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Polémica: una escuela rehusó visitar un museo por su arte sacro, para que no molestase a los alumnos

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La Crucifixión Blanca de Chagall, autor judío agnóstico, que se exhibe en esa muestra y el Papa Francisco dice que es su cuadro preferido

«La crucifixión blanca», de Marc Chagall, la obra de arte preferida del Papa Francisco, forma parte de una extraordinaria exposición que, bajo el título «Belleza divina entre Van Gogh, Chagall y Fontana», es objeto en estos días de una gran polémica en Italia, con el trasfondo de la convivencia con el mundo islámico.

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ABC / Hasta el 24 de enero 2016, en el Palazzo Strozzi de Florencia, se puede ver esta excepcional exposición dedicada a la reflexión sobre la relación entre el arte y el sentimiento de lo sagrado desde mediados del siglo XIX y mitad del XX, con más de cien obras de célebres artistas, entre ellos Chagall, Van Gogh, Picasso, Max Ernst, Stanley Spencer, Georges Rouault, Henri Matisse, Guttuso y Fontana.

La polémica se ha suscitado porque la escuela «Matteoti» de Florencia ha suspendido una visita escolar para ver la exposición.

«La visita ha sido anulada por comprensión hacia la sensibilidad de las familias no católicas, visto el tema religioso de la exposición», explicaba una nota de la escuela, utilizando el eufemismo «no católicas», en lugar de musulmanas.

Arte inconformista para un Papa incorformista

La decisión, que molestó a muchos padres, era a todas luces sorprendente, porque la exposición, de gran belleza, refleja que lo sagrado ha estado siempre presente en las formas del arte moderno, incluso en los años de las revoluciones, de las represiones, de los totalitarismos y de los ateísmos.

Un hecho que se puede ver en «Crucifixión», de Guttuso, comunista y ateo, con un cuadro que expresa, como el drama de Guernica, un grito de dolor; en el «Cristo crucificado», de Pablo Picasso; en la conmovedora «Piedad», de Van Gogh, realizada pocos meses antes de su suicidio, y en la tela «Crucifixión blanca», de Marc Chagall, quien muestra la atrocidad de la guerra y presenta a Jesús como símbolo del sufrimiento del pueblo judío y de la tragedia del mundo, de los que sufren violencia y muerte.

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«Un Papa, como Francisco, que tiene a la “Crucifixión blanca” de Marc Chagall, como su pintura preferida, debe ser con seguridad un grandísimo anticonformista», se escribe en el catálogo de la exposición.

Chagall y la Alhambra

La polémica suscitada por la noticia de la suspensión de la visita artística para esta exposición -por primera vez se puede ver en Italia el Cristo de Chagall- por temor a que pudiera ofender a los alumnos y sus familias de religión musulmana, ha llevado al gran escritor Claudio Magris, premio Príncipe de Asturias de las Letras, a condenar los prejuicios y clamar por el respeto recíproco, en un artículo escrito en el «Corriere della Sera» tras la barbarie de París.

«El Cristo de Chagall es una obra de arte, como lo son las decoraciones de la Alhambra, y solo un demente o un fanático racista puede temer que puedan ofender la fe o convicciones de alguien», escribe Magris, quien equipara la actitud de los profesores de la escuela «Matteoti» de Florencia a la que podría haber tenido, igualmente condenable, un profesor que en una «excursión escolar a Granada prohibiera a sus alumnos, para no ofender su fe cristiana, visitar la Alhambra», en cuyos muros llenos de decoración caligráfica y escrituras se puede leer «solo Alá es vencedor».

Concluye Magris subrayando que «la violencia se reprime con la violencia, pero también con la enseñanza del respeto recíproco, metiendo incluso en las cabezas más duras la sacrosanta verdad de que decir Dios en lugar de Alá o viceversa no puede ofender a nadie».

Al final la escuela sí va a la exposición

Al final, después de varios días de polémicas, y tras una inspección enviada por el Ministerio de Educación, la escuela ha tenido que dar marcha atrás, anunciando que los alumnos visitarán la exposición. Se ha impuesto así el sentido común y la consideración de que, por querer demostrar una actitud súper políticamente correcta, no se puede renunciar a los propios valores.

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