JOSE ANTONIO EQUIVOCADO

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JOSE ANTONIO EQUIVOCADO

Por Eduardo López Pascual para elmunicipio.es

Solo quiero ser objetivo en mi análisis, aunque sospecho que alguno me tratará poco menos que de hereje, que serán, claro, los guardianes de la ortodoxia más estricta; pero así son las cosas. Me refiero a las palabras que en ocasión del discurso fundacional -octubre del 33-, pronunciara el líder de Falange Española sobre las urnas, con aquello de “que su más noble destino era el de romperlas”. También, ya que estamos en esto, añado como muy comprometida su afirmación de que ”nadie nace en el seno de un partido y por ello a todos los suprimiremos”, -aclaro por mi parte que no son reproducciones literales aunque sí fieles al espíritu josé antoniano. Bien, tanto en una como en otra definición, José Antonio -fundador de FE-, para mí que se equivocó y mucho, aunque a continuación explico aquella actitud y considero que en absoluto se le debe de demonizar, por una simple razón, y es que nadie, o casi, de sus detractores, tiene en cuenta ni el tiempo político ni el contexto social en que aquellas frases fueron dichas.

La situación de caos nacional en que se encontraba España, el desafuero incrustado en todas las capas de la sociedad de entonces, el descarado ejercicio de tiranía en los partidos de los años treinta, la inseguridad jurídica, profesional y personal que acosaba a los españoles de a pié, las turbas de incontrolados que los partidos eran incapaces de reducir o, por qué no, las olas de violencia desatadas en aquella república -fiasco de lo que España necesitaba y esperaba-, fue acaso el detonante que hizo a José Antonio Primo de Rivera equivocarse no en el diagnóstico, pero sí en la solución. No era, -entiendo-, prohibir los partidos la mejor respuesta a los problemas de la patria. Tan natural es reunirse en sindicatos, como en asociaciones culturales o deportivas, y -por supuesto, en partidos políticos porque, veamos, ¿quién puede negar que los hombres y las mujeres, se agrupen para defender un ideal ya sea religioso, social, deportivo o político?.  

Entiendo que José Antonio Primo de Rivera, íntimamente preocupado por las graves circunstancias que atravesaba el país, tuviera la idea de acabar con los partidos, como culpables de aquella horrible época, sin embargo, azuzado por la carencia de valores, terminara por la fácil- aunque pienso que equivocada salida-, de secuestrar un derecho inalienable de la humanidad, que es poder agruparse en la defensa de un modo de organizase socialmente. Esto, por otra parte, es lo que algunos usarían para justificar hoy, a la vista de los devaneos y chalaneos de los partidos actuales, aquellas palabras del fundador. Pero tanto entonces como ahora, y en favor de una defensa de la libertad kantiana, o ética, no se puede utilizar las carencias de los partidos, como excusa para su defenestración. La democracia, en su buen sentido no permitiría ningún programa que los prohibiese y en esto, como en otras cosas relativas a los derechos inalienables de los ciudadanos, Falange, cualquiera que sea su denominación si es fiel a ese compromiso de servir al hombre no puede se ninguna manera mostrar ambigüedad o recelos.

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Los falangistas deberíamos de ser muy cautos en manifestaciones contrarias a la existencia de estas unidades de agrupación social y política, y no caer de ninguna manera en su demonización. Habrá que considerar una regeneración humana de los partidos, habrá que buscar unas normas, legales, para impedir conductas inadecuadas, tendremos que exigir formulas estatutarias que aseguren su función democrática y no aceptar aquellos que pretendan ir contra la Constitución o alienten el separatismo, pero nunca, jamás, se debe caer en la gran equivocación joseantoniana, seguramente dada por el inmenso y angustioso contexto histórico que se vivía, pero que -a mi juicio-, fueron completamente erróneas. Hoy los partidos, incluso los autodenominados nuevos, no hacen sino estimular con sus intereses particulares, la desafección y hasta el deseo de que se desvanezcan de aquí, pero una vez más, sería una mala decisión. Si ya hubo un grave error antes, ahora nosotros somos más serenos, más analíticos y más experimentados, y ya sabemos cual sería el resultado, un país de partido único, y eso, estoy seguro tampoco lo querría José Antonio Primo de Rivera.

Y nosotros, menos.

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1 Comentario

  1. Pienso que José Antonio se refería a la situación del momento y a la alternativa que Falange planteaba, la de un estado sindical, que no es un sistema de partidos. Y un sistema de partidos no es una democracia, esto es algo que hay que explicar desde una perspectiva politologica estricta, no desde una divagación de conversación de café. Decir que el sistema de urnas y partidos es una democracia es una falacia, es un grave error y esta es la situación que tenemos en España, con este analfabetismo político que padecemos en España es imposible superar la crisis de estado y de sistema que soportamos. Las urnas son en este discurso de Jose Antonio una representación simbolica de un régimen injusto y perverso que provocó un desastre de dimensiones trágicas para el pueblo español, y en este sentido José Antonio alertó proféticamente de lo que se le venía encima al pueblo español. Y hay que recordar que está estafa de las elecciones tampoco fue respetada en los resultados de 1936, y en ese sentido si que fueron reventadas las urnas puesto que lo que había dentro fue adulterado por los representantes de los partidos. José Antonio tuvo razón, más que un santo, en lo que dijo. Y si lo dijese hoy, también la tendría, puesto que el resultado de las urnas es adulterado todos los días de manera escandalosa y cínica.

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