Rafael Sánchez Ferlosio: “Rajoy es un desastre y Pablo Iglesias, muy poca...

Rafael Sánchez Ferlosio: “Rajoy es un desastre y Pablo Iglesias, muy poca cosa”

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Empecemos por el final, nobleza obliga. Porque Rafael Sánchez Ferlosio (Roma, 1927) llega a los últimos compases de la conversación que iniciamos empapados una tarde de lluvia de finales de diciembre en su piso de Prosperidad con la sonrisa a la vista, destensado al fin, divertido incluso. Bromea sobre los ejemplares que va a despachar el tercer volumen de sus ensayos completos que ha motivado la entrevista -“es el mejor de los cuatro, pero dudo que esto venda mucho”- y muestra embelesado al periodista, con la ayuda de la lupa con la que ahora se ve obligado a leer, un precioso ejemplar de láminas sobre los viajes del naturalista decimonónico von Humboldt. Antes, el escritor ha dado cuenta de su obra narrativa y ensayística, de la guerra, la prensa, el papa Francisco, Sánchez, Rajoy, Podemos y, por supuesto, de la anfetamínica hipotaxis, con ese educado escepticismo que hace dudar al periodista, con razón, si no le estará preguntando tonterías.


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El Confidencial / Las entrevistas a Ferlosio son ya un género en sí mismo. Su fama de sabio ecuménico, su prosa deslumbrante y ardua, y su alargada sombra sobre más de medio siglo de literatura española imponen un respeto que ya ha devenido cliché. A sus 89 años, el autor de ‘El Jarama’ -lo citamos porque más abajo aclarará que no le molesta ya que le mienten aquella segunda novela suya que tanto aborrece- recibe afable y con ese nervio donde se adivina al tímido natural, se mueve con rapidez de polvorilla -sólo le cuesta sentarse y levantarse, lo que parece cabrearle mucho-, muestra tajante al principio su célebre fobia a los reporteros gráficos -“imposible, me acaban de operar de la vista”- para dejarse al final fotografiar con un leve mohín incómodo, y se sienta finalmente en su butaca.

Venimos a hablar de ‘Babel contra Babel’ (Debate), el tercero de sus ensayos reunidos, esa colosal y temible empresa acometida por el crítico Ignacio Echevarría y que culminará después del verano con la cuarta y última entrega. ‘Babel contra Babel’ recoge artículos y ensayos de tres décadas protagonizados por “el terrible flagelo de las gentes, la agonía de los hombres, el terror de las madres y las esposas” pero, también, por “la exultante autorrealización y autocumplimiento de los pueblos”: la guerra. Y en guerra consigo mismo pasa Ferlosio la entrevista a vueltas con la ‘polemología’. Trepa y se retrepa en su sillón, mantiene largos silencios socráticos con los brazos extendidos a ambos lados, como encajonado en sus reflexiones, para estallar a continuación en ráfagas de indignación y pesimismo mientras atrapa y vuelve a depositar una y otra vez en el mismo sitio los objetos que se esparcen sobre la mesa: su lupa, sus libros, la grabadora del periodista…


PREGUNTA. Uno de los artículos de este tercer volumen en torno a un homicidio recoge la respuesta de una señora del lugar de los hechos acerca de las motivaciones del crimen: “¿Que por qué lo mató? Pues porque tenía una escopeta, por eso”. Y ahí está uno de los motivos más repetidos del libro: las armas no son un medio para la guerra, no son un instrumento: son un estímulo. “El hierro”, cita a Homero, “atrae al hombre”.

RESPUESTA. “El hierro, por sí solo, atrae al hombre”. Ocurre cuando Ulises, haciéndose pasar por un mercader, va en busca de Aquiles para reclamarle para la guerra de Troya. Aquiles se ha disfrazado de muchacha para que no lo encuentren. Pero, al desplegar Ulises vestidos de mujer que saca de un baúl, Aquiles ve el filo de una espada. Inmediatamente la agarra y se descubre.

Pero entonces, si la guerra no es instrumental, si en realidad solo hace algo tan primigenio como tentar nuestro sentimiento de poder, ¿la guerra es perfectamente irracional y todas sus justificaciones son falsas?

¿Falso qué quiere decir? ¿Quiere decir algo referido al hombre? Si es algo referido al hombre no puede ser ni falso ni verdadero. El mismo que inventó el ‘agón’, el antagonismo, inventó el derecho. El ‘agón’ es el fundador de la humanidad, es inmemorial, se ha salido ya de la atmósfera, ha escapado de la gravedad. Porque hay instrumentos de guerra que están más allá de la gravedad, como algunos misiles.

¿No hay ninguna guerra en la historia del hombre que le parezca justa?

