LOS OTROS MUROS

LOS OTROS MUROS

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Por Eduardo López Pascual para elmunicipio.es

Cuando hay gentes que se indignan, con razón, de los muros que se levantan o pretenden levantar contra la libre circulación de las personas, y no hay que hablar de la frontera norteamericana, ni de las barreras que ponen algunos países del este de Europa, o las verjas con cuchillas que separan territorios, faltando a las más elementales normas de humanidad, y nosotros lo denunciamos, vemos que otra mayoría de hombres y mujeres callan o miran para otro lado, si se trata de barreras ideológicas, o políticas, que se plantan frente a quienes no piensan igual. Esa burda discriminación se tiene, por desgracia, con los que hablan desde un discurso ajeno a lo “políticamente correcto”, o sea, al que disiente de la parafernalia globalmente asumida y claro, en especial a los falangistas, simplemente por defender un proyecto propio.

Y esto no son excusas para intentar justificar una realidad como la que vivimos; resulta que reconocer que somos falangistas, puede ser motivo suficiente –y las hemerotecas están llenas de casos-, para levantar una barrera social -por las redes-, que impiden la normal convivencia entre los ciudadanos. Incluso la prosaica necesidad de contrastar ideas, se prohíbe por quienes reparten carnets de pureza democrática, cuando precisamente ese afán de exclusión los convierte en figuras totalitarias al estilo Hitler o Stalin, o a los Castros y Maduros del momento. Porque hay quienes sin más títulos que la fuerza del dinero, del poder, o detentadores de la “verdad absoluta”, no dudan en asentar muros que prohíban la lógica convivencia de otras personas e ideas, si estas, como la nuestra, se apoyan en el respeto a las libertades y derechos legalmente reconocidos.

Pero no se indignan. Se vuelven de espaldas para no ver como bajo el nombre de libertad, se conculcan derechos de igualdad y convivencia si eres o piensas como falangista. El último capítulo lo vimos en el fallecimiento de José Utrera Molina, al que un grupo de personas cantando el Cara al Sol, y con el saludo Nacional sindicalista, fue razón para que “el establishment”, o como se escriba, se lanzó como un huracán contra ellos, por atreverse a expresar sus condolencias de esta manera. Sin embargo los medios trasmiten cualquier fiesta socialista puño en alto y no hay tío que lo critique, y no digamos la murga que nos dan en televisión cuando quien levanta el brazo con puño cerrado, y me refiero a los Iglesias, Errejón o Montero, y nos cantan La internacional a grito pelado no hay nadie, del sistema, que se le ocurra levantar la menor barrera de prohibición. Aquí no hay indignación.

Pero a los falangistas no les está permitido, socialmente hablando, el despedir a sus camaradas con un himno que es de amor y concordia, o acabar un encuentro azul con el brazo alzado y las palmas abiertas. Siempre se encuentran con unos muros de silencio, de olvido, de discriminación, y de intransigencia, que nosotros con manos de paz y versos de amor, pero con firmeza y convencidos de nuestro pensamiento, tendremos que derribar.

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