue nombrado consejero de Estado (1928), a pesar de la dura oposición que había mostrado al General Primo de Rivera. Curiosamente, en sus Memorias (1945) no menciona este nombramiento. En el período republicano, fue diputado y presidió la Comisión Jurídica Asesora (1931), ya durante la guerra civil, fue embajador en Bélgica, Francia y Argentina. Azaña, en sus Memorias políticas y de guerra, anota [el 17 de junio, 1937]: «Cuando Ossorio supo, porque yo se lo conté, mi intervención personal para librar a José Antonio del asesinato que iban a perpetrar algunos fanáticos de Alicante, se quedó callado. «¡Cómo! ¿Le parece que he hecho mal? ¿Me he excedido?», «No sé, no sé…», «¿Resultará que ha sido una pifia». «Por qué no…?»» Ossorio nunca perdonó al dirigente falangista que mantuviera una actitud crítica a su gestión como decano del Colegio de Abogados de Madrid. Sobre la intervención de Azaña, que evitó que José Antonio y su hermano Miguel fuesen paseados, a principios de agosto de 1936, puede consultarse el documento que obra en el Archivo Carlos Esplá y que reproduje, como anexo b), en mi trabajo «Federico Enjuto Ferrán…», op. cit.

{22} Es obvio que Azaña, cuando se refiere a que «lo ha matado Alicante», no culpa a todos los habitantes de la ciudad. Como escribió, en 1961, el que fuera alcalde republicano de Alicante, hasta dos meses antes del fusilamiento de Primo, Lorenzo Carbonell Santacruz: «La triste y lamentable guerra civil del 36 al 39, en la que todos los españoles expansionaron su locura, proporcionó a Alicante la gran desgracia de que en ella se fusilara al gran joven J. Antonio Primo de Rivera. No lo mataron los alicantinos ni Alicante; fue la circunstancia de la lucha, ajena a la voluntad de Alicante y de los alicantinos» (carta al Director de la Misión de Operaciones de los Estados Unidos en España, reproducida por Vicente Ramos en su libro Lorenzo Carbonell, Alcalde popular de Alicante, p. 250-251).

{23} Según T. López Zafra, secretario del Juzgado Especial que instruía el sumario, García Oliver, que iba acompañado del subsecretario Sánchez Roca, dijo a Federico Enjuto y a Vidal Gil que José Antonio debía ser condenado a muerte; Cf. declaración prestada por López Zafra en la Causa General. La entrevista de la Comisión con el ministro, en Valencia, debió tener lugar en la noche del sábado siete de noviembre. Según Sánchez Recio, la designación de García Oliver como ministro de justicia fue el factor determinante para que en la administración de justicia se impusiera la «normalidad revolucionaria»; Cf. Justicia y guerra en España. Los tribunales populares (1936-1939), p. 14. En realidad, García Oliver no tenía ningún interés especial en desear la muerte del dirigente falangista. Lo que ocurría era que el Gobierno carecía de toda autoridad sobre los comités de milicianos de la ciudad levantina. Así, según Sánchez Roca, el Gobierno «quería evitar, a toda costa, conflictos con los partidos locales, ya que los problemas de los frentes exigían toda su atención»; así lo cuenta José Rodríguez Olazábal, presidente de la Audiencia Territorial de Valencia durante la guerra, en su libro La Administración de Justicia en la Guerra Civil (Valencia, 2ª edición, 1996), p. 78. La situación se le complicaba al ministro por dos circunstancias: una, la difícil situación militar de Madrid, y, la otra, que precisamente los que mandaban en Alicante eran los anarquistas.

{24} Según Vicente Ramos, el ataque aéreo fue protagonizados por tres aviones: dos de protección y un bombardero, que, a muy baja altura, arrojó diez bombas. Durante el bombardeo, los buques alemanes e italianos, surtos en el puerto, mantuvieron su alumbrado. «A raíz de este primer bombardeo, muchísimos vecinos practicaron el éxodo nocturno a las casas de la huerta y lugares cercanos comenzando así a tener realidad lo que, no mucho más tarde, se denominó la «Columna del Miedo»»; Cf. La Guerra Civil (1936-1939) en la provincia de Alicante (Alicante 1974), tomo I, p. 139-142. Alan Hillgarth, vicecónsul británico en Palma (Mallorca), en el Memorándum Nº 17 on the situation in Majorca, fechado el 13 de noviembre de 1936, hace constar que «la noche del 4 al 5 de noviembre hubo una incursión aérea sobre Alicante, llevada a cabo por seis bombarderos desde Son Sant Joan. Los seis regresaron»; debo la información al monje e historiador Josep Massot i Muntaner, véase su libro El cónsul Alan Hillgarth i les Illes Balears (1936-1939) (Barcelona 1995), p. 98.

{25} Vidal Gil Tirado, a quien los nacionales le habían fusilado un hijo en Badajoz, ya había demostrado su dureza como Presidente del Tribunal Popular de Alicante. Gil substituyó a Juan Serna Navarro, éste era un hombre de gran entereza y de grandes conocimientos jurídicos, que, de acuerdo con Ruiz-Funes, pensaba pedir una pena de pocos años de cárcel para el procesado. Pocos días después del fusilamiento de Primo de Rivera, el Gobierno, a propuesta de García Oliver, recompensó a Gil y a Enjuto nombrándoles magistrados del Tribunal Supremo. Gil sería, seis meses después, el primer presidente del Tribunal Central de Espionaje, Alta Traición y Derrotismo, nombrado por Manuel de Irujo. Juan Serna, después de la guerra, sería condenado a doce años de reclusión mayor.

{26} El que fuera director de El Socialista, y ministro de Gobernación durante la guerra, Julián Zugazagoitia, escribe: «En Alicante habían pasado de los furiosos arrebatos colectivos en que se pedía la inmediata ejecución del caudillo falangista, a la convicción de que en tanto viviera la ciudad no sería bombardeada»; Cf. Guerra y Vicisitudes de los Españoles (edición de 1978), tomo I, p. 259.

{27} Jorge Enjuto, ya fallecido, fue secretario general del Partido Socialista Popular, cargo que desempeñó hasta la fusión con el Partido Socialista Obrero Español. Dirigió la Fundación Pablo Iglesias y ocupó la Cátedra de Filosofía de la Universidad de Alcalá de Henares.

{28} En el Memorando nº 14, de 25 de octubre, daba cuenta de que, el 20 de octubre, tres bombarderos Breda, con una autonomía de siete horas de vuelo, habían atacado Alicante. En el Memorando Nº 15, de 30 de octubre, rectifica y dice que debería haber dicho que: «El 20 de octubre tres bombarderos fueron en dirección oeste con un cargamento completo de bombas y regresaron cuatro horas y media después sin las bombas. Afirmaron que habían bombardeado Alicante» [la cursiva es mía]; Cf. El cònsol Alan…, op. cit., p. 81-82 y 88, Obviamente, los italianos se apuntaron un tanto que no realizaron.

{29} Amós Salvador Carreras (1879-1963) firmó en nombre de Izquierda Republicana el programa del Frente Popular y fue ministro de Gobernación en la primavera de 1936.

{30} A diferencia de las derechas que lo motejaban de «monstruo», Primo de Rivera sentía sincera admiración por el líder republicano. Así, Alejandro Salazar, jefe del SEU, en relación a la reunión de la Junta Política de FE del 20 febrero de 1936, anota en su Diario: «José Antonio está desconocido. Nos ha expuesto su fe ciega en Azaña. Cree que ha de conseguir una labor de revolución nacional».

Información de Jeroni M. Mas Rigo en El Catoblepas.

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