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29 de Octubre de 1933 fundación de la Falange Española. 19 de Abril de 1937 final de la Falange Española

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Por Jorge Juan Perales

Todo lo que vino después -en cuanto a las falanges oficiales del Régimen franquista o Movimiento Nacional- fue arrebatado y tergiversado de forma burda, zaina y alevosa a la Falange Española que José Antonio Primo de Rivera presentó a España y al Mundo el 29 de Octubre de 1933 en el Teatro de la Comedia de Madrid con “lleno hasta la bandera”.

Con aquel “escuetamente gracias” con el que comenzaba su discurso, José Antonio marcaba el estilo del Movimiento Político que se fundaba en ese acto. Directo hacia la búsqueda de la verdad; a la consecución de las más altas cotas de Justicia Social; a desmontar el sistema capitalista-liberal – que relativiza los valores sometiendo al factor Trabajo al Dinero, dando a cambio una falsa democracia en la que solamente se participa con el voto cada cierto tiempo, siendo obviado cuando no interesa a los poderosos que controlan a los partidos políticos mayoritarios de turno; reconociendo como justo la aparición del socialismo, pero denunciando su materialismo, su actitud disgregadora, su fomento de odios y separaciones, su actitud de destrucción de la sociedad avivando las luchas de clases, sometimiento a los hombres, al fin, a un capitalismo de Estado.

En ese panorama político y social de la España de los años 30 del siglo XX, José Antonio levanta la bandera de la ilusión y de la esperanza, de la Justicia y de la Libertad, del Trabajo y del Esfuerzo, de la Patria y de la Verdad. Busca soluciones revolucionarias e innovadoras para evitar la tragedia que ya presagiaba, que terminaría en el peor de los escenarios, en la guerra fratricida entre españoles -que él intentó parar hasta el último minuto- y en su propia muerte ante un batallón de fusilamiento tras un juicio cuyo veredicto estaba previamente dictado.

El mundo en el que le toco vivir a José Antonio y a su generación estaba según sus palabras en “ruina moral”. España, “dividida por todos los odios y pugnas”, sufría una evidente pérdida de identidad. José Antonio y sus amigos buscan y encuentran en la “humildad” de las gentes del campo en los pueblos de España, la grandeza del español de siempre, de la España eterna; la elegancia del español rústico, que a pesar de ser torturado por los pequeños caciques locales, no perdía su gesto de trabajador abnegado, donde no permanecía ocioso, donde todavía se asombraba de la “fecundidad que estalla en los pámpanos y en los trigos”. José Antonio sueña, así lo dijo en el Teatro de la Comedia, con un pueblo español, señor de sí mismo, “que no sea esclavo de un interés de grupo ni de un interés de clase”. Por esto, José Antonio, que asume lo bueno que de justo y de bueno tienen las derechas y las izquierdas, proclama que el Movimiento que hoy nace “No es de izquierdas, ni de derechas” – y ni mucho menos de extrema derecha o de extrema izquierda, me permito añadir yo- “nuestro Movimiento por nada atará sus destinos al interés de grupo, o al interés de clase que anida baja la división superficial de derechas e izquierdas”. José Antonio pretende Unidad en valores permanentes que proyecten a la Patria, a todos – en este sentido totalitario- a una empresa cuyo destino sea el bien para España, para sus hombres, aportando grandeza al Universo de la Humanidad, a la libertad del Hombre y de las Patrias. El Estado, será solo un instrumento de servicio, – aquí José Antonio se aleja nítidamente de los totalitarismos, de los Estados fascistas y comunistas- autoritario, que no dictador, para esa Patria irrevocable, para esa Unidad permanente – en valores- valores que no estén sometidos periódicamente a cambios sino que sean Normas de Ley Moral Natural e Inmutables. Aquí la critica a Juan Jacobo Rousseau, “desde que se publicó el Contrato Social, DEJO DE SER LA VERDAD POLÍTICA UNA ENTIDAD PERMANENTE”. Rousseau, “Vino a decirnos que la Justicia y la Verdad no eran categorías permanentes de Razón, sino que eran, en cada instante, decisiones de voluntad”. La Verdad o la Justicia sometida a las decisiones de grupos, de urnas, de dictadores o de conciencia personal. ¿Qué es entonces la Verdad? ¿Qué es justo y que no lo es? Hasta entonces se podría trasgredir la Verdad o cometer actos injustos, pero nadie dudaba que aquello estaba mal y en donde estaba el bien. José Antonio reivindica en el Teatro de la Comedia la vuelta a la Ley de la Verdad y de la Justicia para que el Hombre conquiste la Libertad que el liberalismo y el socialismo-comunista le arrebataba. Para que la Patria sea libre, encuentre su misión y facilite la trascendencia de cada hombre y cada pueblo. Tanto el liberalismo como el socialismo-comunismo venían a sustituir, adueñándose de las almas, la libertad del hombre para decidir su salvación o condena. José Antonio pide más respeto a la libertad del Hombre, no solamente del hombre español, sino del Hombre Universal, “porque solo se respeta la libertad del hombre cuando se le estima, como nosotros le estimamos, portador de valores eternos; cuando se le estima envoltura corporal de un alma que es capaz de condenarse o de salvarse”.

