José Antonio “Res ipsa locutorum”

José Antonio “Res ipsa locutorum”

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Por Josele Sánchez

Acto Primero

Tal día como hoy, hace ochenta años, un joven pasa la noche en vela en una celda de desconchadas paredes, en la prisión provincial de Alicante. Pasa la noche en vela porque la ocasión lo merece. No piensa entregar a los brazos de Morfeo sus últimas horas. Ha de repasar tantos y tantos momentos de su vida, de sus sólo 33 años. A la mañana siguiente va a ser fusilado. Ha podido confesarse. Ahora se afana en escribir las que sabe serán sus últimas palabras: su testamento. La mano le tiembla al coger una estilográfica y ante unos papeles inmaculados comienza: “Hay que decir adiós a la Falange si queremos que perduren las ideas de José Antonio”. Entrevista a Josele Sánchez

“Condenado ayer a muerte, pido a Dios que si todavía no me exime de llegar a ese trance, me conserve hasta el fin la decorosa conformidad con que lo preveo y, al juzgar mi alma, no le aplique la medida de mis merecimientos, sino la de su infinita misericordia”.

“Me acomete el escrúpulo de si será vanidad y exceso de apego a las cosas de la tierra el querer dejar en esta coyuntura cuenta de mis actos; pero como, por otra parte, he arrastrado la fe de muchos camaradas míos en medida muy superior a mi propio valor (demasiado bien conocido de mí, hasta dictarme esta frase con la más sencilla y contrita sinceridad), y como incluso he movido a innumerables de ellos a arrostrar riesgos y responsabilidades enormes, me parecería desconsiderada ingratitud alejarme de todos sin ningún género de explicación.” Ante una situación límite: ¡Hagamos algo grande!

Pese a su calidad literaria no se trata de uno de sus célebres discursos. Es la última confesión íntima y sincera de un hombre de precoz brillantez intelectual y de profundos valores. Sigue dejando frases en su testamento…

“Me asombra que, aún después de tres años, la inmensa mayoría de nuestros compatriotas persistan en juzgarnos sin haber empezado ni por asomo a entendernos y hasta sin haber procurado ni aceptado la más mínima información. Si la Falange se consolida en cosa duradera, espero que todos perciban el dolor de que se haya vertido tanta sangre por no habérsenos abierto una brecha de serena atención entre la saña de un lado y la antipatía del otro.”

La noche sigue su transcurso acaso de manera más veloz que nunca. En la celda hace frío.

El preso se levanta para cubrirse con la manta del camastro y vuelve a la silla situada frente a un minúsculo tablero que hace las veces de escritorio.

Escribe sin parar, casi de manera compulsiva, como si la vida le fuera en ello. Es la muerte lo que le va en ello.

Se acerca, también, al final de su escrito:

“Ojalá fuera la mía la última sangre española que se vertiera en discordias civiles. Ojalá encontrara ya en paz el pueblo español, tan rico en buenas calidades entrañables, la Patria, el Pan y la Justicia”.

“Creo que nada más me importa decir respecto a mi vida pública. En cuanto a mi próxima muerte, la espero sin jactancia, porque nunca es alegre morir a mi edad, pero sin protesta. Acéptela Dios nuestro Señor en lo que tenga de sacrificio para compensar en parte lo que ha habido de egoísta y vano en mucho de mi vida. Perdono con toda el alma a cuantos me hayan podido dañar u ofender, sin ninguna excepción, y ruego que me perdonen todos aquellos a quienes deba la reparación de algún agravio grande o chico.”

Ese joven preso que va a morir es, pese a su juventud, uno de los abogados más eruditos. Tal vez por ello, pese a la dureza del trance, a continuación escribe las cláusulas de su testamento con todo detalle.

Terminado el testamento se dispone a afeitarse. Sólo se muere una vez en la vida y quiere recibir a la muerte con la máxima pulcritud posible. Está secándose la cara cuando el carcelero abre la puerta de su celda. La mañana es muy fría y se cubre con su abrigo de paño negro. Solicita permiso para despedirse de su hermano, también preso en otra celda de la cárcel. El oficial al mando del pelotón de fusilamiento se lo concede. Entra en la celda donde se encuentra su hermano Miguel y ambos se abrazan. Se dicen unas últimas palabras en inglés, dejando claro que no quieren ser entendidos por sus carceleros. En aquella época muy pocos hablaban inglés. Casi lo mismo que ahora.

