El sacrificio de los autónomos: “Nos castigan por trabajar”

El sacrificio de los autónomos: “Nos castigan por trabajar”

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Trabajador autónomo

El sacrificio de los autónomos: “Nos castigan por trabajar”

“Muchos meses pago más impuestos que las ganancias que obtengo. ¿Cuántas manicuras tengo que hacer para poder pagar lo que me exige Hacienda? Es terrible, un sacrificio para que se lo lleve todo el Estado. A veces sólo pienso en hacer limpiezas faciales sin para pagar la cuota mensual”, lamenta profundamente Teresa, una esteticista freelance que trabaja ahora a domicilio después de haber tenido que cerrar su centro de belleza por falta de ingresos.

LM / La clausura definitiva del negocio de la asesora de imagen extremeña le ha supuesto “un drama”. Ahora tan sólo intenta salir a flote, ya que no cuenta con la ayuda de sus empleadas. “Hago lo que puedo y ahora el Gobierno de Sánchez aumenta la cuota mensual hasta los 285 euros, cinco euros más que el año pasado en lugar de reducirnos los impuestos. Es un abuso continuado”, se queja.

El acuerdo que alcanzó la ministra de Trabajo, Magdalena Valerio,con las organizaciones de autónomos reflejaba un incremento de un 1,25% de la base mínima de cotización de los trabajadores autónomos a partir del 1 de enero de 2019. Traducido al gasto anual supondrá 64 euros más que tendrán que abonar a la Seguridad Social. Una medida que, a pesar de contar con el beneplácito de las principales asociaciones de autónomos,no parece haber caído muy bien en uno de los gremios más vilipendiados por el Fisco.

La cruda realidad de los autónomos

José Enrique Álvarez es tendero con un puesto en el mercado de Madrid. Es autónomo y conoce de primera mano la proeza que significa en España sobrevivir como autoempleado, generar ingresos y, además, pagar religiosamente a las exigentes arcas públicas.

Su local, Global Food, cuenta con materia prima de primer nivel, ya que ofrece en sus vitrinas de cristal una selección de artículos gourmet para clientes sibaritas. Este propietario defiende su producto con uñas y dientes. De las ventas depende su salario y el desafío al que se enfrenta José Enrique es diario. Lidiar con una situación de incertidumbre económica no es fácil y si los sucesivos gobiernos siguen aumentando la presión fiscal, peor aún.

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“Habría que valorar la relación de ingresos del autónomo con el importe de la cuota y adoptar un sistema de cuantificación variable de cuota en función de ingresos. En mi caso hay meses que el pago de cuota supone un gran esfuerzo, ya que los ingresos no son iguales ni constantes a lo largo del año”, señala el comerciante madrileño.

Asimismo, al igual que Teresa, este empresario denuncia la cruda realidad a la que se han tenido que enfrentar históricamente los autónomos españoles. “Los autónomos, nunca han sido prioritarios para ningún gobierno. En ningún caso los niveles de protección y prestaciones que percibe un trabajador autónomo alcanzan los niveles que sí reciben los trabajadores por cuenta ajena. En mi caso, el esfuerzo fiscal que padecemos resulta en muchos meses casi asfixiante”, recalca Álvarez.

España, el peor país para ser autónomo

La reducción de las cuotas parece para el Gobierno del PSOE una idea descabellada, pero cabe destacar que en el resto de Europa este sector goza de un mejor trato y consideración. En el caso de Holanda, por ejemplo, sólo se abonan 50 euros anuales. Es cierto que no cuentan con Seguridad Social, pero, teniendo en cuenta que muchos seguros médicos suelen rondar los 100 euros mensuales, es un planteamiento que ahorra costes y sacrificios fiscales con diferencia.

Los autónomos británicos pagan una tarifa mínima de 14 euros al mes si no superan los 600 euros de ingresos. Si la facturación va superando esta cuantía, los ingleses declaran en función de la facturación. Pero todavía hay sistemas fiscales que pueden mejorar aún más la situación económica de un autónomo. Irlanda es un ejemplo de ello: no existe ninguna cuota de inscripción. La cantidad a pagar es del 4 % de los ingresos a efectos fiscales. Además, cuentan con grandes ventajas, como asistencia sanitaria, pensiones, prestación por maternidad o viudedad.

Otros territorios europeos como Alemania, Francia, Portugal o Dinamarca también ofrecen tarifas muy inferiores. España, por el contrario, se sitúa entre los países del Viejo Continente donde el peso de los impuestos es el más elevado para los que deciden autoemplearse.

“Hay que reducir la fiscalidad exagerada que padecemos y seguro que ello repercute de forma positiva en la economía nacional, trasladándose, entre otras cosas, a una mayor creación de empleo”, demanda Álvarez. “Es que parece que Hacienda nos castiga por trabajar”, concluye enfadada Teresa. La esteticista se apresura a colgarnos el teléfono, tiene una manicura y “muchos impuestos que pagar”, concluye con tono sarcástico la extremeña.

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