El contrasentido de Petón (con cariño)

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El contrasentido de Petón (con cariño)

Por Eduardo López Pascual para elmunicipio.es

Tuve ocasión de conocer personalmente y saludarlo, a José Antonio Martín Otin (Petón): fue en un acto cultural organizado por Falange Auténtica (FA) en la ciudad de Alicante con motivo de un aniversario del 20 de noviembre, allí pude adquirir el libro que escribió sobre José Antonio Primo de Rivera, bajo el sugestivo título de “El hombre que dijo sí a Rudyard Kipling” y os aseguro que me llevé la mejor impresión de un deportista, periodista y escritor de renombre, que no tenía empacho en hablar mucho y bien de la figura del fundador falangista. Cuando en estos tiempos de fácil crítica, y de probada demagogia sobre José Antonio, viene una persona de posición reconocida en ese mundo del periodismo y las letras y trata con respeto y con indudable admiración por el líder falangista, yo correspondo de la misma forma con respeto y con cariño. Incluso con una cortés admiración.

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Sin embargo, pese a este reconocimiento por mi parte, no quita para que, ante sus declaraciones aparecidas en un diario digital, en las que comentaba su excelente criterio sobre José Antonio, muestre mi decepción y mi tristeza al leer las opiniones que desgranaba acerca de la vigencia de Falange Española como partido y no sé si también dice sobre su ideología. Para mí que nos considere unos “mosqueteros” en la política, es decir un perfecto anacronismo de camisas y brazos en alto, no deja de ser una boutade -perdone la expresión-, de alguien que, en el fondo a pesar de su simpatía por el líder falangista, se deja arrastrar por el discurso correcto, desvalorizando el contenido doctrinal del partido que fundó en 1933. Sé de tu buen discurso sobre JA, que también lo pronuncian otros insignes joseantonianos, pero como habla el refrán, hay amores que matan.

Naturalmente, a salvo de las manidas alusiones a uniformes y saludos -por cierto, los comunistas siguen con su puño cerrado en alto, y podrías haber hecho una alusión a su decrepitud-, habría que preguntarse si el defender y aspirar a una patria unida, a un cambio en las relaciones de trabajo, en querer los servicios e industrias estratégicas –electricidad, transportes, sanidad, educación, o una Banca y crédito nacionalizados, junto a un protagonismo oficial de los sindicatos- podrías calificarlos de obsoletos, porque entonces quizá fueras, mi admirado Petón el que estaría fuera de tiempo, ya que los nuevos partidos que han surgido, traen esas viejas reivindicaciones al menos, en grado muy considerable.

No, apreciado Petón, los falangistas hace ya tiempo que dejamos de tener la camisa como uniforme, y el brazo en alto como seña de identidad, por más que guardemos un discreto uso de una prenda y un saludo por la que muchos hombres y mujeres de España dieron su vida en testimonio de un ideal. Aún hay izquierdas que exhiben sin vergüenza sus pañuelos rojos, sus hoces y martillos y no he visto, de tu parte, ninguna objeción, aunque no participes de su historia. En este sentido, querido Petón, has hecho un roto a la Falange y de paso, a la figura de José Antonio. Que una y otro, no pueden desligarse de una realidad histórica, política y hasta cultural de una realidad que es España. Te has ido a la negación de la Falange que, en contra de críticas interesadas, todavía mantiene con honor, con serenidad, con prudencia, los valores de un mensaje que merece, sin duda, la atención de personas como tú, y que seguro, tendrán la acogida que merece. Quizás no sea ahora, ni mañana, pero un anhelo recorre España, la de una política que devuelva al hombre su razón de vivir en justicia y hermandad.

No obstante, te reitero mi aprecio personal y mi gratitud por escribir ese bonito relato en “El hombre que dijo si a Rudyard Kipling”.

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