El reo se dirige al minúsculo patio de la prisión.

Nuevamente se dirige al militar para hacerle una última petición. Su hermano, como el resto de prisioneros, saldrá horas después a ese mismo patio.

Le ruega encarecidamente se limpie de manera adecuada para que no tenga que ver la sangre o los restos de su propio hermano.

El militar le sonríe con amabilidad y le asegura que se encargará personalmente de que así sea.

Al salir al patio de la cárcel se despoja de su abrigo y se lo entrega a uno de los componentes de pelotón de fusilamiento diciéndole:

“Toma, a ti va a hacerte más falta que a mí”.

Después, mirando fijamente al pelotón de ejecución les dice:

“No soy vuestro enemigo ¿De verdad queréis que yo muera?”.

Se dirige hacia el muro frontal del patio de la cárcel.

Rechaza situarse de espaldas al piquete. Rechaza también que le sean vendados los ojos. En la mano izquierda agarra con fuerza un pequeño crucifijo que le regaló su cuñada. Alza el brazo y grita “¡Arriba España!”

Se escucha la voz del teniente. “Pelotón, carguen armas”.

El hombre vuelve a gritar “¡Arriba España!”

Otra vez el militar ordena: “Pelotón, apunten, armas”.

El preso grita por última vez: “¡Arriba España!”

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Fuego…

El último grito del preso se ha quebrado por el ensordecedor ruido de las balas asesinas. El preso se llamaba José Antonio.

El crimen ocurrió en Alicante…

Fin del primer acto.

Acto Segundo

De las 114.000 víctimas del franquismo que Amnistía Internacional reconoce se produjeron entre los años 1.936 y 1.951, un número indeterminado de éstas fueron causadas por falangistas, ergo la importancia del Jefe Nacional de Falange Española es determinante a la hora de situar el contexto “casus belli” y comprender la realidad de lo que el Régimen franquista, en convivencia con la jerarquía católica, vino a llamar Gloriosa Cruzada Nacional y más en concreto de la participación de los camisas azules en la contienda militar, en la represión en la retaguardia, en el triunfo del movimiento golpista y en la instauración y mantenimiento del sistema que habría de gobernar España hasta la muerte del Dictador.

No podemos olvidar que desde el 14 de marzo de 1.936 ¡¡¡cuatro meses antes del inicio del alzamiento!!! José Antonio se encontraba detenido, primero en la Cárcel de Madrid y, posteriormente en la Prisión Provincial de Alicante. Asimismo debemos recordar que la gran mayoría de la Junta Política de Falange también se encontraba presa.

En esta situación de provisionalidad y de vacío de poder y con lo que se estaba cociendo en España se sitúa al frente de la Falange, no sabemos bien por orden de quien, Fernando Primo de Rivera, hermano de José Antonio, médico militar que no había militado hasta ese momento en el Partido.

Asimismo, parecen tomar las riendas de la organización falangista, por propia autoproclamación, los compañeros del despacho profesional del líder de la Falange, todo esto en la cuenta atrás del levantamiento militar que pretendían Mola, Sanjurjo y Franco (y no es aleatorio el orden en que nombro a estos tres generales).

En este escenario se desarrollan los planes militares previos al alzamiento del 18 de julio y cualquier participación civil que pudiera existir debió realizarse, pues, necesariamente, con una Falange clandestina, perseguida, acosada y carente de jerarquía por lo que cuesta creer su participación en los preparativos de la rebelión armada.

Por otro lado, de lo que existe constancia documental fehaciente es de la circular que, con fecha 24 de junio de 1936 (algo menos de un mes antes del levantamiento militar) José Antonio consigue enviar desde la cárcel de Alicante a todas las jefaturas territoriales y provinciales de la Falange y en la que afirmaba textualmente:

“Ha llegado a conocimiento del Jefe Nacional la pluralidad de maquinaciones en favor de más o menos confusos movimientos subversivos que están desarrollándose en diversas provincias de España… Todo Jefe de Falange a quien un elemento militar o civil invite a tomar parte en conspiración, levantamiento o cosa análoga, se limitará a responder: Que no puede tomar parte en nada, ni permitir que sus camaradas la tomen…”.

Circular del Jefe Nacional de Falange que concluía amenazando de “expulsión inmediata a quienes concierten pactos locales con elementos militares o civiles”.