¿Pero cómo va a haber una guerra justa? ¿O injusta? El hombre está constituido como guerrero. Si usted habla de justo o injusto ya está pensando en la justicia. Entiendo que, si te atacan, si hay un ofensor y un ofendido, el ofendido tiene que defenderse. Pero la pareja ofensor/ofendido es como la pareja amigo/enemigo que, según Schmitt, es el fundamento de la política. Aunque no lo dice exactamente así, esa es una expresión muy burda y Schmitt no es un hombre burdo…

[La cita literal, de ‘El concepto de lo político (Alianza, 2005) es la siguiente: “La distinción política específica, aquella a la que pueden reconducirse todas las acciones y motivos políticos, es la distinción de amigo y enemigo”].

Así que no se puede decir justo o injusto hasta después del propio hecho violento, después del antagonismo.

Oriente Medio, con la guerra de Iraq en primer plano, es el centro geográfico de buena parte de este volumen.

Bueno, porque me pilló en aquellos años.

¿Lo que está ocurriendo ahora mismo en un Alepo reducido a escombros es de alguna forma el resultado de aquella primera guerra del golfo?

Hombre, el resultado no se puede decir, tal vez la continuación. En Alepo han intervenido además los rusos y los rusos tienen relaciones de amistad y enemistad previas con los países orientales, y luego las elegidas a conveniencia según se desarrollan los hechos. Las causas son todas concausas, están relacionadas. Es muy difícil deducir un esquema seguro de causalidades.

Hablando de Siria, un texto precioso y al tiempo sobrecogedor abre el libro, ‘Las azoteas de Damasco’.

¡Ah!

Relata un raid israelí sobre la ciudad -ayer en guerra como hoy- y cómo todos sus habitantes, en lugar de bajar a los sótanos a protegerse del peligro subieron a las azoteas a jalear triunfales cada vez que un misil sirio abatía un avión israelí.

Los sirios se habían hecho con un misil muy bueno en ese momento, el ‘Sam2′, muy capaz contra los aviones israelíes, cosa que no entiendo cómo los israelíes, que lo saben todo y son muy competentes para esas cosas, no anticiparon. En fin, los sirios empezaron a derribar con sus misiles aviones israelíes y toda la ciudad subió a las azoteas a contemplarlo.

Es una imagen muy deportiva.

Claro. Es que el fútbol es igualmente incomprensible…

¿Como la guerra?

No, no como la guerra. Como todo antagonismo.

Sé que aborrece el deporte.

Pero por otras cosas

¿No cree que hay que elogiar al menos en el deporte una representación teatral de la guerra que satisface nuestros peores impulsos, pero sin víctimas?

El deporte va también de ganar o perder. Y eso es otra vez el ‘agón’. El ‘agón’ está en el centro de la experiencia humana. Así que no le extrañe tener razón, es verdad que el deporte causa menos daño. Pero recuerde que hubo una guerra por el fútbol.

La contaba Kapuscinski ¿no?

Entre Honduras y El Salvador, sí. En otra ocasión hubo disturbios, guerra de guerrillas, asesinaron a un portero que se había dejado meter un penalti…

Hace unos años el psicólogo y lingüista Steven Pinker…

¿Cómo?

Steven Pinker.

¿Pinker? No sé quién es.

Bueno pues este Pinker publicó hace unos años un libro polémico titulado ‘Los ángeles que llevamos dentro” donde defendía la tesis de que nunca nos hemos matado menos que en la actualidad. ¿No cree que los medios de comunicación ofrecen una imagen tenebrosa del mundo que nos hurta los avances positivos de la realidad?

Me parece una forma de disminuir la gravedad de las cosas. No es que la realidad sea mejor de lo que es, es que no nos escandalizamos lo suficiente de lo horrible que es. ¡Pero si estamos en guerra perpetua ahora, en una guerra constante! ¿Cómo se puede decir que el mundo no está en guerra? ¡Lo está!

Cuentan que los periódicos de papel van a desaparecer pronto. Yo por ejemplo trabajo en un medio digital.

¿Qué quiere decir digital?

Que sólo se puede acceder a través de internet, en un ordenador, un móvil…

Ah.

Pues eso, que los periódicos de papel cada vez venden menos ejemplares. Habiendo escrito usted tanto en los periódicos, si desaparecieran mañana… ¿qué epitafio cree que merecen?

No lo sé. Si la nueva información digital esa que me comenta está dominada por la imagen y por la publicidad… Aunque hay buena publicidad, como aquel maravilloso anuncio de los tintes Iberia de antes de la guerra en el que aparecía una niña con varios botes de pintura en la que las partes blancas se iban tiñendo de color. Sé que tengo una copia por alguna parte… Era un anuncio precioso. La niña era muy agraciada, claro, con tirabuzones rubios… Casi todas las muchachas de Cervantes son rubias de dieciocho años. Menos una de ellas que es moreta y claro, entre los moros no hay muchos rubios aunque yo creo que alguno hay también. En España, la provincia de Badajoz es la que más rubios tiene.

