La Falange que perdió el rumbo

La Falange que perdió el rumbo

9
Compartir
loading...

mirada falangistas. Ojos con el yugo y las flechas

La Falange que perdió el rumbo

Por José Ignacio Moreno Gómez para El Municipio

Algunos, por edad, hemos conocido tiempos más esperanzadores para la Falange. Nunca buenos, desde luego, pero sí esperanzadores. En los años setenta, los debates, los contrastes de ideas, las propuestas, la vida semiclandestina -en la que hubieron de darse importantes cruces de caminos con otras inquietudes y sensibilidades- propiciaron el que llegásemos a pensar que la Falange, como propuesta de cambio, como alternativa de futuro y como punto de encuentro, tenía un potencial enorme. Estudiábamos los textos de los fundadores del nacionalsindicalismo, pero, al tanto de ese cruce de caminos que propiciaron las tertulias de la Ballena Alegre de Ceferino y Narciso y la revista Sindicalismo, nos interesamos también por los posibles puntos de encuentro con aspectos del anarcosindicalismo de Juan Gómez Casas o de Diego Abad de Santillán; o con el sindicalismo cristiano de Manuel Lizcano y José Luis Rubio. Algunas propuestas de encuentro contaron con el respaldo del eminente profesor Muñoz Alonso (el promotor del cincopuntismo); y, casi siempre, con el apoyo de Patricio González de Canales. Decían que esto era un falangismo de izquierdas. Muchos pensábamos que éste era el falangismo sin más; porque lo otro era una falsificación o, cuando menos, una caricatura de la Falange que quiso construir José Antonio.

A finales del franquismo quedaba aún un bunker residual de exaltados franquistas de camisa azul y boina roja; pero dichos personajes representaban tan sólo unas adhesiones personalísimas, poco correspondidas en lo político por otro lado (por Franco), y que habían postergado indefinidamente el cumplimiento de sus ideales de juventud, sacrificados por servir a un régimen que los había convertido en envoltorio de algo diferente. Hay que decir que Franco fue muy poco franquista si por franquismo entendemos lo que en dichos círculos se proclamaba. Muy franquista, en cambio, en cuanto poco dado a las elucubraciones ideológicas y muy apegado a la creencia en su misión providencial, personal e intransferible, elegido por la Gracia de Dios para navegar pilotando la nave del Estado y sortear las circunstancias diversas por las que España hubo de pasar desde el fin de la Guerra Civil hasta el año 1975. El actual régimen, el de la Constitución del 78, es la consecuencia y salida natural de aquel otro, por mucho que algunos se rasguen las vestiduras. Casi todo era previsible desde la aprobación de la Ley Orgánica y aún antes. El rey Juan Carlos I asumió la ocasión histórica que le brindaba, con plena conciencia, el anterior Caudillo, con el soporte de todo su aparato de Estado, comenzando por el Ejército y siguiendo por la mismísima Secretaría General del Movimiento: una estructura de poder vaciada de contenido político.

Personalmente, llegué a afiliarme al FES y a la FE Independiente para luchar contra esa falsificación. Luego comprobé que me había equivocado. La evolución de todos los grupos falangistas de la Transición fue una verdadera sucesión de despropósitos: la deriva anarquista o maoísta de algunos de ellos, la deriva golpista de otros, la retórica vacía raimundista, el lastre del franco-falangismota, unidas a las interferencias del CESID y de la Presidencia del Gobierno, dinamitaron el proyecto falangista.

