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La División Azul vista por los otros

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División Azul. Voluntarios falangistas de la División Azul
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La División Azul vista por los otros

Por Eduardo López Pascual par elmunicipio.es

Los otros son aquellos que nunca reconocen la gesta de la División Azul o quienes nombran a los voluntarios de la 250 solo en lo que puedan usar para denigrarla. Los otros son siempre los que hablan de ellos poco más o menos como pobres parias que huían del hambre, o escapaban de una posible represión del Régimen franquista. Era también, para estos, un refugio para emboscados de los que combatieron en el ejército republicano. Y claro, de algunos -la minoría-, falangistas que naturalmente serían unos fanáticos nazis.

Eso es lo que desprendía, a mi entender, la película “Silencio en la nieve” que la cadena dos de Televisión Española proyectó el domingo de Ramos, con la intervención de la presentadora del programa Guillén Cuervo, creo, y dos invitados cuidadosamente elegidos para la ocasión, un profesor de Historia de la Universidad de Zaragoza, de cuyo nombre no me acuerdo, y del ínclito Javier Reverte, escritor, cuyo padre había sido voluntario en la División Azul, la 250 en el ejército alemán de la II Guerra Mundial, quien, cómo no, traía un mensaje de oscuridad para los divisionarios.

El primero, claro, en la tertulia posterior a la emisión de la película, fue quien sin pestañear afirmó eso de que una tercera parte de la División Azul, más o menos, estaba compuesta por quienes se escondían de la represión, otra parte formada por los que procuraban no pasar hambre, y otro tercer grupo hecho de militares que se apuntaron solo para ganar medallas y ascensos junto a esos filonazis vestidos de azul, que desde luego, no tenían ni punto de comparación con heroicos brigadistas internacionales que lucharon contra el fascismo en España. Como se ve, un ejemplo de honestidad histórica. En ningún momento se les concedió a los miembros de la División Azul, su voluntad en combatir al comunismo de Stalin, luchar contra la dictadura soviética.

El relato del escritor Reverte fue de lo más peregrino. Vino a justificar la decisión de su padre de ir voluntario, y que había luchado con los republicanos por leva, o sea, a la fuerza, pero que para evitar cumplir tres años de mili después de nuestra guerra civil, pensó que lo mejor sería ir a otra guerra. Por supuesto un singular modo de excusar su marcha a los frentes de Rusia, como si ello fuera una simple excursión por los paisajes helados de la Rusia de los Gulags. Muy lógico, todo. En absoluto creíble.


También tienes que leer el siguiente artículo del autor pinchando en el enlace —Krasny Bor, Gloria de la División Azul


Además, la película no contaba una historia de valor, de heroísmo o de camaradería, -eso sería demasiado bueno-, sino una trama de asesinatos y de traición por unos hechos perpetrados en España cometidos naturalmente por gentes del odioso Régimen, todos voluntarios, que se fueron a Rusia burlando a la justicia o la venganza, pero que otro divisionario camuflado únicamente para matarlos, se alistó en la 250. Y gracias que no se detuvieron mucho en hablar de Berlanga, de Lazaga, de Ridruejo, o de Aznar porque tendrían que pensarlo dos veces. Debo de señalar que de mi pequeña ciudad partieron hasta trece o catorce jóvenes a la División Azul, jóvenes con nombre y apellidos, que jamás huyeron de la miseria o de la mili de tres años. Fueron porque creían en un ideal, luchar contra quienes querían imponer una sociedad sin pan y sin libertad. Yo tuve el privilegio de tratar a varios de ellos, y tuve la verdad de dos de sus camaradas caídos en el frente ruso por defender sus ideales éticos y políticos.

Como era de esperar, de la División Azul no se dice nada en términos objetivos. Y mucho menos de reconocimiento a sus acciones de heroísmo. Nada sobre el Lago Ilmen, Nogvorod, Stalingrado, Voljov o Posad. Se inventan una trama en donde se deja la idea de unos personajes huyendo todos de un pasado, criminal – no podía ser de otra manera-, o llevados de una fea ambición individual, que están allí por la fuerza de sus temores, y no por otra cosa más noble. La película no es mala, aunque tampoco es para echar cohetes. Se trata de una prueba más de cómo se utiliza cualquier cosa para mixtificar la verdad histórica. Para caminar por lo políticamente correcto, es decir, la correcta tergiversación.

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2 COMENTARIOS

  1. Comparto la acertada opinión de Eduardo Lòpez Pascual de cómo se tergiversa la verdadera Historia de la División Azul, con tanta bajeza, cobardía e, incluso, traición a la memoria de sus mayores por parte de individuos que parecen escribir u opinar al dictado de lo «políticamente correcto». Y dudo de que, de algún modo, no cobren por ello. Es decir que cobren.

  2. Totalmente deacuerdo con el artículo. Solo comentar, que, ademas, el Historiador que llevan, es incapaz de situar , correctamente, a la División en la zona donde combatió. La sitúa en Stalingrado. De traca, vamos

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