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2ª edición de “Con la piel de cordero” con prologo de José María García de Tuñón

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libro-con-la-piel-cordero-josele-sanchezDespués de la primera edición del libro “Con la piel de cordero” de Josele Sánchez con más de 5.000 ejemplares de la novela vendidos aparece una segunda edición ya a la venta. Esta edición esta marcada por las palabras de Eduardo García Serrano que dice de la novela;

“La estructura narrativa que utiliza Josele Sánchez es la misma que emplea Galdós en Los episodios nacionales. En Con la piel de cordero, el narrador de la auténtica historia de Santiago Carrillo es un periodista, Marcos Larrazábal, que descubre los crímenes que Carrillo cometió y que los intereses de la Transición impidieron que el general Listes relatara por escrito. Josele Sánchez demuestra que toda la historia que desde 1978 se ha contado sobre Santiago Carrillo es pura invención, maquillaje políticamente conveniente para ocultar el auténtica rostro de un criminal, de un genocida… Si España fuera otro país, esta novela sería un best seller”.

Además esta segunda edición de la novela de Josele Sánchez cuenta con un prólogo de José María García de Tuñón Aza que se suma al de la primera edición realizado por Miguel Argaya.

Prólogo de Miguel Argaya (1º Edición)

Me temo que nadie o casi nadie lee prólogos. No conozco aficionado alguno a los prólogos. Es costumbre, no obstante, que los libros empiecen con uno, como si el autor quisiera poner a prueba la complicidad de sus lectores haciéndoles saltarse ese importuno obstáculo antes de disfrutar con la lectura. Pues bien: he aquí el obstáculo. Como intuyo que quien lea esto ha optado además por no esquivarlo, debo entender que me encuentro ante uno de esos raros lectores que se agarran con uñas y dientes a su libro y no lo sueltan desde la primera a la última línea, que lo rebañan todo, como si estuviera a punto de venir el camarero a retirarles el plato antes de tiempo.

Es, sin duda, un buen punto de partida. Un lector así es el único al que puede y debe dirigirse el prologuista. Los demás ya huyen al meollo, se alejan al galope en pos de la novela, tienen prisa. Probable- mente esquivarán también aquellos párrafos más largos, las páginas más descriptivas, los diálogos más densos porque solo ansían recorrer el argumento y llegar rápidamente a la meta, que es el desenlace. En cambio, quien empieza por el prólogo leerá letra a letra cada diálogo por árido que parezca, afrontará con gusto todas y cada una de las descripciones, será incapaz de buscar anticipadamente la última página.

Pero quien empieza por el prólogo sabe, sobre todo, que este tiene que cumplir tres condiciones necesarias sin las cuales acaba mortificando al buen lector: en primer lugar, no debe nunca tratar de explicar el libro; en segundo término, debe plantearse con notoria modestia, sabiendo que no es el primer plato de una copiosa comida sino tal solo el aperitivo; y finalmente, ha de saber situar al buen lector en un contexto que le permita entender mejor lo que le espera. Y lo que le espera al buen lector es una novela poderosa, fuerte y rotunda, pero ágil, que le atrapará enseguida. Josele Sánchez, escritor de raza que se acerca con paso firme a los cincuenta años, sabe lo que se hace. Periodista y articulista, en 1997 publicó su primera novela, La consagración de la primavera. Ahora nos entrega la segunda.

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Que sepa el buen lector que no se adentra en una lectura cómoda, que a lo que se enfrenta es a un paisaje literario desolado, turbio, en gran medida desesperanzado, como también lo era el de La consagración de la primavera. Sus personajes, como los de Conrad, recorren los caminos de las páginas envueltos en una anticipada sensación de derrota. La vida se condensa en ellos con tan grado de humedad que los empapa. Las atmósferas que los envuelven se trazan sin ternura, sin complacencia. Sin concesiones. Lo digo porque sé que al lector de este prólogo no le importa, que no busca el refresco veraniego de unas páginas sino la fuerza intransigente de una historia. Y a fe que hay historia.

No digo más, pues terminaría faltando a la primera de aquellas tres condiciones que debe tener todo buen prólogo. Ahora me retiro. Lea el lector por sí lo que a esto sigue. A mí me tiene aquí, guardándole el oasis por si hubiera necesidad de apagar la sed en el camino.

