Drogas, sexo y asesinatos en los templos budistas de Tailandia

Drogas, sexo y asesinatos en los templos budistas de Tailandia

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Budistas en uno de sus templos. la violencia, asesinato, drogas y sexo en los templos budistas

Drogas, sexo y asesinatos en los templos budistas de Tailandia

Jets privados y bolsos de Louis Vuitton. Casi un millón de pastillas de anfetaminas. Millones de dólares esfumados y fotos pornográficas en ordenadores y móviles. No son las locuras, o los crímenes, de una banda de narcos o de traficantes de personas. Son solo algunos de los turbios asuntos de decenas de monjes budistas tailandeses que han salido a la luz en apenas unos años y que han escandalizado a buena parte de la sociedad del país.

El Confidencial / Pero la Junta militar tailandesa, que se hizo con el poder en un golpe de Estado en 2014, ha decidido que la fiesta en los templos se ha terminado. Desde principios de año ha comenzado a revisar las cuentas de monasterios y abades y ha metido en la cárcel a varios de ellos por malversación de fondos, entre otros cargos. Hasta Alemania tuvieron que irse para arrestar al último de ellos, quien había huido del país después de que su templo fuera acusado de desviar el dinero que tanto Gobierno como fieles les daban. Las autoridades no pudieron, sin embargo, extraditarlo ya que el religioso pidió asilo político en el país germano.

El budismo impone toda una serie de duras reglas a los monjes, más conocidas como la “vinaya”, que habrían sido enunciadas por el propio Buda en vida y que se pueden resumir en el principal precepto que formuló el profeta: el sufrimiento del hombre es provocado por el deseo, por lo que hay que erradicar todo vicio. El vicio, sin embargo, se entiende de forma estricta e incluye no sólo las relaciones sexuales o matar a otros, sino también destrozar la naturaleza, tocar dinero o poseer cualquier cosa que vaya más allá de túnicas, el bol para recibir comida y algunas cosas más básicas para la supervivencia.

Sin embargo, en Tailandia, el budismo se ha adaptado bien a la lógica capitalista, y como ya ocurriera con el cristianismo durante la Edad Media, se sostiene fundamentalmente a través de prebendas por las que los creyentes dan dinero a templos y monjes para ‘hacer méritos’ o, dicho de otra manera, comprar la versión budista del perdón, el buen karma. “Los tailandeses y los budistas en general son muy flexibles. Se adaptan a todo”, asegura Gothom Arya, profesor del Instituto para el Estudio de los Derechos Humanos y la Paz de la Universidad de Mahidol.

Sólo así se entiende que en un país en el que la religión más extendida -un 93% de los tailandeses se declaran budistas- llama a la meditación y a una vida sin placeres, industrias como la del sexo o la del turismo de fiesta hayan proliferado. “Los tailandeses no están contentos con los monjes. Ellos supuestamente deben ser el modelo”, asegura Banjob Bannaruji, experto en Budismo y presidente del Comité para Promover el Budismo como Religión de Estado, un grupo radical que promueve la supremacía del Budismo en el país. “Si no cambian, va a haber una crisis en el Budismo”, continúa.

A cuatro años del golpe de estado, los esfuerzos del Gobierno por contentar a los conservadores se traducen en restricciones cada vez mayores al ocio nocturno, lo que puede afectar al turismo

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“Hay riesgo de una invasión islámica”

Según Banjob, sin un monacato modélico el Budismo en Tailandia morirá a mano de musulmanes procedentes de países vecinos como Myanmar, un país de mayoría también budista donde los musulmanes rohingya han huido de la persecución orquestrada por el ejército con el beneplácito del gobierno. “El país está en riesgo de una invasión islámica. […] La moral tiene que guiar a la nación”, asegura.

