PATRIOTISMO EN EXCLUSIVIDAD

PATRIOTISMO EN EXCLUSIVIDAD

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Por Pedro Conde Soladana para elmunicipio.es 

El patriotismo, que es equiparable al amor filial para con la madre, ¿puede tenerlo nadie como un sentimiento tan propio que excluya a los demás? Cuando alguien lo cree así, está rozando o está plenamente enfangado en el patrioterismo, que es la repugnante degeneración del patriotismo.

Suele cultivarse esta exclusividad, que algunos se atribuyen, en cerebros cortos, mentecatos, cuyo centro de gravedad se sitúa en el tete, como llaman en mi pueblo al ombligo. Tener a éste por el centro del mundo es ignorar que el resto de seres humanos, mujeres y hombres, portan también ese relieve anatómico en su barriga, de muy dudable estética. Si uno quiere huir de la mentecatez y cortedad de pensamientos, es urgente que nada más posársele la mirada en ese punto de cuerpo, la retire, porque la persistencia en ella puede llevarle a la credulidad de que él es el centro o núcleo de la Tierra. En fin, para qué pararse a gastar más tiempo y calificativos que los anteriores dichos, de cortos y mentecatos, por los ensimismados con “esa cicatriz redondeada y arrugada que se forma en medio del vientre tras cortar y secarse el cordón umbilical”. Es mucho más interesante e importante conocer a aquéllos que son tan patriotas como tú, aunque tengan distintas ideas políticas, por ejemplo, y a los que no puedes excluir porque podrías quedarte solo, en la soledad de tu pensamiento y sentimiento paranoides que te hacen ser suspicaz y desconfiado con los demás.

“Se entiende por exclusividad a la inexistencia de algo que sea igual”. No es el caso del patriotismo. Este sentimiento también existe en otros, que tendrán las ideas políticas o económicas que se quieran, pero nadie les podrá arrebatar su amor a la Patria en que nacieron y que, cuando tuvieron uso de razón, la conocieron en su Historia, ser y tradiciones; sobre todo, a través de la cultura que le es propia. A propósito de ésta, a la nación, a esa Patria, hay que quererla con amor crítico. No todo es bueno. Ni su pasado ni su presente son todo excelsitud; como que se trata de una Comunidad de seres humanos en marcha que salió de las cavernas, como todas las comunidades, y a través de los caminos del tiempo va madurando, conformando su ser y señas de identidad pero sin poder desprenderse de la imperfección humana que le es propia.

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Para un patriotero, la crítica es como un sarpullido que le hace ver al compatriota que “ama a su Patria porque no le gusta” poco menos que como un traidor; por eso tiende a la exclusividad sin saber que tal término “alude a algo único o singular, que logra diferenciarse de otras opciones y hace restarle importancia a éstas dado que las excluye”. Vamos, que sin saberlo, viene a utilizar las técnicas del marketing y su patriotismo es como un producto de mercado; por ello nunca será verdadero patriotismo el que siente, sino macado patrioterismo o mercancía averiada.

Otra cosa es enfrentarse a los antipatriotas, ese tipo de individuos, por desgracia excesivamente abundantes hoy en España, en cuyas causas no voy a entrar ahora, alguna de las cuales es tan grave y responsable como la desculturización de nuestra Patria por los planes de estudio de las últimas décadas y la inmensa torpeza -¿cobardía?, ¿egoísmo partidario?- de los políticos que la han gobernado. Es aquí, en este ardiente punto de encuentro contra los antipatriotas, donde personalmente me reencuentro para ir hasta el final del mundo con ellos en defensa de mi nación y su unidad, sin tener en cuenta su ideología política ni económica y maldiciendo toda exclusividad, porque ni ellos son menos españoles que yo ni yo más que ellos; estando dispuestos todos a defender el ser y estar de nuestra madre Patria. Después y sin haberla perdido, con los pies bien asentados en ella, discutiremos, debatiremos el sistema político, el sistema económico, etc., que propugna cada cual; pero lo primero es tener y sostener la Patria común. ¿La tenemos ahora? ¿No está en un inmenso riesgo de diluirse y desaparecer por las cloacas que los verdaderos traidores están poniendo en sus cimientos?

