El olvidado motivo por el que los cocineros usan sombreros altos

El olvidado motivo por el que los cocineros usan sombreros altos

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La alta cocina está de moda. Los nombres de los mejores chefs de España y del mundo son conocidos, sus restaurantes acumulan listas de espera interminables y sus caras aparecen con frecuencia en programas de televisión de enorme éxito. El público está familiarizado con la moderna imagen del cocinero de prestigio, pero… ¿alguna vez te has preguntado de dónde procede su costumbre de lucir altos y blancos sombreros? No se trata ni mucho menos de una simple casualidad.

ABC / En el blog de la escuela de artes culinarias Auguste Escoffier han buceado en los orígenes e historia de estos gorros, también llamados «toque blanche». Como podrás imaginar, sus funciones básicas están relacionadas con la higiene. Absorben el sudor de la frente del chef, con frecuencia encerrado en la cocina durante horas al calor de los fogones; y evitan que el cabello caiga sobre los alimentos, ocasionando incidentes desagradables para los comensales. Pero como es obvio, estos objetivos podrían alcanzarse igualmente con diseños distintos.

¿Por qué entonces esa presentación tan vistosa? Los estudiosos del mundo de la gastronomía apuntan que ya durante el siglo XIX era frecuente que la altura del sombrero destacase la importancia y destreza del chef. Cuanto más alto fuese, más reputado era aquel que lo llevaba. Se dice que el célebre Marie-Antoine Carême llegó a ataviarse con un gorro de más de 40 centímetros de altura. En la actualidad todavía se supone que el «toque blanche» debe quedar reservado para los auténticos jefes de cocina.

Del mismo modo, existe una teoría para explicar por qué estos característicos sombreros tienen pliegues. Se dice que originalmente servían para informar sobre los conocimientos del cocinero. Cada pliegue en el gorro indicaba que su portador sabía preparar un alimento determinado de una manera diferente. Algunos llegaron a contabilizar nada menos que cien dobleces, por lo que cabría esperar que supiesen cómo cocinar huevos, pollo u otra especialidad de un centenar de maneras.

No está del todo claro cuándo y dónde comenzaron los chefs a usar esta distintiva prenda. Un relato popular apunta que los primeros en hacerlo fueron los griegos en el siglo VI. Cuando los búlgaros avanzaron hacia Grecia, entonces parte del Imperio Bizantino, muchos intelectuales y artistas huyeron y buscaron refugio en los monasterios. Algunos fueron empleados en las cocinas, utilizando un sombrero muy similar al de los sacerdotes ortodoxos, aunque de color blanco en lugar de negro. Otras versiones van incluso más atrás en el tiempo y señalan que los cocineros reales en el Imperio Asirio ya llevaban gorros parecidos.

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