A LOS JOSEANTONIANOS: ATENTOS A UN ESCRITOR DE PLUMA MISERABLE

A LOS JOSEANTONIANOS: ATENTOS A UN ESCRITOR DE PLUMA MISERABLE

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Eduardo Mendoza

A LOS JOSEANTONIANOS: ATENTOS A UN ESCRITOR DE PLUMA MISERABLE

Por Pedro Conde Soladana

“No defrauda Mendoza capaz de reírse siempre del más pintado, en este caso de José Antonio Primo de Rivera”.

Con este encabezamiento, una tal Elena Pita abre una entrevista con el anterior ganador del Premio Planeta, Eduardo Mendoza, en la revista dominical, “Magazine”, del diario “El Mundo” de fecha 28 de noviembre de 2010. Esta es la primera pregunta de las tres que nos afectan directamente:

“Tiene bemoles por su parte acercarse a la figura de José Antonio en clave de humor, ¿fue en realidad semejante paradigma de la estupidez patria, capaz sin embargo de arrastrar legiones de jóvenes?”

Como se ve, la pregunta ya lleva una carga de parcialidad.

No sólo fueron miles de jóvenes; también miles de adultos siguieron, siguen y llevan hoy en el corazón al Fundador de la Falange.

El “escritor de suerte” contesta raudo, con la heroicidad de los de la casta de Herodes:

“Después de atreverme con el niño Jesús (El asombroso viaje de Pomponio Flato), me atrevo con todo. Creo que sí, que era bastante botarate. Hace años me leí el discurso programático de los falangistas y me sorprendió lo poco sólidos que eran: no tenían ideología”.

Vamos a contestar al entrevistado y a la entrevistadora con tanto humor pero con mucha más solidez intelectual de las que se contienen en esa entrevista.

Con los niños y con los muertos suelen atreverse aquellos que tienen miedo de los adultos y de los vivos.

“Botarate”: como “hombre alocado e informal”, define el diccionario este vocablo. Ni a los mayores enemigos de José Antonio se les hubiera ocurrido ofenderlo con tal calificativo, traído como a voleo y muy propio de quien desconoce al personaje al que insulta. Tiene toda la pinta de un insulto de progre oportunista. Hasta para el agravio hay que saber discernir y en este caso tener talla. Como dice el refrán no ofende quien quiere sino quien puede. Con este nombre o adjetivo, este tal Eduardo Mendoza, plumífero “planetario”, ha pretendido definir, además de vilipendiar, a quien ni entiende ni tiene capacidad para entender. Al irresistible amor de José Antonio por su Patria, al apasionado empeño por la justicia, el pan y la cultura para su pueblo, en aquellos momentos en un estado de indigencia general e insufrible para cualquier buen español; a su valiente posicionamiento y denuncia de una pseudodemocracia sostenedora de aquella malhadada y refalsada II República; a la búsqueda intelectual de una sistema político, económico y social que regenerara a España para volver a ser aquel imperio espiritual, “pueblo-guía” en palabras de Ángel Pestaña, y madre de naciones; a morir fusilado en un paredón con un ¡Arriba España!, compendio de todos los anteriores deseos. A todo esto y más, este estúpido “escritor de suerte” lo quiere simplificar, para definir al personaje, en un calificativo tan pobre, tan feble, tan inconsistente, pero también tan miserable y villano, como el de “botarate”, aplicado a un héroe; de una tal inteligencia que hasta sus contrarios han dejado cumplido reconocimiento en libros y documentos. Ahí está, entre otros, Miguel de Unamuno, que al enterarse de su muerte vino a decir que habían matado a una de las cabezas más lúcidas de Europa. Ahí están las palabras escritas del anarquista histórico Abad de Santillán, con quien tuve la suerte de hablar por teléfono desde la casa de Narciso Perales, hace ya bastantes años. O el testimonio de mi paisana Rosa Chacel, republicana, venida del exilio en Argentina a donde descubrió a José Antonio leyéndose sus Obras Completas prácticamente en una noche de admiración y sorpresa. José Antonio Martín Otín, Petón, lo cuenta en su libro, “El hombre al que Kipling dijo sí”. Estas son palabras de la propia Rosal Chacel: “De José Antonio qué puedo decir. Veo en el hombre una verdad profunda, luego recubierta por errores externos ajenos a España y propios de la época, del momento. De modo que por debajo de esa maraña de errores sólo se ve una profunda realidad, magnífica y de gran calibre español”. Y en su libro “Alcancía” dice: “Dos cosas son increíbles: una, que todo esto haya podido pasarme inadvertido a mí, en España; y otra, que España y el mundo hayan logrado ocultarlo tan bien. Leyéndole con honradez se encuentra el fondo básico de su pensamiento…fenómeno español por los cuatro costados”