Esta orden de José Antonio, tantos años oculta por el franquismo, no fue el impulso puntual de un día en prisión del Jefe de la Falange. Cuatro días antes, el 20 de junio de 1.936, el periódico falangista editado en la clandestinidad y denominado No Importa reflejaba en portada un artículo de José Antonio en el que ante los insistentes rumores de un próximo movimiento militar se refería a los facciosos como “madrugadores” y así se dirigía “ratio decidendi” desde la cárcel a sus camisas azules:

“Se trata de hacer a España. De hacer a España con arreglo a un entendimiento de amor, que sólo poseen los que lo han adquirido en las horas tensas, difíciles. Se trata de hacer a España según una iluminada geometría, cuyos secretos sólo se han entregado tras muchas noches de vela. Que alguien escuche y desmenuce el lenguaje de los madrugadores: ese lenguaje espeso, inflado, prosaico, abrumadoramente abundante y grotescamente impreciso ¿Podrá alguien percibir en ese lenguaje el menor aleteo de la gracia? No seremos ni vanguardia ni fuerza de choque ni inestimable auxiliar de ningún movimiento confusamente reaccionario. Mejor queramos la clara pugna de ahora que la modorra de un conservadurismo grueso y alicorto, renacido en provecho de unos ambiciosos madrugadores…”.

Y concluía con una claridad imprescindible para aquellos trágicos momentos que se avecinaban y que no dejaba opción a la duda:

“Esas gentes, de las que no podemos escribir sin cólera y asco, todavía suponen que la misión de la Falange es poner a sus órdenes ingenuos combatientes. Un día sí y otro no, los Jefes provinciales reciben visitas misteriosas de los conspiradores de esas derechas con una pregunta así en los labios: ¿Podrían ustedes darnos tantos hombres?…”

Y en el mismo texto añadía:

“¿Pero que supone esa gentuza, que la Falange es una carnicería donde se adquieren, al peso, tantos o cuantos hombres? ¿Suponen que cada grupo local de la Falange es una tropa de alquiler a disposición de las empresas?”.

Concluyendo con una clara orden para todos sus mandos:

“Todo Jefe Provincial, a quien se le haga semejante pregunta, debe contestarla, por lo menos, volviendo la espalda a quien la formula. Si antes de volver la espalda le escupe en el rostro, no hará ninguna cosa de más.”

Debemos tener presente también que, en las últimas elecciones celebradas antes del golpe del 18 de julio de 1.936 Falange obtuvo 45.000 sufragios en todo el territorio español, pasando a convertirse en una fuerza política extraparlamentaria por lo que, con toda probabilidad, sus militantes no superarían los 10.000 (según Mercedes Fórmica en su libro “Visto y Vivido”, “Los seguidores de José Antonio éramos poquísimos, quizás unos dos mil en toda España”).

Resulta un hecho incuestionable que el nombre, los uniformes y la bandera de la Falange participaron activamente en el 18 de julio, pero ¿cabe seguir manteniendo que José Antonio Primo de Rivera participó, ordenó o tan si quiera consintió la participación de la Falange en el alzamiento militar?

¿Cabe seguir manteniendo que quienes vestían la camisa azul en el frente eran falangistas, formados en el espíritu de la Falange, afiliados con anterioridad al Golpe de Estado?

Debemos significar que, a finales de 1937 y en plena contienda bélica, “manu militari” el número de los falangistas combatientes se sitúa en torno a los 200.000 es decir que, desde el inicio del alzamiento la Falange vio multiplicada su militancia ¡¡¡por cien!!!

Por si faltara algún elemento para dar mayor intriga y controversia a todo este asunto, aparece otra circular firmada por José Antonio y cifrada el 29 de junio de 1936, cinco días después de la anterior, en la que el Jefe Nacional de Falange dice todo lo contrario a su anterior misiva y da órdenes concretas a sus militantes de cómo participar en el movimiento militar.

Esta última prueba está tan mal elaborada, su estilo coincide tan poco con el utilizado por José Antonio que, a simple vista, cualquiera podría deducir que se trata de una falsificación y que jamás fue redactada ni firmada por José Antonio. De hecho no soy el primero ni el único que dudan de la autenticidad de este texto; Ceferino Maestú, Mercedes Fórmica, Maximiliano García Venero –entre otros- han escrito a este respecto. Falange, reorganizada ya en la medida de lo posible y bajo el mandato provisional –en ausencia de José Antonio- de Manuel Hedilla intenta reiteradamente salvar a José Antonio.

