Otra vez la historia, un falangista y cuelgamuros

Otra vez la historia, un falangista y cuelgamuros

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Tumba de Jose Antonio Primo de Rivera en el Valle de los Caidos

Otra vez la historia, un falangista y cuelgamuros

Por Eduardo López Pascual para elmunicipio.es

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Cuando éramos más jóvenes, allá por los primeros años de la transición, los falangistas de la “Auténtica”, gritábamos lemas como este de “Saquemos a José Antonio de la cárcel franquista de Cuelgamuros”, una frase quizás demasiado radical, pero que expresaba de forma escueta el pensamiento de muchos de nosotros. Naturalmente con ello queríamos mostrar al mundo mundial nuestra más absoluta incompatibilidad, nuestra genuina diferencia con el régimen que presidido por el general Franco, había falsificado el fondo y hasta la forma, del partido fundado por José Antonio Primo de Rivera.

“Libertad para José Antonio, secuestrado en el Valle de los caídos” era otro de los lemas que repetíamos una y otra vez, con el que pretendíamos exigir que los restos de nuestro líder no reposaran al lado de quien no representó nada de lo que aspiraban los falangistas de entonces, y sinceramente, creo que los de ahora y los de siempre. No se trataba de publicar rechazo al conjunto arquitectónico de la basílica y la Cruz, que, a mí, personalmente, me parece una obra excepcional, digna de un deseo de reconciliación, y por eso mismo, como falangista que siente una profunda empatía por cuantos allí descansan, de uno y otro lado, me distancio de los que, en una campaña de resentimiento dañino, abogan a un destino espurio para el Valle, y por supuesto, no voy a entrar en el falso dilema de Franco dentro o fuera. En esto no le voy a hacer el juego a los nuevos y viejos marxistas, por mucho que me separe del General.

Parece claro que los falangistas no deberíamos participar de esta perversa controversia; lo que, si es cierto, o eso pensamos, es que las cenizas de José Antonio Primo de Rivera, que puede ser la antítesis de un dictador, sea trasladado a un lugar acordado por la familia y por los que nos consideramos joséantonianos, por puro principio de neta coherencia política. Si fue llevado a la Cripta por nuestros camaradas de la época, también puede ser movido hoy, pero sin torpes fanfarrias ni exhibiciones fantasmagóricas -que nadie entendería ahora-, hacia un lugar discreto y familiar. Los falangistas, al menos los que conmigo nos remitimos a la historia, creemos que nuestra mejor respuesta al malicioso deseo en torno al Valle, sería la de señalar nuestro compromiso con que nada pueda interferir el descanso eterno de miles de españoles que dieron su vida por una España mejor, los de izquierdas o los de derechas o los falangistas, y que nada impida el fin de la reconciliación con que fue erigido. Que los muertos permanezcan en paz definitivamente. No parece ético que los que odian siempre, argumenten que un político, o un dictador, no deben estar en un mausoleo-, que no lo es-, y no rechacen que otros como Lenin o Stalin, -auténticos genocidas-, sigan presentes y momificados en plena plaza Roja de Moscú, que hasta el nombre lo mantienen. Esa actitud aclara su hipócrita intención y con eso no estaremos jamás. Quizás cuando condenen o pidan la exhumación de esos terribles hombres, empecemos a pensar de otra manera, mientras, por favor que se callen.

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1 Comentario

  1. Completamente de acuerdo con todo lo que expone Eduardo. Se me ocurren varios emplazamientos posibles: El cementerio de Alicante; que fue la última tierra que contemplaron sus ojos. O la Almudena de Madrid, junto a Julio Ruiz de Alda o Fernando Primo de Rivera. O en sitio próximo a Matías Montero, o a José Ruiz de la Hermosa; o junto a Juan Cuellar o a Pérez Almeida. O próximo a Ángel Montesinos o a Jesús Hernández…

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