Hace pocos días, me ha llegado una crítica, y precisamente de gente cercana, que es para sospechar se mueve en el pantanoso terreno del patrioterismo, porque afirmé hace un tiempo que el general Franco era un patriota. ¡Lo sigo sosteniendo y lo sostendré mientras viva! “La verdad es la verdad lo diga Agamenón o su porquero”. En aquel comentario vine a decir que si él viviera hoy tendría garantizada la primera y casi única condición que nos unió, la unidad de España. Hoy, que yo sepa nadie la garantiza. ¿Por debilidad?, ¿por cobardía?, ¿por la falta de convencimiento de qué es España?, o porque, lo que es aún peor, ¿la desconocen millones de españoles? Así lo parece hoy. O, díganme, ¿por qué? Y añadía en aquel comentario que Franco o los suyos me volverían a meter en la cárcel, como lo hicieron entonces, por la defensa de mi ideología política, la joseantoniana y falangista auténtica. Pero sabría al menos, qué consuelo, que estaba en una cárcel española. ¿Qué cárcel nos puede esperar en el futuro por defender nuestra Patria, España, si nos la dejamos arrebatar? ¿Podría ser una “cheka”?

Pondré, como última muestra entre otras, a otro tipo de patriota, otra persona de la que me separan, por ejemplo, su ultraliberalismo, su poca sintonía, por no decir antipatía a mis ideas, es el aragonés Federico Jiménez Losantos, pero con el que me siento unido por su acendrado patriotismo, proclamado un día y otro a través de las ondas, con una valentía pública que no veo en tantos que lo pregonan sólo desde los sillones de su casa viendo jugar a la selección española de fútbol o desde cómodos despachos bien aislados de ruidos del interior y el exterior por sólidos materiales inventados para sordos de ésos que no quieren oír la verdad. Añadiré, y no me extenderé muchos más sobre el personaje, que es víctima del terrorismo, que lo dejó cojo de un tiro en la pierna; que raro es el día que no dice, siendo ateo o agnóstico, que los orígenes de España vienen de Roma y la Cruz; que el islam es enemigo de la Hispanidad; que le ha dado lo mismo el rey emérito, al que llama “Campechano”, que el último político podrido, lo que le ha costado todo una serie de procesos en los tribunales. Pues bien, con este ciudadano me une el patriotismo y, por qué no decirlo mientras no se me demuestre lo contrario, también su honradez y valentía; que no es poco ni mal bagaje para defender juntos la existencia y persistencia de España, nuestra Patria común.

Pedro Conde Soladana

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4 Comentarios

  1. Cuando un soldado o jefe de soldados entra directamente, a lo largo de su historia militar, más de setenta veces en combate en defensa de su Patria y su bandera ¿cómo se le puede llamar?, ¿gallinita ciega o, más apropiado, patriota? Pues es lo que cuentan los cronistas e historiadores de aquel “comandantín” llamado Franco, en la guerra de África. Por cierto, cofundador de uno de los cuerpos más valerosos de la historia de nuestros ejércitos, LA LEGIÓN.

  2. Al autor de este trabajo se le ha debido de olvidar, respecto al otro personaje que menciona, Jiménez Losantos, su constante esfuerzo y empeño de la memoria por no olvidar aquel fatídico y muy oscuro 11 de Marzo de 2004, donde fuerzas ocultas se conjuraron para llevar a España por los caminos de la destrucción que estamos viviendo. Y todo bajo veladas amenazas de muerte para quienes están intentando romper la cáscara y llegar a la yema del huevo de la serpiente. ¿Se puede dudar también del patriotismo de este locutor?

  3. El patriotismo no es sólo amor, también, dolor. ¿En qué medida ambos? Por igual. No ama más a su Patria quien la exalta que quien lleva el alma dolorida por ella. Amor y dolor pueden ser los dos sentimientos que definan a un verdadero patriota.

  4. A quien hoy no le duela España es que no tiene ni corazón ni sentimiento ni conocimiento.
    Yo reconozco estar especialmente dolorido al ver que cualquier “indio” puede decir hoy lo que quiera desde grandes plataformas y con coche oficial.

    Y contra nosotros a muerte.Es algo que no se realmente y exactamente a quien culpabilizar,pero que perdonar,dificilmente.
    Dudo muchímimo que desde el rencor se pueda construir la patria grande y alegre,justa que queremos.
    Un abrazo a la distancia Pedro.

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