Pedro Conde, el que fuera Jefe Nacional de FE de las JONS (auténtica) escribía en la revista Índice como el proyecto de la Falange se había vuelto inviable: “era como un producto viejo que no tenía venta”. Y añadía: “más que por las líneas maestras de su pensamiento, por la etiqueta externa de sus formas, que tan vil y cínicamente se habían usado”. Más adelante, seguía: “Las ideas de José Antonio, el de 1936, desembocan en una corriente de pensamiento socialista universal; de matiz cristiano; convergen con otras corrientes modernas en un movimiento personalista y socialista que ha de traer en el futuro un hombre nuevo, una nueva cultura, una distinta economía, otra forma de democracia más perfecta”. Años antes, en 1968, Narciso Perales había manifestado que “las formas no constituyen las sustancias. Y lo que importa siempre es la sustancia. Fijaos bien porque lo que podemos y tenemos que salvar es la sustancia, no la forma. La forma está perdida”. También más recientemente, el veteranísimo Ceferino Maestú nos venía a decir: “Yo creo que tratar de limpiar a la Falange de todo lo que la han echado encima los gobernantes de Franco, y convencer al pueblo de lo que somos en verdad, será perder el tiempo. El nombre es lo de menos. José Antonio pretendió crear un Movimiento Sindicalista, luego la Falange, y luego la FE de las JONS. En este momento, José Antonio buscaría, con las mismas ideas, otra denominación”.

¿Y cuál es el panorama actual? Pues más falsificaciones; más confusión Aparte del llamado Movimiento falangista de España del que no me atrevo a opinar (fui candidato bajo esta denominación en unas elecciones autonómicas andaluzas a comienzos de los años ochenta), tenemos tres grupos que se proclaman Falange: La Falange llamada Auténtica –a la cual también estuve afiliado– está absolutamente desarbolada ideológicamente, pues reniega de las raíces personalistas cristianas de la Falange joseantoniana. El grupo denominado La Falange se califica por sí solo en las manifestaciones de sus jefes cuando hablan en un tono mitinero de horroroso estilo de morir y de “matar” en nombre de la fe católica o de la Unidad de España…y cuando lanzan mensajes xenófobos o de reivindicación del franquismo en clave populista, con lenguaje grosero y sin atisbo de elaboración intelectual de ninguna clase. La FE de las JONS –la casa madre– ha albergado sensibilidades distintas y ahora parece que muestran signos de división a causa de una coalición con las llamadas “fuerzas patriotas” y las católico-integristas, de cara a las próximas elecciones europeas. Cuando uno oye hablar a sus líderes o lee lo que escriben -salvando alguna aportación de Jorge Garrido- y los compara con los jefes y con los intelectuales falangistas de otras épocas, uno se convence de que la Falange está perdida y de que ya nada puede ofrecer ni decir a la sociedad actual. Esto se ha degradado mucho.

En condiciones de mucho mayor relieve que lo de ahora (todas estas fuerzas actuales han de hacer autocrítica y tomar conciencia de su irrelevancia), José Antonio había denunciado a este tipo de coaliciones:

“Hay otro género de ungüentos, de los que en España somos pródigos: me refiero a las confederaciones, bloques y alianzas: Todos ellos parten del supuesto de que la unión de varios enanos es capaz de formar un gigante. Frente a este género de remedios hay que tomar precauciones. Y no debemos dejamos sorprender por su palabrería. Así, hay movimientos de esos que, como primer puntual de sus programas, ostentan la religión, pero que sólo toman posiciones en lo que significa ventaja material.”

Lo mismo se podría decir de la patria. El integrista es xenófobo, rechaza el ecumenismo y no sabe distinguir entre lo esencial y lo secundario en el campo de la fe; ni entre unidad y uniformidad en el marco de la Patria; ni entre lo que debe permanecer y lo que puede cambiar en el terreno ideológico. Las más de las veces, el integrismo va unido a un falso espiritualismo que no asume los problemas sociales y se olvidan del mandato esencial del cristianismo: esto es del amor al prójimo, al margen de su nacionalidad o procedencia, sexo o condición.

   Camaradas, hay que estudiar –en esta época, más que nunca–; hay que volver a empaparse de los fundamentos. Sólo un conocimiento lo más aproximado y contextualizado a la realidad de lo que significó la Falange de José Antonio, podrá darnos las claves para explicar algunas de las características singulares de la España de hoy. Por ejemplo, por qué en España no han prosperado los partidos ultraderechistas identitarios, y su incompatibilidad radical con el proyecto joseantoniano.

