Franco se sirvió de José Antonio porque carecía de andamiaje político

Franco se sirvió de José Antonio porque carecía de andamiaje político

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Antonio Rivero Taravillo

Franco se sirvió de José Antonio porque carecía de andamiaje político

La amplia y variada producción literaria de Antonio Rivero Taravillo, que abarca desde la poesía a la traducción, tiene uno de sus capítulos capitales en la narración de vidas de carne y hueso, especialmente literarias, hacia las que este autor se ha sentido más atraído que en la creación de personajes de ficción.

ABC / Ese interés ha cristalizado en biografías de referencia y premiadas, como las que dedicó a Luis Cernuda y Juan Eduardo Cirlot, pero también en novelas que han recreado mediante la ficción episodios biográficos de escritores como Octavio Paz en la Guerra Civil y W. B. Yeats en la Sevilla de 1927.

Ahora, Antonio Rivero Taravillo publica «El ausente» (Esfera de los Libros) en el que narra los tres últimos años de la vida de José Antonio Primo de Rivera, fundador de la Falange Española.

Una figura histórica, elevada a mártir por el franquismo, que a más de ochenta años de su fusilamiento sigue generando opiniones encontradas, pero al que este escritor dibuja en un retrato, en el que se alternan la narración en tercera persona con la voz del propio protagonista, que lejos de ofrecer una imagen monolítica del fundador del fascismo español, lo presenta con sus debilidades, carisma y contradicciones.

¿Cuando empezó a escribir esta novela era consciente de que le podían caer tortas por todos lados?

Sí, pero la literatura es riesgo. Para hacer cosas cómodas no tomas el bolígrafo y lo acepté plenamente. No me voy a arredrar por el qué dirán o algo parecido. Si quiero escribir un libro, lo hago, independientemente de la acogida que tenga entre personas con prejuicios que no merecen la pena.

Por qué cree que la figura de José Antonio Primo de Rivera sigue despertando animadversiones enconadas y adhesiones inquebrantables.

Porque tenía carisma y a la vista está que suscitó complicidad y atracción en diferentes círculos, y que se granjeó bastantes amistades entre círculos de intelectuales. Sigue siendo denostado porque es una figura fuerte y un fácil blanco para los enemigos ideológicos. No obstante, sorprende la cantidad de personas que desde la izquierda tienen una idea respetuosa de él.

Había intelectuales de izquierdas en los años 30 que respetaban más a un fascista que a un demócrata, por considerar este sistema superado.

Eran años en los que el totalitarismo estaba en boga y este no era patrimonio del fascismo, sino que la izquierda, léase comunismo, que se confundía mucho con el socialismo de esa época, también tendía al totalitarismo.

Cita la palabra totalitario y me viene a la cabeza la polémica con la Real Academia, que reservó el término para el fascismo y no para el comunismo. ¿Estas polémicas llegan en España hasta el diccionario?

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España es amiga de polémicas. Pero hay una idea heredada, que no deja de ser un prejuicio, por la cual el totalitarismo de derechas es peor que el de izquierdas, cuando cuantitativamente está demostrado que no ha sido así y cualitativamente toda barbarie ha de tener igual condena. José Antonio parte del fascismo pero evoluciona y lo va dejando atrás, como el mantillo en el cual crece pero ya sus ramas tocan otras cosas, que no llegan a cuajar en una ideología firme, pero que ya no es estrictamente fascismo.

Pero esa losa sigue sobre él y no sobre otros dirigentes de la izquierda que optaron también en los 30 por la «dialéctica de los puños y las pistolas».

Esa frase que pronuncia en el discurso fundacional de Falange en el Teatro de la Comedia el 29 de octubre de 1933 lo persigue como una losa y cae sobre él porque habiendo sido muchos los que defendían la violencia, incluso en el hemiciclo de las Cortes, a él le ha quedado el sambenito de ser el único que la defendía. Pero desde la Pasionaria a Indalecio Prieto y en muchos otros políticos de la izquierda y la derecha, hubo excesos verbales que en muchos casos venían respaldados también por acciones.

Su retrato de José Antonio se aparta de la imagen monolítica de fundador del fascismo español para mostrar sus contradicciones, debilidades y sus relaciones con intelectuales.

He querido dar una imagen poliédrica, compleja, como la de un personaje literario, porque tenía características de personaje novelesco y por eso he escrito la novela. Él tenía virtudes, tenía defectos y todo eso está en la novela, que lo retrata en tres dimensiones, como ser de carne y hueso y no en ese retrato en dos dimensiones y en blanco y negro que adornaba todos los espacios públicos durante décadas.

En la novela muestra su conocida relación con García Lorca, pero también encuentros con Pablo Picasso y Miguel de Unamuno.

Todo está en las fuentes, he inventado algún diálogo y potenciado algún personaje secundario, pero hay mucho trabajo de hemeroteca. He sacado a la luz episodios poco conocidos, incluso por los falangistas. Por ejemplo, accedí precisamente en el archivo de ABC a la crónica de su viaje a Berlín y me resultó bastante iluminador.

En la novela hay una revisión a la imagen que dio el franquismo de su figura.

Precisamente el título alude a ese mito, el ausente, porque no se quería reconocer que había sido ejecutado. Como mito podía prestar servicios a la causa. Franco y su régimen se sirvió de José Antonio, porque él nunca fue falangista, y lo utilizó para vertebrar cierto andamiaje político del cual carecía, pero no era un régimen falangista.

De hecho, dirigentes de Falange, como Dionisio Ridruejo, se desligaron pronto del régimen de Franco.

Muchas veces se dice que la Falange murió con José Antonio y hasta cierto punto es así. Las trayectorias de muchas falangistas son muy dispares. Hubo gente que se arrimó al régimen de Franco porque daba calor y porque, seamos magnánimos, porque podían pensar que influirían positivamente. Y hubo otras personas como Ridruejo que en seguida se apartaron. No quiero hacer política ficción, pero pienso que José Antonio hubiera tendido más a la trayectoria de Ridruejo que a la de personajes más monolíticos que nunca evolucionaron.

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2 Comentarios

  1. Lo de decir que “Franco se sirvió de José Antonio porque carecía de andamiaje político”, es una soberana tonteria, primero que no le hacia falta, Franco era Militar no politico, y segundo que habia otras opciones politicas , si opto por la F.E.T y de las J.O.N.S., fue por que seria lo mas conveniente.

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