¿Ah sí?

Sí, el 17% de rubios tenía hace ya muchos años. Quizás no de rubios completos, tirando a claros, rojizos.

¿Rafael, cree que los periódicos de hoy están peor escritos que los de antes?

Peor escritos no, la lengua suele ser bastante correcta, aunque siempre hay alguna errata. Hay quien es más tonto y quien es más listo, pero como siempre. Lo que veo es mucha más ligereza y superficialidad en la elección de los temas.

Está a punto de completarse su obra ensayística en estos cuatro imponentes libros ordenados por Ignacio Echevarría, su obra predilecta dada su declarada desafección por la novela. Si pudiera firmar un pacto con el diablo como el Enoch Soames de Max Beerbohm y visitar una biblioteca del futuro, dentro de cien años, ¿le cabrearía aparecer una vez más como “Rafael Sánchez Ferlosio, autor de ‘El Jarama’”?

¿Cómo dice que se llama el autor? ¿Me lo deletrea?

(se lo deletreo)

No sé quién es. Pero en fin, si ahora con 89 años me importa bastante poco, imagínese usted dentro de cien años.

Sé que se siente orgullo de Alfanhuí, y no sé si de ‘El testimonio de Yarfoz.’ Pero echa pestes de ‘El jarama’… ¿Por qué cree que aquella novela volvió loco a sus contemporáneos?

Pues no sé, quizás por el retrato de actualidad… Pero ‘El Jarama’ incluye una tontería que se lo carga todo.

¿Cuál es?

En una obra que es panorámica, que es colectiva en su planteamiento, le ocurre un incidente a un individuo al que se da mucha categoría. Y un incidente de un individuo es un hecho contingente, no es un hecho de la colectividad, del tiempo, de la sociedad. Y eso fue una metedura de pata tremenda. Porque le di mucha importancia al ahogamiento de aquella muchacha, va allí el juez de Alcalá de Henares, interroga, saca el atestado… ¡Es un disparate! ¡Pero cómo metí allí algo tan contingente como un ahogamiento! ¡Un ahogamiento es un accidente, no es panorámico! Un disparate, aquello fue un disparate. ‘El testimonio de Yarfoz’, por el contrario, incluye una de las historias más bonitas que he escrito. Está en el capítulo treinta, la historia de los babuinos mendicantes. Esa historia sobresale en un libro que también incorpora una gran metedura de pata. La metedura de pata es crear nombres propios, nombres propios de lugar, de persona, de picos de montaña, ríos, y esos topónimos y prosopónimos están inventados a voleo. Y eso fastidia mucho al lector, estoy seguro de que tiene que molestarle muchísimo. Lo de los babuinos mendicantes es muy bonito, lo demás es un disparate.

A su padre, Rafael Sánchez Mazas, le gustaba mucho el ‘Alfanhuí’, suele contar.

El ‘Alfanhuí’ sí le gustaba. Bueno, es que el ‘Alfanhuí’ lo salvo. Es mi única novela verdadera porque es un libro escrito con espontaneidad, sin pretensiones. Se lo leía a mis padres y a mi hermano mayor en casa y les entusiasmaba. Se divertían muchísimo.

En la casa de sus padres se hablaba de literatura, ha contado varias veces. ¿También de política?

No mucho.

¿Cómo llevaban los vencedores de la guerra que sus hijos les salieran rana?

Eso fue más bien tarde. No sé. Bueno, sí, a mí me tenían por rojo pero, en realidad no me metía mucho en política. Alguna cosa en la universidad… pero el más político fue mi hermano Chicho. También mi hermano Miguel, pero Miguel era raro… No me acuerdo si intervenimos en algo, más bien opinábamos entre nosotros. No hicimos gran cosa. Teníamos claramente una tendencia hacia la izquierda pero dudo, por ejemplo, que acudiéramos a alguna manifestación. Había muchas tendencias en la izquierda, chinos, rusos, socialistas… Pero en un partido te regulaban, te podían poner una multa como ahora a los de Sánchez.

Por cierto que Sánchez ha estado de gira buscando apoyos. ¿Cómo lo ve?

Me parece alguien poco inteligente. Insistir tanto en ciertas cosas, en tópicos repetitivos, discursear tanto… Claro que Rajoy ni discursea, Rajoy dice frases.

Pues hay quien dice que es un buen orador.

Le dieron un premio, sí. ¡Es increíble! Si lo comparamos con lo que antes se llamaba orador… con Cánovas… ¡Pero si solo dice frases! Es un desastre.

¿Carmen Martín Gaite y usted ejercían la crítica literaria el uno con el otro?

Sí. El mejor libro que escribió Carmen fue ‘El proceso de Macanaz’. Ahí investigó y encontró cosas bastante interesantes. No es la parte literaria la que más me gusta aunque tenía buena prosa.

