BBVA propone que los trabajadores se paguen su propio despido

BBVA propone que los trabajadores se paguen su propio despido

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BBVA Research apuesta en su último informe por simplificar el menú de tipos de contrato y por un “sistema mixto” de indemnización por despido obligatorio para los nuevos contratos, en el que ésta sea gradual dependiendo de la antigüedad del trabajador en la empresa, y de una cuenta de ahorro individual que actuaría como un “salario diferido”, equivalente al 2,19% del salario bruto anual, inspirada en el modelo austriaco de indemnizaciones. Estas medidas permitirían, según la entidad, avanzar hacia un escenario en el que “el contrato indefinido sea la opción por defecto”.  Los partidos políticos, en contra de las medidas.

EP / Así lo ha indicado el economista jefe de Economías Desarrolladas del BBVA, Rafael Doménech, durante la presentación del Observatorio Económico España sobre Mercado Laboral, realizado conjuntamente con la Fundación Sagardoy. Según Doménech, la reforma laboral “no ha sido suficiente” para reducir el uso de la contratación temporal frente a la indefinida.

Ante ello, el BBVA Research apuesta, en primer lugar, por “ir más allá” en la simplificación de las modalidades de contrato hasta un total de tres: uno indefinido, que debería funcionar “por defecto”; otro temporal causal que englobe a todos los temporales actuales y con una duración máxima de 24 meses; y, finalmente, otro de formación y aprendizaje, indefinido si es promovido por la empresa y temporal si es fruto de un convenio con instituciones educativas. Además, estas nuevas modalidades contemplarían la posibilidad de que se realicen a tiempo parcial.

Sistema mixto entre España y Austria

Doménech ha hecho especial hincapié en la necesidad de reducir esta segmentación a través de una modernización del sistema de despido, estableciendo una indemnización progresiva según la antigüedad del trabajador, el motivo del despido y de si es temporal o indefinido; indemnización que se complementaría con las aportaciones del trabajador a esa cuenta de ahorro individual, la denominada ‘mochila’ inspirada en el modelo austríaco.

Así, todos los trabajadores temporales e indefinidos tendrían una cuenta nutrida con una suerte de “salario diferido” equivalente a ocho días de salario por año, esto es, el 2,19% del salario bruto.

De este modo se configuraría un sistema mixto de indemnizaciones por despido. De un lado, la empresa tendría que pagar una indemnización al trabajador, y de otro todos los nuevos asalariados dispondrían de una cuenta de ahorro nutrida de aportaciones periódicas por un importe equivalente a 8 días de salario por año trabajado.

En cualquier caso, las aportaciones a la cuenta de ahorro individual serían invertidas en uno o varios fondos de previsión públicos creados para tal fin, y el trabajador podría acceder a los recursos acumulados en su cuenta cuando la relación contractual con la empresa se extinguiese.

Estas aportaciones, además, acompañarían al trabajador durante toda su vida laboral independientemente de que cambie de trabajo o que agote parte de ellas. Asimismo, se podrían rescatar en el momento de la jubilación, lo que podría incrementar la renta de los pensionistas.

En el caso de los trabajadores que cobraran el Salario Mínimo Interprofesional (SMI), de 645,3 euros brutos al mes, la cuenta de ahorro individual debería ser nutrida por la Administración y se entendería como una bonificación de 2,19 puntos en la cuota a la Seguridad Social. Estas aportaciones irían reduciéndose progresivamente hasta que el salario fuera 1,25 veces el SMI.

Así, para un trabajador que acumulara 40 años en el mercado de trabajo y que se jubilara a los 65 años sin discontinuidad, esa aportación del 2,19% se acumularía con una rentabilidad equivalente al 2%, según los cálculos de BBVA Research. Ello supondría un cobro acumulado equivalente a 1,33 veces el salario anual.

En cualquier caso, esas contribuciones formarían parte de un fondo de previsión público, como el Fondo de Reserva de la Seguridad Social, y sería accesible en el momento del despido o si el trabajador no es despedido y cambia de empresa y no necesita hacer uso de estas aportaciones, cuando el trabajador se jubile.

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Cifras del despido

En el caso del despido procedente, con sólo un año trabajado, sólo se aplicaría el rescate de la aportación a la cuenta de ahorro individual, esto es, ocho días por el año trabajado. En el segundo año, se combinaría la cuenta y cuatro días por año trabajado (12 días, en suma); en el tercero, serían ocho días (16 días en total) y finalmente 12 días en el cuarto año, hasta sumar al menos 20 días por año trabajado, como los que actualmente paga el empresario.

Cuando el despido es improcedente, el coste sería de cuatro días el primer año trabajado, aumentando en tres días con cada año hasta un máximo de 25 días, de modo que en total se alcanzarían al menos 33 días por año trabajado de indemnización, sumando la cuenta individual, cuando el trabajador alcanzara los ocho años o más de antigüedad.

En el caso de trabajadores temporales, junto con la aportación de ocho días de salario por año, se mantendría la indemnización de 12 días por año, con independencia de la causa, tal y como está dispuesto actualmente. Al final del contrato, si el trabajador rescata el fondo percibiría, al menos, 20 días por año y un máximo de 40 días por año si el despido se produjera al finalizar el periodo máximo de 24 meses.

Más barato para los indefinidos

De este modo, el despido sería más barato en los primeros años en el caso de los contratos indefinidos. En este punto, BBVA Research justifica que “debería tener un menor coste por despido que el temporal para aumentar su atractivo y penalizar a las empresas con una rotación de personal elevada e injustificada. “A cambio de una menor indemnización inicial, los trabajadores tendrían una contratación más estable y mayores salarios”, añade.

Doménech ha explicado que este nuevo modelo no supone de entrada una rebaja salarial efectiva, ni tampoco una rebaja del coste del despido, ya que las aportaciones a las cuentas individuales son parte del salario, aunque “diferido”, y porque la definición del salario es, al fin y al cabo, fruto de una negociación del trabajador o los sindicatos con la empresa. “La aportaciones a la ‘mochila’ la pagan las empresas como todos los costes laborales”, ha añadido.

En estas circunstancias, el cambio propuesto sería el dotar a las empresas de mayores certidumbres. “En términos de coste laboral para la empresa es lo mismo, lo único que se está reduciendo es la incertidumbre asociada a la indemnización”. “Esto no supone un abaratamiento de costes laborales”, ha sentenciado.

Por otro lado, valorando que la cuenta de ahorro se encuentra en un fondo que aporta cierta rentabilidad a lo depositado, Doménech ha indicado que el trabajador se verá beneficiado por un incremento de los ingresos en última instancia.

Críticas a la dualidad del mercado

El economista valoró la reforma laboral de 2012 que ha permitido la recuperación del empleo “antes de lo esperado” aunque “no es suficiente”, y es preciso corregir la “dualidad” del mercado de trabajo.

En este sentido, se refirió a la dificultad de acceso de los sectores más vulnerables, entre ellos jóvenes y trabajadores con menor cualificación, a un empleo de calidad e indefinido.

España destruye entre 2 y 2,5 veces más empleo que EEUU y otros países de la UE, apuntó Doménech, tras referirse al “efecto nocivo” de la temporalidad en el empleo en la productividad, además de suponer una diferencia salarial respecto al indefinido que “supera el 15%”.

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