Grandes aportaciones del comunismo: “El exterminio de los propios camaradas”

Grandes aportaciones del comunismo: “El exterminio de los propios camaradas”

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Santiago Carrillo y La Pasionaria

¿Quiénes han matado más comunistas en el mundo? Pues los propios comunistas y sus predecesores, los jacobinos franceses.

Los comunistas elevaron el exterminio de los camaradas, como el de todos sus enemigos, fuesen campesinos o religiosos, a un método industrial.

Actuall / Hasta entonces, sólo en algunas guerras civiles o en dinastías, como los Omeya, los Osmanlíes, los Abasíes, los Románov o las diversas chinas, las luchas de poder concluían con la muerte del rival destronado y quizás de su familia más cercana.

Una vez asentado su poder a sangre y fuego en la URSS, después de deportaciones y hambrunas que mataron a millones de personas, Stalin comenzó en la segunda mitad de la década de los años 30 unas purgas que afectaron al PCUS, desde el Politburó a la militancia, a la Komintern y al Ejército Rojo (de cinco mariscales fueron ejecutados tres y de nueve almirantes ocho), y en las que fueron asesinadas entre 900.000 y 1’4 millones personas.

Ante las protestas de muchos comunistas por el pacto nazi-soviético, con el que Stalin incendiaba la guerra europea y se repartía Europa Oriental con Hitler, ¿qué hizo el partido, amo y señor de vidas y honras de sus militantes?

Montar una red de delatores, unos tribunales secretos y varios verdugos que ejecutaban las penas de muerte. Estos hechos los desveló un libro publicado en 2007 en Francia: Liquider les traîtres: la face cachée du PCF (1941–1943).

Un minúsculo núcleo de la dirección del Partido decidía la comprobación de las denuncias y el castigo para los acusados, que podía incluir la muerte.

En estos casos, los militantes condenados, sin defensa, eran secuestrados por sus camaradas, conducidos a un garaje o un bosque en las afueras de París o en provincias, y asesinados.

Los autores del libro comprobaron documentalmente unas 800 ‘verificaciones’ de ‘camaradas sospechosos’. Y unas 250 ‘decisiones’; es decir, eliminaciones.

El politburó del PC francés le cogió tanto gusto a matar a camaradas que lo siguió haciendo cuando ya había estallado la guerra entre el III Reich y la URSS.

En el PC español también fueron frecuentes los casos de camaradas asesinados por orden de Santiago Carrillo, Dolores Ibárruri (a) Pasionaria y el amante de ésta, Francisco Antón, y a la que ahora se pone como ejemplo de demócrata y feminista.

Entre los más ilustres purgados por el PCE sobresalen Joan Comorera, Jesús Monzón y Gabriel León Trilla.

Comorera fue secretario general del PSUC y consejero en la Generalitat. En 1945 se enfrentó a la dirección del PCE y se le expulsó por haber contraído la desviación ‘titista’ (del mariscal Tito de Yugoslavia).

Se supo condenado a muerte y en 1950 abandonó la Francia democrática para esconderse en la España franquista. Carrillo dio la orden a un comando de que le esperase en un paso de frontera y lo matase, pero Comorera salvó la vida porque sospechaba de sus camaradas y cambió de trayecto.

Después de vivir clandestinamente en Barcelona durante cuatro años, Comorera fue detenido en 1954 por la policía franquista. Se le condenó a 30 años de cárcel y murió en el penal de Burgos en 1958.

Cuando fracasó la invasión del Valle de Arán (octubre de 1944), Carrillo, Antón y Pasionaria, en vez de realizar su autocrítica, emprendieron una caza de brujas.

Los escogidos fueron Jesús Monzón y Gabriel León Trilla, que se encontraban dentro de España levantando el PCE y organizando el maquis, o sea, jugándose la vida.

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Monzón tuvo la suerte de ser detenido por la Policía en Barcelona en 1945, cuando se dirigía a una cita para encontrarse con el enlace que, en vez de llevarle a Francia, le iba a llevar al lugar de su ejecución.

Como escapó a sus garras, el PCE lo destruyó ante los camaradas. Según un editorial de Nuestra Bandera (1950), “detrás de Monzón están los servicios de espionaje norteamericanos, están los agentes carlistas (sic) españoles”.

Monzón fue condenado a 30 años de cárcel. En 1959 salió libre y marchó a México. Dio clases de márketing en una escuela de negocios montada por el Opus Dei. Es decir, la dictadura franquista fue más benévola con él que el PCE.

A Trilla lo mataron en Madrid los asesinos comunistas en 1945 en el Campo de las Calaveras (Chamberí). Se planeó el asesinato de manera que hiciese sospechar de un robo, de una mujer despechada o, como se dijo entonces en ambientes comunistas, de un “lío de maricones”.


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El jefe de esta banda de asesinos, Cristino García, fue detenido y juzgado por el régimen franquista. Se le condenó a muerte y se le ejecutó en 1946.

El Gobierno y la Asamblea Constituyente franceses protestaron porque Cristino García había combatido en la resistencia. Este verdugo tiene una calle en Alcalá de Henares desde 1996.

Otra víctima de Carrillo y ‘Pasionaria’ menos conocida fue el maquis Víctor García García, al que sus camaradas habían encargado en 1942 reorganizar el PCE y levantar una banda de guerrilleros.

Pero el buró político le destituyó y le ordenó unirse al maquis. Como desobedeció, desde Francia se ordenó matarle.


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En abril de 1948, un paisano encontró su cadáver medio sepultado por tierra y ramas y mordido por las alimañas, con un disparo en la cabeza, típica marca comunista. Se le enterró en el cementerio de la aldea de Moalde (Silleda), al pie de la iglesia. Otro muerto que no estaba en una cuneta.

Durante décadas su muerte se atribuyó a la Guardia Civil. De no haberse descubierto la verdad, esta víctima de Carrillo habría sido honrada como víctima del franquismo por la ley de la memoria histórica de Zapatero.

Carrillo le declaró a la periodista María Antonia Iglesias que él nunca tuvo remordimientos cuando ordenaba matar incluso a los camaradas que se jugaban la vida en España, mientras él estaba en Francia o en Rumanía o en Corea del Norte.


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“Incluso, en algún caso, yo he tenido que eliminar a alguna persona, eso es cierto; pero no he tenido nunca problemas de conciencia, era una cuestión de supervivencia, porque estaba en juego también la vida de muchos militantes, que muchos de ellos acabaron en la cárcel o ejecutados.”

Aunque estas víctimas del terror carrillista, fueron rehabilitadas por el PCE en 1986, cuando Gerardo Iglesias se hizo con la Secretaría General, no hubo sanción para los responsables de la infamia; ni se les mencionó.

Pasionaria siguió presidiendo el PCE hasta su muerte, en 1989.

La aberración comunista ha llevado a sus seguidores al canibalismo.

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