Mas no busquemos explicaciones propias para conocer las causas que inducen a los tales, entrevistadora y entrevistado, a usar tan débil e inadecuada palabra. Es este último quien nos da la clave: “Hace años me leí el discurso programático de los falangistas…”. Y, como más adelante y durante toda la entrevista da a conocer que no ha pasado de esa lectura, ya podemos deducir toda la consistencia intelectual de este novelador y novelero. Ignora el “escritor de suerte” todo el cuerpo de doctrina que José Antonio fue desarrollando en el poco tiempo que lo dejaron con vida. ¿Incompleto? Sí. ¿Con alguna contradicción? También. Como todo pensador a la búsqueda de la verdad, que siempre será imperfecta por humana; pero con una honradez intelectual inconcebible para los que lo asesinaron.

¿Por qué verdad, si es que conoce alguna, sería capaz de morir este fabulador de villanías, el tal Mendoza?

Y viene la segunda pregunta, cargada de conocidos tópicos, y de lo ya visto, oído y sabido por nosotros.

“¿Puro romanticismo?”, pregunta la Pita y así responde el “pito del sereno”

“Sí, y un furioso anticomunismo: esa es la clave. Y entonces, claro, pensaron la democracia es un sistema corrupto y lo que se nos viene encima es el comunismo, y lo único que puede hacerle frente es el fascismo, que había convertido a países en situación precaria, como Italia y Alemania, en grandes potencias. Pero poco más pensaron. José Antonio proponía nacionalizar la banca, entonces iba a la derecha madrileña y a los bancos vascos a pedir dinero, y lo echaban escaleras abajo. Y en Barcelona quiso ganarse a los anarquistas, y también salió por piernas. Ah, si es que no me entienden en ninguna parte; pero si es que no dices más que bobadas, hombre. Y aun así atrajo a toda una generación de intelectuales y poetas románticos”.

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Como se ve el tipo se explica a saltos; propio de un escritor de pensamiento tartamudo, que va de tópico en tópico. He aquí uno, el anticomunismo. Y además, para este hermeneuta de una sola página del pensamiento de José Antonio, ese tópico es la clave de todo. El anticomunismo lo explica todo, según este interpretador de ideas que ha leído solo parcialmente.

Si hubiera tenido la decencia de leerle completo, habría sabido que José Antonio era un “anti” de todos los “antis”; a los que venía a considerar como tapones en el fluir de pensamiento analítico y crítico. Del comunismo, al que consideró una nueva y moderna invasión de los bárbaros, salvaba sin embargo los valores que traía enterrados frente a un mundo de total injusticia; valores que, por otro lado, había que rescatar de esa gigantesca y catastrófica riada que los arrastraba y arrasaba y que ha demostrado ser el propio comunismo. Después de conocer la criminal y sangrienta historia del marxismo-leninismo-estalinismo, en definitiva el ultracomunismo, cien millones de muertos le calculan los historiadores desde sus orígenes, es para volvernos todos, la Humanidad entera, furibundos anticomunistas. Sólo los cegatos e interesados, como pudiera ser este tal Mendoza, o aquellos otros de la sociedad anónima conocida como compañeros de viaje y tontos útiles, pueden resistirse a ese impulso.

Pero el tipo no deja de persistir en su error, nacido, como decimos, de la falta de lecturas sobre el asunto, al sacar a relucir el tan socorrido y manido espantajo del fascismo. Como si de un plumazo, con una sola frase, “el Estado corporativo es un buñuelo al viento”, José Antonio no hubiera descubierto en poco menos de dos años de búsqueda y evolución pensamental, la vacuidad del sistema fascista. La democracia, la auténtica, la directa, era su afán. La creación de una verdadera sociedad de hombres libres, que no de liberticidas y libertinos como la actual. Su enraizamiento en la persona, en el individuo, verdadero protagonista de aquélla y no el partido o los partidos que mercantilizan y ensucian su voto. Allí donde ese individuo, el ciudadano, es conocido y conoce es donde debe ser elector y elegido. Y esto no tiene mejor asentamiento que en las entidades primarias y naturales como son la familia, el municipio y las asociaciones libres creadas por él. ¿Fascista yo?, ¿fascistas nosotros? Quítese las anteojeras de cuadrúpedo, señor “escritor de suerte” y documéntese un poquito mejor, incluso para hacer una novela de ficción. Nunca la ficción podrá justificar la estupidez, como tampoco el oportunismo.