José Antonio desde la fundación de Falange Española reconoce la diversidad de los pueblos de España. Lo que José Antonio pide, lo que la Falange joseantoniana desea, es que estos pueblos con sus diversidades se armonicen en una misión, que encuentren o mejor que reencuentren juntos su destino, su sentido total (de todos) de la Patria, que defiendan y actúen como una Unidad, que esa entidad de Unidad Patria se llame España como ha sido históricamente, que juntos aporten al Mundo ideas y bienes que beneficien al progreso del Hombre Universal, alejados de cualquier tentación nacionalista. Dijo José Antonio en el acto fundacional “Que todos los pueblos de España, por diversos que sean, se sientan armonizados en una irrevocable unidad de destino”. “La Patria es una síntesis trascendente” dijo en otro momento de ese mismo acto. Qué lástima que, muchas veces, el autor de este artículo constate cuan confundidos, a veces por ignorancia y otras por afán de tergiversación, están de estas ideas, no solamente los españoles, sino algunos de los que de alguna manera se dicen falangistas, seguidores de José Antonio Primo de Rivera.

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Una frase, sonó con contundencia, desde la tribuna del escenario del Teatro de la calle del Príncipe de Madrid, a saber: “Que desaparezcan los partidos políticos”. Es una afirmación rotunda, a la vez que un deseo, un grito desesperado ante tanta división, enfrentamientos, corrupciones y mentiras que poco benefician al pueblo al que dicen representar. José Antonio veía en ellos la lucha egoísta de intereses que solo pretendían el voto del pueblo, para manejarlo a su antojo, en pugnas partidistas olvidándose al día siguiente de los votantes después de ser llamados a las urnas. “Hoy no nace un partido, más bien un antipartido”. Aquí otra diferenciación con los regímenes totalitarios de la dictadura del Partido Único, al modo fascista o social-comunista y una crítica feroz a las democracias de corte liberal-capitalista. Falange Española propone una sociedad libre de partidos, incluso el suyo, es más, el suyo menos que ninguno, pues no cree en ellos, como forma de participación política, aunque se vea obligada a ello para poder darse a conocer por los cauces de la legalidad de la vida política civilizada.

José Antonio ofrece una sociedad organizada democráticamente por medio de las unidades naturales de convivencia. “Nacemos todos en una familia; somos todos vecinos de un Municipio; nos afanamos todos en el ejercicio del trabajo”. Si no fuera por el manoseo-engañoso que nos deparó el sistema político, no falangista joseantoniano, que se impuso al acabar la guerra civil española, escucharíamos estas propuestas con más apertura y asombro positivo, como ideas de vanguardia para una organización del Estado que elimine la artificialidad de los partidos políticos, verdaderas máquinas totalitarias dictatoriales, perniciosas para las sociedades a las que pretenden gobernar o gobiernan.

Falange Española, nace en unos tiempos convulsos e inestables, tanto en España, en Europa o en el Mundo, que venía de librar la primera Guerra Mundial, estaba en la antesala de la segunda, y entre una y otra, a los escasos tres años de este acto del Teatro de la Comedia, España se enfrentó a sí misma en una de las más terribles Guerras Civiles de su historia. La violencia estaba presente en todos los estamentos de la sociedad, tanto civil como militar. José Antonio, hizo mención a ella en el discurso fundacional, sabía que no podía obviarla, aunque no la deseaba, tenía que mandar un mensaje de fortaleza si quería sobrevivir en aquella maraña política y social. “No nos detendremos ante la violencia cuando falle la dialéctica como primer instrumento de comunicación” Cuando seamos atacados por ella (con violencia), o sea atacada la Patria y la Justicia (con violencia), responderemos en defensa, solo así utilizaremos la violencia, nunca como estrategia política. La Falange Española tuvo que soportar la violencia, la provocación y enterrar a once hombres de sus filas, -no siendo escuchada ni amparada, amparo solicitado a las autoridades por todos los medios posibles, denunciado por el mismo José Antonio en el parlamento- asesinados la mayor de las veces por la espalda, antes de responder con violencia para defender sus vidas, la Patria y la Justicia.

