Otro 20 de noviembre

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Jose-Antonio-Primo-de-Rivera-Falange-Falangista

Por Eduardo López Pascual para elmunicipio.es

Hay entre nosotros, los azules, una idea que ronda sobre los que se autocalifican como “pos-falangistas”, y no me refiero a nadie en particular ni a ninguna organización de corte falangista, pero la verdad es que vienen aireando la supresión del acto recordatorio del 20 de noviembre, sobre todo en el cementerio, por considerarlo un anacronismo en los tiempos de hoy, o, de otro lado, que nos identifica con grupos del bunker.

Personalmente, que me he pasado media vida en tratar de actualizar y modernizar la presencia falangista en la calle, en las formas, en el lenguaje, y en su contenido (respetando los principios), amando su sustantividad y no lo accidental, creo que en esto, como en tantas cosas, los falangistas no tenemos por qué avergonzarnos de recordar o conmemorar algunas de las fechas y hechos que constituyen simplemente historia real de nuestra vida política. Y en este caso se encuentran los aniversarios del asesinato del fundador falangista José Antonio Primo de Rivera, fusilado por el Frente Popular español el 20 de noviembre de 1936.

Y aún mas, cuando diversas fuerzas políticas, derivadas de aquel triste periodo nacional, como el partido socialista o los comunistas, no dejan de celebrar con actos, concentraciones y mitines la memoria de sus compañeros fallecidos por una u otra causa, como expresión de su reconocimiento y hasta su admiración. Son partidos que en aquella época andaban con armas de todo tipo, judiciales y bélicas, coercitivas y violentas, y hoy vestidos de demócratas- que no lo pongo en duda-, asisten cantando la internacional o saludando con el puño en alto.

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Así pues, no parece que el argumento de ser recordatorios fuera de lugar, o peor todavía, actos del bunker, sea entendido por nadie fuera de algunos “pos falangistas” salvo, claro, los enemigos y no adversarios, sino que nosotros de acuerdo con nuestra historia, pero entendido con la realidad de nuestro tiempo, estamos legitimados para conmemorar un aniversario que, además, nos recuerda el testimonio y sacrificio de un hombre verdaderamente excepcional. Sin embargo, yo defiendo la conmemoración del 20 de noviembre desde un sentido de completa normalidad ciudadana, democrática, por lo que excluyo cualquier acto adornado con uniformes, correajes, botas, taconazos, “a tus órdenes”, y demás decorados y atrezzos de teatro.

Podemos y tenemos derecho a realizar los actos del 20 de noviembre en recuerdo de nuestro fundador asesinado, pero llenos de una lógica y natural actitud cívica, civil, donde con toda la legitimidad que nos da nuestra voluntad democrática, honremos su memoria y su obra de forma que ningún arribista, ni ningún viejo exegeta nos inoportune con sus necedades. Por mi parte, recordaré esa fecha, con la lealtad y la naturalidad que requiere mi compromiso falangista, eso sí, sin ningún acompañamiento coreográfico incompatible con el auténtico estilo.

Pincha en el enlace para leer más artículos del autor:

– Tres breves argumentos antifascistas en José Antonio Primo de Rivera

– Última novela de Eduardo López Pascual “La tristeza del falangista” ya a la venta

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1 Comentario

  1. Absolutamente de acuerdo con Eduardo López Pascual. Mañana, bien temprano, como todos los años, dedicaré un rato a recordar y a rezar, por y con José Antonio. A la tarde, si acaso, me juntaré con algún viejo camarada, no importa si ya no compartimos militancia en un partido concreto; y continuaremos nuestra senda sobre rastrojos de difuntos, sin calor de nadie y sin consuelo, como Miguel Hernández, minando la tierra hasta encontrarle.
    Y le encontraremos en sus días y en sus horas finales, rechazando al fascismo por idólatra y por falso; rechazando aquellas revoluciones deshumanizadoras que no resuelven la antinomia del hombre con su entorno; rebelde ante la civilización del beneficio material; rebelde ante la sobreexplotación del planeta, el despilfarro y la acumulación; rebelde frente al capitalismo que subvierte el orden moral; rebelde frente a la publicidad, irritante y mentirosa que hace a la humanidad perseguir fantasmas y olvidarse de sus semejantes de carne y hueso; rebelde frente a los fantasmones, los deformadores y los falsificadores; rebelde frente a los histriones y los repetidores de consignas vacías; rebelde frente a los mentirosos y los perezosos de alma y cuerpo; rebelde frente a la ramplonería, la vulgaridad y la sandez.
    Rebelde, siempre rebelde. Rebelde frente a una muerte sin esperanza.
    JOSÉ ANTONIO ¡PRESENTE! ¡ARRIBA ESPAÑA!

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