Tres breves argumentos antifascistas en José Antonio Primo de Rivera

Tres breves argumentos antifascistas en José Antonio Primo de Rivera

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Tres breves argumentos antifascistas en José Antonio Primo de Rivera

Por Eduardo López Pascual para elmunicipio.es

No suelo entrar en Wikipedia entre otras razones porque no creo en su objetividad a la hora de informar sobre determinadas cuestiones y personas, y eso ocurre  con la figura política de José Antonio Primo De Rivera, al que califica sin más, como un Fascista fundador de un partido fascista. No sé cómo podríamos desmentir esa definición que se da y nos da este servidor internauta, plena de prejuicio y mala fe, conociendo como se conoce la negativa expresa en multitud de escritos y declaraciones del líder falangista, desde el inicio de su movimiento político. Sería quizá conveniente que por nuestros representantes azules, alguien comunicara a esa empresa, nuestra indignación e incluso la posibilidad de presentar alguna demanda o querella.

No obstante y para tranquilizar a los interesados en tener una información precisa de las razones por las cuales, manifestamos nuestra absoluta discrepancia en esa opinión plena de prejuicios, si no de mala fe, conociendo como se conoce la negación del líder falangista expresa en infinidad de declaraciones y escritos, de no tener ninguna relación con la filosofía de los fascismos, creo que será oportuno el dar aquí, aunque parezca reiterativo, tres argumentos que invalidan definitivamente esa acusación absurda y completamente falsa.

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Así vemos, de una manera breve y concisa,  como  en primer lugar el fascismo, sea italiano o alemán, basa su doctrina en una concepción pagana de la existencia, apoyada en elucubraciones esotéricas, sobre una cultura anterior germánica de runas y dioses, o del ateísmos imperante en la idea mussoliniana, y que por un lado el lugarteniente de Hitler, el criminal Himler llevaría hasta el esperpento, o que de otro, filósofos como el mismo Nietzsche, autor de la tristemente famosa obra “Genealogía de la moral”, que sustituye los valores del Bien y del mal; el mismo autor que escribiría que el Cristianismo habría debilitado al hombre, siendo así su mayor enemigo. Esta posición doctrinal y política no podría ser admitida por el sentido cristiano y católico convencido de José Antonio Primo de Rivera, defensor del hombre portador de valores eternos. José Antonio, una persona que invocaría frecuentemente a Dios, y que en su último día de vida no deja de encomendarse a la divinidad, le sería completamente imposible el aceptar a quien de forma tan grosera y violenta imponía una política de ese estilo.

Otro argumento, pienso que irrefutable, para diferenciar y negar cualquier similitud entre los fascismos y el nacional sindicalismo de José Antonio y la Falange, reside en el hecho concreto de su idea económica, que en Alemania consiste en el mantenimiento de las condiciones capitalistas-apropiación de las plus valías-, aunque vigiladas por el Estado para sus propios intereses de producción o de necesidades bélicas. Del el mismo modo resulta su distancia del fascismo italiano, que propugnaban el mismo sistema capitalista, al que llamaron corporativo- poniendo entre obreros y patronos un intermediario estatal, con lo que las relaciones de trabajo permanecían todavía peor. En tanto que el nacional sindicalismo, basado antes que nada en la persona, aspiraba y aspira a un cambio radical en las relaciones de trabajo, pasando así el obrero, empleado, de alquilar su fuerza e inteligencia por un salario, a ser propietario comunitario de la empresa, taller o fábrica por lo que los beneficios totales, las plusvalía, fueran a sus manos directa y solidariamente. Nada hay de igualdad entre unos y otros sistemas.

Y luego, una tercera razón, expuesto también de forma somera, breve, sería la de presentar la valoración que hacen los fascismos sobre la persona, el individuo, al que consideran como un elemento al servicio del partido, el nazismo, o tratándolo simplemente de piezas al servicio del Estado (todo en el Estado, nada fuera del Estado), del fascismo italiano, con lo que de manera evidente se rebaja la categoría de las personas de los hombres, y de las mujeres, a tasas de indignidad y esclavitud política y social en frontal y absoluta contradicción con la calidad trascendente que José Antonio estima en la humanidad toda, con independencia de razas, creencias o culturas. Las convicciones humanistas, la formación moral y cristiana del fundador falangista le impedía -en absoluto-, una depreciación de la persona en los términos en que se ofrecía por los fascismos de la época. En definitiva, José Antonio y por tanto su doctrina política, jamás, se pueden relacionar en similitud y coincidencia, porque son de principio completamente incompatibles, y cualquier propósito de enlazarlas no será más que una perversa y burda campaña de manipulación, mistificación o falsificación. No existen argumentos válidos para extender esta  clase de infundios. Todo es un torpe deseo de eliminar a una ideología capaz de superar los capitalismos neoliberales o de Estado, fascistas o marxistas.

Buscar en algunos, pocos, paralelismos superficiales, anecdóticos, como fueron a lo peor, organización, uniformes, canciones, no es más que una excusa para el afán de descalificación. Los partidos de izquierdas marxista también tenían una estructura parecida, llevaban uniformes, y cantaban himnos de lucha; Incluso las derechas, de la CEDA, cumplían en esos años los usos y costumbres de la política del momento, que era a ojos de todo historiador que se precie, totalmente fuera del contexto normal de cualquier auténtica democracia. 

Creo que es bastante cuanto aquí se expone, para que los analistas y opinadores de buena voluntad, que aún existen en el mundo, declaren por fin la nítida discrepancia, la absoluta disparidad y distinción,  de la palabra “fascista”, con la imagen y realidad  de la Falange fundacional y por lo tanto, rechazo, abandono, denuncia de quien empecinado en su resentimiento o su ignorancia, o quizá también, -por qué no-,  en su error inocente en la calificación verdadera de la Falange, tan opuesta, tan incompatible a los fascismos, como a las derechas radicales, o marxismos antidemocráticos, mantienen ese “mantra” de manera insostenible. 

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1 Comentario

  1. Querido Camarada:
    Leyendo tu escrito, a muchos de las siguiente generaciones
    que descubrimos esto del nacional sindicalismo, de primera y
    expongo mi caso, ni tan siquiera pensaba que esto iba a ser un movimiento
    Fascista como se hace ver como en el caso de wilkipedia, órgano de internet
    que para nada se basa en la verdad ya que en ella puede acceder cualquiera
    a cambiar los datos de cualquier ficha.. Luego con el tema del fascismo, en
    el segundo tomo de las obras completas de Jose Antonio de Plataforma 2003, hay
    una copia de una carta escrita por Jose Antonio (Con mimbrete incluído) en el que expone
    su negativa a asistir a la mega reunión aquella de la internacional fascista. Donde ya expone en dicha carta lo mismo que en distintos escritos que el nacional sindicalismo estaba encontrado su propio camino como idea, lástima que no pudiera haber seguido con normalidad, mas de uno se habría llevado una sorpresa en estos momentos. Las veces que se expresó José Antonio hacia el fascismo a principios del 33 era para decir que solo había coincidencia con el en lo que se refiere a Patriotismo. O como yo digo, a un movimiento de liberación nacional, solo que en cuestiones económicas como has expresado en el escrito, es donde encuentra esas diferencias, calificando al fascismo como capitalismo retardario o buñuelo de viento en lo que se refiere al plan sindical del fascismo. Hay entonces una clara intención de cambio en dicha organización.

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