¡Ah, la banca!, ¡los anarquistas!…tampoco podían dejar de aparecer; pero hay que hablar y criticar al tuntún; muy propio, venimos diciendo, de quien lee menos de lo que escribe. Circunstancia en la que se impone una especie de ley de compensación: lo que se escribe está a la altura de lo que se sabe. La nacionalización de la banca, buen momento éste para hablar de ello, cuando los “tiburones” de las finanzas han llevado al mundo entero, con su avaricia, a una de las crisis económicas más graves, si no la más, de la historia de la Humanidad. Claro que nacionalizar la banca sólo podría hacerse en un Estado fuerte y justo, con hombres preparados y decentes, como el que propugnaba José Antonio ¡Ah, los anarquistas! Señor escritor, ¿de pluma y premios concertados?, lea y documéntese al respecto y sabrá de identidades, afinidades y diferencias, que no voy a exponerle ahora. ¿Dónde ha leído que banqueros y anarquistas lo tiraran por la escalera o lo hicieron salir por piernas? Si algo hizo José Antonio en su vida, de manera reconocida por todos, fue no huir de nada ni de nadie. Para poder con él y su proyecto tuvieron que partirle el corazón a balazos.

El escritorzuelo pone en boca de José Antonio: ¡Ah, es que no me entienden en ninguna parte”. Sí señor, éste es el único acierto que tiene en toda la entrevista. Sí, es la única verdad. Lo quisieron entender tan poco y lo odiaron tanto, también lo temieron, como para que derechas e izquierdas, “por la saña de un lado y la antipatía del otro”, unos con acción y otros con omisión, lo dejaran inerte en un paredón, en una amanecer mediterráneo. Todo por denunciar el sectarismo de unos y el egoísmo de otros. Todo por construir una España en la que no cabrían los que la odiaban, ni tendrían sitio los que querían seguir usufructuándola en beneficio propio y exclusivo. A qué poca altura está usted, Mendoza, de la talla de este hombre del que afirma seguidamente en esa casposa entrevista: “Pero si es que no dices más que bobadas, hombre”; para caer en una inmediata contradicción. Estas son también sus palabras con las que cierra la respuesta a esta segunda pregunta de la periodista: “Y aun así, atrajo a toda una generación de intelectuales y poetas románticos”. A usted, escritor de “cuadra” y en fila, ¿no le parece que son incompatibles intelectualidad y bobez? O sea que toda una generación, nada más y nada menos, de intelectuales y poetas, era boba. No se le puede entender de otra manera pues seguían a un individuo que sólo decía que bobadas. Quizá si usted se mirara a la cara, esa que aparece en la foto de la entrevista, encontraría mejor explicación.

Finalmente, la entrevistadora le formula la última pregunta de las que nos atañen:

“Que no sabían si eran fascistas o anarquistas, ¿no es cierto que ambos extremos anduvieron próximos?, ¿no era esa la esencia del hedillismo, por ejemplo?”

La respuesta que da el intrépido, el osado, el valiente escriba que se atreve con todo: con el Niño Jesús, con un fusilado, con poetas e intelectuales tontos, con hedillistas-anarquistas…es de afirmación absoluta, con ínfulas de dogma y contradicción incluida; con un final tan confuso que parece “un acertijo indescifrable”:

“Sí, exacto, eran sobre todo antisistema. La mayoría de los intelectuales catalanes empezaron ahí de jóvenes y luego constituyeron la vertiente civilizada o progresista de la propaganda, que fundó la revista Destino y la Codorniz. Ahí están Cela, Eugenio d’Ors, Castellet, Ridruejo, Pla, Torrente Ballester…Y ahora no vale hacer de portero de discoteca de la Historia y decir “éste entra y éste, no”; porque si estás en aquel momento y has visto lo que ha pasado aquí y allá ¿qué haces?”.

No sé si empezar por este final de “acertijo indescifrable” al que los castizos suelen responder: “La gallina”. Lo dejaré para el final.