Interesaría también detenerse en el ofrecimiento de canje que gracias a la intermediación de Indalecio Prieto se presentó ante Franco y que solicitaba a cambio de José Antonio, seis millones de pesetas y 30 prisioneros –en primera solicitud- y, más tarde, un canje 1×1, José Antonio a cambio del hijo de Largo Caballero preso en la zona franquista. En ambos casos se impidió el acuerdo; por cierto, meses después el hijo de Largo Caballero fue intercambiado por otros prisioneros de la zona fiel a la República.

Podría seguir alegando multitud de datos de extraordinaria importancia como la condena a muerte en Salamanca el 5 de Junio de 1937 del sustituto de José Antonio al mando de la Falange, Manuel Hedilla, posteriormente reducida en un grado gracias a la intermediación ante Franco y el plante del General Yague, la supuesta carta fechada un día antes del golpe militar y que presumía haber recibido de José Antonio, Raimundo Fernández Cuesta, la traición a los falangistas de la primera hora y al propio José Antonio a cambio de prebendas del franquismo de la propia hermana del líder de la Falange, Pilar Primo de Rivera, del ya citado Raimundo Fernández Cuesta y de advenedizos como El Cuñadísimo, Ramón Serrano Suñer, y un larguísimo etcétera, pero por no alargar este escrito me limito a reincidir en que la Falange que participó junto a Franco en el golpe militar, en las represalias y en el establecimiento del nuevo régimen, no tenía ni el consentimiento de José Antonio, ni su apoyo, ni la participación de sus auténticos dirigentes y que incluso tuvo la enérgica y demostrable reprobación del fundador de Falange Española.

Así las cosas, desde un posicionamiento político claramente de izquierdas, compatible con el respeto por la verdad y el desprecio por el historicismo “políticamente correcto”, puedo afirmar y sostengo que la Falange no participó en el 18 de Julio y aún más que fue otra víctima de la ambición desmedida, el patriotismo cuartelero y la falta de escrúpulos de Franco y el resto de sus tristes “madrugadores”.

Artículo de Josele Sánchez publicado en el diario La Tribuna del País Vasco

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5 Comentarios

  1. Querido Josele Sánchez, la aportación documental que haces es importantísima para el esclarecimiento de la Historia de España en general y de la de la Falange en particular. Pero tenemos que entrar precisamente por ello en las entrañas de esa Historia para explicarnos si pudo ser o no ser, si lo que ocurrió con lo que yo considero inevitable, aquella maldita Guerra Civil entre hermanos, azuzada desde fuera por los intereses políticos y geoestratégicos del momento, obligaba o no a intervenir en ella, incluso desconociendo las órdenes del mando. Y es que a veces las circunstancias se imponen a los deseos, al proyecto de un programa revolucionario para cambiar una sociedad, injusta, muy injusta; tales circunstancias, digo, se pueden llegar a imponer a las clarividentes directrices y al liderazgo de un personaje excepcional como José Antonio Primo de Rivera, encarcelado y falto de la información necesaria de lo que estaba sucediendo en las calles de nuestra Patria y que como una gigantesca tromba avanzaba contra ella. Ese análisis que me veré obligado a hacer en su momento, nace de los testimonios directos de mi propia familia perseguida y amenazada, incluso con un asesinato incluido, por ambos bandos. Fue uno de esos momentos culminantes, decisivos, en los que había que tomar partido, y no precisamente sobre un tablero de ajedrez sino sobre el gran tablero de las tierras de España. Indudablemente, luego llegó el momento de los aprovechados vencedores, a costa de los leales, o de aquellos que llegaron a poner la sangre de sus familiares caídos en el frente de batalla como testimonio para allegar beneficios particulares que sólo podían corresponder a todos los españoles, etc., etc.

  2. No deja de resultar curioso –o sí– que quien repetidamente lanza preces por la desaparición de la obra política de José Antonio (Falange), elija precisamente un 20 de noviembre para, una vez más, decirse –al final de su escrito– que se RECONOCE IDEOLÓGICAMENTE DE IZQUIERDAS, y como tal que no ha pretendido otra cosa –con su artículo– que argumentar sobre la teoría de que el fundador de la Falange no habría querido que ningún falangista participase en la TOMA DEL DE UN ESTADO (el Republicano en manos de un Frente Popular sovietizado) disuelto entre algaradas, desmanes, estados de alarma, asesinatos y desgobierno en general.

