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¿ESTADOS UNIDOS DE… ESPAÑA?

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Bernardo de Gálvez
Bernardo de Gálvez

La verdadera historia del proceso para nombrar a Bernardo de Gálvez ciudadano honorífico de los Estados Unidos

Guillermo Fesser Pérez de Petinto. Periodista

El Senado estadounidense acaba de dar luz verde para que se cuelgue en el Capitolio un retrato de Bernardo de Gálvez. ¿Quién? Sí, he dicho Bernardo de Gálvez, el malagueño alegre y sencillo que fuera gobernador de Luisiana, virrey de Nueva España, comandante en jefe de la otra del Caribe, incluyendo la Armada francesa, y uno de los más grandes héroes de la independencia norteamericana. ¿No has oído nunca hablar de él? No me extraña. Solo cuando empecé a documentarme para escribir el libro A Cien Millas de Manhattan caí en la cuenta de la inmensa contribución de nuestro país a la creación de los Estados Unidos. El legado español allí es algo sobre lo que nadie parece tener ni idea, ni los norteamericanos, ni los españoles. Dos terceras partes del territorio actual de EEUU estuvieron entonces bajo mandato español y, por alguna razón, esta parte fascinante de la historia no ha sido nunca contada.

Solemos imaginarnos siempre a los conquistadores españoles en México o más al sur, en las selvas de Perú, pero, sorpresa, sorpresa: los españoles fueron también los primeros europeos que avistaron el gran cañón del Colorado, los primeros en cruzar el río Mississippi, los primeros americanos no nativos que se asentaron en las grandes praderas y los primeros europeos que llegaron a Alaska. La realidad, tal y como aparece en el libro Banderas Lejanas (Far away Flags), «mucho antes de que Estados Unidos existiera como nación, España había conquistado ya el far west y combatido o pactado con las principales tribus indias que luego Hollywood haría famosas». ¿De dónde piensas que vienen los cowboys? ¿Qué idioma piensas que hablaba Jerónimo?

Resulta curioso que España también jugó un papel preponderante cuando Estados Unidos consiguió independizarse de Inglaterra. Te daré un ejemplo. ¿Qué barcaza desplegó las banderas de todas las naciones y realizó las trece salvas en el des le de toma de posesión de George Washington en 1783? ¿Preparado? El buque de guerra español Galveston, comandado por el general español Bernardo de Gálvez. ¿Qué? Sí, Gálvez, un tío de Macharaviaya (un pueblito de 500 habitantes en Málaga, España) que dio nombre a la ciudad de Galveston, Texas. Galveston es, de he- cho, una derivación de la vieja Gálvez town; ya ves. Entonces, ¿quién era ese tío que estaba a la derecha de Washington en un momento tan histórico para esta nación? Muy simple, era el embajador español don Diego Gardoqui. Washington pensó que debía gran parte de su victoria al rey de España, tanto por su apoyo militar como por el económico, y pareció estar especialmente emocionado por el coraje y la impresionante estrategia militar que demostró el «general don Gálvez», tal y como se re rió al español de forma muy afectuosa en las cartas de agradecimiento que remitió a su Católica Majestad desde su cuartel general en New Windsor.

Tal como lo escribe Martha Gutiérrez-Steinkamp en su libro España: La alianza olvidada, «no fue hasta que España entró en la guerra, como un aliado de Francia del lado de los colonos, cuando la superioridad naval británica fue anulada. Lo que parecía ser un conflicto local con el objetivo de controlar la rebelión en las colonias se transformó repentinamente en un conflicto naval que tuvo lugar en todos los océanos. La participación española fue también crucial en la batalla naval de Yorktown. España no tenía tropas en Nueva York, pero su generosa inyección de fondos desde México y Cuba sirvió para pagar a las fuerzas francesas en América e hizo posible el apoyo total de las fuerzas combinadas de Rochambeau y Washington».

