Las consecuencias del ‘hachazo’ de Pedro Sánchez a los sueldos altos

Las consecuencias del ‘hachazo’ de Pedro Sánchez a los sueldos altos

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El socialista Pedro Sánchez con Macron en Francia

Las consecuencias del ‘hachazo’ de Pedro Sánchez a los sueldos altos

Pedro Sánchez a los sueldos altos

Pedro Sánchez no ha sido el primero en proponerlo, pero sí parece que ahora la cosa va en serio. El destope de las cotizaciones a la Seguridad Social es una medida que cuenta con un enorme atractivo político: para empezar, se puede vender como un sobrecoste que sólo soportarán las empresas. Además, suena a justo: por qué los sueldos bajos cotizan por el 100% y los sueldos altos sólo hasta los 45.000 euros. Y la justificación no puede ser más políticamente correcta: salvaguardar la sostenibilidad del sistema de pensiones.

Libre Mercado / El problema es que una medida de este tipo, que implicaría disparar los costes salariales reales que soportan las empresas españolas, inevitablemente traería consecuencias. Y no menores. Es una obviedad, aunque en el debate público en nuestro país casi siempre se pasan por alto los efectos asociados a este tipo de medidas. Como si los agentes (familias y empresas) que interactúan en una economía no adaptasen sus decisiones, actos y apuestas vitales a la normativa. Pero sí lo hacen, constantemente. Desconocer o ignorar los principios básicos de la ciencia económica no impedirá que estos se desarrollen con su habitual inevitabilidad.

En este caso, como explicábamos este viernes, hablamos de una subida de impuestos que podría suponer que el coste laboral de los trabajadores más cualificados, aquellos que cobran por encima de 45.000 euros al año, se dispare. Y no es una exageración usar este verbo: por ejemplo, para alguien que cobre 75.000 euros brutos al año en la actualidad, un destope del 100% de las cotizaciones implicaría una subida de costes (ya lo pague el empleado o la empresa) de casi 10.000 euros al año. Sólo en IRPF+Cotizaciones, este trabajador estaría pagando a Hacienda más del 50% de su sueldo real. ¿Cómo afectaría esto al mercado laboral? ¿Y a la Seguridad Social?

Las consecuencias

Aquí van al menos siete posibles efectos. Pedro Sánchez, doctor en Economía, no dijo nada el pasado lunes en TVE, durante la entrevista en la que anunció la medida, sobre ninguno de ellos:

Costes salariales y competitividad: un empleado que ahora mismo cobra 75.000 euros brutos le cuesta a su empresa casi 89.000 euros en coste salarial total, una vez que se añaden las cotizaciones a la Seguridad Social. Con la propuesta de Sánchez, esa cifra subiría hasta los 98.175 euros. ¿Quién los pagará? Como apuntábamos, todos los políticos españoles que han hecho propuestas parecidas han señalado a las empresas, como si sólo el empleador fuera a asumir ese palo fiscal.

Bien supongamos que es así (algo complicado de imaginar, como veremos más adelante). Pues bien, incluso asumiendo esta versión, la más favorable al planteamiento del líder socialista, la medida tendría implicaciones muy relevantes. Por ejemplo, supongamos una empresa que tiene un 25-30% de su plantilla en estos niveles salariales. Una multinacional, por ejemplo. A pesar de la demagogia que se hace habitualmente al respecto, el tamaño de las empresas suele ir asociado a salarios más altos; entre las grandes compañías españolas hay muchas con un porcentaje elevado de trabajadores que cobran estas remuneraciones: así, en el Informe del Decil de Salarios del Empleo Principal que se publica una vez al año con la EPA, se indica que el 22% de los trabajadores en las plantas de más de 250 empleados cobran por encima de 3.316,9 euros al mes (decil más elevado de la muestra), no muy lejos de los 45.000 anuales de los que hablamos. Y en la Encuesta Anual de Estructura Salarial se dice que en 2016 el salario medio en el sector “Suministro de energía eléctrica, gas, vapor y aire acondicionado” fue de 50.992 euros y en “Actividades financieras” de 42.684 euros.

Volvamos a nuestro ejemplo, esa empresa multinacional que tiene un 20-25% de su plantilla en estos niveles y que de un día para otro ve como se dispara su coste salarial, en muchos casos el coste más importante en sus cuentas anuales. ¿Cómo le afectará en términos de competitividad frente a sus rivales extranjeros?