   Y es que la revolución de José Antonio es la revolución hispánica; es una revolución que se basa en la democracia directa, en las comunidades de trabajo, en los municipios libremente federados, en las asociaciones de familias, de consumidores, etc. Se basa en los hombres libres que luchan por un móvil espiritual, frente a los modelos economicistas y materialistas; es una revolución que llama a realizarla a las Españas de ambos lados del océano. Iberoamérica debe mostrar su cara más genuina, distinta al rostro que le han puesto los paradigmas anglosajones o “latinos”, cuando es el mundo entero el que está desquiciado. La Hispanidad es precisamente el primer y más grande proyecto integrador de identidades diversas.

   La Falange de José Antonio, de Manuel Hedilla, de Patricio, de Narciso Perales, qué poco tiene que ver con lo que se escucha hoy día y con lo que nos proponen. Falta criterio y pensamiento, falta autocrítica y falta sentido del decoro. Un falangismo actual, a la altura del que pusiera en marcha José Antonio Primo de Rivera (no sus caricaturistas) podría ser una alternativa esperanzadora, entendida como opción de cambio profundo de las estructuras: opción esencialmente anticapitalista, por más que el capitalismo reciba cada día más adhesiones; opción cuyo objetivo habría de ser la búsqueda de una vía española –e iberoamericana– al socialismo; pero a un socialismo de hombres libres, un socialismo comunal que se reconciliase con lo mejor de la tradición española y con lo que España, y la Hispanidad, abiertas al resto de los pueblos y culturas de la Tierra, han significado y pueden significar en la Historia Universal.

Loading...

Un joven militante de FE de las JONS planteaba otro camino para su partido, ante la famosa coalición. Planteaba el camino de la preparación, del debate, de tener una imagen más presentable ética y estéticamente. Planteaba leer a Gramsci y su análisis de las revoluciones pasivas, junto a Maeztu y el significado de la Hispanidad; planteaba salir a los ruedos de otros con una buena preparación intelectual y con seguridad en el mensaje propio. Esto es lo que hace falta. Hay que desarrollar lo genuino en contraste abierto con todo lo demás y, sobre todo, hay que construir movimientos sociales de base a los que nuestras consignas no les suenen extrañas. La Falange es pueblo sin demagogias, y hay que ganarse al pueblo, con afán de hacer algo entre todos (totalitario). Ni los mal llamados patriotas ni los ultramontanos están capacitados para esto. La Falange es superación de la grosería y la vulgaridad, pues ha de ser vanguardia de la vanguardia, hasta conquistar esa hegemonía hoy inimaginable. Para ello no se puede ceder ni un ápice ante la desfiguración y la estafa. Hay que ahuyentar a los fantasmas y a los fantoches. La empresa es seria y sugestiva. Ante la urgencia del mundo, no sólo de la España que se deshace (los Torras y Puigdemont son un síntoma, pero la enfermedad es más grave), creo con Narciso Perales que “..tenemos vocación tercermundista, de una parte, aunque ese mundo aún no sea un conglomerado inteligible. Y, sobre todo, somos iberoamericanistas, aunque no coincidamos con los regímenes de la parte sur del hemisferio, pero sí con sus pueblos. Es la voz de la sangre y de la lengua” El riesgo de extenuación de los recursos del planeta, la cultura del usar y tirar para que no se pare la máquina productiva; las trágicas migraciones de millones de pobres, que plantean problemas profundos a las sociedades de procedencia y de acogida, que son todo un reto y revelan el enorme desequilibrio que existe entre unas zonas del globo terráqueo y otras; el desequilibrio entre el minoritario mundo de los ricos y el mayoritario mundo de los pobres…Todo ello es el terreno abonado para la gran revolución que se avecina. Y esa revolución ha de ser la nuestra.

La Falange ha de ser refundada, pero nunca falsificada.

