JOSE ANTONIO PRIMO DE RIVERA, ACERTADO

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JOSE ANTONIO PRIMO DE RIVERA, ACERTADO

Por Eduardo López Pascual elmunicipio.es 

Decía José Antonio Primo de Rivera, que había que tener el valor de desmontar el capitalismo, y más contundente, afirmaba que para los falangistas será una tarea moral. Así pues, nuestra posición en esta justa aspiración política, no tiene ninguna ambigua interpretación, de modo que nadie tenga dudas de lo que sentimos y queremos. No es que nosotros envidiemos a los que con esfuerzo y trabajo logran un bienestar personal o familiar notable, incluso por encima de un estatus normal, es que el capitalismo produce una serie de efectos contrarios, muy contrarios, a la justicia social. Pongamos por ejemplo, la diversidad indignante que se da en la distribución de sueldos y nóminas que un mercado de trabajo concede a determinadas gentes privilegiadas. Vemos entonces, como una presentadora de TVE, gana 1200 Euros. por cada programa que conduce, “solo 1200 euros”, lo que implica cada semana- ya que se realiza de lunes a viernes, la enorme cantidad de 6000 E, o sea, 24000 al mes, o casi 300.000 E. al año. Eso sí. , un trabajador con suerte, si tiene la gracia de un puesto de trabajo, gana de media unos 1000 euros al mes. Y salarios de 600 u 800 euros los hay a mantas.

Me dirán que eso no lo manda el capitalismo, pero la filosofía que lo conduce lo permite, que es solo el mercado, pero el mercado así concebido no deja de ser un producto de ese neoliberalismo génesis del capitalismo. Y además, no es justo que ese sistema contemple esa diferencia tan abismal, que causa indignación y pobreza. No es de recibo, que un médico o un profesor. incluso de universidad, tenga unos haberes de risa mientras un ejecutivo del Ibex se lleva a la coleta sueldos, que no son sueldos sino cheques que rompen cualquier límite. No parece normal que un investigador obtenga un dinero escaso y medido, cuando un pelotero ya no sabe que hacer con los millones que le ofrecen en contratos increíbles. En tanto, un bedel de instituciones o un administrativo de calle, a malas penas consigue una mensualidad para subsistir. No digamos las diferencias que hay entre un arquitecto y el obrero que levanta ladrillos. Todo será legal, pero es repugnantemente inmoral, y eso queda muy lejos de lo que llamamos justicia distributiva, o como decimos los falangistas, justicia social.

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Por eso, personalmente, y como falangista, no me gusta nada, nada, el capitalismo, porque pienso que es un instrumento de discriminación humana que en contra de nuestra dignidad, y de la ética más responsable. Claro que alguien, muy lejos de la práctica cristiana y del mensaje nacional sindicalista, diría que todo lo dicho es producto de la envidia, pero se equivoca de medio a medio; es solo la reflexión de que hay que encontrar un modelo de economía que impida, para siempre, crear pobres y millonarios a gogó. Y en eso, José Antonio Primo de Rivera acertó.

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1 Comentario

  1. Bueno efectivamente el nacional-sindicalismo, por propia definición, no puede ser capitalista; y tampoco su cuerpo doctrinal (incompleto o no) puede ser liberal. Bien. Pero de ahí a que toda la “crítica” al sistema capitalista, que bajo mi opinión es –aunque no sólo– una perversión del libre mercado propiciado por ese escenario liberal de organizar todo, pues como digo la crítica es (o debe ser) más profunda que poner el foco en aquello que cobra uno u otro ¿Hablamos de la empresa privada o hablamos de los trabajadores del Estado cuando hablamos de pagar? Es importante.

    Yo creo que el Estado nacional-sindicalista lo que debería de implementar es un sistema de organización legislativa que armonizase la legítima aspiración de una empresa privada sin colisión con los sistemas de producción propios establecidos por el Estado. Y todo ello se puede conseguir, opino, bajo el armazón jurídico de unas leyes que no dejen todo al albur de ninguna “mano invisible” o a la candidez y la confianza en que todo el mundo actuará bien y con responsabilidad (lo de patriotismo ya ni lo pongo) No. El Estado totalitario (perdón ¿eh? Perdón) no debe dejar nada ni al azar ni a la confianza de sus integrantes. Debe legislar en busca del bien común, la justicia (social o cualquier otra: total) y el engrandecimiento de la Patria: amplificando TODAS sus posibilidades.

    A partir de ahí ya podemos hablar de los sueldos y de todo lo que se quiera. Aunque claro, esto es sólo mi opinión.

    Un saludo

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