    Con tales mimbres no es de extrañar, pues, que sus fuentes sean, entre otras, organizaciones tan ‘independientes’ como lo pueda ser Amnistía Internacional, ente que se ha destacado por torpedear la lucha antiterrorista en España contra la banda asesina ETA, haciéndose eco de las manifestaciones falsas sobre maltrato policial que, como tienen organizativamente establecido en sus preceptos internos (boletines Zutabe), los terroristas emitían por sistema y sus abogados tramitaban por obligación, ampliados además en sus medios de comunicación (algunos clausurados por ello: EGIN) y con cierta condescendencia en organizaciones izquierdistas de diferentes partes del Estado español (algunas de ellas ahora son parte de un partido político que quiere y NO PUEDE) Además, el articulista deja clara –una vez más– su tendencia política: declarando que el alzamiento del 18 de Julio fue un “movimiento golpista”. Perfecto también y ninguna objeción a su posicionamiento, tan sólo señalar que su argumento es el mismo que el de la izquierda en España. Todo cuadra.

    A parte de señalar todo esto, nos gustaría introducir una carta de José Antonio Primo de Rivera destinada a “Los militares de España”, para que así el lector menos informado pueda sacar sus conclusiones:

    CARTA A LOS MILITARES DE ESPAÑA

    I.– ANTE LA INVASIÓN DE LOS BÁRBAROS

    ¿Habrá todavía entre vosotros –soldados, oficiales españoles de tierra, mar y aire– quien proclame la indiferencia de los militares por la política? Esto pudo y debió decirse cuando la política se desarrollaba entre partidos. No era la espada militar la llamada a decidir sus pugnas, por otra parte harto mediocres. Pero hoy no nos hallamos en presencia de una pugna interior. Está en litigio la existencia misma de España como entidad y como unidad. El riesgo de ahora es exactamente equiparable al de una invasión extranjera. Y esto no es una figura retórica; la extranjería del movimiento que pone cerco a España se denuncia por sus consignas, por sus gritos, por sus propósitos, por su sentido.
    Las consignas vienen de fuera, de Moscú. Ved cómo rigen exactas en diversos pueblos. Ved cómo en Francia, conforme a las órdenes soviéticas, se ha formado el Frente Popular sobre la misma pauta que en España. Ved cómo aquí –según anunciaron los que conocen estos manejos– ha habido una tregua hasta la fecha precisa en que terminaron las elecciones francesas, y cómo el mismo día en que los disturbios de España ya no iban a influir en la decisión de los electores franceses se han reanudado los incendios y las matanzas.
    Los gritos los habéis escuchado por las calles: no sólo el ¡Viva Rusia!” y el ¡Rusia, sí; España, no!”, sino hasta el desgarrado y monstruoso “¡Muera España!” (Por gritar ¡Muera España!” no ha sido castigado nadie hasta ahora, en cambio, por gritar “¡Viva España!” o “¡Arriba España!” hay centenares de encarcelados.) Si esta espeluznante verdad no fuera del dominio de todos, se resistiría uno a escribirla, por temor a pasar por embustero.
    Los propósitos de la revolución son bien claros. La Agrupación Socialista de Madrid, en el programa oficial que ha redactado, reclama para las regiones y las colonias un ilimitado derecho de autodeterminación, que incluso las lleve a pronunciarse por la independencia.
    El sentido del movimiento que lanza es radicalmente antiespañol. Es enemigo de la Patria. (Claridad, el órgano socialista, se burlaba de Indalecio Prieto porque pronunció un discurso patriótico.) Menosprecia la honra, al fomentar la prostitución colectiva de las jóvenes obreras en esos festejos campestres donde se cultiva todo impudor; socava la familia suplantada en Rusia por el amor libre, por los comedores colectivos. por la facilidad para el divorcio y para el aborto (¿no habéis oído gritar a muchachas españolas estos días: “¡Hijos, sí; maridos, no!”?), y reniega del honor, que informó siempre los hechos españoles, aun en los medios más humildes; hoy se ha enseñoreado de España toda villanía; se mata a la gente cobardemente, ciento contra uno; se falsifica la verdad por las autoridades; se injuria desde inmundos libelos y se tapa la boca a los injuriados para que no se puedan defender; se premian la traición y la soplonería…

