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SOBRE LA ABSTENCIÓN ACTIVA

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Por Eduardo López Pascual para elmunicipio.es

Confieso que alguna vez he votado abstención. Seguía así las indicaciones que como falangista debía a los responsables nacionales, no es que creyera que era la mejor decisión, pero como miembro de una organización política me debía a la disciplina que se supone acatar, sin embargo a decir verdad, siempre me quedaba con la duda de si esa opción electoral era la más adecuada. Las razones más evidentes eran -decían-, las que, en realidad, iríamos junto a una gran mayoría que despreciaba los programas políticos y, de otro lado, con quienes rechazaban el sistema, dando así noticia de nuestra posición rompedora. Recuerdo que esta fue en alguna ocasión, motivo de serias discusiones entre los responsables, y parece que ahora, hoy mismo, todavía hay grupos de ideología nacional sindicalista que persisten en esta filosofía, bajo la premisa – indemostrable- de que es una solución acorde con los intereses de Falange. Algo así como, demostraremos que no queremos nada con este régimen democrático por falso, malo y engañoso.

Naturalmente todo expuesto de buena fe, no lo dudo; cómo la petición que hace el MOFE, a través de su Presidente, que sin reservas, considero un buen camarada. Sin embargo la experiencia de muchos procesos electorales, la vivencia de que esa actitud nunca favoreció la mejor imagen de los falangistas- siempre al borde de la descalificación política, pero sobre todo por el convencimiento de que no se ganaba nada y sí, podría perderse bastante, me hizo reflexionar sobre la conveniencia de mantener el voto de la abstención.

Y esto reforzado por dos argumentos –que se pueden obviar, claro, -como son que la abstención jamás ha logrado gobernar un país, y segundo, que las democracias que están homologadas en el mundo mundial, en cualquier proceso electoral, aunque no se llegue al cincuenta por ciento del censo con derecho a voto, y ni aunque siquiera el porcentaje depositado fuese mínimo, el resultado sería aceptado por todos y nosotros, una vez más, quedaríamos a la intemperie política. Pero además, los falangistas salimos con un déficit democrático que no puede pasar desapercibido por nuestros analistas o ideólogos. Y se trata de ofrecer al mundo mundial, la acción y actitud de un partido que cree en la democracia, (aún con todas sus imperfecciones), o volver al lenguaje excluyente con que demasiadas veces nos presentamos ante las sociedad. A esto, añadiría que don grandes políticos del siglo XX, dirían máximas definitivas. “La democracia es el menos malo de los sistemas” (Winston Churchill), y otra no menos apabullante:” La aspiración de todos los pueblos, es la de vivir en una democracia amable” (José Antonio Primo de Rivera). Por supuesto no es una redacción literal, pero es tan cierta como la letra del Cara al sol, y reflejan en verdad, el deseo de formar parte de una sociedad de naciones, sinceramente comprometidas con la libertad y, además, con la democracia, tal como se entiende en el mundo occidental.

Es decir, desde mi conciencia, y desde el punto de vista de la experiencia, sostener en las próximas elecciones generales, la abstención, no nos dará mejor imagen, no hará que salgamos de la invisibilidad que tenemos, y finalmente, nos arrinconará al baúl de las causas perdidas, amén de no acertar con el signo de los tiempos. Incluso los partidos “emergentes” – y me refiero a Mareas, Podemos, Compromis, etc, no solo van a votar, sino que harán campaña absolutamente dentro de los parámetros normalizados.

Por todo ello, no comparto la petición de abstenerse. Soy completamente contrario a esta sugerencia, que independientemente de jugar con los porcentajes / hay casi siempre un 30 % de no votos/ la verdad es que nosotros estaríamos de nuevo, marcados como ideología que desprecia la democracia, y a eso no estoy dispuesto. Ya se sabe que partimos con una gran desventaja, que nos acosan con normas restrictivas, que no contamos con ayuda económica, y que nos niegan los medios de comunicación, lo sabemos. La única respuesta, es desde los afiliados, estén donde estén, salir a la calle y pregonar nuestra condición falangista y nuestro deseo de servir al pueblo, eso sí, con fe y determinación. ¿Pero están los falangistas prestos a la tarea? Me temo que no, y eso es lo que dificulta nuestra presencia. En la Región de Murcia, a pesar de que hicimos todo lo posible, no se consiguieron las mil firmas de avales necesarias. ¿Pero vamos todos en el mismo autobús?

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