Su organización, sin embargo, ya ha conseguido que la última Constitución, redactada por los militares y aprobada en referendum en agosto de 2016, contemple una protección especial al Budismo, inédita en las Cartas Magnas anteriores. Así, el nuevo texto asegura que el Estado debe “promocionar y apoyar la educación y diseminación de los principios del dharma (enseñanzas budistas) del Budismo Teravada […] y debe tener medidas y mecanismos para prevenir que el budismo se vea perjudicado de ninguna manera”. “El budismo se puso esta vez claramente a un nivel superior que el de otras religiones”, escribe el periodista francés Arnaud Dubus en su reciente libro ‘Budismo y Política en Tailandia’.

Una peligrosa estrategia para ganar elecciones

En el sur de Tailandia, una zona de mayoría musulmana donde un conflicto independentista se ha cobrado cerca de 7000 vidas desde 2004, las escuelas siempre han sido motivo de tensión. Sin embargo, el uso del velo era normalmente respetado. Hasta el mes pasado, cuando un colegio prohibió a sus alumnas llevar el velo bajo el pretexto de que estaba en el terreno de un templo budista. Aunque la escuela terminó cediendo, capítulos similares han dado alas a teorías sobre una creciente islamofobia en el país como las que se han vivido recientemente en otros países budistas como Myanmar o Sri Lanka. “Hay una fricción entre budista y musulmanes”, asegura Gothom Arya.

La promoción del Budismo que los militares están abanderando tampoco está ayudando a apaciguar las aguas. “Si hay alguna retórica anti-musulmana entre esos grupos […] en la política normal, el Gobierno haría algo para reducir las tensiones. Pero si tienes un gobierno pro-Budismo, es poco probable que haga algo”, asegura Khemthong Tonsakulrungruang, investigador sobre la influencia del Budismo en el sistema legal tailandés de la Universidad de Bristol.

Según Khemthong, los militares “creen realmente que tienen que reformar el Budismo” pero su objetivo principal sería mejorar su erosionada imagen tras cuatro años en el poder. “No tienen legitimidad popular o democrática así que tienen que apoyarse en formas más primitivas de legitimidad”, explica el académico. “Esta cuestión de la religión es emocional […] La mayor parte de los tailandeses sienten que forman parte de esa comunidad [budista]. Es fácil usarlo como campaña”, asegura Gothom Arya. “Uno de los objetivos últimos es guiar a los tailandeses a la hora de elegir a la persona correcta, que para la junta sería [el actual primer ministro] Prayuth”, añade Khemthong.

La limpieza en monasterios también le está sirviendo a la junta para minar la influencia política de los monjes, la mayoría de ellos considerados camisas rojas, un grupo opositor formado en torno al antiguo primer ministro, Thaksin Shinawatra, depuesto en un golpe de Estado en 2006. “El sangha [consejo rector del Budismo tailandés] y la comunidad budista en general se ha polarizado cada vez más desde 2005, en paralelo a la creciente división entre seguidores y detractores de Thaksin”, escribía Arnaud Dubus en su libro.

Así, la mayor parte de los templos que han sido investigado están directamente relacionados con el antiguo primer ministro Thaksin Shinawatra, quien sigue siendo popular a pesar de vivir en el exilio. Uno de los ejemplos es el Wat Saket, uno de los principales templos de la capital, cuyo abad y algunos de sus principales monjes han sido arrestados. El año pasado, la Junta sitió durante casi un mes el templo Dhammakaya, el más grande y rico de Tailandia, cuyo abad también había sido relacionado con el antiguo primer ministro. “Sospechan que Dhamakaya está del lado de Thaksin y Thaksin se ha convertido en el enemigo de la Junta”, dice Gothom Arya.

Mientras llegan las elecciones, prometidas para febrero de 2019 – aunque ya han sido retrasadas en varias ocasiones-, poca fiesta habrá en los monasterios tailandeses. Si Prayuth consigue hacerse de nuevo con la jefatura del gobierno, es probable que nunca vuelva y que el general convertido en político civil siga intentando recuperar la probidad de la que una vez Buda fue ejemplo.

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