    ¿Es esto España? ¿Es esto el pueblo de España? Se dijera que vivimos una pesadilla o que el antiguo pueblo español (sereno, valeroso, generoso) ha sido sustituido por una plebe frenética degenerada, drogada con folletos de literatura comunista. Sólo en los peores momentos del siglo XIX conoció nuestro pueblo horas parecidas, sin la intensidad de ahora. Los autores de los incendios de iglesias que están produciéndose en estos instantes alegan como justificación la especie de que las monjas han repartido entre los niños de obreros caramelos envenenados. ¿A qué páginas de esperpento, a qué España pintada con chafarrinones de bermellón y de tizne hay que remontarse para hallar otra tubra que preste acogida a semejante rumor de zoco?

    II.– EL EJÉRCITO, SALVAGUARDIA DE LO PERMANENTE

    Sí; si sólo se disputara el predominio de este o del otro partido, el Ejército cumpliría con su deber quedándose en sus cuarteles. Pero hoy estamos en vísperas de la fecha, ¡pensadlo, militares españoles!, en que España puede dejar de existir. Sencillamente: si por una adhesión a lo formulario del deber permanecéis neutrales en el pugilato de estas horas, podréis encontramos de la noche a la mañana con que lo sustantivo, lo permanente de España que servíais, ha desaparecido. Este es el límite de vuestra neutralidad: la subsistencia de lo permanente, de lo esencial, de aquello que pueda sobrevivir a la varia suerte de los partidos. Cuando lo permanente mismo peligra, ya no tenéis derecho a ser neutrales. Entonces ha sonado la hora en que vuestras armas tienen que entrar en juego para poner a salvo los valores fundamentales, sin los que es vano simulacro la disciplina. Y siempre ha sido así: la última partida es siempre la partida de las armas. A última hora –ha dicho Spengler–, siempre ha sido un pelotón de soldados el que ha salvado la civilización.
    La mayor tristeza en la historia reciente del Ejército ruso se escribió el día en que sus oficiales se presentaron, cada cual con un lacito rojo, a las autoridades revolucionarias. Poco después, cada oficial era mediatizado, al frente de sus tropas, por un “delegado político” comunista y muchos, algo más tarde, pasados por las armas. Por aquella claudicación de los militares moscovitas, Rusia dejó de pertenecer a la civilización europea. ¿Queréis la misma suerte para España?

    III.– UNA GRAN TAREA NACIONAL

    Tendríais derecho a haceros los sordos si se os llamara para que cobijaseis con vuestra fuerza una nueva política reaccionaria. Es de esperar que no queden insensatos todavía que aspiren a desperdiciar una nueva ocasión histórica (la última) en provecho de mezquinos intereses. Y si los hubiera, caería sobre ellos todo vuestro rigor y nuestro rigor. No puede invocarse al supremo honor del Ejército, ni señalar la hora trágica y solemne de quebrantar la letra de las Ordenanzas, para que todo quedase en el refuerzo de una organización económica en gran número de aspectos. La bandera de lo nacional no se tremola para encubrir la mercancía del hambre. Millones de españoles la padecen y es de primera urgencia remediarla. Para ello habrá que lanzar a toda máquina la gran tarea de la reconstrucción nacional. Habrá que llamar a todos, orgánicamente, ordenadamente, el goce de lo que España produce y puede producir. Ello implicará sacrificios en la parva vida española. Pero vosotros –templados en la religión del servicio y del sacrificio– y nosotros –que hemos impuesto voluntariamente a nuestra vida un sentido ascético y militar– enseñaremos a todos a soportar el sacrificio con cara alegre. Con la cara alegre del que sabe que, a costa de algunas renuncias en lo material, salva el acervo eterno de los principios que llevó a medio inundo, en su misión universal, España.

