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Letizia despoja a la monarquía española de lo poco de católica que le quedaba

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Desde la retirada de los símbolos religiosos en la proclamación de Felipe VI hasta la Primera Comunión “privada” de la Princesa de Asturias. Todo apunta a que la monarquía española es cada vez más laica y aparta la religión del ámbito público.

Infovaticana / El pasado 20 de mayo, la Princesa de Asturias celebró el acto religioso de su Primera Comunión en privado, tal y como lo dispusieron sus padres. La Casa Real justificó la falta de información acerca del evento alegando que se trataba de un acontecimiento que debía permanecer “en el ámbito privado”. Parece ser que los Reyes, en especial Doña Letizia, creen que los actos religiosos no deben hacerse públicos, aunque se trate de la Primera Comunión de la futura Reina de España.

No sorprende, sin embargo, esta postura de los monarcas. Desde la proclamación de Felipe VI se vio la intención de ambos de reinar conforme a los principios laicistas, que pretenden eliminar la religión de la vida pública hasta reducirla al ámbito de lo estrictamente privado. El primer paso hacia una monarquía más laica se dio en la proclamación como Rey de España del entonces Príncipe de Asturias, que quiso suprimir en tan señalada ceremonia todo símbolo religioso. Desde algunos sectores izquierdistas se felicitó al nuevo Rey por su decisión y algunos medios hasta celebraban la “inauguración de un Estado por fin aconfesional”.

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Para desvincularse de la religión católica en su proclamación como Rey, Don Felipe no juró sobre los Evangelios como es la costumbre. Asimismo, retiró la Cruz del Congreso, que sí había estado presente en la proclamación de su padre. Tampoco se celebró la tradicional misa del Espíritu Santo en la Iglesia de los Jerónimos, sustituida por un acto laico en el Palacio Real. Se ve que los nuevos monarcas consideran que no necesitan de la asistencia del Espíritu Santo para llevar a cabo su labor. Tras la polémica por la ausencia de una misa, unida a la eliminación de símbolos religiosos, tanto la Casa Real como la Conferencia Episcopal reconocieron que se celebró una eucaristía “privada” días después de la proclamación en la capilla del Palacio de la Zarzuela. La misa fue oficiada por el entonces cardenal arzobispo de Madrid, monseñor Rouco Varela, y fueron muy pocos los escogidos para participar en ella.

Esta determinación de Felipe VI de suprimir los símbolos religiosos quedó asimismo patente durante su felicitación de Navidad, cuando sustituyó el Belén que solía acompañar a la imagen de Don Juan Carlos por un misterio muy pequeño que sólo apareció al final del discurso y en un rincón. Estos gestos han sido utilizados después por ciertos partidos para reclamar la retirada de los símbolos religiosos de los lugares públicos. Una vieja demanda nada original de la izquierda, pero que ahora parece estar apoyada también por la monarquía, considerada católica en nuestro país desde el siglo VI.

Impecables desde el punto de vista laico han sido también los discursos de Felipe VI en el año que lleva de reinado. El primero en su proclamación, cuando no hizo referencia en ningún momento a los valores religiosos que en teoría la monarquía siempre ha respetado y defendido. Tampoco durante su discurso navideño, en el que aparte de evitar el término “Navidad” y hacer una vaga referencia a “la necesidad de principios éticos y referencias morales”, el monarca volvió a ignorar los sentimientos religiosos que dicen tener la mayoría de los españoles.

Ha habido quien ha definido estos discursos del nuevo Rey como “puro laicismo” y la actuación de ambos monarcas como una forma de enseñar a los católicos españoles que la religión debe permanecer en el ámbito privado. Este hecho parece coherente con la postura de una Reina que, según algunos medios han informado, habría intentado que sus hijas no recibieran formación religiosa en su colegio, razón por la cual durante un tiempo se puso en duda que la Princesa de Asturias fuera a recibir la Primera Comunión.

A nadie extraña, por otra parte, esta actitud de Doña Letizia, a la que sus familiares han definido en entrevistas como “católica de eventos” y que sorprendió a todos negándose a hacer la genuflexión en varios actos religiosos. Su agnosticismo, llevó a Doña Letizia a hacer un desplante a la realeza sueca. Según informó la prensa local, Felipe y Letizia habrían rechazado el pasado año ser los padrinos de la princesa Leonore Lilian María, la hija de Magdalena de Suecia y Christopher O´Neill. Aunque Don Felipe ya había sido padrino en una ocasión, Doña Letizia se amparó en su agnosticismo para rechazar ser la madrina de la princesa sueca.

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7 Comentarios

  1. Esta individua no sólo despojará a la monarquía de sus creencias católicas, la va a dejar en bragas de todo su ser español; el poco que le que queda y le dejó Campechano I.

  2. Iba a comentar que una plebeya como ésta, y pido perdón a todas las honradísimas plebeyas del mundo, llegue a reina… pero claro, si echo la vista atrás y pienso que Isabel II, la tatarabuela del marido, fue reina de España, como español me pongo muy “colorao”.

  3. El Estado (anti)español es ya un Estado laicista, abiertamente. Cualquier paso más en esa dirección ya no sorprende.

  4. Señores,

    Pueden ustedes cabrearse tooooooodo lo que quieran, pero viven en un Estado ACONFESIONAL (al menos en teoría, porque luego está claro quién manda, en fin…).

    Lo mismo ésta señora le da un día por hacerse budista, y más que les joda, tendrían que respetarlo. (Aunque claro, ésto es Españistán, si no haces lo mismo que yo, piensas como yo, y blablabla como yo, te criticaré hasta la muerte)

    Si quiere celebrar la comunión de su hija fuera del ámbito público está en su derecho, o incluso más como Reina de España. Que aquí nos gusta mucho el marujeo y así nos va.

    Lo de plebeya, ya era hora que mezclaran un poquito la sangre, que las taras empezaban a salir a la luz.

    Para más información, he aquí el artículo 16 de la Constitución Española:

    Libertad ideológica y religiosa

    1. Se garantiza la libertad ideológica, religiosa y de culto de los individuos y las comunidades sin más limitación, en sus manifestaciones, que la necesaria para el mantenimiento del orden público protegido por la ley.

    2. Nadie podrá ser obligado a declarar sobre su ideología, religión o creencias.

    3. Ninguna confesión tendrá carácter estatal. Los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española y mantendrán las consiguientes relaciones de cooperación con la Iglesia Católica y las demás confesiones.

    Por cierto, para noticias de coña les recomiendo El Mundo Today, por lo menos tienen gracia en lo que escriben y algunas, suenan incluso más reales que las de éste sitio 🙂

    • Quiero hacerle notar que una cosa es ser aconfesional y otra, como Letizia, anticonfesional o, en este caso, anticatólica. Que el plumero hace tiempo se le ha visto.

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