José Antonio, dejo, como suelen hacer los buenos oradores que tienen ideas, mensaje sustancioso, para ofrecer a sus oyentes; dejo, para el final de su discurso fundacional de la Falange Española, la esencia del ser del nuevo Movimiento que nacía, “que no es una manera de pensar tan sólo” es una actitud ante la vida, es el espíritu de servicio y sacrificio. Es la renuncia a las prebendas y a los privilegios. Es la conquista de la igualdad entre los “poderosos y los humildes”. Es la poesía hecha Justicia y Verdad. Es la trascendencia espiritual libremente transitada. Es el deseo de una vida humana, justa y digna para sí y para cada miembro de la comunidad por el hecho de serlo. Es la verticalidad constructiva de un hombre nuevo, que se levanta alegre en cada amanecer, contribuyendo con su trabajo al afán diario de su Patria, de España para los españoles, con sacrificio, con renuncias, vigilante, seguro del triunfo, con fe de victoria de la Justicia y de la Verdad.

El sueño personal de José Antonio acabó en el patio de la cárcel de Alicante, asesinado, por la sin razón de su tiempo, el 20 de noviembre de 1936. La vida política de la Falange que fundara terminó el 19 de abril de 1937 con el Decreto de Unificación impuesto y firmado por Franco, dando lugar a una nueva organización, que con la envoltura, los símbolos, la vehemencia de los falangistas sin JEFE fundador, cuando no traición, desarrollo una política distinta en cuanto a los objetivos finales, no capitalistas ni social-comunistas, propuestos por José Antonio y la Falange Española que él fundara en el Teatro de la Comedia de Madrid. De ésta manera su pensamiento, su ideología, permanece inédita, sin haber sido probada en su totalidad; nunca hubo una sociedad organizada en los principios falangistas joseantonianos completos y verdaderos.  

Todos los intentos, que desde los primeros tiempos de la promulgación del Decreto de Unificación, han realizado los falangistas auténticos, para recuperar, limpiar y proseguir la revolución puesta en marcha por José Antonio Primo de Rivera han fracasado hasta el momento. “La bandera esta alzada” dijo en su discurso. Fue robada y mancillada. Ocultada y tergiversada. Por todos los medios han pretendido enterrarla. Está a la espera, vendrán a levantarla los poetas, los hombres dispuestos a vivir en una sociedad de hombres libres. Los libertadores justos de los nuevos tiempos. Las personas que con los pies en la tierra sean capaces de mirar al Cielo. Los hombres que desde su dignidad imaginen una humanidad de hombres alegres y solidarios, que con FE miren a las estrellas, en la noche clara. La juventud hambrienta de Pan, Patria y Justicia. El pueblo que sienta la necesidad de vida, de comida y libertad del alma, para ser dueño de su destino.

Termino, no sin antes traer aquí, dos ideas que encierran la esencia de la propuesta joseantoniana desde sus comienzos. “El laconismo militar” y el “espíritu religioso” “de nuestro estilo”. Quién entienda militarismo, o fanatismo religioso en estos enunciados, debería reflexionar poniendo en duda sus capacidades comprensivas de todo el cuerpo doctrinal que José Antonio Primo de Rivera y su Falange Española, desarrolló en sus poco más de tres años de existencia. La austeridad, el rigor, el estilo directo, valiente y abnegado, combinado con la grandeza del servicio, el sacrificio, la fe, la misión y la generosidad; encaminado a la consecución de metas trascendentales de valores nobles para el bien de los hombres y de los pueblos, son modos de vivir que marcan la ética y el estilo, que elevan al hombre, a los pueblos y a las patrias a la supremacía de los espiritual. Valores que históricamente se han dado en los más altos grados en lo militar y en lo religioso. José Antonio los quiere también para la sociedad civil, para cada hombre y pide que los seguidores de su Movimiento los asuman como carácter y modo de vivir, libremente aceptados. Además estaban y han estado siempre en las entrañas de España y en lo Hispano. Después de ochenta y dos años la bandera sigue alzada. Gracias.

Artículo de Jorge Juan Perales en el especial -José Antonio, Hoy- de La Gaceta de la Fundación José Antonio Primo de Rivera.

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