En las entrevistas que le han hecho en los últimos años le he visto algo decepcionado con su célebre hipotaxis. Como si el pulso incansable que vivió con la subordinación durante años de anfetaminas hubiera acabado en un callejón sin salida…

Mire usted, la frase se puede ensanchar pero tiene un límite. La hipotaxis, la subordinación, lo que permite es meter todo tipo de incisos, adjetivos, relativos, de una manera comprensible. Pero hay otras complicaciones sintácticas más amplias que atañen, por poner un ejemplo fácil, a la determinación de un nombre propio. Y claro, luego he pensado que la hipotaxis tiene que ser respiratoria, que tú debes llevar la frase hasta el final manteniendo el mismo aire cogido al principio. Por ejemplo, si escribes “como decíamos más arriba”, osea, una referencia externa a la frase… pues eso no vale. No es el mismo aire cogido al principio sino que va afuera en busca de aire nuevo.

¿La subordinación funcionaba mejor con anfetaminas?

Es que eran las anfetaminas las que me permitían subordinar. No sé si mejor o peor. Con las anfetaminas subordinas pero, claro, a veces no pasas el cabo de Hornos como sí hizo el pirata Drake. Pero es que pasar el cabo de Hornos y no naufragar es casi imposible. Con las anfetaminas me aventuraba a intentarlo pero no calculaba mis fuerzas. La frase debe ser respiratoria, con todas las relaciones sintácticas incluidas dentro de la frase, no intentando rodear por fuera, por el estrecho de Magallanes, sino pasando por el cabo de Hornos.

Varios de estos artículos están escritos en tiempos del césar Reagan, aquel presidente inesperado, muy popular y, a tenor de lo que escribes, malvado. ¿Trump se parece a Reagan?

No creo… Me acuerdo muy poco de Reagan.

¿Esperaba la victoria de Donald Trump?

En absoluto. Pero la verdad es que Hillary, aliada con Wall Street, tampoco me gustaba.

La victoria de Trump, el Brexit, la amenaza del Frente Nacional en Francia. ¿En el mundo han tomado la delantera, como dice Arcadi Espada, los imbéciles?

Eso es un juicio de valor y no me gustan los juicios de valor, pero es verdad que la estupidez ha aumentado muchísimo, se encuentra por todas partes. Fíjese por ejemplo en todas esas doctrinas del pensamiento positivo.

Aparecen también mucho por su libro la Iglesia y sus papas. ¿Usted cree, como dicen, que el papa Francisco es lo más parecido a un teólogo de la liberación?

No lo sé. Me parece un hombre algo banal.

¿Cree que puede cambiar radicalmente la iglesia?

La iglesia puede cambiar mucho y ser la misma de siempre.

El papa Francisco me parece un hombre algo banal pero la iglesia puede cambiar mucho y ser la misma de siempre

En Podemos se reclaman populistas pero de un supuesto “populismo bueno” que canaliza hacia buenas metas sociales las energías que en otros lugares van a parar en manos del racismo o el nacionalismo cerril. ¿Le convence?

No sé qué es el populismo, se aplica a demasiadas cosas.

Decirle a los votantes lo que quieren oír, la demagogia.

Pero la demagogia es algo más. El demagogo es el conductor del pueblo. Su origen está en un verbo que tiene que ver con los pastores. “Demagogo” dice algo pero “populismo” no dice nada.

¿A usted Pablo Iglesias le parece un demagogo?

A mí lo que me parece es que Pablo Iglesias y sus compañeros son muy poca cosa.

Cuenta cómo Napoleón, al ver la gran cantidad de muertos propios que yacían en el campo tras una batalla, se despachó con este comentario: “Todo esto lo remedia una noche en París”. Y añade usted: “Así Francia, en realidad, venía a convertirse justamente en enemiga mortal de los franceses”.

Claro, a Napoleón sólo le importaba el censo. Si los franceses muertos se reponen jodiendo pues ya está.

Suele cargar frecuentemente contra el nacionalismo español. Pero en España parecen mucho más nacionalistas los que no quieren ser españoles, los catalanes o vascos, que los que sí quieren.

Desde luego.

¿Todos los nacionalismos son ridículos?

Sí pero yo creo que el más ridículo es el catalán.

Una confesión para terminar. Creo que la pequeña nota de vida que suele acompañar sus libros es una de las mejores descripciones biográficas que he leído nunca. ¿Es suya?

Es mía, sí, se lo conté a alguien y ahí la colocaron.

En esa nota se dice que ha sido “demasiado perezoso para llegar a empalidecer y demacrarse” como escribía Guillermo Díaz-Plaja del infante don Juan Manuel. Cuando se mira hoy al espejo, ¿qué ve?

Me veo viejo.

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