Por ejemplo, supongamos que ese 25% de la plantilla cobra 60.000 euros de media. Para este sueldo bruto, la subida en coste laboral de la medida de Sánchez equivale a pasar de 73.909 euros a 78.540 de coste por empleado. Es un 6% más al año sólo por este concepto y de un día para otro. Como uno de cada cuatro trabajadores está en esa situación, la masa salarial le crece a esta multinacional un 1,5% sólo por la aplicación del destope. ¿Mucho? ¿Poco? ¿Cuánto le supondría a la hora de pelear contratos con un competidor rival de otro país? Imposible contestar a esta pregunta.

Fuga de cerebros: como cualquiera puede imaginar, para ninguna empresa será sencillo asumir que el coste laboral de un empleado sube un 10-15-20% de un día para otro.

Según los sueldos sean más altos, la subida será mayor, porque el destope afectará a un porcentaje más elevado del sueldo: a alguien que ahora gane 45.500 apenas le supone una pequeña subida (hay que recordar que la base máxima está ahora mismo en 45.014 euros, por lo que sólo le afectaría a los últimos 500 euros). Para alguien que gane 1 millón de euros brutos, destopar la cotización supone un incremento de un día para otro en su coste laboral de casi el 30%.

Lo explicábamos este viernes con el ejemplo de Ronaldo o Messi. Sí, este tipo de trabajadores son la excepción, pero sirve como referencia de lo que puede ocurrir en otras categorías laborales (empleados que cobren 75.000 – 100.000 – 150.000 euros). Si el Real Madrid ve que el coste salarial de Ronaldo sube un 30% para la temporada que viene sabe que tiene dos opciones: o asumir al 100% ese sobrecoste o intentar bajar el neto que cobra el futbolista portugués. En el primer caso, sufrirá la partida de beneficios del club blanco. Si intenta generalizar la subida a toda la plantilla (y todos lo exigirán) puede que entre en números rojos. En el segundo caso, si intenta repartir los costes, se arriesga a que el crack luso se marche a otro equipo en el extranjero que le pueda pagar más.

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Pues eso mismo pasará con cientos de trabajadores españoles. Los políticos hablan mucho de atraer talento, nuevas tecnologías, capital humano, innovación, ciencia… Incluso, como Pedro Sánchez, hacen fichajes de ministros-estrella al llegar al Gobierno para subrayar su compromiso con todas estas ideas. Ahora la siguiente tarea es explicarle a uno de esos científicos-investigadores-empresarios top que los impuestos que van a pagar pueden subir un 10-20-30% si se aprueba esta medida.

Los sueldos de los afectados: es lo primero que todo el mundo se pregunta mirando las cifras (por ejemplo, las de la tabla de arriba).

¿Cómo afectaría a las personas que ganan 60.000 – 75.000 euros? ¿Qué parte de la subida de costes se comería la empresa y qué parte trasladaría al trabajador? Dependerá de cada caso y de la fuerza negociadora de cada empleado. CR7 y Messi, hagan lo que hagan en el Mundial, ya han demostrado que tienen una enorme capacidad para sentar a su empresa y firmar un nuevo contrato. Un ingeniero en una tecnológica, un responsable de planta en una automovilística o un abogado de una multinacional… probablemente estos lo tendrían más complicado.

Los sueldos de los demás: éste es el tema más políticamente incorrecto, el que nadie querrá reconocer. Pero ni mucho menos es una locura pensar en los efectos que pudiera tener la medida en los sueldos de los trabajadores que estén por debajo de los famosos 45.000 euros de la base máxima de cotización.

Sigamos con el ejemplo de la multinacional del párrafo anterior, que ahora tiene un coste salarial extra que antes no entraba en sus planes. Supongamos que está en negociación con los sindicatos para subir los sueldos un ¿2%? ¿3%? al conjunto de la plantilla Pero, como hemos visto, tras el cambio de la normativa impulsado por Sánchez acaba de sufrir una subida de costes laborales del 1,5%. ¿Cómo afectará eso a la negociación en curso? De nuevo, imposible saberlo con exactitud. Pero al mismo tiempo, es evidente que tendrá efectos. El margen de la empresa para subir sus costes en mano de obra ahora es más estrecho que antes, ya sea en subidas de sueldo para toda la plantilla o en nuevas contrataciones.

Impuestos y empleo: las cotizaciones y el IRPF son impuestos al empleo. Hay una discusión legítima sobre si están bien diseñados, si son necesarios, si son altos o bajos… Pero la naturaleza de estos dos tributos no deja lugar a dudas: se cobran a aquellos que generan rentas o trabajan por cuenta ajena.

¿Por qué decimos esto? Pues porque un impuesto a una actividad, bien o servicio… lo primero que hace es desincentivar esa actividad, bien o servicio. IVA cultural, impuestos especiales al tabaco, impuestos a los carburantes: en todos estos ejemplos, está asumido que una subida de los tipos lleva aparejada un descenso en el consumo.