Nosotros precisamente antisistema. Nosotros que creemos en el Estado como ente supremo de una nación histórica con una misión que cumplir. Nosotros que creemos en la ley, en el orden, en la justicia, en la libertad de la persona…valores que no son posibles sin una adhesión y servicio individual y colectivo a la comunidad nacional regida por las leyes de un Estado legítimo. ¿Nosotros antisistema? Le vamos a hacer una concesión al novelista. Sí, lo somos, si el sistema está corrompido y es el instrumento opresor y villano de unas castas políticas indecentes y traidoras a su Patria; traidoras a una nación como España, una de las cuatro o cinco que han escrito las páginas más trascendentes de la Historia Universal y Moderna. Naturalmente que somos antisistema contra uno como el actual sistema español que en manos de insolventes, analfabetos, villanos, ladrones, corruptos, mendaces…está destruyendo este viejo solar hispano.

En esta pregunta, vuelven a aparecer los intelectuales, ahora con nombre, y qué nombres para haber sido tan bobos. De entre ellos, hasta un premio Nobel.

Vayamos al “acertijo indescifrable” que me he permitido venir repitiendo. Es que el Mendoza ha dicho en otro lugar, no en esta entrevista, que el “Cara al Sol” es ese “acertijo indescifrable”. Y pensar que lo han cantado millones de españoles. Cuánta pasión, cuánta emoción y cuánta saliva gastada en y por un himno cuya letra y sentido es un acertijo. Y pensar que yo y los míos hemos cantado y seguimos cantando un acertijo sin solución, que persistimos recalcitrantes en entonar un enigma. Otros bobos que somos. El caso es que yo vengo a entender que la letra del himno, convertido en acertijo por el tal Mendoza, habla de una camisa azul, símbolo del trabajo; de que una mujer, esposa o novia, ha bordado, y se presiente, unas flechas y un yugo que vienen de los Reyes Católicos. Alguna historia acumulan éstos ¿o no? De esa Historia queremos seguir siendo nosotros herederos porque cuna y nobleza de españoles obligan; porque un español auténtico puede ser una de las cosas más serias que se pueden ser en el mundo. Y continúa el himno que sigue diciendo: que con esa camisa azul, un hombre joven o maduro están dispuestos a morir por un ideal y acompañar a aquellos que le precedieron en la lucha por un Patria más justa, con Pan y Justicia; que ese hombre, joven o maduro, espera que vengan banderas victoriosas en una batalla contra la antiEspaña y que traigan la paz de las rosas y que vuelva la sonrisa que siempre porta una primavera, con un amanecer de sol límpido. Todo ello acompañado de un grito final, ¡Arriba España!, que no es otro el deseo de que los españoles, todos, de abajo a arriba, de la base a la cúpula no coronada sino votada, y no al revés, levanten una nación, la propia, abatida y hundida.

Pido perdón por la inmodestia; pero creo que he dado con una parte importante de la solución al acertijo, “el Cara al Sol”, para ese estúpido, indescifrable.

Acabemos. He venido también mencionando repetidamente, como arrastrado, eso de “escritor de suerte”. Estas son palabras del propio Mendoza con las que se define a sí mismo en la entrevista. Veamos: hace muchos años mi otro paisano Miguel Delibes denunció la manipulación existente alrededor de ese famoso Premio Planeta. Contó que desde la editorial, creo que fue el propio señor Lara, fundador y dueño, el que le llamó para que se presentara al premio porque lo tenía ya concedido. Decentemente, Miguel Delibes rechazó la invitación y con esa honradez lo denunció. Es decir, que ése puede ser un premio amañado. ¿Será éste el caso de Eduardo Mendoza cuyo Premio Planeta, le ha caído como a un “escritor de suerte”?


Artículo escrito en el año 2010 por Pedro Conde Soladana que nos envía a la redacción de elmunipio.es para su publicación en nuestro periódico digital para el interés de nuestros lectores.

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3 Comentarios

  1. Nada nuevo.Creo recordar que en los años noventa en el bachillerato nos teníamos que leer un libro suyo que ahora mismo ni recuerdo.
    En general me remito a lo dicho en muchas ocasiones ,aqui en este país se puede ser de todo menos tener las ideas de Jose Antonio.A la vista está.Incluso el comunismo tiene cabida,pero eso sí ni hablar de nada referente a Falange.
    Esto simplemente pertenece a la batalla ideológica o cordón sanitario respecto a unas ideas que no quieren que tengan cabida en el mundo o la sociedad de hoy.
    gastar miles de millones en propaganda pero eso sí,las familias hasta el cuello y pasando frio en sus casas.
    Dando la vuelta al asunto llegué a la conclusión de que al sepultar unas ideas utlizando maneras tan ruines y desde todos los ámbitos,es que rrealmente temen que la inspiración de las ideas de jose Antonio algún día tuvieran cabida en la política.

    Y eso es lo que realmente han temido siempre.

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