Bien; entonces, ¿qué hizo exactamente el general Gálvez? Prácticamente negó a los británicos la oportunidad de atacar desde el sur. Permíteme mencionar solo unos cuantos hechos. Primero, destruyó el comercio inglés en el Mississippi. En 1776, como gobernador de Louisiana, dictó una orden que instaba a todos los ciudadanos ingleses a abandonar el territorio en un plazo de 15 días. Poco después armó un acuerdo con los americanos que les permitía el acceso al puerto español de Nueva Orleans. Los patriotas podían entonces navegar y disfrutar el comercio libre a lo largo del río Mississippi, haciendo con ello posible que se enviaran suministros a sus soldados. Pero espera, hay más. Bernardo y sus tropas (un ejército de 7.500 hombres compuesto por fuerzas españolas, francesas, afroamericanas, mexicanas, cubanas y angloamericanas) derrotaron a los británicos en las batallas de Baton Rouge, Louisiana, Natchez, Mississippi y Mobile, en Alabama. Entonces Gálvez, «él solo», también consiguió controlar la Florida occidental británica. En 1778 logró adentrarse en la bahía de Pensacola, controlada por los ingleses (Panzacola bajo el dominio anterior es- pañol), y forzó a su indecisa otra caribeña a seguirlo.

Además de la conquista del territorio, estratégica- mente crucial para la defensa de Washington, Gálvez capturó una gran cantidad de material de guerra inglés y dejó a los británicos sin bases navales en el golfo de México. Por su bravura, el rey de España le permitió incluir en su escudo de armas un barco con un gallardete al viento que lucía impreso sobre él «Yo solo» en inglés, I alone. En palabras de Washington, «si los españoles no hubieran unido sus otras a las de Francia y no hubieran comenzado las hostilidades, todas mis dudas se habrían desplomado, pues me temo que la Armada británica tiene demasiado poder para contrarrestar los planes de Francia». Por tanto, sin el apoyo de la Armada española, la ota más poderosa del mundo en el siglo xViii, las colonias no habrían podido ganar nunca la guerra contra Inglaterra. Pero solo los franceses recibieron la gloria. Concretamente el general Lafayette, que cuenta con una calle con su nombre en casi todas las ciudades de Estados Unidos. ¿Cómo es esto posible? Muy sencillo. Al rey Carlos III de España no le interesaba propagar las noticias de que su país apoyaba la libertad de las colonias norteamericanas, dado que la idea de independencia podría contagiar peligrosamente a las colonias españolas de América central y Sudamérica.

Una copia de un documento relevante fue descubierta en 2013 en el Archivo Nacional de Washington. Se trataba de una Resolución del Congreso Continental, fechada en mayo de 1783, según la cual los Estados Unidos aceptaban un retrato de Gálvez donado por un famoso patriota de nombre Pollok, y tomaban la decisión de colgarlo en la sala «en la que el Congreso se reunía». Pero la orden nunca se cumplimentó. Sorprendentemente, y por casualidad, un congresista de Maryland, que resultó ser Chris Van Hollen, tuvo una entrevista con una dama española muy interesada en Gálvez. Ella le dijo: «Sr. Van Hollen, existe una Resolución del Congreso de los Estados Unidos tomada hace 231 años y el Congreso todavía no la ha cumplimentado». Era el Día de la Emancipación, 16 de abril de 2013. Desde entonces y hasta octubre, con la ayuda de la española, Van Hollen redactó un informe para presentarlo en la Cámara de Arte del Congreso.

En Navidad llegó la respuesta de la Cámara de Representantes de los Estados Unidos. Recomendaba incluir la pintura de Gálvez en una exhibición temporal, pero no que fuera expuesta en la colección permanente de la colina del Capitolio. ¡Gran decepción! Y ahora, ¿qué? En enero de 2014, el presidente del Gobierno de España, Mariano Rajoy, visitó los EEUU. El Sr. Rajoy fue informado sobre el asunto y dio un paso más comentando el tema de la Resolución Gálvez al presidente Obama. Un día después, Rajoy concedió la Encomienda de Isabel la Católica al senador Robert Menéndez, un representante Demócrata de Nueva Jersey, de origen cubano, que ha unido lazos con España. El presidente español decidió contarle también la historia y, de repente, se abrió una puerta. Menéndez, como presidente del Comité de Relaciones Exteriores del Senado, podría aceptar, en nombre de los Estados Unidos, los regalos provenientes de naciones extranjeras. ¿Y qué hay acerca de la pintura de un viejo héroe de guerra revolucionario?

El senador Menéndez recibió una presentación del caso Gálvez por parte de la dama española y pensó que era justo resolver un error histórico como este. El gobierno local de Málaga (Diputación Provincial) solicitó que se remitiera una carta al senado de EEUU y así este pudiera conceder el permiso para aceptar el cuadro de Bernardo de Gálvez. Tal cual se hizo y el jueves 17 de octubre se recibió la respuesta del Comité de Ética del Senado: el retrato de Gálvez fue aceptado como regalo a los EEUU y se ganó un lugar en las paredes del Senado.

