Duplicidades: veinte años de fiesta

Duplicidades: veinte años de fiesta

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Rafael-Lopez-Dieguez

Por Rafael López-Diéguez

Sólo cuando el Gobierno se ha visto contra las cuerdas, cuando la realidad de nuestra economía le obliga a emprender reformas reales en el caótico aparato administrativo que tenemos, resultado del régimen clientelar y de las obligaciones contraídas con los amigos políticos por los sucesivos Ejecutivos, el Gobierno parece decidido a iniciar una reforma que muchos llevamos demandando desde hace años y que debería haber sido la primera en la agenda económica de Mariano Rajoy.

¿Hasta dónde está dispuesto a llegar ahora el presidente del Gobierno? Me temo que sólo hasta donde sea irremediablemente necesario para aparentar que la hora del sacrificio también ha llegado a la clase política y al Estado de las Autonomías. De momento se lo ha tomado con mucha calma. Aunque parezca increíble el Gobierno ha necesitado dieciocho meses para llegar a una conclusión evidente: exceso de estructura y duplicidades insostenibles.

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Según los cálculos del Gobierno tenemos 120 duplicidades administrativas que tienen un coste anual aproximado de 30.000 millones de euros. Lo que significa que el Gobierno de haber iniciado esta reforma hace tiempo ya se hubiera ahorrado más de 30.000 millones, lo que, por ejemplo, hubiera evitado recortes sociales. Pero la realidad es mucho más grave. Esas duplicidades nos han costado en veinte años de fiesta un monto de 600.000 millones de euros, un 75% de la actual deuda pública española, razón de nuestra quiebra económica. Los responsables de este desaguisado que estamos pagando todos tienen nombre y apellidos: el duopolio PP-PSOE y los insaciables depredadores nacionalistas que se han asociado sucesivamente con unos o con otros.

Los dirigentes y el aparato del PP y del PSOE, por sus responsabilidades en las CC AA, salvo que los califiquemos como incompetentes, sabían que ese absurdo e innecesario dispendio se estaba produciendo, pero les servía de instrumento de pago a sus respectivas clientelas políticas. El interés partitocrático primó sobre el bien común y es un absurdo que quienes han generado el problema ahora propongan soluciones de maquillaje.

Veinte años de fiesta y ahora, obligados por las circunstancias, se han dado cuenta de esta realidad, dándonos la razón a quienes venimos denunciando la inviabilidad del actual Estado de las Autonomías desde hace décadas. Ahora bien, la solución no puede limitarse, porque será inútil, a eliminar duplicidades, a lo que se resisten los barones autonómicos del Gobierno y la oposición nacionalista-socialista, sino que demanda la recuperación de competencias por parte del Estado y de paso exigir responsabilidades penales y económicas a los causantes del desaguisado.

Intereconomia

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