Es verdad que no es lo mismo un impuesto directo como el IRPF o una figura como las cotizaciones sociales a un impuesto al consumo. Pero cuidado, tampoco es tan diferente. Una subida en los impuestos al trabajo desde luego no incentivará la contratación ni el empleo. ¿Cuánto impactaría un incremento de cotizaciones como el anunciado por Sánchez en el mercado laboral? ¿Cuánto en el empleo de alto valor añadido? Imposible medirlo en cifras exactas. Pero que tendría consecuencias, de eso no hay duda.

¿Y la Seguridad Social?

Los cinco epígrafes anteriores hacen referencia a los efectos en el mercado laboral: sueldos y empleos, fundamentalmente. Pero cuidado, la medida afecta a las cotizaciones y a cómo se relacionan éstas con las pensiones del futuro. También por aquí es fácil intuir qué podría ocurrir.

– La contributividad, arrasada: quizás lo más llamativo de esta medida es lo que tiene que ver con el diseño del sistema de la Seguridad Social. Desde hace décadas, apenas hay un político que hable de este tema y no sea para recordar la “contributividad” del modelo de pensiones. La retórica es siempre la misma: “Solidaridad intergeneracional”, “pagas ahora para recibir luego”, “generas derecho que luego cobrarás en un futuro”…

Pues bien, todo eso sería parte del pasado en caso de que Sánchez se salga con la suya. Al menos para estos sueldos altos. Estarían pagando mucho más en cotizaciones a cambio de nada, porque la pensión máxima no se subiría. Desde hace años, esta es una tendencia del sistema: los políticos han estado erosionando la contributividad de la Seguridad Social, elevando las bases máximas de cotización por encima de las pensiones máximas. Es la reforma silenciosa de las pensiones, de la que hemos hablado en otras ocasiones:

  • Cada día la relación entre lo que se cotiza y lo que se recibe es menor
  • Además, las pensiones máximas y las mínimas se acercan cada vez más
  • Por lo tanto, cotizar más cada vez es menos rentable
  • El sistema contributivo cada día se parece más a uno asistencial: el Estado asegura a los pensionistas una paga (una especie de renta mínima), pero esta no depende de lo que cada uno haya aportado en el pasado

Hay que recordar que las bases máximas están ahí porque también hay pensión máxima. Aquellas personas que cotizan por el máximo ya salen perjudicadas en el cálculo de su pensión: si no hubiera tope máximo en las prestaciones, cobrarían mucho más. La relación entre lo que aportan y reciben es menor que para sueldos más bajos. Ésa es la razón de que los sueldos altos no coticen por el 100% del salario: se supone que el sistema es contributivo y sería imposible pagarles una pensión acorde. Quizás por todo esto, hasta ahora, esa erosión de la que hablamos se había mantenido dentro de unos límites: los sueldos altos contribuían más (mucho más) de lo que recibían una vez jubilados, pero con un cierto equilibrio. Sánchez quiere saltarse todos esos límites.

Cotizar, ¿para qué?: en la línea con lo explicado en el anterior apartado. Una vez que cotizar no tiene ninguna (o muy pequeña) contraprestación, es más complicado que un trabajador de alto nivel acepte que le quiten todos los meses un 30% de lo que gana a cambio de nada. Por eso, muchos expertos alertan desde hace años sobre los peligros de cargarse la contributividad de la Seguridad Social. Puede ser el primer paso para que muchos empleados de primer nivel, los que más impuestos pagan y más cotizan, empiecen a pensar en fugarse del sistema: situando su residencia en el extranjero aunque trabajen aquí de lunes a viernes, haciéndose autónomos, cobrando a través de una sociedad, buscando un empleo en una empresa fuera de España… Fórmulas hay muchas, pero todas ellas apuntan en la misma dirección. Y las cuentas de la Seguridad Social no están para tirar cohetes… ni para perder a 400.000 ó 500.000 de sus principales cotizantes. No sería la primera vez que una subida de impuestos no se traduce en un incremento de recaudación.

Eso por no hablar de las triquiñuelas a las que podría dar lugar. Empresas y empleados tendrían todos los incentivos (otra vez esta palabra clave en economía, pero muy poco usada en política) para estirar al máximo la legalidad: desde empezar a pagar más en especie a facturar por servicios y no como trabajador por cuenta ajena. Si a un trabajador le dicen que le suben las cotizaciones en 10.000 euros y la empresa no está dispuesta a pagar más en costes salariales… o se inventan algo, o el neto que percibe el primero cada mes en su cuenta bancaria sufrirá un recorte muy importante.

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