    IV.– HA SONADO LA HORA

    Ojalá supieran estas palabras expresar en toda su gravedad el valor supremo de las horas en que vivimos. Acaso no las haya pasado más graves, en lo moderno, otro pueblo alguno, fuera de Rusia. En las demás naciones el Estado no estaba aún en manos de traidores; en España, sí. Los actuales fiduciarios del Frente Popular, obedientes a un plan trazado fuera, descarnan de modo sistemático cuanto en la vida española pudiera ofrecer resistencia a la invasión de los bárbaros. Lo sabéis vosotros, soldados españoles del Ejército, de la Marina, de la Aviación, de la Guardia Civil, de los Cuerpos de Seguridad y Asalto, despojados de los mandos que ejercíais por sospecha de que no ibais a prestaros a la última traición. Lo sabemos nosotros, encarcelados a millares sin procesos y vejados en nuestras casas por el abuso de un poder policiaco desmedido que hurgó en nuestros papeles, inquietó nuestros hogares, desorganizó nuestra existencia de ciudadanos libres y clausuró los centros abiertos con arreglo a las leyes, según proclama la sentencia de un Tribunal, que ha tachado la indigna censura gubernativa. No se nos persigue por incidentes más o menos duros de la diaria lucha en que todos vivimos: se nos persigue –como a vosotros– porque se sabe que estamos dispuestos a cerrar el paso a la horda roja destinada a destruir a España. Mientras los semiseñoritos viciosos de las milicias socialistas remedan desfiles marciales con sus camisas rojas, nuestras camisas azules, bordadas con las flechas y el yugo de los grandes días, son secuestradas por los esbirros de Casares y sus poncios. Se nos persigue porque somos –como vosotros– los aguafiestas del regocijo con que, por orden de Moscú, se pretende disgregar a España en repúblicas soviéticas independientes. Pero esta misma suerte que nos une en la adversidad tiene que unimos en la gran empresa. Sin vuestra fuerza –soldados– nos será titánicamente difícil triunfar en la lucha. Con vuestra fuerza claudicante es seguro que triunfe el enemigo. Medid vuestra terrible responsabilidad. El que España siga siendo depende de vosotros. Ved si esto no os obliga a pasar sobre los jefes vendidos o cobardes, a sobreponemos a vacilaciones y peligros. El enemigo, cauto, especula con vuestra indecisión. Cada día gana unos cuantos pasos. Cuidad de que al llegar el momento inaplazable no estéis ya paralizados por la insidiosa red que alrededor se os teje. Sacudid desde ahora mismo sus ligaduras. Formad desde ahora mismo una unión firmísima, sin esperar a que entren en ella los vacilantes. Jurad por vuestro honor que no dejaréis sin respuesta el toque de guerra que se avecina.
    Cuando hereden vuestros hijos los uniformes que ostentáis, heredarán con ellos:
    0 la vergüenza de decir: “Cuando vuestro padre ve6tía este uniforme dejó de existir lo que fue España”.

    0 el orgullo de recordar: “España no se nos hundió porque mi padre y sus hermanos de armas la salvaron en el momento decisivo”. Si así lo hacéis, como dice la fórmula antigua del juramento, que Dios os lo premie; y si no, que os lo demande.
    ¡ARRIBA ESPAÑA!

    (Hoja clandestina escrita por José Antonio en la Cárcel Modelo de Madrid el día 4 de mayo de 1936)

  3. “Me duele la sangre vertida en ambos bandos,la nuestra y la de ellos,también por generosa”.
    Como suelen decir ahora los jóvenes,”a Jose Antonio le hicieron todo el lío”.
    Podemos tirar de obras completas,más o menos,aunque hay textos en alguna carpeta que quizás aparezcan todavía dentro de algunos años.Pero si bien los principios son significativos y no excluyen ni quitan responsabilidad ni grandeza también es cierto que más importantes son los finales.En medio de aquel mundo de entreguerras,Jose Antonio,en la cárcel, dandose cuenta de todo,de esa maldad,de esos intereses ajenos al pueblo español,tanto de un lado como del otro opta por proponer un gobierno para parar la guerra y este,excluidos los extremismos de un lado y de otro entronca con esa tercera España,la de los intelectuales que estuvieron en principio al servicio de la república.El gobierno que propone Jose Antonio es moderado,desde Maura hasta Prieto.
    Con todo,el oscurantismo y la falsedad aún hoy sobre Jose Antonio y su brillante y eterna idea de España llevada a los margenes abismales y al basurero de la historia hace que todavía algunos creamos que este país ,con todo el dolor del mundo,tenga muy dificil solución.
    Que pensarias hoy Jose Antonio del mundo con tu brillante inteligencia y capacidad de anticipación?

