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Las imágenes que nadie tiene de la presentadora que se pegó un tiro en directo

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Christine-Chubbuck

Julio de 1974, Sarasota (Florida). Christine Chubbuck se preparaba, como todos los días, para presentar su programa diario en el Canal 40. Sin embargo no era un día normal, pese a que nada hacía presagiar lo que estaba a punto de ocurrir.

El Confidencial / En mitad de la emisión, sacó un revólver y, sin pensarlo dos veces, se suicidó en directo. Desde entonces lo sucedido allí y los acontecimientos posteriores han permanecido en una extraña opacidad que se prolonga hasta nuestros días.

Ahora, 42 años más tarde, un documental de ficción llevará a la gran pantalla, bajo el nombre de ‘Kate Plays Christine’ la desterrada figura de Chubbuck, captando el inconformismo y la lucha interior de la periodista, a través de las propias frustraciones de una actriz y su sufrimiento por encasillarse en el mundo del espectáculo.

Natural de Ohio, pronto abandonó el Medio Oeste para centrarse en sus estudios como periodista en Boston y Nueva York, antes de aterrizar en el Talk Show ‘Suncoast digest’ de la televisión de Florida.

De acuerdo con la política del Canal 40 de brindarles lo último en sangre y entrañas, están a punto de ver otra primicia: un intento de suicidio

Su ascenso parecía meteórico pero en el mundo del espectáculo no es oro todo lo que reluce. En realidad había muchos aspectos de su trabajo con los que Christine estaba descontenta. Bajo la etiqueta de sociedad, la cadena llenaba el espacio de contenidos sensacionalistas. Solo tres días antes de su suicidio, la cadena relegó un reportaje en el que la periodista había estado trabajando duramente para poner un tiroteo. El presidente alegó que quería que sus trabajadores se centraran en “historias de sangre y entrañas”.

No más historias

Dicho y hecho. La mañana del 15 de julio de 1974, Chubbuck se empeñó en escribir ella misma el guión del programa. Su muerte estaría perfectamente estructurada en el guión como un elemento más del espectáculo.

Sus compañeros hablaban de ella como alguien brusco a la hora de expresarse, pero también como una persona entusiasta, competitiva y con mucho talento. Seguramente no tomaron en serio cuando les dijo, apenas una semana antes, que había comprado una pistola. “He pensado en traerla al programa y volarme los sesos en directo”, comentó.

Aquel día, tras dar un par de noticias a nivel nacional, miró a cámara y dijo: “De acuerdo con la política del Canal 40 de brindarles lo último en sangre y entrañas a todo color, están a punto de ver otra primicia: un intento de suicidio”. Cogió el revolver, se apuntó a la cabeza y disparó.

Las televisiones quedaron fundidas a negro cuando el director se acercó para ver qué había pasado. Lo que en principio creyeron que era una broma de Christine había sido una terrible realidad; la periodista estaba tendida sobre la mesa, aún temblando y cubierta de sangre.

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Una persona atormentada

Pese a que las causas que la llevaron a tan fatal episodio nunca trascendieron, se sabe que Chubbuck padeció varios episodios de depresión a lo largo de su vida y, según su familia, ya había tenido alguna tendencia suicida anteriormente.

La madre de Christine se encargó de guardar la grabación aunque tras su muerte nadie sabe exactamente qué pasó con ella

Cuatro años antes ya se había intentado suicidar ingiriendo una gran cantidad de medicamentos, cuando atravesaba una depresión. Su hermano Greg Chubbuck, asegura que sus padres gastaron cerca de un millón de dólares en tratamientos para la enfermedad de Christine.

Al parecer, antes del suceso la periodista había propuesto hacer un reportaje sobre el suicidio. Se acercó a la oficina del sheriff y le preguntó por los métodos más eficaces. Este le comentó que uno de los más efectivos era el disparo de un revólver de calibre 38 en la parte trasera de la cabeza. Exactamente el que le mataría tres semanas más tarde.

Un misterio en la pantalla

La cinta en la que estaba grabado el programa original fue incautada por la policía, que posteriormente la entregó a la familia. La madre de Christine se encargó de guardarla y se cree que optaron por destruirla, aunque tras su muerte nadie sabe exactamente qué pasó con ella. En cualquier caso actualmente no es posible encontrar ningún material gráfico del momento del suceso.

La historia de esta periodista puso el foco en la problemática del abuso del sensacionalismo en la televisión norteamericana de los setenta. Y quizá, después de 40 años, siga siendo necesario mantenerlo en boga. Así lo pensó Robert Greene cuando se planteó hacer una docuficción en torno a la figura de Christine Chubbuck, ‘Kate Plays Christine’ que se estrena este 24 de agosto en Estados Unidos y que se centra en otro de los temas tabú en la época de la periodista: la depresión como una enfermedad real.

En él se puede ver cómo la protagonista, Kate Lyn Sheil, se prepara para representar el papel de Chubbuck, en un largometraje que identifica las vidas de la actriz y el personaje, mostrando en un solo cuerpo el complejo mundo interior de ambas y las dificultades que atraviesan, aquejadas por conductas depresivas, a menudo intensificadas por las propias presiones que acarrea (tanto en los setenta como en la actualidad) el exigente mundo del espectáculo. En el caso de las mujeres incluso conlleva más complicaciones, ya que además tienen que atender a multitud de clichés y cumplir única y encorsetadamente con lo que se espera de ellas.

Se trata de una exploración completa y por duplicado de las dificultades de una mujer en el mundo laboral, añadidas a las dificultades de atravesar una enfermedad mental, a menudo incomprendida por la sociedad, que prefiere mirar hacia otro lado. “La propia Kate es la película”, ha comentado Greene para ‘Business Insider’. La vida real y el guión se funden “en una colisión absoluta entre la ficción y la no ficción. La idea es que el espectador se pregunte ¿es real?”, ya que Sheil actúa a la vez como ella misma y como Chubbuck.

Tanto este como el próximo estreno de la película ‘Christine’, de Antonio Campos, ponen imágenes a una historia televisiva que, paradójicamente, carece de ellas.

Ha habido voces que han mostrado su malestar con estos dos largometrajes, temiendo que se centren en lo escabroso de un suicidio en directo, lo que vendría a ser caer en más sensacionalismo, precisamente lo que Chubbuck criticaba. Pero lo cierto es que las escenas del hecho en sí, en ambos casos son breves y narradas desde la perspectiva del equipo que allí se encontraba trabajando. Se centran más en explorar las dificultades de una mujer en el mundo laboral y en las dificultades de atravesar una enfermedad mental que en el propio suicidio.

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