Prólogo de José María García de Tuñón (2º edición)

Desconozco si el autor, en esta segunda edición, volverá a repetir lo que a modo de justificación escribe en las páginas iniciales de la primera, donde hace referencia a que esta novela sobre Santiago Carrillo era una deuda que tenía pendiente con la persona que, durante más tiempo, fue la más importante de su vida: su padre. Ahora, con esta segunda edición ya en las librerías, Josele Sánchez ha cumplido de sobra con su promesa con el éxito de ventas que ha tenido y que no ha sido tarea fácil, aunque finalmente lo ha conseguido. Como decía Cervantes en su novela Don Quijote una cosa es escribir como poeta, o en este caso como novelista y otra como historiador; y Josele escribió este libro tanto como historiador que como novelista, porque fueron muchas sus investigaciones sobre el triste personaje de Carrillo, para no quitar a la verdad cosa alguna. Es decir, su afición a la historia le ha llevado a reflejar la misma cuando el planteamiento de su novela lo ha requerido.

Fue el general Enrique Lister quien, a su llegada a Madrid en noviembre de 1977 dijo que venía a luchar por la sociedad comunista al mismo tiempo que tachaba a Carrillo de «gángster de la política que en toda su vida no ha hecho más que actuar como tal». Antes lo acusó de ser «un aventurero sin escrúpulos habiendo preparado la eliminación física de varios camaradas y de ser el causante de la detención de numerosos compañeros». Con anterioridad, el viejo general y dirigente comunista había anunciado que pronto saldrían sus memorias, en dos o tres tomos, donde daría a conocer los auténticos crímenes de sangre que hizo Carri- llo, entre ellos el de su propia esposa, Choni, que era el diminutivo por el que todos la conocían y cuyo nombre era Asunción Sánchez Tudela. Al parecer, según cuenta Josele Sánchez, este episodio lo narraba Lister en el último capítulo de su libro Así destruyó Carrillo el PCE donde daba testigos, fechas y lugares del crimen, pero al parecer el editor Fernando Lara, por presiones recibidas, lo quitó. Ahora, Josele, vuelve a sacarlo en esta novela en la que nos lo cuenta todos los detalles.

Me ha llamado la atención de este libro los cerca de doscientos nombres que aparecen de militantes, comunistas y de otros partidos de izquierdas, que fueron asesinados por sus propios camaradas y que, sin embargo, algunos de ellos figuran en las listas de los represaliados por el franquismo. En España actuaba una especie de stasi rusa que acabó con la vida de mucha gente de izquierdas y lo dicen hasta los propios comunistas. Lo ha dicho, por ejemplo, el que fue secretario del PCE, Gerardo Iglesias, quien no hace mucho tiempo exponía cerca de un centenar de fotografías, a las que añadía un pequeño comentario, bajo el título Guerrilleros antifranquistas 1937-1952. En su momento, refiriéndome a esta exposición, escribí que reconocía, a pesar de nuestra diferencias ideológicas, que habiendo estado Iglesias en lo más alto de su partido lo dejó todo y se puso, como dice la Biblia, a ganarse el pan con el sudor de su frente y no como otros políticos que siguen ganándose la vida con el sudor de los demás. Pues bien, Gerardo Iglesias ha reconocido que algunos murieron en el exilio y en el caso de Luis Montero Álvarez «Sabugo», y de Víctor García García «El Brasileño», -ambos citados también en esta novela por Josele Sánchez – que fueron asesinados por miembros de su propio partido.

En otras páginas de la novela, Josele Sánchez cita a José Antonio Primo de Rivera y su propuesta de Gobierno que lo encabezaba Diego Martínez Barrio, formando parte del mismo intelectuales como Ortega y Gasset, Gregorio Marañón y políticos como el socialista Indalecio Prieto, entre otros. Al parecer la intervención de Carrillo en el fusila- miento de José Antonio fue definitiva. Es decir, asesinaban a un hombre de quien Miguel de Unamuno dijo que era «una de las mentes más despejadas de la Europa contemporánea». Josele Sánchez, en una entrevista reciente, decía sobre José Antonio que «a nivel político e intelectual fue uno de los personajes más importantes del siglo XX. Probablemente, junto a Carlos Marx, el pensador que mejor supo diseccionar intelectualmente el sistema para plantear, después, respuestas a todas sus miserias». Estas declaraciones de nuestro novelista no gustaron, al parecer, en ciertos ambientes, pero a la historia no hay que arrancarle ninguna hoja y si Josele Sánchez dijo lo que dijo, dicho queda, por mucho que no haya agradado a cierta gente.

Alguien escribió que los prólogos son fundamentales para comenzar a leer una novela, una historia, un cuento…. Mi intención no ha sido tanta, pero si recomendar la lectura de este libro que tiene más de historia que de novela y que, además, cumplió al pie de la letra lo que dijo Camilo José Cela: «En literatura no hay que decir verdad, es cierto, pero se debe evitar decir mentira». Y casi dos años de investigación, de no pocas lecturas y de miles de folios escritos avalan todo lo publicado por Josele Sánchez.

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