  4. Carlos, no sabemos qué pensaría de este mundo, pero sí sabemos y nos consta qué pensaba de aquel mundo suyo: y que no le gustaba a pesar de amarlo.
    Por eso, pretender sostener que José Antonio no quería la toma del poder incluso por las armas es –bajo mi opinión– inexacto. Pero como quiera que mi opinión es como el patio de mi casa: particular, y representa lo que representa en este mundo falangista donde cada cual coge el pedacito de historia que le interesa para darle el sesgo más adecuado a su argumentación, expondré diversas cuestiones. En vez de traer a José Antonio a nuestros días ¿por qué no vamos nosotros a los suyos? Y así, cabría preguntarse: en la misma situación de entonces en España -pero hoy en día– con el mismo desgobierno de entonces, con los mismos asesinatos por doquiera, con la misma influencia materialista extranjera amenazando influir en nuestro pueblo, tras un golpe revolucionario como el del 34, unido a las amenazas constantes de muerte desde el hemiciclo parlamentario entre unos y otros, llamando muchos a la revolución (violenta) de los unos contra los otros y, además, con el asesinato del principal líder de la oposición la pregunta que nos podríamos hacer es ¿estaríamos hoy –los influidos por una determinada cosmovisión de España– en la obligación de conquistar el Estado y ordenar la nación? Para mí está claro. Quizá otros, ante las puertas de la revolución soviética mantendrían la táctica del diálogo de civilizaciones. Yo no.

  5. Entiendo tu propuesta Fran.Durante bastantes años me he dedicado a estudiar la figura de José Antonio y su movimiento falange Española y admito que el método para conseguir el poder en la visión de Jose Antonio de aquellos años y dadas las insuficientes fuerzas para conseguirlo ni mediante voto ni mediante una fuerza militante con capacidad hacía que los intentos de convencer a sectores del ejercito para la toma del poder si existieran.
    Luego las claves del pensamiento Joseantoniano son atemporales y válidas para cualquier época,josé Antonio creía defender los valores de nuestra civilización occidental,cristiana y ahí sus fuentes se retrotraen a épocas antiguas,a la conformación de los reinos hispánicos y la fundación de España como país.Inspirado profundamente por valores tradicionales se creía con capacidad de que estos a la vez pudieran convivir con la España de los años treinta y con algunos avances evidentes que había traído la república.
    Se podría decir que estamos en una misma texitura en ciertos aspectos parecida a la de los años treinta ,tan solo hay que ver como se está manifestando la ciudadanía en Europa y en EEUU para ver que hay evidencias de un hartazgo,de unas prisas hacia una supuesta modernidad que parece que esconde más incertidumbre y miedos que lo que debería ser un verdadero avance en las sociedades.
    La vuelta a los estados Nacionales y de ahí su reordenación politica,económica,social,en clave interna.
    Disuelto ya el espacio internacionalista comunista décadas atrás se promueve ahora incipientemente desde una nueva política la contención y el freno a los excesos globalistas,el peligro que representa,de una forma que se podría decir incluso inhumana ,el internacionalismo capitalista de las grandes corporaciones y esa parece ser imparable dominación cultural que lo convierte todo en asfixiante y que ni mucho menos deja un resquicio a la disidencia o el pensamiento libre.Es el nuevo orden orweliano.
    No creo en alianzas de civilizaciones de momento más allá de lo que podría haber hace unos años y es dotar en zonas conflictivas de países que si bien culturalmente nos son ajenos,los preferimos que sean lo más parecido a nuestros sistemas en tanto a la capacidad que nos hemos dado,con todos sus errores de unas sociedades aceptablemente libres,si bien es cierto que esta última oleada neoliberal pone en entre dicho eso que llamamos “libertad”.
    No creo en sociedades amigas.Creo en los inetrerse de cada país en particular y eso sí fomentar la ccoperación y la ayuda mutua entre países es un buen marco para evitar conflictos como los que llevamos décadas viviendo.
    La gente está despertando,al salir de la mátrix a veces se produce una reconexión que nos devuelve a lo auténtico y genuíno del hombre y esa sensación de ser libres nos es un acicate para seguir peleando por otro tipo de sociedades.
    Un paseo por el campo alejado de todo aparato tecnológico es ya algo maravilloso.
    Algo tan sencillo como eso.

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