José Ignacio Moreno Gómez



Además tienes que ver la siguiente información relacionada pinchando en los enlaces >>>>>>

Un militante falangista destapa todas las claves sobre Falange Española de las JONS y la coalición electoral

Mesa Nacional Falangista rompe su acuerdo con Falange Española de las JONS

Una militante falangista publica una carta abierta al Vicesecretario General de Falange Española de las JONS sobre la coalición

Falange Española de las JONS dice SI a la coalición electoral por un voto

Loading...
loading...

9 Comentarios

  1. Lo que me queda claro es que al autor cuando se le ha dado oportunidad de hacer algo, ha demostrado su incapaz de trabajar, lo típico otro charlatán que critica desde la barrera pues desde el ruedo no fue capaz de demostrar valía

  2. Cuando leo escritos como el que acaba de poner aquí mi buen amigo y extraordinario camarada Ignacio Moreno, pienso que nos queda la primavera, la esperanza. Porque el análisis que ha hecho es de tanta calidad, de tanta altura intelectual, que parte de una reflexión profunda de lo que somos y de dónde estamos, que me lleva a la conclusión de que todo es posible. No en Granada, como dice la película, sino en España y sobre todo en la Falange, aunque no se llame así. Ignacio, el feliz traductor de la Bibesco, nos da muestra de que existe un programa, de que hay un camino, para que España encuentre su valor como pueblo y como destino. Ni que decir tiene que coincido con todo cuanto ha manifestado en su artículo. Solo espero que su invocación – en el fondo encierra una invocación, se haga realidad en estos tiempos tan difíciles. Y llamo, de mi parte, a esos hombres y mujeres que todavía se sienten falangistas, para empezar a caminar por esta senda de futuro.

  3. Como suele suceder con algunos, sus comentarios no son tales, sino su ocasión para verter diatribas e insultos. Normal en cierta clase de gentes.

  4. Señor Moreno: Manuel Hedilla Larrey, Patricio González de Canales y Narciso Perales; fueron pangermanistas, partidarios de la entrada de España en la II Guerra Mundial al lado de Alemania. Se hicieron de repente luego liberales demócratas? Se puede reivindicar la socialdemocracia de sus seguidores, en la transición y postransicion, a pesar de su ridículo fracaso?. Debería reivindicar otros ejemplos más consecuentes de Nacional Sindicalismo. Atentamente.

  5. Ecuánime escrito el de Ignacio Moreno. En un léxico comedido viene a recoger lo que muchos falangistas pensamos…y nos negamos a admitir: la inviabilidad de la Falange como organización políticamente “realizable”. Otra cosa es la”creencia”, algo inamovible,l como la Fe religiosa, que se fundamenta en una concepción del hombre absolutamente distinta de las”habituales” y que ha de impregnar lo que, entre todos,organicemos, para “salir de esto”

  6. El peor de todos es Jorge Garrido. Es el responsable de renazificación de FE-JONS.

    Detrás de la gesticulación izquierdista de los “auténticos” generalmente sólo hay fachas intentando pasar desapercibidos. Ahí tenéis a Pedro Conde vociferando consignas ultras primero en Minuto Digital y ahora en La Tribuna de Cartagena. No es el único caso.

    No me convence lo del “socialismo”, “ni nacional” ni “universal”. Ya podéis ver que hasta los franquistas venden que “Franco era socialista”. Tienen la desfachatez de presentar el libro en LVG.

  7. Mientras España esta en crisi y lo que senos viene encima con el separatismo , los podemitas y el PedroSanchez , aqui algunos aun estan empeñados en refundaciones en mirarse al ombligo . Camaradas el tiempo corre y no es tiempo de estar pendiente de nuestros personalismo. Si de verdad nos importa España hay que apoyar ala Falange mas fuerte nos guste o no y de ahi ya decidiremos mas adelante . Sino siempre estaremos en este agujero escondido esperando un nuevo Jose Antonio queno vendra

Dejar una respuesta