Así se resolvió la excelente oportunidad para corregir un error histórico y aprender algo respecto a una parte perdida de nuestro pasado común. En el país del mundo del espectáculo, ¿por qué no hacemos que sea divertido? ¿No sería emocionante que el recientemente coronado rey Felipe VI de España fuera quien colgara el cuadro durante su primer viaje oficial a Estados Unidos en septiembre? El momento está ahora del lado de Gálvez. En enero de 2015, un grupo de congresistas de Florida presentó una resolución conjunta en la Casa de los Representantes solicitando que «Bernardo de Gálvez, quien puso en riesgo su vida por la libertad de los Estados Unidos, jugó un papel esencial en la guerra de Independencia y ayudó a asegurar la independencia de los Estados Unidos, sea proclamado con carácter póstumo ciudadano honorífico de los Estados Unidos». El 22 de julio, la resolución fue remitida al Comité Jurídico de la Cámara.

Una ciudadanía honorífica es un honor extraordinario que no se concede fácilmente ni a menudo. Hasta la fecha, solo siete personas han sido merecedoras de ella, entre ellos el general Lafayette (el otro héroe de la guerra de Independencia), Winston Churchill y la madre Teresa de Calcuta. Si se la otorgan a Gálvez, la gente se va a preguntar quién diantres es. La historia del cuadro podrá ayudar a clarificar la importancia de Gálvez para nuestro país. De cualquier forma, el historiador Douglas Brinkley va a invertir muchas horas entre los estudios de la CBS y los de la CNN dando todo tipo de explicaciones acerca del caso Gálvez. 

La visita de Felipe VI también coincide con la celebración del Mes del Legado Hispano en EEUU. Qué mejor momento que ese para recordar la herencia olvidada, especialmente una que genera mucho interés. Finalmente, con el regalo del retrato de Gálvez al pueblo de los Estados Unidos, Felipe VI continuará con una tradición familiar. Retrocedamos al año 1976. Ese año, su padre el rey Juan Carlos I realizó su primera visita oficial a Washington y, ¡entregó al pueblo de EEUU una estatua de Gálvez! Hoy la estatua ecuestre de bronce se encuentra junto con las de los liberta- dores americanos en la Avenida Virginia, detrás del Departamento de Estado.

El general Gálvez, sobre una trinchera observa la retirada británica
El general Gálvez, sobre una trinchera observa la retirada británica

No puedo esperar a ver un final feliz de la última batalla de Gálvez. No hay nada mejor que un país reconciliándose con su pasado. A través de él, los estadounidenses pueden descubrir sorprendente- mente de qué forma la influencia española juega un importante papel en sus vidas cotidianas; mucho más del que se puedan imaginar. Hablando en serio, no puedo imaginarme que Steven Colbert decida repentinamente cambiar su nombre por el de Esteban… Lo cierto es que el legado de Gálvez pasó a ser una sola estrella en una constelación de muchas otras leyendas hispanoamericanas, algunas de las cuales pueden alimentar el apetito de los medios, hambrientos de buenas historias. Por ejemplo, ¿sabías que el dólar fue la moneda española utilizada en las 13 colonias y que su actual símbolo ($) fue directamente copiado del que se utilizó para el peso español? ¿O que el personaje medieval barbudo, adecuado para El Señor de los Anillos, enmarcado entre laureles en la pared de la Cámara de Representantes del Capitolio de Estados Unidos, es Alfonso X, rey de Castilla de 1252 a 1284?

Mientras tanto, en la otra orilla del Atlántico, la aldea de Macharaviaya, en Málaga, no se va a librar de prepararse para la inminente a venida de turistas americanos interesados en descubrir la tierra del general que ayudó a conseguir la independencia de su país. Será mejor que alguien comience a trabajar en las camisetas con pelucas al estilo Gálvez y el logotipo «Yo solo» porque puede ser perfectamente un éxito de ventas el próximo 4 de julio de 2016. El reconocimiento al legado de Gálvez en EEUU llevó más de dos años y constituyó una aventura común que reunió a algunos españoles que, con el apoyo de la embajada española en Washington, viven, trabajan y se interesan por la historia de Gálvez. Gracias a todos ellos.

NOTA:

Este artículo fue escrito por el autor en idioma inglés, a fin de glosar la figura de Bernardo de Gálvez a REVISTA EJÉRCITO • N. 902 MAYO • 2016

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